-Zzzrrrpprrsssggrrr...
-Vamos a ver, merluzo, conecte el traductor interestelar. Parece mentira...
La dos naves se encontraron en el vacío de la galaxia, en los mismos límites del universo conocido.
-Ahora, ¿se me entiende ahora?
-Ahora se le entiende. Lo que no se entiende es qué demonios hace usted con una nave en zona limítrofe. Ya sabe que está vedada. Sólo pueden navegar por aquí miembros de la Flota Policial o de la Unión Comercial, y usted no pertenece a...
-Corte el rollo legal. Me he perdido.
-Se ha perdido- el tono irónico hirió en el receptor de su interlocutor.
-Sí, me he perdido. Llevo un cargamento de piedras preciosas a Osiris 14 y creo que el ordenador de ruta se ha vuelto loco.
-Loco, o más bien tonto, se va a quedar usted con la sanción que le voy a poner.
-Oiga, que llevo mis papeles en regla- la voz dejaba traslucir un deje de indefensión.
-Sus papeles me importan un bledo. Esto es zona prohibida. Por cierto, ¿de qué planeta es usted? Jamás había visto algo tan feo.
-Oiga, pero qué...- cortó la frase repentinamente. Ya conocía los abusos de autoridad de los oficiales de la patrulla de vigilancia limítrofe. Su orgullo, sin embargo, acabó venciendo:- Si no le gusta mi cara, apague el monitor.
-Vaya, vaya, si nos ha tocado en gracia un chistoso. Se te va a caer el pelo, so listo.
Nada más decir esto se dio cuenta de su estupidez: lo que veía por su pantalla carecía de pelo.
-Pelo, lo que es pelo, creo que se me va a caer muy poco.
Una risilla apagada pareció acompañar esta frase a través del receptor.
-Se acabaron las chorradas. Desde este mismo momento su nave queda confiscada y usted bajo arresto.
-Pero es injusto. Me he perdido. No hay nada malo en ello.
-No me obligue a acusarle también de resistencia a la autoridad...
-Pero si yo no me resisto...- dijo, clavando la vista en su pantalla.
Un destello en sus ojos lo delató: acababa de descubrir que el oficial con el que hablaba carecía de identificación.
-Por cierto, me gustaría que usted se identificara como miembro de la patrulla...
Demasiado tarde para dar fin a su petición. El falso oficial lo había achicharrado a través del receptor. Un amasijo de carne derretida se extendía por el suelo de la plataforma de pilotaje.
-Menudo imbécil.
Se vistió a toda prisa con el traje espacial y abandonó su nave. El propulsor lo acercó a la del ahora cadáver. Abrió la compuerta de descompresión.
-Todos estos cacharros son iguales- sonrió.
Ya dentro, buscó las piedras preciosas.
Las encontró en un pequeño almacén, dentro de varias cajas apiladas y entibadas con cuidado. A un extremo se encontraba lo que supuso la cama del muerto.
-Dormía con ellas- rió.– ¡Vaya tipo!
Escupió en las sábanas arrugadas.
En la cabina, una masa de carne chamuscada y pestilente comenzó a deslizarse por el pulido suelo.
-Este tío es tonto- pensó mientras lentamente, arrastrándose, se dirigía al almacén.- Me está entrando un hambre...
-Vamos a ver, merluzo, conecte el traductor interestelar. Parece mentira...
La dos naves se encontraron en el vacío de la galaxia, en los mismos límites del universo conocido.
-Ahora, ¿se me entiende ahora?
-Ahora se le entiende. Lo que no se entiende es qué demonios hace usted con una nave en zona limítrofe. Ya sabe que está vedada. Sólo pueden navegar por aquí miembros de la Flota Policial o de la Unión Comercial, y usted no pertenece a...
-Corte el rollo legal. Me he perdido.
-Se ha perdido- el tono irónico hirió en el receptor de su interlocutor.
-Sí, me he perdido. Llevo un cargamento de piedras preciosas a Osiris 14 y creo que el ordenador de ruta se ha vuelto loco.
-Loco, o más bien tonto, se va a quedar usted con la sanción que le voy a poner.
-Oiga, que llevo mis papeles en regla- la voz dejaba traslucir un deje de indefensión.
-Sus papeles me importan un bledo. Esto es zona prohibida. Por cierto, ¿de qué planeta es usted? Jamás había visto algo tan feo.
-Oiga, pero qué...- cortó la frase repentinamente. Ya conocía los abusos de autoridad de los oficiales de la patrulla de vigilancia limítrofe. Su orgullo, sin embargo, acabó venciendo:- Si no le gusta mi cara, apague el monitor.
-Vaya, vaya, si nos ha tocado en gracia un chistoso. Se te va a caer el pelo, so listo.
Nada más decir esto se dio cuenta de su estupidez: lo que veía por su pantalla carecía de pelo.
-Pelo, lo que es pelo, creo que se me va a caer muy poco.
Una risilla apagada pareció acompañar esta frase a través del receptor.
-Se acabaron las chorradas. Desde este mismo momento su nave queda confiscada y usted bajo arresto.
-Pero es injusto. Me he perdido. No hay nada malo en ello.
-No me obligue a acusarle también de resistencia a la autoridad...
-Pero si yo no me resisto...- dijo, clavando la vista en su pantalla.
Un destello en sus ojos lo delató: acababa de descubrir que el oficial con el que hablaba carecía de identificación.
-Por cierto, me gustaría que usted se identificara como miembro de la patrulla...
Demasiado tarde para dar fin a su petición. El falso oficial lo había achicharrado a través del receptor. Un amasijo de carne derretida se extendía por el suelo de la plataforma de pilotaje.
-Menudo imbécil.
Se vistió a toda prisa con el traje espacial y abandonó su nave. El propulsor lo acercó a la del ahora cadáver. Abrió la compuerta de descompresión.
-Todos estos cacharros son iguales- sonrió.
Ya dentro, buscó las piedras preciosas.
Las encontró en un pequeño almacén, dentro de varias cajas apiladas y entibadas con cuidado. A un extremo se encontraba lo que supuso la cama del muerto.
-Dormía con ellas- rió.– ¡Vaya tipo!
Escupió en las sábanas arrugadas.
En la cabina, una masa de carne chamuscada y pestilente comenzó a deslizarse por el pulido suelo.
-Este tío es tonto- pensó mientras lentamente, arrastrándose, se dirigía al almacén.- Me está entrando un hambre...
10 comentarios:
Joer, que bueno XXXD
Buenas Jos, a ver si te veo el careto un día de estos ;) (y de paso te devuelvo toooodo lo que tengo tuyo, ops)
¡Gracias, Breich!
Por cierto, ¿no serás tú quién tiene mi ejemplar de Watchmen, verdad? ¿VERDAD?
Estoy buscándolo para releerlo y no sé a quién demonios se lo he dejado...
¡Veámonos los caretos ya! Esto será un duelo en la cumbre. Juas.
Nop, Watchmen, no, tengo un Keller, que no sé que es peor, ejem...
Y ya que estamos, ¿no tendrás tú mi "V de Vendetta", no? XD
Si es que no se puede dejar cosas, juas ;)
¡Pero qué desastre! Lo perdemos todo...
vaya par!!
el relato genial, me ha encantao :D
y avé si le poneis un chip o algo a vuestras cosas... porque si no, acabarán como botín de algún listillo interestelar al que luego os tendréis que comer... :D
¡Gracias agnes!
Y las cosas... En fin... Yo ya me rindo. Ni chip ni na.
¡A mi que me registren!
Bien saben el Gran Poder que me quedé con ganas de llevarme media casa de Llosef... pero fui buena (y tonta) y no toqué nada de nada.
¡Me ha encantado el relato!
Muchos besos
¡Gracias Mal!
Por gustarte el relato y por ser buena (y NO tonta).
Besos.
Jejeje.
Está muy gracioso. Me encanta ese tono sarcástico que le imbulles a todos los relatos.
Sr. Tascoigne:
Jamás, si tuviera que hacer una lista de los escritores que yo creo que me han marcado, elegiría a Ambrose Bierce. Pero mira tú por donde el endemoniado se cuela una y otra vez.
Sólo que él es puñeteramente genial.
Yo, de mayor, igual también, ¿no? Jaja.
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