viernes, mayo 04, 2007

Masters of Horror (tercer grito)

Pasad, pasad y acomodaos en mi húmeda y pestilente cripta, en mi putrefacta morada donde anida el horror. Sentaos cómodamente, sí, ahí mismo, sobre esa caja oblonga. Disculpad a su ocupante si no se levanta para recibiros...


CHOCOLATE, de Mick Garris (episodio 5, primera temporada)



Está claro que a Mick Garris le interesaba contar esta historia: quiero decir que si no sólo ha redactado el guión, sino que además se basa en un relato por él escrito, no considero aventurado afirmar que se trata de un proyecto personal por el que debía sentir cierto afecto, creer que tenía entre manos un buen argumento.

Y la cosa no empieza mal: resulta curiosa y morbosilla esa idea de intercambiar de cuerpo con una persona de diferente sexo. Esto da lugar a un momento chocante que quizá sea lo mejor del episodio, aunque por desgracia Garris pronto abandona este sugerente planteamiento. Me refiero al momento en el cual el protagonista, su mente dentro del cuerpo de la chica, ve y siente cómo practica el sexo con un hombre. Sufre prácticamente una violación homosexual, aunque tampoco parece disgustarle demasiado (una experiencia nueva y extraña, extraña para él no sólo por ser heterosexual, sino por hacerlo dentro del cuerpo de la chica). Esta confusión primero mental, al poco corporal y enseguida sexual, se prestaba a un juego que haría de la confusión y el caos de la personalidad un magnífico punto de partida para un relato basado en cómo un trastorno físico puede alterar nuestra percepción del mundo, trastocarlo, sumirnos en la oscuridad... o en el deseo. Deseo porque nuestro hombre se enamora perdidamente de esta chica con la que intercambia su mente y sale en su busca. Y es justo a partir de aquí cuando a Garris se le cae todo de las manos.

No es que lo anterior fuera para lanzar cohetes: la dirección es pobre hasta la desolación y más que explorar el lado perturbador (que no malvado o perverso) del sexo todo se limita más bien a unos cuantos planos de chicas medio desnudas.

Al final todo deviene una vulgar hasta la exasperación historia de crímenes, aderezada con una pelea entre nuestros protagonistas tan ridícula (diálogos imposibles, incapacidad absoluta de sugestionar con las imágenes) que de verdad cuesta trabajo mantener los ojos fijos en la pantalla. Al menos sin sonrojarse.

Una cacafuti con la que no me cebaré demasiado porque al menos durante un rato me mantuvo medio interesado y porque, horror auténtico, el siguiente episodio dirigido por Garris se me antojó infinitamente peor.


HOMECOMING, de Joe Dante (episodio 6, primera temporada)


Uno de los episodios más celebrados de esta primera temporada. Opinión que comparto de manera moderada. La verdad es que esta historia de zombis que sirve de tremenda parábola política resulta difícil que no nos sea simpática. Un relato tan airado como divertido, pero que no deja muchas imágenes para el recuerdo.

De hecho, quizá el momento que más me gustó es uno de los pocos en el que lo político cede a lo humano. Un zombi entra en un local y aterroriza a todo el mundo, pero los dueños, una pareja de mediana edad que ha perdido a su hijo en la guerra, acogen a este muerto viviente víctima de la misma guerra en la que falleció su hijo como si fuera él, y la amenaza se transforma en la posibilidad de poder abrazar a un ser querido que ya no estará con ellos nunca más. Ese plano general en la semioscuridad de la tienda, en el cual unos padres rodean con sus brazos a un zombi con uniforme de soldado, me parece la forma más efectiva y emocionante (aunque Dante no renuncia a cierto macabro sentido del humor, que aquí ayuda a generar el sentimiento pues es el humor el que nos hace aceptar como lógico algo tan increíble: la sonrisa nos desarma para dar paso a la emotividad del momento) de hacernos sentir el vacío que nos envuelve al perder a alguien amado, el deseo irrefrenable de llenar ese hueco para poder seguir viviendo.

Vale, vale, la secuencia y el dichoso plano no dan para tanto, pero a mí me hizo pensar en estas cosas.


VALERIE ON THE STAIRS, de Mick Garris (episodio 8, segunda temporada)



De principio a fin, un episodio estúpido. Está basado en un relato de Clive Barker que no he leído, por lo que no sé si el origen de tamaña memez la podríamos achacar en su totalidad a él: es un escritor que en ocasiones sabe crear buenas atmósferas terroríficas. Desde luego, esas obsesiones sexuales y el demonio violador casan bien con lo que suelen ser sus historias (personalmente, a mí Barker me gusta cuando no se le nota tanto su afán por resultar el más duro y desagradable del barrio, tarea en la cual lo supera con creces James Herbert, un escritor que a todas luces es menos riguroso con el estilo que él, pero que a la hora de machacarnos con imágenes de impacto le da mil vueltas a Barker), pero Garris prefiere enseñarnos las tetas de la protagonista, cosa que tampoco le voy a afear, entendedme, pero demonios, ¡que le eche emoción al asunto!

Cuando por fin descubrimos el origen del diablo rijoso la cosa se pone peor al querer ser trascendente: el creador y su obra, el acto artístico como acto de creación de auténtica vida, etcétera. Tan aburrido como ya visto.


RIGHT TO DIE, de Rob Schmidt (episodio 9, segunda temporada)


Confieso mi estulticia: hay algunos maestros del horror en esta serie que no tengo ni repajolera idea de dónde han salido. Ni ganas que me entran de saberlo.

No me detendré mucho en este episodio porque, para qué voy a mentir, ya ni recuerdo bien qué era lo que pasaba en él. Sí que recuerdo esa imagen de una persona vendada cual momia en un hospital, más que nada porque me hizo pensar en esa alucinante película de Polanski que es El quimérico inquilino (¡eh!, ya me acuerdo: venganza amorosa de una persona quemada que deja su cuerpo para poseer otros y así vengarse del rufián que la engañaba; ¿por qué lo habré recordado, con lo bien que estaba sumido en el más dulce olvido?). Una chorrada de campeonato del que se me ha quedado la imagen del actor Martin Donovan deambulando completamente perdido por los planos sin saber qué hacer con su personaje, un divertido momento de chica medio desnuda en una bañera que, justo cuando se dispone a echarle el polvo de su vida al prota, su cuerpo se transforma en un amasijo de carne humeante, y la escena del reloj de pulsera. Cuando campea la nada, lo mínimo destaca.

7 comentarios:

LadyAnn dijo...

¡¡Hola LLosef!! He andado buscándote por los garitos en los que sueles parar, y al fin he recordado un vínculo... ¡Y heme aquí; En la cueva de LLosef!
Bueno killo, era sólo saludarte, últimamente ando como vaca sin cencerro y apenas me conecto, a ver si me vienen tiempos más tranquilos y dejo de ser una descastada con los amigos.
¡¡Un besote killo!!

LadyAnn dijo...

Joooo, se me olvidó. No puedo entrar a mis antiguos blogs, así que he empezado otro (más)
http://blogonaufraga.blogspot.com/

Llosef dijo...

¡¡Hola LadyAnn!! ¡Que alegría, qué sorpresa! Me encanta lo de "la cueva de Llosef": imposible definirlo mejor.

Tu nuevo blog ya está en Pecios.

Te escribo correo y te cuento.

¡¡Abrazos!!

Shere dijo...

Hola Llosef,

Que sepas que estoy leyendo detenidamente todas tus recomendaciones para echarles un vistazo a esos Maestros del Horror.

Por cierto, pasate por mi nuevo blog:
blog.crisopeya.eu

Ah! recuerdas Spaced? bueno me han recomendado otra serie que se llama Black Books de los productores y de algunos de los actores de Spaced. Me la estoy bajando, cuando la vea te comento.

Ah! otra recomendacion: Suicide Club. Es japonesa, la has visto?

Besos

Llosef dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Llosef dijo...

(El comentario suprimido de arriba es éste, jeje, ya aprenderé algún día...)

¡Shere!

Ya me lo decía mi amigo 4ojos: "Llosef, so cabezón, activa los comentarios del blog que te vas a alegrar." Qué razón tenía el pillastre...

Bueno, bueno, Shere. Tu mensaje me ha alegrado, pero también me ha hecho recordar lo que echo de menos el Club. Porque la página se ha ido al garete de forma definitiva. Por eso quería escribir a LadyAnn. Como creo que ella es un poco la "guía espiritual" del grupo, incluso sin el poco, quería comentarle unas cosillas para que aluego las viéramos todos. En fin, la cosa es ver cómo podríamos recuperar de alguna manera el Club. Nos reunimos en esta ciudad muerta algunos miembros y todos pensamos que es un vínculo que no queremos perder.

Si me das una dirección de correo, te cuento y te mando una foto (o dos) de regalo de la ya histórica, o no, reunión.

Y ahora voy a poner algo de las series. Desconozco por completo Suicide Club, pero como este fin de semana voy a Sevilla a ver unos conciertos (Echo & The Bunnymen, Violent Femmes, Matt Elliott - The Third Eye Foundation, Ryoji Ikeda y otros), lugar de residencia de mi "proveedor", creo que se escribe "dealer" en inglés, o así lo llaman en Weeds, le comentaré acerca de ella. Y sobre Black Books.

Yo tengo por ahí para ver "MPD Psycho", de alguien que sé que admiras: Takashii Miike. Es una serie de seis episodios. Sólo he visto el primero, pero es salvajote y la trama es un lío de mil demonios (para abrir boca: un detective con personalidad múltiple que persigue a un asesino con la capacidad de poseer y cambiar de cuerpo). A ver si me animo y, si no me vuelvo loco del todo viéndola, escribo algo sobre ella en el blog.

Ya me leí tu blog y lo he añadido en mi lista de favos, como está mandao.

¡Abrazos!

Shere dijo...

Hola Llosef!!!

Yo tambien echo de menos el Club pero bueno, a ver si podemos mantenernos en contacto hasta que se arregle.

Mi email es mlcastejon ARROBA gmail PUNTO com

Espero esas fotos y que me hables mas de la serie de Miike!

besos
Shere