martes, febrero 27, 2007

Masters of Horror (primer grito)

Queridos amigos y amigas, en una ordalía en la que he puesto a prueba de manera alucinante mi cerebro, me he tragado los 26 episodios que conforman las dos temporadas de esta serie creada por Mick Garris para el canal Showtime. Los iré comentando en diversas entregas, gritos como grotescamente merece la ocasión.

¿Por qué? Buena pregunta, porque a estas alturas quien más quien menos ya la habrá visto (o habrá desistido de ello) y de poca ayuda valdrán mis comentarios. Véase pues más bien como una confrontación o un mero desquite por las horas pasadas dedicado a este macabro ejercicio.

Iré analizando los episodios no por su orden natural, sino por el que he seguido a la hora de enfrentarme a ellos. Todos los episodios de la primera temporada son del año 2005 y los de la segunda del 2006 (vale, una tontería esta especificación, pero hagámoslo bien).

Como característica general, destacaré un par de aspectos. El primero, que la duración de una hora por episodio queda claro que resulta excesiva. A casi todos los episodios se les nota en demasía que han de llegar a cumplir ese tiempo y terminan asfixiados, arrastrándose de forma desesperada para alcanzar los créditos finales (ahora podría incluir un exordio sobre que el mejor formato para el terror es el corto, tipo The Twilight Zone, pero no lo termino de creer del todo y además es un topicazo que ya cansa). El segundo, y dado la cantidad de episodios que comienzan con una carretera solitaria en medio de la noche (o que allí se traslada la acción en algún momento del relato), que va siendo hora de tomar en serio lo de la chica de la curva. Los dos episodios firmados por directores japoneses se desmarcan de esto, pero sólo para trocar dicha carretera por el agua. ¿Una mera cuestión geográfica? Ya veremos.


IMPRINT, de Takashi Miike (episodio 13, primera temporada)



Pues sí, éste fue el primero que vi del macabro lote. Sorprendente y decepcionante a un tiempo. Me gustó horrores en su primera mitad, para irse desinflando mi interés según avanzaba la historia hasta definitivamente terminar algo aburrido, pero desde luego encierra su valor.

No comenzamos esta vez en una oscura y poco transitada carretera, sino en un canal de aguas estancadas. Una barca se abre paso entre la neblina y nos muestra cómo unos hombres se dirigen a una misteriosa isla. Por el camino, cadáveres hinchados deben ser apartados con los remos. La atmósfera es espectral, conseguida de manera excelente: el exceso de la situación está equilibrado por los comentarios de los hombres. En una zona maldita, aquello es lo menos horripilante que se pueden encontrar. En la tradición japonesa el agua estancada es vista como un reducto del mal. Miike nos lo hace sentir en unos planos cargados de tenebrismo que nos sumergen de inmediato en la narración.

Durante su primera media hora, el episodio mantiene este tono de misterio y opresión, de que algo maligno corroe la vida de los habitantes de la isla y, de manera terrible, a los dos protagonistas. El encuentro del hombre con una prostituta marca el inicio de la pesadilla. Y la conversación que mantiene con ella resulta tensa y morbosa sólo con lo que sugiere y nos hace esperar que suceda. Pero pronto Miike se lanza de lleno a sus planos de torturas desaforadas (eso sí, tan efectivas como en Audition y que provocaron que el episodio no se pasara por televisión y se estrenara directamente en DVD) filmadas al detalle. No deja de resultar simpático aunque tan sólo sea por lo bruto que es, pero todo el aliento que hasta entonces había contenido pude al fin exhalarlo aliviado: el horror era esto, sí, qué pena. Y si bien la historia en su parte final no deja de reservarnos unos buenos momentos bien sórdidos, toda la atmósfera, a mi gusto, se ha disipado y a mi parecer se convierte más en un melodrama macabro que en ese cuento oscuro, susurrado en voz baja, que en un principio prometía.

Algo decepcionado, sí, pero me las prometía felices. Pensaba que éste iba a ser el tono medio de la serie. En el fondo soy más inocente que Bambi en un prado paseando de la mano con Dumbo...


PRO-LIFE, de John Carpenter (episodio 5, segunda temporada)



Ya había leído que uno de los mejores episodios de la primera temporada había sido el de Carpenter. Como aún no tenía ése, me lancé ávido con éste. Protagonizado por Ron Perlman, que me encanta, mi ánimo era inmejorable.

Hay cosas en la vida que, por mucho que uno las ame, debe siempre tomarlas con ánimo. Haced caso a este espectro que os saca muchos años de existencia y que ya muestra desgarrones en su nívea sábana fantasmal.

Bien, pues con ánimo. Y hace falta tenerlo, porque la bromita del bueno de Carpenter tiene tela. Olvidémonos de la ridícula historia que se nos intenta algo así como contar. Olvidemos también toda esa parte final con el diablo en persona buscando a su hijito por el hospital. Olvidemos... Bueno, hay mucho que olvidar, pero retengamos algo positivo. Como estragado degustador de ponzoñas terroríficas, cumplo a rajatabla aquello que todo amante del género sabe bien: hay que aprender a buscar ese plano suelto, ese detalle minúsculo que compensa todos los esfuerzos, que premia al aficionado de corazón y que quien no comparte nuestra tenebrosa afición jamás entenderá (y con razón).

Así que destacaría las citas autoparódicas que Carpenter hace de sus propias películas (igual la intención no era paródica, pero juro que lo parece), tanto de La cosa como de Asalto a la comisaría del distrito 13. Al menos estas dos que yo recuerde. Después comprobaría que esto de la autocita es táctica habitual de los directores en esta serie, pero en este episodio a mí me sonaba a nuevo y me hizo gracia, lo confieso.

También podría haber resultado simpático el mensaje que se nos trata de transmitir. Simpático si hubiera sido transmitir la intención, porque en realidad se trata de meternos el mensaje en la cabeza a golpes. El fanatismo criminal de los contrarios al aborto, capaces de exterminar a perdigonazos a quien se interponga en su camino, a quien dañe su distorsionado concepto de amor a la vida, da para algunas risas al principio, pero Carpenter y sus guionistas apuran tanto las situaciones estrambóticas que la crítica acerada acaba tornándose muermazo discursivo.

Compruebo que llevo medio testamento para tan sólo dos episodios. Prometo acortar para los siguientes gritos.

O no, que más tiempo eché en verlos.

2 comentarios:

Náufrago dijo...

Voy con mucho retraso con esta serie. Me acabo de poner con ella y apenas he llegado al capítulo 10 de la primera temporada. Por el momento, me quedo con "Jennifer" de Argento y con los episodios de Landis (entrañable y divertido) y de Carpenter ("Cigarrete Burns", impresionante). También me ha sorprendido agradablemente "En el sótano" de William Malone.

Llosef dijo...

¡Buf! El que va retrasado de verdad soy yo con estos comentarios. Prometo continuar en breve.

El de Carpenter está entre mis cuatro favoritos.

En cualquier caso, y aunque en conjunto no me termina de parecer una buena serie, desde luego se agradece una iniciativa así.

El de Malone me produjo sentimientos encontrados: la verdad es que me gustó y disgustó a partes iguales. ¡A ver qué te parece el de Brad Anderson!