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lunes, octubre 19, 2015

E-19 (2015), de Mayte Alvarado



Quizás sea la soledad el estado natural del hombre. Respirar en la calma y la tranquilidad que acompañan el aislamiento y la distancia de otros seres humanos es un placer que saben valorar quienes temen las multitudes y su ruido cargado de furia y distorsión. Pero un breve detalle, un destello lívido nos puede hacer pensar que nos equivocamos. Contemplar dos pájaros en una rama que juegan y alzan el vuelo juntos hacia un amanecer lejano tal vez nos haga añorar el deseo de compañía. Y esto es lo que le sucede al campesino protagonista de E-19 al principio de este estremecedor y maravilloso cómic de Mayte Alvarado. La costumbre, el rito idéntico de vivir un día y después otro igual a este no son suficientes para colmar nuestro deseo. Porque cuando todo acontece en la misma secuencia repetida de actos y vivencias mínimas la necesidad del otro se hace imperiosa si hay algo que rompe ese estado de monótona placidez. El curso propio de todas las cosas se resquebraja y queremos aquello que creemos nos pertenece, que otros disfrutan y comparten y que a nosotros nos parece negado. La soledad se inunda de dolor al recordar aquella vez que fuimos felices con la persona amada. Y ansiamos que vuelvan esas sensaciones, incluso cuando sabemos que el objeto de nuestro anhelo imposible ya no retornará. El campesino verá así invadido su monótono discurrir por la necesidad de una compañera. Y en su aislamiento y deseo de recuperar lo que una vez tuvo o creyó tener construirá una mujer artificial, un robot, que le proporcione esa compañía deseada. Piensa así que con una metáfora suplirá la realidad. Pero las metáforas también tienen vida propia: sueñan, viven, crecen y desean a su vez. Quizás al final la soledad no sea nuestro estado natural, sino la proyección de saber que solo en ella seremos felices. Anhelando siempre, porque conseguir lo que se desea no da fin al dolor. 

Historias de amores y querencias insólitas, de melancolía pausada y silencios de desesperada resignación, de encuentros extraños entre personas solitarias llenan las páginas de la hermosa obra de Mayte Alvarado. Eso es lo que podíamos ver en Miss Marjorie (2013) y Livianas (2012), dos de sus libros anteriores, y que también encontraremos en E-19. Dominado por dos colores antagónicos, azul para el campesino y naranja para la robot, la vida alzándose más real entre los engranajes mecánicos que de la sangre y la carne humanas. Mayte impone su ritmo en la narración y esta nos invade y nos insta a adoptar su cadencia: un día que pasa con el sol desplazándose en lo alto, un instante nocturno en el que un hombre le habla de las estrellas a su compañera, un ser mecánico que abre los ojos a la vida. Nos describe estos breves momentos con una perfección expositiva de tal fuerza que nos olvidamos de que no hay palabras que acompañen a sus dibujos. Escuchamos su voz tras ellos y oímos respirar a sus personajes. Una página lleva a la siguiente y el relato se desarrolla con una fluidez exquisita, con una poesía que en su delicadeza no olvida lo horrible, la oscuridad que anida y acecha en el corazón humano. Una mariposa, una flor, un soldador tienen tanta importancia como los protagonistas. Detalles pequeños que al hacernos la autora fijar la vista en ellos nos hacen comprender lo grande. Una historia de apariencia sencilla que resume todos los sueños y decepciones, toda la belleza y el horror de los innumerables corazones perdidos en esta tierra impasible.




ALVARADO, Mayte. E-19. Badajoz: El Verano del Cohete, 2015. (72 p.). ISBN 978-84-942610-3-9.

jueves, mayo 15, 2014

¿Dónde está mi cabeza? (1892), de Benito Pérez Galdós, ilustrado por Lorenzo Montatore



No afirmo nada del otro mundo si digo que hay lecturas que de niños nos marcan. Muchas para bien, pero aquellas que lo hacen para mal las guardamos como si de una afrenta insoportable se tratara. O al menos así hacía yo, que leer era lo que más me gustaba del mundo y encontrarme con un libro que me disgustara me provocaba un dolor especial, como si aquello que suponía tu mayor refugio, tu más leal aliado y compañero, te traicionara sin compasión. Y esto es lo que sentí con dos libros de esos que nos obligaban a leer en la escuela. Uno fue el para siempre ya odiado La Celestina, que todavía hoy me pregunto a qué mente desquiciada se le ocurrió incluirlo en los programas de lectura cuando uno aún no está formado ni sabe nada de la vida (no sé por qué hablo en pasado: sigo sin tener ni idea de la vida). Mejor ni os cuento qué cara se me puso cuando descubrí al fin qué demonios era eso a lo que se dedicaba la taimada viejuna de “coser el virgo”. El otro libro fue Trafalgar, de Benito Pérez Galdós. ¡Madre mía, qué truño, lo que me costó leerlo! Y, repito, para un niño cuya mayor pasión era leer toparse con algo así era particularmente doloroso. Se daba el caso además de que el archifamoso episodio nacional era adorado por los profesores más odiosos del colegio, los que nos pegaban más. Echaban fuego por la boca y demonios por los ojos cada vez que mentaban a “los ingleses”: solo por lo que estos les hacían sufrir yo ya los quería, para qué os voy a contar otra cosa. Por eso en los libros y en las películas, cuando los ingleses ganaban a los españoles, yo lo tomaba como una victoria personal. ¡No podía ser casualidad que, además, los profesores que más admiraba nunca le dieran importancia a estas derrotas del pasado! En fin, creo que con esto queda explicado por qué jamás me he vuelto a acercar a un libro de Galdós ni con un palo.

El tiempo fue pasando. De hecho, ha pasado mucho tiempo. Y entonces conozco a Loren, un genial ilustrador, un buen amigo, y mira por dónde a él le encanta Galdós. ¿Cómo es posible? ¿Cómo a Loren le puede gustar Galdós si Loren es de los buenos? Ay, ay, todo mi sistema de valores quedaba temblequeando, algo empezaba a romperse cuando resulta que Galdós no es solo El Garbancero (como lo llamaban en la época sus detractores porque escribía muchas novelas y todas duras como garbanzos), sino que alguien de tan demostrado buen gusto y mejor criterio es un gran admirador suyo. Recuerdo (seguro que él no) mi cara de sorpresa cuando Loren me comentó que le gustaba mucho Galdós y yo respondí con los ojos como platos: “¿cómo, que te gusta Galdós el Garbancero?” Y él respondió haciendo una apasionada defensa de su obra, mirándome quizá con la misma incredulidad con que yo lo miraba a él: “¿pero cómo diablos no le gusta Galdós a José Luis?”, lo imagino pensando al tiempo que yo discurría justo lo mismo pero al revés. Y ahora llega a mis manos este libro. ¡Un libro firmado por Benito Pérez Galdós e ilustrado por Loren, aquí Lorenzo Montatore! Cómo es la vida, ¿verdad? Y qué poco he aprendido de ella. Pero en esta ocasión he sabido corregir.


¿Dónde está mi cabeza? es un relato que en su momento fue publicado en el periódico El Imparcial en el número especial de diciembre de 1892. Y debo decir que me ha encantado. Un cuento de esos locos y sin pies ni, nunca mejor dicho, cabeza que tanto me gustan. Un Galdós divertido y con un punto delirante que nos narra una historia que solo por su planteamiento ya se nos antoja fantástica: un señor se despierta una buena mañana y, vaya, resulta que ha perdido su cabeza. Pero más que un despertar al más puro estilo Kafka, lo que encontramos aquí es una aventura tan cotidiana en su devenir como desquiciada en su esencia, recordando de manera poderosa a ese otro gran relato que es La nariz (1835-36), de Nikolai Gogol. Una carrera que se mueve entre la estupefacción y la investigación imposible sobre qué puede haber sucedido con la cabeza de marras, magnificado el efecto de comedia al utilizar Galdós la primera persona, resultando así las reacciones del protagonista más impactantes y divertidas. “Yo, yo mismo, reconociéndome vivo, pensante, y hasta en perfecto estado de salud física, no tenía cabeza” (p. 3). Este formal padre de familia que anda enfrascado escribiendo un tratado filosófico de suma profundidad, Aritmética filosófico-social, nos llegará a revelar en su desesperación que a lo mejor donde ha perdido su cabeza ha sido entre las faldas de su amante, la Marquesa viuda de X…  
  
Nuestros amigos de El Verano del Cohete han editado con el cariño al que nos tienen acostumbrados este relato de manera impecable. Solo abrirlo hace que nos sintamos llevados a épocas pasadas: el mismo tipo de papel elegido se nos antoja un acierto maravilloso, dando al conjunto un aire pretérito encantador potenciado hasta el infinito por la labor prodigiosa a la ilustración de Lorenzo Montatore, que aplica unos colores que nos retrotraen de una sola mirada al Madrid castizo y finisecular de Galdós, ese que él también ama, en una conjunción artística que pareciera que no solo ambos comparten el mismo universo, sino también un tiempo común en el cual hubieran estado hablando de cómo realizar y presentar este libro. Lorenzo Montatore enriquece el tono de comedia delirante del texto no solo con sus divertidos y siempre ingeniosos dibujos, sino que enloquece él mismo al colorear las planchas con colores puros y contrastados, rompiendo la formalidad de mantenerlos sujetos a los cuerpos o los objetos, jugando no con lo surreal, sino con una realidad alterada y distinta, una cotidianidad rota por la intrusión de lo fantástico que juega con lo imposible en los límites mismos de la realidad. Una absoluta delicia que nos lleva a pensar que si en la escuela en vez de Trafalgar nos hubiesen mandado leer este cuento, otro lugar bien distinto ocuparía en nuestro corazón Benito Pérez Galdós. Gracias a este libro le hemos abierto hueco. Creo que es lo más bonito que te puedo decir, Loren. Y a vosotros, tripulantes del más brillante de los cohetes.

(De regalo, os dejamos aquí con el vídeo de presentación de ¿Dónde está mi cabeza?, obra de Mayte Alvarado, que me parece deslumbrante por su forma tan perfecta de introducirnos en lo que este nos deparará cuando lo tengamos ante nosotros).




PÉREZ GALDÓS, Benito; MONTATORE, Lorenzo. ¿Dónde está mi cabeza? (Badajoz): El Verano del Cohete, 2014. 32 p. ISBN 978-84-942610-0-8.

jueves, diciembre 19, 2013

Miss Marjorie (2013), de Mayte Alvarado



Esta va a ser una carta de amor con todas las de la ley, aviso. Al principio intentaré ponerme así como serio y tal y cual, pero ¡bah!, para qué os voy a engañar. Llevo varios días pensando en cómo enfrentarme al comentario de este libro arrebatador sin que el texto se convierta en una sucesión de adjetivos admirativos tendentes al infinito, pero el infinito me absorbió. No he podido evitarlo. Me he enamorado. Menos mal que los libros no son celosos y permiten que uno sienta amor por muchos, porque si lo fueran estaría perdido.


Miss Marjorie es el tercer libro publicado por El Verano del Cohete, una editorial independiente que este mismo 2103 está a punto de cumplir su primer año de vida. Libros cuidados al detalle y con mimo, convirtiendo el objeto en obra de arte y haciendo de su lectura toda una experiencia sensorial: la vista, el tacto, el olor que desprende la hoja manchada de tinta… ¡Qué pocas cosas se pueden equiparar a este placer! Tras la novela de Rui Díaz ilustrada por Ana Sender Los turistas y el poema de Goethe El Rey de los Elfos interpretado por los dibujos de Borja González, llega el turno de Mayte Alvarado, la tercera componente de esta tríada magnífica que promete más maravillas para el año que viene y esperamos que por muchos lustros más. Mayte ya nos había regalado muestras de su arte en forma de fanzine con Historias mínimas, dos entregas que consistían en breves cuentos narrados a través de dibujos. Ni una palabra, pequeñas películas mudas que ya nos habían impactado por su gran capacidad de lograr trasladar su mundo en imágenes de poderosa belleza y una tremenda capacidad de sugestión. Después vendría Livianas (2012), otra pequeña joya en la cual Mayte experimentaba con la palabra y sus ilustraciones adelantando este Miss Marjorie que, no puedo esperar más a decirlo, me parece su obra más conseguida y perfecta. Uno siempre espera más de aquellos a quienes ama, pero esto no es una obligación para el ser amado. Mayte Alvarado nos ha dado más de lo que esperábamos. Y esperábamos mucho.    


El tono nos sumerge irremisiblemente en una película muda de Fritz Lang, con sus Mabuses locos y sus vampiros asesinos, o de Georg Wilhelm Pabst, con sus destripadores enamorados y sus ninfas con el rostro de Louise Brooks, con sus calles empapadas de lluvia y oscuridad reflejando las sombras de los torturados personajes. Pero también en su frenesí narrativo y en su romanticismo alejado de tópicos. Miss Marjorie es una historia de crimen, un relato negro manchado con la sangre de muchas víctimas, pero también es la historia de un amor que surge de la soledad y la huida y que se desarrolla en el campo de batalla del género fantástico con un resultado soberbio. La fuerza de las ilustraciones casi hacen innecesarios los textos que nos ayudan a avanzar en este relato iluminado por la incontenible belleza de los dibujos de Mayte, que aquí más que nunca transmite delicadeza y horror, poesía y pesadilla con una candidez y un arrobo adorables. ¡Cómo no amarla! Porque esa voz nos narra la historia como si se tratara de un cuento infantil, de cuando estos eran atroces y hermosos. Y a su vez adulta, con el desgarro que los años imponen a nuestra mirada de niño.

Lo leo una y otra vez. No puedo cansarme. Mis ojos se pierden en la mirada de Miss Marjorie y pienso a veces que ojalá yo pudiera llamar a una puerta y conocerla. Quizá no bailaría, soy muy torpe, ni le regalaría flores, soy demasiado arisco, pero sí que velaría su sueño. Cuando ella no pudiera verme, cuando los sentimientos no tuvieran que ser mostrados. Y en mi duermevela soñaría que le leo un cuento, que le susurro al oído una historia de amor y crimen, de personas solitarias que se encuentran y comparten unos instantes de felicidad allí donde los demás solo verían el horror. Creedme: es un libro mágico. No se acaba cuando abandonas sus páginas. Las imágenes que guarda en él tomarán vida en tu interior y te acompañarán cada vez que cierres los ojos. Y no querrás abrirlos nunca más.



ALVARADO, Mayte. Miss Marjorie. Badajoz: El Verano del Cohete, 2013. (64 p.). ISBN 978-84-616-7135-9.    

domingo, septiembre 15, 2013

El Rey de los Elfos: Goethe bajo la mirada de Borja González



En tiempos en los que los soportes electrónicos para leer libros buscan imponerse al tradicional en papel, nuestros amigos de El Verano del Cohete (Mayte Alvarado, Borja González- Los Ninjas Polacos- y Rui Díaz) nos regalan los sentidos con la segunda entrega de su gigantesca editorial haciendo inane esta batalla: con libros tan hermosos, tan cuidados hasta el mínimo detalle, en definitiva, realizados con tanto amor, el frío soporte de metal no tiene nada que hacer. Y no es que reneguemos de los tiempos que nos ha tocado vivir: es solo recordar que hay cosas demasiado bellas para dejarlas morir.


¿He dicho gigantesca editorial? Que nadie piense que es porque poseen grandes medios y pueden permitirse grandes tiradas: creo que se entiende que, en mi torpeza, utilizo este adjetivo porque no logro definir mejor la belleza. El breve poema El Rey de los Elfos de Johann Wolfgang Goethe, ilustrado por Borja González, es el libro que acaban de editar. En el fantástico prólogo de Érica Couto (autora de uno de nuestros blogs más admirados: En la lista negra) se nos cuenta todo lo que necesitamos saber de esta balada escrita por Goethe en 1872 a la cual Schubert pondría música.



Tradicionalmente, la imaginería del poema se centra en la figura de ese padre que a caballo se lanza en una huida desesperada con su hijo en brazos escapando del Rey de los Elfos que reclama a la criatura para sí. El Rey, como en el texto original, no es sino niebla, viento, sauce o sombra que surgiendo de lo más profundo del bosque los acosa sin descanso. También, como podéis ver en las imágenes del vídeo que ilustran la canción de Schubert, el Rey nos es presentado en ocasiones como un señor viejo con barba y túnica que más recuerda al dios cristiano que a una criatura feérica o terrible, dejando para sus hijas esta cuestión. Borja González, sin embargo, ha optado por centrar la fuerza y la temática de sus ilustraciones en la figura espectral de ese Rey de los Elfos que no es otra cosa quizá que la misma muerte. Borja no se limita a poner en imágenes el texto, sino que lo reinterpreta y nos ofrece aquello que el poema nos deja solo entrever. El jinete a caballo con su hijo es así tan solo una silueta recortada entre los árboles que galopa incansable, con el Rey de los Elfos y sus tres hijas surgiendo de las aguas escondidas de un bosque fantasmal que alarga sus brazos como ramas y niebla en busca de su botín.


Las interpretaciones del poema han sido múltiples a lo largo de la historia, teniendo en cuenta su importancia como representación destilada de parte de lo que significó el romanticismo alemán, movimiento al que el mismo Goethe aportó una de las obras más importantes, famosas e influyentes del movimiento: la desesperada Penas del joven Werther (1774). Borja nos lo explica en un artículo escrito para el blog de la editorial (podéis, o quizá más bien debéis, leerlo AQUÍ) que además nos da las claves de su trabajo. Un texto fundamental para entender el origen y el por qué de este libro. Y esencial para comprender la decisión del dibujante de elegir reinterpretarlo como lo hace.


Las ilustraciones de Borja González nos hacen más grande, más siniestro, el poema al reforzar y mostrarnos esa imagen del Rey de los Elfos como una entidad poderosa e implacable ante la que solo somos sombras al albur de sus designios. Un Rey espectral que anuncia su presencia con sus fantasmales hijas presto a arrebatar al padre protector su hijo inocente. El paso a la madurez como rito inevitable y doloroso, pero también el tránsito a la muerte como destino ineludible de toda vida. Surgiendo de las aguas estancadas de un lago entre un irreal bosque, su reino de otro mundo, el Rey de los Elfos se alza como una figura terrible y poderosa que devuelve a la Tierra lo que siempre le perteneció.

Esta edición del poema de Goethe de El verano del cohete se presenta con una traducción de David Carril  y con una maquetación exquisita obra de Mayte Alvarado. Sabemos que es pronto aún, pero no podemos reprimir el grito: ¡queremos el siguiente ya! Mayte también es la realizadora del magnífico vídeo de presentación del libro. Con sus hipnóticas imágenes os dejamos.

martes, mayo 21, 2013

Los turistas, de Rui Díaz y Ana Sender (2013)


Mis amigos Los ninjas polacos (Mayte Alvarado y Borja González), junto a Rui Díaz, autor de la novela que a continuación vamos a comentar, son los miembros del colectivo El verano del cohete. Un proyecto editorial que nace con esta primera referencia, Los turistas, un relato de Rui ilustrado por la fantástica Ana Sender. Les deseo todo lo mejor del mundo, tanto de este como el del más allá, no solo porque son adorables y es imposible no quererlos, sino porque se lo merecen. Ya hemos dado cuenta con detalle de los trabajos de Mayte y Borja en nuestro blog, por lo que si tenéis interés a ellos os remito. Solo tenéis que seguir los enlaces. El verano del cohete lo intuimos cargado de relatos góticos, historias tenebrosas, oscuridad y mucho mal. En fin, todas esas cosas que ya sabéis nos gustan en La décima víctima. Va a ser un verano siniestro. Así deberían ser todos los veranos. 

Los turistas comienza como un relato de marcada tendencia gótica, si bien sin seguir a rajatabla todos sus rasgos característicos. Se trata quizá más de un ambiente, una atmósfera decadente y triste y unos personajes desamparados, que de unas líneas argumentales definidas. Y un orfanato, el particular castillo de la historia, inabordable y aislado por la nieve en el cual solo quedan siete niños y un profesor. Un misterioso suceso ha ido provocando que el resto de profesores y el personal del servicio hayan ido, de manera literal, desapareciendo, sus cuerpos borrados tal que si alguien hubiera aplicado una mágica y terrible goma de borrar sobre ellos para irlos haciendo partícipes de la nada poco a poco. Toda esta trama inicial basa su fuerza en la descripción del triste y repetitivo modo de vida de los niños en su encierro, entreverada por un apunte de relato de terror que supone, a mi gusto, lo mejor y más impresionante del libro. Porque el único profesor que ha quedado para cuidar de los niños es aquel al que denominan el Monstruo. Un personaje tan siniestro como patético del que nunca terminamos de saber si está dominado por el mal o es la compasión, una compasión quizá enfermiza y equivocada, la que guía sus actos. Todo se desarrolla así en una conseguida ambientación de velada tristeza, vagamente onírica, invadida por un aire de pesadilla en contados pero magníficos momentos.   

A la mitad del relato Rui comienza a dar pistas sobre cómo se desarrollará la historia en su tramo final. Entra en juego la narración popular con toda su simbología y el relato comienza a abandonar las aguas del género fantástico, un fantástico de marcada raíz centroeuropea pese a su nomenclatura anglosajona, y se adentra en las aguas más amables de la fantasía. Ojo, más amables pero no por ello complacientes. Comenzamos a sospechar que quizá no es todo lo que vemos aquello que parece ser, y así como los niños en sus breves momentos de libertad corriendo en el patio sacando de su interior lo que hay de animal salvaje en ellos, el relato se va librando de sus capas externas y la metáfora nos dará la clave y la explicación de la historia. Cuentos dentro de cuentos, personajes que se mueven como turistas de la vida en las diferentes historias, huyendo de una realidad terrible para buscar un punto de fuga que les permita seguir viviendo en un simulacro de, tal vez, algo cercano a la felicidad.

Rui guía con mano firme hasta el desenlace esta parte final, alejado ya del quizá más convencional pero siempre más sugerente relato de terror para adentrarse en terrenos de mayor calado interpretativo, aportando profundidad a su mensaje pero perdiendo tal vez en misterio y fascinación. Pero nunca sin dejar atrás sus referentes en la literatura fantástica no anglosajona. De un estilo de gran sencillez y siempre evocador, quizá sea el maravilloso Dino Buzzati el escritor con el que le encuentro más afinidad, sin que esto se pueda considerar un demérito. Más al contrario sabiendo como sabéis la admiración sin límite en que se tiene en este blog al gran autor italiano.

Las ilustraciones de Ana Sender suponen el acompañamiento perfecto para esta lectura apasionante. Tan evocadoras como las palabras que las rodean, sus dibujos marcados por cierta tristeza melancólica, los rostros de esos niños por ella retratados transmiten toda la soledad y el desamparo en el que se encuentran, también su confusión y sus miedos. Y la libertad y la furia desatada en los breves intervalos de alegría, más enloquecida y plena de rabia que en verdad feliz. Sus risas asemejan ser no risas de niños sino de bestias cautivas que sueñan con la libertad.

Queda así en nuestras manos esta primera obra de El verano del cohete. Todo un regalo para los amantes de lo extraño que nos ha dejado llenos de felicidad porque es un placer cuando personas a las que quieres hacen algo hermoso. Solo cabe esperar ya, con ansiedad, su próxima obra. El mal, cuando está inflamado de belleza, es tan hipnótico como uno de aquellos veranos de nuestra niñez, interminables y mágicos en la distancia. También aquellos eran veranos del cohete. Toda nuestra infancia estaba ya pronta a partir lejos y dejarnos desamparados en este aburrido y cruel mundo de los adultos. Pero hay libros que nos salvan. Los turistas es uno de ellos.

DÍAZ, Rui. Los turistas. Ilustraciones de Ana Sender. Badajoz: el Verano del Cohete, 2013. 108 p. Nuevas inquisiciones. ISBN 978-84-616-3449-1.


(Como creo que ellos también me quieren un poco, me pidieron entrevistar a Ana Sender. Una de esas cosas que te piden como un favor cuando en realidad es un regalo. Podéis leer la entrevista AQUÍ.)

martes, febrero 26, 2013

Livianas, de Mayte Alvarado (2012)



Ay, se ha hecho esperar, pero ya tenemos una nueva obra de Mayte Alvarado. Livianas conforma la última entrega (por el momento) de esa colección de fanzines exquisitos, elegantes y cuidados que nos dan a degustar cada cierto tiempo nuestros amigos de Los Ninjas Polacos. Un relato sencillo y hermoso cuya metáfora no puede sino llenarnos de tristeza. Pero no temáis: toda su melancolía está entretejida de una poesía sutil en la cual las imágenes nos arrastran a otro mundo donde hay mujeres que pueden volar y hombres incapaces de comprenderlas. Otro mundo quizá no tan ajeno a este, pero gracias a Mayte desde luego más hermoso. 


Su trazo clásico nos encanta, para qué os vamos a engañar, y lo único que lamentamos es que no publique al menos uno al mes. 

Si quieres disfrutar con otras maravillosas ilustraciones de Mayte, no dejes de visitar su sitio tumblr (AQUÍ).



sábado, junio 09, 2012

Historias mínimas 2 + El hombre alto



No sé si ha pasado mucho tiempo o en realidad ha sido poco. ¿A quién le importa la realidad? Lo cierto es que la espera se ha hecho una eternidad, pero aquí está al fin el número dos del fanzine Historias mínimas de Mayte Alvarado Simancas. ¡Una auténtica delicia!

Este número incluye dos historietas y una breves estampas. La historia más extensa es la titulada Mujer pájaro, donde como siempre, sin textos, Mayte desarrolla un instante en la vida de una criatura imposible. De belleza contenida y línea clara que se expande hasta un poético barroquismo, Mayte muestra una alucinante capacidad para fascinar nuestra mirada. Un mundo extraño y delicado en el cual nos hallamos atisbando un día en la vida de la mujer alada. En Cosas que dan miedo, por el contrario, nos encontramos con esos pequeños momentos a veces soñados, en ocasiones vividos, en los cuales el terror puede alterar nuestra existencia. Pero la mirada de Mayte se revela capaz de incluir una nota de humor en esta mínima antología de momentos terroríficos.

La otra historieta que completa este número es quizás mi favorita. El espejo está compuesta de seis viñetas a gran formato, apaisadas, que en su brevedad se muestra más que suficiente para narrarnos una historia en la cual la melancolía se nos presenta entreverada de horror. Una historia en la que la poesía se muestra frágil quebrada por la tristeza y, quizá, el desencanto de una vida solitaria. 


En conjunto, un número 2 magnífico que como siempre sabe a poco. Y no porque sea poco lo que nos ofrezca, sino porque lo hermoso nunca deja de parecernos breve. 

Menos mal que lo bueno no viene solo. Los ninjas polacos, nombre bajo el que se presentan nuestros dos héroes de hoy, Mayte Alvarado y Borja González, nos traen otra publicación que es otro regalo: El hombre alto. 


Borja González aparca momentáneamente su fanzine Roland para ofrecernos este cuento clásico que, como es de rigor, nos susurra en voz baja una historia en la que lo bello y lo extraño se vuelven a dar la mano. Bebiendo de las narraciones infantiles más tradicionales, aquellas que resultaban tan terroríficas que hoy solo conocemos en sus versiones más edulcoradas, Borja desgrana un cuento cruel y terrible que conmueve el corazón y estremece el espíritu. ¡Cómo no nos va a gustar! Es imposible.

Recomendación absoluta de este vuestro oscuro blog, Historias mínimas y El hombre alto podéis conseguirlos bien en los puntos de venta que se indican en su blog Los ninjas polacos o bien pidiéndolos por correo a sus autores. Para esto último también habréis de visitar su mentado blog. Hacedlo y no dejéis de echar un tranquilo vistazo. No querréis iros de allí jamás.      


lunes, diciembre 05, 2011

Roland 1 y 2 + Historias mínimas


Los jardines del rey Roland fueron invadidos por las hordas de Wanda arrasándolo todo a su despiadado paso. Con este acto brutal e inexplicable dio comienzo La Guerra de los Bichos, el enfrentamiento del cual tenemos una crónica fiel en esta segunda entrega del fanzine Roland, esa pequeña maravilla con la que Borja González nos deleita, ay, no tan a menudo como quisiéramos.


La procesión del corazón negro es la otra narración que se incluye en este número, en la cual se nos desvela qué aconteció con la trampa que Roland dispuso para la simpar Wanda. ¿Será la Mujer Enmascarada la misma Wanda oculta tras un antifaz? 


Roland tiene ecos de Edward Gorey, de Dino Buzzati, de toda esa literatura fantástica europea de principios del siglo XX que tanto amamos aquí, pero atravesada esa tradición por la mirada original y apasionada de su autor. 


Aprovechamos para releer la primera entrega. En ella accedemos al cuaderno secreto del jardinero del rey Roland. Su quehacer cotidiano en tan extraño reino y las criaturas que allí habitan llenan sus mágicas páginas. 


Un fanzine artesanal, de exquisito gusto y factura impecable. Ante la desdichada suerte que estoy teniendo últimamente con los libros que voy leyendo, que no dan ni para hacer un comentario ya sea medio en broma, Roland ha sido un respiro y una alegría.


Pero, ¡oh, amigos!, no todo se queda ahí. Borja González y Mayte Alvarado, bajo el nombre de Los ninjas polacos, su blog, nos regalan otra maravilla. 


Todo un deleite y un placer admirar las páginas de Historias mínimas, el fanzine de Mayte Alvarado. Historias sin palabras cargadas de misterio y melancolía sin renunciar a una mirada entre divertida y entrañable. Una delicia de la que solo podemos decir que ojalá no se haga esperar mucho una nueva entrega. ¡Porque queremos más!