lunes, marzo 12, 2007

Masters of Horror (segundo grito)

Bueno, el caldero ya está listo, la ponzoña borbotea humeante y el plato luce preparado para servir la segunda entrega de estos putrefactos comentarios, he he he.


PELTS, de Dario Argento (episodio 6, segunda temporada)


Dario Argento vuelve a la carga, y mientras parece que esta vez sí que acabaremos por ver la tercera entrega de la Trilogía de las Madres, el padre del giallo y el horror italiano nos adelanta un par de entremeses.

Pero éste, ay, le ha salido más bien insípido. Un episodio aguado y tontorrón basado en un relato de F. Paul Wilson (autor del que tan sólo he leído un relato, Los Barrens, un entretenido homenaje a Lovecraft que aquí apareció en la antología Cthulhu 2000 editada por La Factoría de Ideas), en el que unas mofetas o unos bichos semejantes se cobran venganza de unos malvados cazadores humanos. En esa línea tan sobada de “la naturaleza está siendo dañada por el hombre y el hombre acabará pagando por ello”. Tampoco algo malo si no fuera porque aquí la historia resulta tan idiota que hay momentos en que hasta da dolor de cabeza. Unos efectos especiales que son un puro churro (ese tipo cuya cabeza es aplastada por un cepo, con el cuerpo moviéndose de tal forma que uno imagina que han utilizado un madelman para el truco, o ese personaje que se cose la boca con unos efectos digitales que a poco más consiguen que las puntadas parezcan dadas en plastilina), gore de rebajas que el único horror que provoca es el de asquearte... ¡de aburrimiento!

Desde luego Argento nos ha dejado algunas buenas películas, pero la alegría por su retorno se ve enturbiada por una historia que no consigo imaginar quién demonios sería capaz de poner en pie.


THE SCREWFLY SOLUTION, de Joe Dante (episodio 7, segunda temporada)



Basado en un relato de la excepcional Alice Sheldon (la escritora que se oculta tras el seudónimo de James Tiptree, Jr.), este episodio podría haber sido excelente si su director, Joe Dante, no se hubiera empeñado tanto en mostrar maneras de serie B. Que sí, que me encanta la serie B, pero no cuando se la imita mal.

El inicio es magnífico: mientras se suceden los títulos de crédito y en tono documental, unas imágenes y una voz átona nos informan de qué es esto de la Screwfly Solution. A continuación, una secuencia intrigante: nos hace preguntarnos qué es lo que está ocurriendo en ese pulido barrio residencial. En concreto, qué es lo que hace que un señor de apariencia normal, gordo, padre de familia, de sonrisa fácil, esté limpiando con total tranquilidad manchas de sangre en su horno y en el patio. Y saluda a sus vecinos tan amable como el que más. Pronto iremos descubriendo que una fiebre, un virus asesino, está llevando a todos los hombres del planeta a exterminar a las mujeres. No adelantaré más de la trama.

Dante ha planteado la situación a la perfección, pero el resto del episodio se desarrolla con demasiados altibajos narrativos y formales. Imagino que por mantener esa forma documental, filma prácticamente todos los planos cámara en hombro. Lo que gana en inmediatez, lo pierde en mostrar una en exceso descuidada planificación. Da la sensación de que Dante se conforma con dotar a la historia de ese aire de serie B que he comentado antes, de quitarle importancia a la forma para dejar toda la fuerza a la historia en sí, y esto mismo lleva a que su relato pierda intensidad en los momentos más reveladores. Claro está que esta narración apocalíptica, debido al presupuesto con el que habrán contado en la serie, no permite otra forma de mostrarlo. Pero una cosa es apariencia de descuido, de improvisación, y otra es que todo sea, en efecto, un puro descuido. Así, sorprende la increíble torpeza con que está rodado, por poner un ejemplo, el accidente que observan desde un coche las dos protagonistas. Plano de alguien cruzando una calle, corte a los rostros de las dos mujeres, que gritan, sonido de ruedas chirriando, las dos protagonistas que miran horrorizadas, y corte a un tercer plano en el cual vemos los efectos del accidente. Así lo hacía Edgar G. Ulmer, sí, pero a él le casaban los planos. Con Dante, parece que lo que se atropellan son los fotogramas entre sí. Lo mismo para los planos dedicados a la revelación final, con unos efectos especiales tipo Cocoon y con ese estilo tan de moda que consiste en “da igual dónde pongamos la cámara”.

Y sin embargo, por momentos funciona. Se comparte la pesadilla en la que el mundo se está embarcando, y los dolorosos planos finales son en verdad impactantes.

Quizá, y aquí temo que ya me esté aventurando demasiado, Joe Dante no ha querido darse demasiada importancia y ha optado por contarlo todo con la mayor sencillez posible, pero esta historia requería más valor, jugársela con todas las pretensiones que se hubieran podido acumular, porque el relato las contiene. Y las merece.


FAMILY, de John Landis (episodio 2, segunda temporada)



Landis es un tipo que me cae muy bien: en documentales, en entrevistas, siempre me parece interesante, divertido e inteligente.

Pero como cineasta me aburre soberanamente. Sí, hasta ésa del hombre lobo americano en Londres. Y la de los dos tíos que van de graciosos cantando clásicos del blues en versión AOR y descacharrando coches, casi más.

Así que nadie se sorprenda si afirmo que esta hora de cine es lo mejor que he visto de John Landis. Y sí, uno de los cuatro episodios de Masters of Horror que cuento entre mis favoritos. Porque amigos, éste me gustó de verdad.

No sé por qué a los seguidores de la serie les resultó indiferente. Incluso todos los amigos y amigas a los que he obligado a verlo se quedaban dormidos. Vale que la pelea del final resulta un poco cutre. Y que lo de soltar tres finales seguidos es excesivo. Pero no cuando los tres son buenos.

En fin, que esta historia de un señor de apariencia mediocre, gordo, padre de familia, de sonrisa fácil, que está limpiando con total tranquilidad manchas de sangre y que vive en un impoluto barrio residencial... Vaya, esto ya lo dije para el anterior episodio, ¿no?

Lo importante es cómo se nos narra la historia desde el punto de vista de este señor aparentemente normal en un magnífico tono de humor macabro, heredero, pero heredero de verdad, no utilizado como mera coartada para seducir fans, de los tebeos de terror de la EC (si te gustan estos tebeos, pero si te gustan con pasión, sin dejarte engañar por su impostada moralina, todo un mero andamiaje que oculta auténticas joyas de lo macabro, este episodio de Landis te fascinará), la delirante vida familiar que lleva. Porque en este episodio esa decisión de optar por un punto de vista definido desde el principio lo es todo: todo lo veremos a través de los ojos de ese hombre tranquilo, obeso, delicado y meticuloso. Y esto es lo que depara los mejores momentos: cómo una conversación normal entre vecinos es interrumpida por lo que él cree ver y oír, o cómo (en mi secuencia favorita de este episodio, y si me apuráis, de toda la serie) desde su coche entabla diálogos imaginarios con sus posibles víctimas cuyo objetivo no es otro que el de buscar la adecuada a sus propósitos. Estamos en el interior de la cabeza de un psicópata al que conocemos y vemos como un tío agradable, hasta entrañable. Comprendemos sus actos: nos entristece su soledad y, en el fondo, deseamos que encuentre compañía. Ya vendrá la realidad a darnos el mazazo (a él, pero también a nosotros, que hemos sido él durante una hora). Y creo que esto es la esencia del horror: convertirnos en monstruos gracias a la perspectiva de la mirada.

En definitiva, un gran episodio, muy divertido, pero con un terrible trasfondo macabro y amargo. Todos, como escribiera Conrad, vivimos como soñamos: solos.

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