viernes, enero 23, 2015

La Sombra contra Shiwan Khan (1939-1940), de Maxwell Grant (Walter B. Gibson)



Albricias y alborozos sin cuento nos invadieron al ver que La Hermandad del Enmascarado, por medio de Los libros de Barsoom, iba a editar un libro recopilando las cuatro novelas inéditas en español que conforman la saga de los sucesivos enfrentamientos de La Sombra contra el malvado Shiwan Khan, ese trasunto del mítico Fu-Manchú creado por Sax Rohmer aún más pulp y delirante que su modelo. Cuatro duelos a muerte que dan vida a una de las sagas más conocidas y reivindicadas de nuestro oscuro héroe. No hace falta indicar que su lectura nos ha resultado todo un gozo. Muchos son los personajes maravillosos de la era dorada del pulp que nos fascinan, pero The Shadow es uno de los más especiales.

El Amo de Oro (The Golden Master, 1939) es la entrega número 182 de sus aventuras y de la revista que llevaba su nombre, y en ella encontramos la presentación del villano Shiwan Khan, descendiente del mismísimo Genghis Khan y amo supremo de la subterránea ciudad de Xanadú allá por la lejana China. En este primer duelo la pretensión del vil oriental es hacerse con diversos cargamentos de armas y aviones, por lo que haciendo uso de sus increíbles poderes de hipnotismo y proyección mental transformará en siervos a varios poderosos empresarios y comerciantes que trabajarán para él sin saberlo, víctimas del sobrenatural poder de Shiwan Khan. Un dominio pérfido y sibilino que, unido a su capacidad de hacerse invisible gracias al método aprendido de unos monjes de Lhasa, en el Tíbet, de anular su voluntad hasta el punto de hacerse imperceptible para los demás, lo convertirá en un enemigo a la altura de La Sombra. También caerá bajo sus garras la bella Beatrice Chadbury, la cual pasará a ser su esclava Lana Luan. Además de servirle de correo y ayudante en sus malignos planes, ella estará ahí para proporcionarnos algunos encantadores momentos picantes con sus detallados cambios de vestuario y sus fugaces instantes paseando en ropa interior.


Aquí el personaje de La Sombra está de sobras formado, lejos ya sus primeras aventuras, y su aparición es constante relampagueando de continuo la acción a impulsivos raudales. Siempre sabiendo, eso sí, Walter B. Gibson (el autor oculto bajo el seudónimo de Maxwell Grant) cuándo sacarlo a escena o dejar que los secundarios o sus míticos agentes se adueñen de la narración. Shiwan Khan se vale, para ejercer su dominio mental, de juegos de luces dispuestos en los sitios más dispares, siendo mi favorito las luces de neón de un anuncio en lo alto de un edificio. Sus secuaces son una legión de fieros y traicioneros mongoles que conseguirán que La Sombra lo pase realmente mal. Y aquí estriba uno de los grandes aciertos de Gibson: su héroe es vulnerable, casi siempre está en peligro, no es extraño que resulte herido (eso sí, raro será que de gravedad) o vapuleado en sus peleas. Y esto le confiere una humanidad imposible teniendo en cuenta que La Sombra es un ser con una capacidad o poder inhumano: el de fundirse con las sombras que le dan nombre. 


El regreso de Shiwan Khan (Shiwan Khan Returns, 1939, nº 187), la continuación de los intentos del maléfico Shiwan por conquistar los Estados Unidos, esto es, el mundo, me ha encandilado completamente. Es sin dudar mi favorita de las cuatro entregas. Gibson se entretiene menos en los entresijos de los complicados planes de Shiwan Khan y resulta más directo. La trama es definitivamente la más enloquecida y juguetea de manera encantadora con el fantástico más básico (el protagonizado por científicos locos) y el steampunk más entrañable. En esta ocasión, el objetivo del villano amarillo es la de secuestrar, gracias a su poder hipnótico, a los mejores científicos e inventores del mundo, esto es, de Estados Unidos, y llevárselos a su lejana Xanadú para que allí trabajen para él. La hermosa Marjorie Cragg es la joven que esta vez pondrá la nota femenina. Paseítos en ropa interior, sí, pero también un personaje de carácter e importante en la trama. Gibson equilibra a la perfección sus armas y la aventura es trepidante, surcada por una genuina emoción que si bien no está refrendada por una gran psicología de personajes, estos sí que funcionan por mor de su enorme carisma y encanto.

Shiwan Khan se sirve del sonido para hipnotizar a los que convertirá en sus siervos (básicamente, Shiwan actuará de la misma forma en todas sus intentonas introduciendo sólo pequeñas pero coloridas variantes en sus métodos), siendo los objetos elegidos… ¡una cajita de música o un arpa eólica! Imposible resistirse a la magia de un relato que convierte en verdaderas armas letales elementos semejantes. Los terribles asesinos del Khyber, afganos implacables, serán quienes formen la cuadrilla criminal del tataranieto o así de Genghis Khan que pondrá a La Sombra en problemas de verdad. En el momento culminante del desenlace, Shiwan aparecerá pilotando un batiscafo con brazos mecánicos, asemejando los de un pulpo, el cual puede volar como un helicóptero. Lástima que no se aproveche más este invento maravilloso: podría haber sido el momento más bonito y fantástico de esta segunda parte, que atesora muchos en todo caso.


La tercera intentona de implantar el mal absoluto se narra en El invencible Shiwan Khan (The Invincible Shiwan Khan, 1940, nº 193). Aunque nos encontremos con un poco más de lo mismo, acentuado esto por el hecho de que Gibson recupera personajes de El Amo de Oro, la emoción no decrece gracias a los nuevos sicarios de Shiwan Khan: los naljorpas del Himalaya, unos ascetas esqueléticos que lo adoran como a un dios y que poseen sorprendentes poderes. Tal que anguilas humanas, La Sombra de nuevo recibirá de lo lindo aunque al final la victoria será suya. Bueno, ni tan siquiera eso, porque Shiwan Khan se le escurrirá de las garras en el último momento, al igual que hiciera el ladino Fu-Manchú con el tontolín de Nayland Smith. Vuelta al ataque de Shiwan con su dominio mental, que aquí será ejercido a través del uso de determinados aromas (por ejemplo, la esencia de lilas) para activarlo en sus víctimas. Éstas serán poderosos hombres de negocios, personas de influencia política y social y hasta actrices de moda con el objetivo de llevárselos a Xanadú, a estas alturas ya con sobrepoblación, imaginamos, para crear allí una raza superior a partir de ellos. Hay que aclarar que muchos aceptan sin necesidad de ser hipnotizados pues ceden ante las opíparas ofertas de riquezas y privilegios que obtendrán si se avienen a los planes de Shiwan Khan. Sexo sin fin para procrear súper vástagos y dinero a espuertas… ¡a ver quién se niega! Esta vez parece que Shiwan ha dado con la clave del éxito. Las peleas trepidantes se suceden y, si bien a mi gusto es inferior a la segunda entrega, no deja de ser una excelente aventura de La Sombra y sus agentes (tantos que quedan un poquito deslucidos). Destacaría del conjunto el fantástico momento en el que una agente de nuestro héroe, Myra Reldon, se transforma en la china Ming Dwan para así infiltrarse en las filas del maligno oriental. Me gusta de manera especial cuando Gibson deja de enumerar a tanto ayudante y se detiene a presentarnos a alguno de ellos con un poquito de detalle. El relato gana en fuerza y tensión.


En Los señores de la muerte (Masters of Death, 1940, nº 198) el gran Shiwan Khan retorna a los Estados Unidos oculto en el que fuera el ataúd del mismísimo Genghis Khan. Su plan es reclutar a los líderes y jefazos del hampa de New York para crear una ascendente ola de crímenes y así instaurar su dominio mundial definitivo: él se alzaría como el dictador de ese nuevo orden. Entre otras criminales triquiñuelas, tiende una refinada trampa a La Sombra en el atraco a un banco. Ver operar a nuestro héroe junto a su agente Burbank desmontando el plan de Shiwan es de lo mejor de esta entrega final, la más descuidada de las cuatro y la menos emocionante. Se echa en falta la presencia de protagonista femenina, también los habituales trucos hipnóticos de SK, que los utiliza pero Gibson no hace demasiado énfasis en ellos y no muestran nada que no hayamos visto ya con anterioridad. Sí destaca como novedad la aparición de los místicos lung-gom-pa, unos nativos que corren veloces sin apenas tocar el suelo, dando grandes saltos tal que pelotas de goma, que son capaces de paralizar a sus víctimas con apenas mirarlas y pueden ocultarse en la oscuridad como La Sombra. Marpa Tulku, una deidad viviente tibetana, es su líder y ayudará con los suyos a La Sombra. ¡No todos los chinos son taimados y traidores! También los hay sabios, poseedores de una sabiduría ancestral, dispuestos a hacer el bien. No deja de ser otro tópico sobre cómo se refleja lo oriental en el pulp: en la primera novela de esta saga ya vimos cómo era el Dr. Roy Tam quien ejercía este rol. La Sombra sale ileso de casi todos los enfrentamientos sin apenas despeinarse, el peligro tiene menos peso que en las anteriores entregas y el desarrollo se revela más rutinario. Guarda, eso sí, buenos momentos, como el de los sicarios de Shiwan Khan atrapados en bloque por enormes serpientes pitón que los ahogan entre sus anillos.

En fin, con su brillantez y, para qué negarlo, con sus detalles repetitivos y formularios, en conjunto son cuatro excelentes aventuras entre las que destaca con diáfano esplendor la segunda, quizá la más conseguida en esa pura destilación pulp de prístina herencia folletinesca. Quizá lo único que habríamos de lamentar de este fantástico volumen sean las incorrecciones gramaticales que en algunos momentos dificultan y afean un tanto su lectura. Hubiera sido de desear una revisión del texto. Pero bueno, los enamorados lo aceptan todo. Y yo soy un enamorado de los libros de Barsoom.

Podéis leer más comentarios a otras aventuras de La Sombra aquí:





GIBSON, Walter B. La Sombra contra Shiwan Khan. Traducción de J. Jaime Verniez y Joaquín Fauste Guiral; introducción de J. Jaime Verniez; ilustraciones de Jim Steranko (portada), G. Rozen y Edd Cartier. Bilbao, Madrid, Barcelona: La Hermandad del Enmascarado, 2014. 390 p. Los libros de Barsoom, Zona criminal; 5.

4 comentarios:

Ramón Ros dijo...

Agradecido como siempre por la lectura, y con ganas de llegar en mi lista de lecturas pendientes a los libros de La Sombra, que no quedan ya muy lejos. Reconozco que hasta que encontré este blog (y el tristemente desaparecido Nos escriben de Janina) solo conocía a La Sombra por la peli de los noventa que, no sé si debería decirlo, me encanta, la verdad.

Llosef dijo...

¡Hola Ramón! Muchas gracias a ti por pasarte y comentar. Confío en que cuando llegues a leer las aventuras de La Sombra te gusten.

Ay, "Nos escriben de Janina" era uno de mis blogs favoritos, fue una auténtica lástima que desapareciera. Su autor, Miquel Giménez, no sé si lo sabrás, acaba de publicar una novela que estoy deseando leer, Mystero, ambientada en la época victoriana y con Holmes y otros héroes de por medio...

La película de La Sombra la vi en su momento en el cine y confieso que salí profundamente deprimido de la sala. Sin embargo quiero verla otra vez, más aún ahora tras haber leído la saga en la cual se inspira. La verdad es que no goza de mala fama entre los aficionados. A mí me decepcionó muchísimo, esperaba... yo qué sé, la bomba, jajajaja. Ojalá ahora tenga que cambiar de opinión sobre ella...

José Miguel García de Fórmica-Corsi dijo...

Soy un incondicional de la literatura de género (y por tanto del pulp) que vive en Málaga, alejado por tanto de los circuitos archi-minoritarios donde llegan los libros de Barsoom. A distancia, por tanto, he de salivar cada vez que veo, en la Red, las novedades que sacan, esperando a que llegue el verano para mi visita anual a las librerías donde puedo encontrar sus libros, en Madrid (Opar, Estudio en Escarlata).

Tenía apuntada ésta, en buena medida gracias a tu comentario en este blog (que no por otras referencias, más allá de la horrible película de Alec Baldwin). Pues bien, dicho y hecho, ya tengo en mi poder el libro. Lo abro con toda la ilusión, leo la buena y esclarecedora introducción y comienzo su lectura... Y menuda decepción, terrible, demoledora. Pero no por el original de Gibson, pues apenas he podido acceder a él, sino por la horrible traslación (no merece la pena llamarla traducción), que firman dos personas, el mismo introductor y otro más (ignoro si se han repartido los libros o han trabajado indistintamente sobre todos).

Hablo solo de la primera novela, que he tenido que aparcar y que no sé si retomar (mi esperanza es que el segundo libro, del que tan bien hablas, tenga un traductor diferente al del primero). Pues su paso al castellano es rigurosamente ininteligible. La traducción es más bien un calco, como si fuera el inefable traductor de Google el verdadero responsable de la misma. Adverbios como "eventually" se traducen no como se debe ("finalmente") sino como lo que parece, solo parece, que significa, cambiando el sentido de la frase. El orden de las palabras parece muchas veces el del original inglés. Los tiempos verbales bailan sin rigor alguno. La puntuación es inefable: por ejemplo, las aposiciones se hacen sin comas. Las preposiciones están pésimamente utilizadas, sin tener en cuenta el verbo al que acompañan.

Un ejemplo al azar: "Perdidos sus disparos en el espacio, los dos criminales alzaron (????) su puntería de inmediato. Esta vez supusieron la dirección correctamente, pero sus tácticas fueron diferentes". Confieso que no sé que diablos hacen los dos criminales.

Es una pena porque, en su modestia, me parecen admirables los esfuerzos de Barsoom por rescatar una literatura injustamente menospreciada. Ahora bien, ¿merece la pena hacerlo en estos términos? Supongo que este trabajo se ha hecho, en buena medida, por amor al arte (si se ha pagado, la cosa cambia), pero no justifica el mal resultado. ¿Cómo convencer a alguien no habituado a esta literatura que se asome a ella... si no la va a entender?

Llosef dijo...

Por desgracia, José Miguel, solo puedo decirte que... ¡tienes toda la razón! Yo lo leí haciendo abstracción, la verdad, y aprecio tanto el trabajo de Barsoom que no pude ir más allá de indicar que el libro contenía algunas incorrecciones que afeaban su lectura, pero es verdad que hay momentos en que sencillamente es imposible o muy difícil entender qué ocurre. Incluso con esto, ay, así es el amor, lo disfruté mucho. No es el primer caso como este que me encuentro en sus libros, aunque sí ha habido otros con traducciones correctas. Este libro necesita de una buena revisión del texto. En fin, lamento que por mi culpa te hayas llevado una decepción, pero aquí opté por dejarme llevar por la pasión y dejar un poco de lado lo que tus palabras evidencian sin posibilidad de otra respuesta que, como he indicado al principio, darte toda la razón. ¡Un saludo y gracias por comentar!