martes, diciembre 29, 2015

El sanguinario Barón Rojo (1996), de Kim Newman



¿Pero cómo es posible? ¿El conde Drácula dueño y señor de Inglaterra con una reina Victoria siendo su esclava en los albores del siglo XIX? Menos mal que nuestros héroes la vampira Geneviève Dieudonné y el agente del Club Diógenes Charles Beauregard estarán allí para poner un poco de orden y cordura en ese sinsentido de reinado de horror que ostenta sin tapujos el avieso noble de los Cárpatos. Y eso que Jack el Destripador anda haciendo de las suyas y contribuye no poco al espectral panorama. Esto era a grandes rasgos el motor de la novela de Kim Newman La era de Drácula (Anno Dracula, 1992). El sanguinario Barón Rojo (The Bloody Red Baron, 1996) es la continuación del relato del siglo de terror al que Drácula, según la pluma del autor inglés, sometió a toda Europa. O así lo imaginamos pues de la saga en la que se narran estos hechos solo tenemos traducidas a nuestro idioma las dos primeras novelas de la serie. Ya escribí sobre la primera de ellas y conté un poco sobre esta serie de libros y el uso que hace Newman de nombres ficticios y reales del mundo de la literatura y del cine para construir sus personajes AQUÍ, por lo que no me repetiré en este sentido: os invito a visitar la entrada donde escribí sobre esto. En el libro que nos ocupa Newman vuelve a utilizar una inabarcable lista de caracteres nacidos en otros lugares pero que confluyen en esta siniestra y arrolladora aventura con la fuerza de quien está creando desde el mismo barro primordial. Su fuerza estriba en que no usa estos nombres para evitar esfuerzos a la hora crear sus personajes, sino que se apoya en su aura mítica para potenciarlos hacia la leyenda con visos de realidad alternativa.


En el primer capítulo Newman nos presenta el nuevo escenario en el cual el imperecedero conde Drácula anda liado implantando su negro imperio. Y este no es otro que el de la espectral Primera Guerra Mundial. La Escuadrilla Cóndor está formada por un grupo de ases aliados de la aviación que se enfrenta noche tras noche a las huestes de los alemanes liderados por el Barón del título. Han sobrevivido a todo, por algo todos ellos salvo su líder son vampiros, pero al lado de los siniestros alemanes parecen unas hermanitas de la caridad. Newman luce genial en sus descripciones de las misiones nocturnas de los aviadores y en la creación de ese ambiente infernal de una guerra que parecía interminable y en la que se estaba desatando un horror de magnitud inimaginable. El entorno fantástico no hace sino acrecentar el tono de pesadilla vívida del relato, en especial cuando este se traslada al castillo de Malinbois y allí encontramos a un grupo de científicos alemanes que ya desde la sola lectura de sus nombres dan pavor (Rotwang, el doctor Orloff, Caligari…) y a Manfred von Richthofen, el Barón Rojo, un vampiro terrorífico de verdad y sus secuaces aviadores, todos ellos vampiros evolucionados gracias al trabajo de estos mentados locuelos de la aguja y la experimentación. El primer enfrentamiento en el cielo nocturno entre los dos escuadrones, el alemán y el aliado, en el que los pilotos de la Cóndor se enfrentan espantados a estas extrañas criaturas resulta mareante en su prodigiosa capacidad de mostrarnos el mismo infierno en los aires. Páginas que dan vértigo por su impresionante capacidad de trasladarnos a las mismas cabinas de los desprotegidos aviadores luchando contra algo que son más que aviones enemigos… Lo desconocido surgiendo de lo más oscuro de la noche para desgarrar el corazón de los aliados pero también el del lector, que asiste estremecido a un combate alucinante.

Junto a personajes de la novela anterior como el gran Beauregard o la periodista Kate Reed (aquí con mayor protagonismo, una creación enorme de Newman) hay, claro está, muchos otros nuevos. Pero quizá los que más me han conmovido hayan sido Hanns Heinz Ewers y Edgar Allan Poe, con una trama maravillosa en la que el primero recluta al segundo para que escriba la autobiografía del Barón Rojo, un trabajo de escritor fantasma que Poe abrazará con fervor, un poco al estilo del Lovecraft de esa otra gran novela que es El libro de Lovecraft de Richard A. Lupoff. Su encuentro con Franz Kafka de testigo es uno de los mejores capítulos de la novela, y tiene muchos, creedme, pero este es especial. La posibilidad de que cualquiera puede ser un vampiro permite a Newman juntar y jugar tanto con los personajes de ficción como con los reales a su antojo, haciendo verosímiles coincidencias cronológicamente imposibles. Pero su mérito no reside solo en esto, sino en hacerlas creíbles y emocionantes, llenas de vida aunque estén protagonizadas por muertos.


Con la ambientación trabajada hasta el más mínimo detalle de la Primera Guerra Mundial, su tono desaforadamente fantástico y su cuidada elección de nombres evocadores que, como ya he comentado, no se queda en una mera lista (y eso que confecciona una más que importante) Newman consigue con El sanguinario Barón Rojo una obra a mi gusto aún mejor que La era de Drácula, mucho más original y sorprendente pues no está encorsetada como esta a las conocidas andanzas de Jack el Destripador. Trincheras, catacumbas, castillos repletos de científicos locos dedicados a crear vampiros mutantes, batallas de biplanos en cielos en los que ruge el color rojo, una trama que sabe desarrollarse con su debido y necesario tempo hasta llegar a su explosivo desenlace y el elegante estilo de su autor convierten la lectura de esta novela en un placer absoluto. Si pensáis que la temática vampírica está quemada, sabed que no es por ella misma, sino porque en demasiadas ocasiones está en manos de pazguatos. No lo dudéis ni un momento: si os adentráis en el mundo de Kim Newman descubriréis que un buen escritor hace nuevo todo lo que toca, por más que sus ideas beban en los más admirados de vuestros clásicos.


NEWMAN, Kim. El sanguinario Barón Rojo. Traducción de Hernán Sabaté. Barcelona: Timun Mas, 1997. 366 p. (Fantasía Terror). ISBN 84-480-4202-6. 

No hay comentarios: