miércoles, diciembre 11, 2013

Todo el mundo odia a Joseph Berna (menos yo)


No es una afirmación gratuita: el escritor Joseph Berna (José Luis Bernabéu López) quizá sea el autor de bolsilibros menos popular y querido entre los aficionados a los mismos. Tal vez sea debido a que su “estilo” literario sea el más fácil de servir de objeto de burla: frases cortísimas que hacen que sus páginas en ocasiones parezcan la lista de la compra, descripciones de personajes repetitivas, “metáforas” torpes y desacertadas, en ocasiones de manera premeditada, y tramas por lo general apresuradas (más de lo habitual) y desarrolladas sin gancho. Si a esto le sumamos sus constantes narrativas, las cuales consisten básicamente en desnudar cuanto antes a sus protagonistas y meterlos en la cama a refocilarse, da igual si están charlando tranquilamente en una habitación que si están siendo perseguidos por un alienígena de diez brazos ávido de matar, y en comenzar muchas de sus novelas en un club de strip tease, pues como que tampoco ayudan a que se lo valore un poco. Sin embargo, se olvida casi siempre lo divertido que resulta en sus mejores momentos. De manera consciente, por supuesto. Otra cosa es su ingenuidad a la hora de narrar los encuentros sexuales, a los cuales el adjetivo “picantones”, con lo que tiene de malo pero también con lo que implica de sano cachondeo, les viene que ni diseñado para ellos. Todo en plan película clasificada S española de finales de los 70 y primeros 80, eso sí, pues al fin y al cabo esa es la época en la que Berna escribió la mayoría de estas novelas a las que nos referimos.

Su falta de prejuicios y, por qué no, hasta de vergüenza como “autor” tiene a su favor que sus historias, cuando están más o menos logradas, son francamente divertidas y delirantonas, con acertados momentos de tensión (muy contados, vale, ocasionales si queréis) y una rapidez en la acción y sucesión de acontecimientos que no siempre le juegan en contra. Así la interesante y atmosférica, al menos en su primera mitad, Misterio en la estación WZ-2000 (1984). A la larga, confieso que cuanto más obras leo de él más simpático se me antoja y más cariño le tengo. Y eso que resulta difícil, aunque me deba contradecir, cuando uno se enfrenta a cosas como El asesino de Morgan Street (1984), un aburrido desaguisado en el cual dos policías se dedican a desentrañar la identidad del asesino de marras, más preocupados en realidad de cepillarse a las testigos que van surgiendo en la investigación del caso que en cumplir con sus funciones deductivas. Tampoco anima que el asesino aparezca cerca del final compitiendo con otros poco creíbles sospechosos, siendo descubierto por los salaces policías casi por el famoso método del pito pito gorgorito. En fin, no me gusta ni a mí este desangelado y en verdad rutinario hasta la muerte relato.    


Un poco más de interés rezuma El platillo rojo (1984), una en principio inquietante historia ambientada en una base del Polo Norte con unos científicos más preocupados por el zumba zumba que por investigar lo que demonios sea que estén investigando allí. La aparición de un misterioso platillo del color que indica el título que se estrella en las cercanías pone en guardia a los componentes del equipo científico, sin que esto signifique que pierdan un segundo de interés en seguir copulando, así que mientras se desahogan sexualmente unos con otros logran sacar algo de tiempo para acercarse al lugar donde se ha estrellado y curiosear un poco. Tanto ajetreo provoca que anden despistadillos ante los tripulantes de la nave accidentada, unos alienígenas capaces de adoptar la forma física que deseen, en este caso la de los miembros de la base a los cuales van exterminando uno a uno, lo cual dará lugar a buenos momentos de claustrofóbico acoso y también a alguna relación sexual quizá no muy bien vista para quien no guste de esto del amor interespacial. Desde luego no era algo que pudiera frenar a Berna. Aunque no llega a despuntar provocando verdadero interés, sí que esta novela de nuestro apreciado autor se lee con atención.


Mucho más simpática resulta Sirpa, la espía de Zombo (1984), quizá porque desde el principio no oculta su tono de divertimento descacharrante ni la inconsistencia de su trama argumental, con unos malotes que no hacen más que interrumpir justo a cada instante en que nuestros dos protagonistas deciden irse a disfrutar de la vida un rato (en la cama, se entiende, y no durmiendo, se sobreentiende). El jefe de los gángsters que pretenden secuestrar a la despampanante (véase la fantástica ilustración de cubierta obra de Antonio Bernal) Sirpa y su cuadrilla son el gran descubrimiento de esta desinhibida historia. Mantienen entre sí unos diálogos muy divertidos, deudores de la mejor screwball comedy clásica refundida con los no menos clásicos chistes de cachiporrazo, discusiones continuas que el temible Ranko Gurchenko, el multimillonario líder de la banda, adereza con castañazos de tomo y lomo ante el terror de sus subordinados, que no se sabe si le tienen más miedo a él o a la feroz y poderosa Sirpa. Encontramos aquí pues al Berna más efectivo, el que muestra un humor desopilante en cada página, el que no se toma nada en serio ni a sí mismo ni menos aún a lo que escribe. ¡Cuánto ganaríamos muchos escritores y lectores, bueno, todo el planeta, si hiciéramos lo mismo!


Casi otro tanto acontece con El rey de los cerebros (1984), al menos en su primera mitad, cuando este cerebro alienígena súper desarrollado, que vive dentro de una carcasa metálica cual dalek de la vida, se muestra simpático y amigable con los miembros de la tripulación de la nave que lo encuentran en un planeta de hielo y deciden rescatarlo llevándoselo consigo. Lástima que al llegar a la Tierra se transforme en el típico ente alienígena conquistador y el relato pierda todo el interés, porque hasta ese momento, a su peculiar manera, la historia de Berna mostraba unos interesantes apuntes de cómo aceptar y comprender lo diferente, lo extraño, a lo otro ajeno a nosotros como parte de un elemento común en un universo complejo e infinito.


He dejado para el final la que sin dudas me ha parecido la mejor novela de este lote: Un marido del este (se trata de una reedición; fue publicada anteriormente en la colección Bisonte azul de Bruguera con el número 693, no he logrado averiguar en qué año). Se trata de una desternillante comedia de enredo con la lucha de sexos como eje fundamental. Un arruinado ranchero decide casar a su bella hija con un señorito del este para salvar sus posesiones, lo cual será el detonante que dará pie a unos fulgurantes y explosivos enfrentamientos entre la chica y el jovenzuelo demasiado elegante para el duro oeste en cuanto este se presente en el dichoso rancho presto a casarse con ella. En fin, otra fierecilla más por domar que cederá, no sin imponer antes alguna condición,  ante los encantos del caballero del este cuyos buenos modales y educación no impiden que sea capaz de mostrarse, cuando es necesario, como el más rudo de los vaqueros. Sin apenas sexo, solo jugando con la tensión sexual evidente entre los protagonistas, lanzándose de continuo frases ingeniosas el uno al otro en una batalla que ya sabemos cómo terminará casi antes de que pueda empezar, Berna deja claro que cuando su pretensión es divertir y hacer pasar un buen rato entre risas al lector es cuando surgen sus mejores maneras. Qué duda cabe que Un marido del este es tan divertida como, por qué no, olvidable. Pero no otra es su pretensión, y en esta ocasión Berna actúa con nobleza. Y por esto, aunque a veces a mí también me desespere, continuaré leyéndolo.


BERNA, Joseph. El asesino de Morgan Street. Ilustración de portada: Desilo. Barcelona: Bruguera, 1984. 93 p. Bolsilibros Policíaco, Punto rojo; 1150. ISBN 84-02-02520-X.

BERNA, Joseph. El platillo rojo. Ilustración de portada: Luis Almazán. Barcelona: Bruguera, 1984. 95 p. Bolsilibros Futuro, Héroes del espacio; 201. ISBN 84-02-09281-0.

BERNA, Joseph. Sirpa, la espía de Zombo. Ilustración de portada: Antonio Bernal. Barcelona: Bruguera, 1984. 93 p. Bolsilibros Futuro, Héroes del espacio; 228. ISBN 84-02-09281-0.

BERNA, Joseph. El rey de los cerebros. Ilustración de portada: Salvador Fabá. Barcelona: Bruguera, 1984. 93 p. Bolsilibros Futuro, Héroes del espacio; 212. ISBN 84-02-09281-0.

BERNA, Joseph. Un marido del este. Ilustración de portada: Desilo. Barcelona: Ediciones B, 1994. 93 p. Bolsilibros Oeste, Bravo Oeste; 254. ISBN 84-406-4576-7.


6 comentarios:

Francesc Barceló dijo...

Hola, Llosef. Como aficionado a los bolsilibros, llevo bastante tiempo oyendo hablar de Joseph Berna en todos los blogs que nos dedicamos a los bolsilibros. Todas las referencias son pésimas, pero a la mínima que pueda me leo una novelita de este señor a ver si es tan malo como dicen. Sería como el Ed Wood de los bolsilibros, vamos. Saludos

Llosef dijo...

¡Hola Francesc!

La verdad es que si lees solo una lo más probable es que te deje muy mala sensación. Si vas leyendo más, la gracia estriba en que enseguida comienzas a reconocer sus maneras y cada vez te resulta más simpático, como un amigo al que vas conociendo poco a poco y que al final acabas queriendo a pesar de sus defectos. Su sentido del humor es muy cercano al de un Silver Kane, por ejemplo. Kane me gusta muchísimo más, pero si te ríes con este creo que a Berna le encontrarás su punto. La comparación con Ed Wood tampoco anda muy desacertada.

Un saludo y gracias por comentar.

Por cierto, Francesc, comentas que tienes un blog dedicado a los bolsilibros. ¿Cuál es? ¡Gracias de nuevo!

Llosef dijo...

Nada, Francesc, ya está, lo he encontrado: El quiosco de la Rambla. ¡Qué buena pinta! Lo enlazo. ¡Saludos!

Octavio71 dijo...

Hola. Me he reído un rato leyendo tu reseña. Saludos desde Chile y gracias por recordar el mundo de los bolsilibros.

Puroshuesos dijo...

Sin duda, este es uno de mis blogs favoritos, tal vez el que más, pues en ningún otro espacio pueden escucharse podcasts sobre tanto autor rarete, diría que es el mejor blog del mundo, pero ni conozco todos, ni soy Monsiváis para que alguien pele mi humilde opinión. Con unos colegas estoy realizando un piloto para la tv, y una sección sobre escritores fantásticos, tentativamente empieza con el genial W. H. Hodgson, y para la realización de esa sección tanto los programas de radio como las reseñas de este blog son inspiración y fuente de plagios, muchas gracias!

Llosef dijo...

¡Gracias por comentar, Octavio! Este año está siendo irregular para el blog, no termino de lograr sacar el tiempo que desearía para preparar más entradas. Pero te adelanto que el mundo de los bolsilibros nunca dejará de tener presencia en La décima víctima. De hecho, entre las varias entregas proyectadas próximamente, dos estarán dedicadas a ellos. ¡Un saludo!

¡Muchas gracias por tus palabras, Puroshuesos! La verdad es que aunque la realidad indique a las claras que ni de lejos este blog merece tanta excelencia, mi deteriorado y siempre por los suelos ego te lo agradece infinito. Muchísima suerte con ese programa de televisión, y si conseguís estrenarlo no dejes de avisarnos por aquí, que nos encantará verlo. ¡Un saludo!