Matthew Gregory Lewis (1775-1818) os sonará a todos por haber sido el autor de esa inolvidable novela que es El monje, uno de los clásicos indiscutibles de la literatura gótica y uno de los más fascinantes que ha dado la literatura fantástica. No es muy habitual tener acceso en español al resto de su obra, por desgracia, aunque de vez en cuando alguno de sus otros escritos ve la luz gracias a la labor solitaria de editoriales que se apiadan de tristes almas amantes del horror como la que esto firma. Y seguro que tú, lector, eres otra de ellas, porque si no ya me dirás qué haces perdiendo el tiempo aquí con este espectro.
Sospecha (1809) llega a nosotros de la mano de la editorial Valdemar, qué raro, y en su origen fue uno de los relatos incluidos en el volumen de cuentos de Lewis titulado Romantic Tales. Aunque la podemos considerar una novela, no es de extrañar que en su momento formara parte de una compilación de varios relatos pues estos góticos (los de antes) se gastaban unos tochos que harían las delicias de todos los puestos de libros de los aeropuertos y las estaciones (los de ahora, que venden no ya al peso, sino al volumen).
Pero bueno, voy al lío, que me pongo a escribir y hablo de todo menos del libro, y lo único que puedo contaros de interés es lo que Lewis nos narra aquí. Porque de primeras, debo decir que el libro me ha encantado. Me ha parecido de una modernidad sorprendente, tanto en su temática como en su tratamiento, pese a contar con un buen puñado de convencionalismos de la época. Pero Lewis es un escritor genial, y la convención no constriñe su creatividad. Al contrario, le sirve de base firme sobre la que construir lo que desea.
Así, en Sospecha los ropajes son antiguos. Tenemos a dos nobles enfrentados, cómo no, tradición gótica manda, por una herencia. Y a los hijos de ambos, enamorados con sus familias enfrentadas, herencia shakespeariana ineludible para todo autor inglés que buscara un poco de autoridad. Así Romeo y Julieta es una influencia evidente, pero Lewis no cae en el calco o en la repetición vacua. Lewis utiliza el modelo para sus fines: un modelo que, al fin y al cabo, ya era universal.
Lo prodigioso en esta novela de Lewis, más que los posibles lugares comunes de la historia, la cual ofrece pocas sorpresas, está en la enorme fuerza, en el tremendo dinamismo de sus personajes: transmiten vida y pasión, quedamos atrapados en su devenir y todo lo que les sucede nos importa, nos alegra o nos duele. Resultan modernos por su sensibilidad, por la arrolladora veracidad, por la tremenda y exasperante realidad de la condición humana que muestran.
Porque Lewis centra el drama en la idea de que la desconfianza es causa de temibles errores, juicios de valor precipitados o el prestar oídos a acusaciones fáciles nos puede llevar a cometer equivocaciones en las que no solo está en juego nuestra vida, sino sobre todo la de otros. Una palabra susurrada en el oído apropiado hace más daño que una puñalada. Una mentira alimentada por el odio envenena el corazón más prevenido. Ya sabéis, mentir es gratis y hay quien hace campaña de su integridad a costa de soltar basura por su boca mancillando a los demás. Su limpieza parece ser fruto de la suciedad ajena. La única pureza a la que pueden acceder, en verdad, pues no la hallarían en su corazón ni a pedradas.
Pero de manera especial me ha sorprendido su tratamiento positivo de la brujería, absolutamente moderno, contando qué era en realidad, tomando partido por las dos brujas que aparecen en su historia. Reflejo del pensamiento avanzado para la época de su autor, que ya hizo enfadar a todos sus vecinos jamaicanos cuando decidió dejar de escribir y dedicarse al cultivo de la caña de azúcar en las tierras heredadas de su padre. Póstumamente se publicaría su Diario de un plantador de las Antillas, en el cual proponía la mejora de las condiciones de vida de los esclavos.
En Sospecha, la joven bruja Bárbara será un personaje fundamental en el desarrollo de la trama, y su bondad y sus buenas acciones no son las propias que incluso hoy le atribuiríamos a una bruja (bueno, las de la tele aparte, pero es que esas ni son brujas ni son na). En el remate del buen hacer, ni ella se librará de cometer equivocaciones, pero, ya lo he dicho, Lewis crea personajes y los llena de vida. Los caracteres lineales no eran lo suyo, afortunadamente.
LEWIS, Matthew Gregory. Sospecha. Traducción de Elías Sarhan. Madrid: Valdemar, 1996. 179 p. El Club Diógenes; 47. ISBN 84-7702-161-9.