miércoles, febrero 11, 2015

Al final del cosmos (1958), de Law Space



Lecturas anteriores de obras de Law Space (Enrique Sánchez Pascual) me habían dejado algo frío (ver AQUÍ), pero como esto no afecta a mi carácter gélido para nada pienso renunciar a seguir aventurándome en su extensa obra. En esta ocasión es su novela Al final del cosmos (1958) la que ha llamado mi atención, y debo confesar que tras adentrarme en su poderoso arranque creí que había acertado. Un planeta moribundo, Kumus, asiste en sus días finales a cómo sus últimos habitantes parten en busca de un nuevo mundo que los acoja. Este inicio está marcado por un cierto tono entre nostálgico al contemplar el fin de una gran civilización y melancólico pues ésta se enfrenta a la muerte cósmica, un concepto que implica su extinción absoluta por más que intenten huir de ella, que lo hace muy sugerente. Vayan adonde vayan jamás podrán eludir su fatal destino. Así, el fin de Kumus es para sus moradores el final de todas las cosas. Esta idea subyacente en el éxodo, feliz porque los kumianos aún mantienen la esperanza pero amarga porque tal vez sea un fútil movimiento elusivo ante lo inevitable, es quizás lo más bonito de este relato que tiene un comienzo si no brillante sí al menos muy entretenido y no carente de fuerza evocadora. Somos partícipes de los sueños, de las glorias pasadas y de los anhelos futuros de los kumianos, los cuales pese a tener cuatro brazos, un solo ojo y ser telépatas resultan demasiado semejantes a los humanos.

Emprenden pues su viaje abandonando su hogar y pronto encuentran que hay cierto planeta en el lejano Sistema Solar que puede ser reemplazo perfecto de Kumus. Así que para allá que se van con la Tierra como objetivo. El viaje es tranquilo y apacible, pero justo al acercarse a su destino los problemas comienzan a acumularse. Este maldito Sistema parece estar repleto de planetas inhabitables o poblados por criaturas hostiles que los rechazarán provocando grandes pérdidas de vidas kumianas. Los buenazos de los kumianos desterraron el uso de las armas hace siglos, pero la nueva situación de peligro los lleva a replantearse la fabricación de las mismas tras la toma del poder de las mujeres, la instauración de un matriarcado potente que arrincona a un patriarcado débil y comodón. Ya dije que estos kumianos parecían terrestres por su carácter. Hasta aquí la narración, con sus más y sus menos, fluye entretenida. Entonces llegamos a Marte y todo atisbo de diversión desaparece, y eso que no será porque Law Space no ofrezca material para que esto no suceda. Pero narrativamente pierde el norte.


Unos zombificados marcianos, resecos porque los canales de su planeta madre se han secado, también quieren adueñarse de la Tierra para convertirla en su hogar. Se alían con los kumianos, a los que engañan de manera miserable liándolos en un plan de exterminio terrestre de lo más maquiavélico. Lo único que consiguen en realidad es adueñarse del relato, pasando los kumianos a un triste segundo plano. Al estar los marcianos modelados al más clásico estilo de malotes sin piedad pudiera parecer que la acción iba a resultar arrolladora. Pero no: estos marcianos son malvados pero también aburridos a muerte. Law Space se embarranca al detallarnos el tontuelo plan marciano y apenas nombrar a los kumianos que pasaban por allí. El desastre se torna mayúsculo cuando de repente entran los terrestres en juego. El tono trágico impuesto en la narración por el fin de los kumianos queda ahogado por el típico enfrentamiento de humanos buenos contra extraterrestres malignos. Y los pobres kumianos ven llegar el fin de sus días antes en el argumento de la novela que de verdad cuando éste les alcance sin remisión.

La colección Espacio. El mundo futuro de la editorial Toray en la que fue publicada Al final del cosmos solía incluir, si la novela no alcanzaba las 124 o 125 páginas de rigor, un relato del autor firmante de la principal para completar el volumen. Law Space se despacha con ¡Por fin en Marte! (1958), un material tal vez concebido como relleno pero que a mí me ha encantado. Muy superior a la novela que lo precede, este cuento sencillo y casi cotidiano en su desarrollo acaba convirtiéndose en una triste historia que nos narra cómo el más hermoso de los sueños puede devenir locura. El científico protagonista, del cual no sabemos según avanzamos en la lectura si está pirado o es un maldito genio, está dibujado con fuerza, y el apunte de su amistad con un niño que lo admira y que daba la sensación de que derivaría hacia una aventura más juvenil y diáfana no es más que un espejismo. Recurre a alguna caracterización trillada (ese noviete de la hija del protagonista que pretende quedarse con la pasta de nuestro héroe de andar por casa), pero su sorprendente final, que juega la baza de la derrota cuando pensamos que será justo la contraria la que se impondrá, nos ha conquistado.


Las contraportadas de la colección Espacio. El mundo futuro de Toray
incluían en su primera época un fotograma 
de alguna película de ciencia ficción del momento.

SPACE, Law. Al final del cosmos. Ilustración de portada: Chábril. Barcelona: Toray, 1958. 125 p. Espacio – El mundo futuro; 80.

2 comentarios:

Richard Shelton dijo...

Hola


Un consejo te doy como viejo amigo: comenta críticamnete la obra cualquiera que sea ésta pero obvia siempre decir los detalles del final.

No lo destripes aunque sea estupendo, regular, mediocre o de lo más idiota.


Ya una vez me criticaron eso en Cyberdark porque dije algo aplicado a un personaje... que dejaba adivinar el final de Historia de Dos Ciudades de Dickens.


Saludos

Llosef dijo...

Ay, tienes toda la razón, Black. Me lo estuve pensando, pero es que lo mejor en el caso del relato estaba ahí y no he sabido evitarlo.

¡Un abrazo, amigo!