lunes, noviembre 16, 2015

El legado de Lovecraft (1990)



El legado de Lovecraft (Lovecraft’s Legacy, 1990) es un libro que nació bajo la excusa de que se cumplía el centenario del nacimiento del escritor Howard Phillips Lovecraft. Tan buena o tan feble como cualquier otra, pero que a nosotros nos vale y nos sobra. Más aun teniendo en cuenta la excelente calidad de los cuentos que lo forman, que si bien en muchos casos se alejan de lo que sería una influencia directa o evidente del homenajeado, es cierto que en todo momento se explica que este “legado” consiste sobre todo en una forma moderna de ver el relato de terror más que en meter a Cthulhu a piñón en los textos, más en una actitud a la hora de afrontar las historias y buscando un realismo y una verosimilitud donde enmarcar lo fantástico alejándose de los viejos (no por ello menos amados) goticismos. Deudores de su revolucionaria adscripción al género más que de sus temáticas, por más que de maneras subrepticias por algún lado se atreven a mostrar sus tentáculos primigenios. En fin, pocas alusiones directas a los famosos dioses míticos creados por Lovecraft encontraremos aquí, lo cual se agradece pues en ocasiones resulta cansino el leer historias que copian su temática pero que se ven impotentes de hacernos sentir el más mínimo escalofrío o esa agobiante y desesperante sensación de perdición y malignidad suprema que emana de sus mejores relatos. Y es que Lovecraft no se aparece solo porque escribamos Cthulhu ni por mucho que repitamos el nombre del mayor de los antiguos tres veces ante un espejo. Los cuentos de Lovecraft poseen una atmósfera única, enfermiza y surreal, y por eso es tan difícil recrear su esencia. Varios de los escritores aquí reunidos lo han conseguido. Solo podemos celebrarlo. 

El libro se abre con unas bonitas y sentidas palabras de Robert Bloch, Introducción: una carta abierta a H. P. Lovecraft, que de forma epistolar rememora la última carta que escribiera al que entonces era su maestro en marzo de 1937, poco antes de la muerte de este. El homenaje de Bloch nos recuerda las facetas más conocidas de Lovecraft, tanto en lo concerniente a su escritura como a su vida: sus solitarios paseos nocturnos, la convivencia con sus tías rota de manera breve por su estancia en New York con su esposa, su poco éxito mientras publicó en la revista pulp Weird Tales que sin embargo supuso el germen de lo que con el tiempo sería todo un culto, su labor de escritor fantasma… Y una conclusión más que certera: sabemos mucho de Lovecraft por sus cartas y artículos, pero a la vez en gran medida su existencia nos sigue pareciendo un misterio. Es increíble que con tanto material sobre él y escrito por él su vida esté llena de lagunas y secretos que no seremos capaces de desvelar del todo. En realidad, su leyenda no sería tan fuerte si todo estuviera iluminado por una potente luz.

Bloch no parece tener gran cariño ni por alguna obra de Otis Adelbert Kline ni por las de otros autores coetáneos a HPL que triunfaban en Weird Tales mientras que este seguía sumido en las sombras. Tampoco resultan de su agrado las portadas que la maravillosa ilustradora Margaret Brundage realizaba para la revista. Y aunque estas opiniones no podamos compartirlas del todo, sí desde luego su colofón: el éxito que se le negaba a Lovecraft sonreía a escritores que eran inferiores a él. La importancia de Cthulhu y los mitos a él ligados en la literatura fantástica, toda la obra de Lovecraft, son incuestionables hoy. Bloch así nos lo recuerda en esta carta escrita a su mentor con la esperanza de que, esté donde esté, si acaso estuviera en algún lugar, pudiera leerla y saber qué ha sido de su legado y de cómo este sigue vivo y con más fuerza que nunca.

«Bien, señor Lovecraft, vas a empezar tu segundo siglo como maestro indiscutido de la literatura fantástica…, y puede que en sí mismo eso sea una fantasía que jamás llegaste a imaginar.

Pero es una realidad más que merecida.» (Bloch, p. 13)

Pero pasemos ya a los relatos. El primero de ellos, Un secreto del corazón (A Secret of the Heart) de Mort Castle, en estilo más pareciera rendir vasallaje a Edgar Allan Poe que a Lovecraft. En cualquier caso el primero fue siempre reconocida influencia del segundo. Castle nos trae a esta antología un gran cuento que lo es principalmente por su urgente y angustiosa atmósfera, donde el mal y los dioses que lo reparten resultan más atisbados que vistos de verdad. La inmortalidad tiene un precio y al narrador por el momento le ha salido barata. Siempre que no cometa un error, claro. Estremecedoras son las páginas en las que el protagonista, niño aún, pierde la fe en Dios ante las clarividentes palabras de su padre o cuando asiste a la aterradora consunción de su prima, también apenas una niña, atrapada por oscuros efluvios del más allá. Como relato lovecraftiano resulta un buen homenaje, pues más que recurrir a los habituales lugares comunes utiliza tan solo algunos de ellos, en especial los concernientes a libros antiquísimos que esconden saberes ancestrales y prohibidos entre sus páginas, para ofrecernos algo distinto. No es una fotocopia enmohecida: es una historia con sabor puro a Lovecraft sin necesidad de revolcarse en su legado. Esto es, respetándolo.

En El otro hombre (The Other Man), Ray Garton nos narra una trampa centrada en los viajes astrales con la aparición de una criatura demoniaca que ni de lejos nos provoca el intenso terror que nos hacían sentir las de Lovecraft. Deviene un chiste macabro sin chispa alguna que no deja de ser curioso por el morro que le echa el autor pero que no funciona lo más mínimo. Y tras dos autores norteamericanos le toca el turno a un inglés, Graham Masterton. Su Will es un magnífico relato. Las excavaciones que están sacando a la luz el mítico Teatro del Globo de Londres desentierran también a un Antiguo que dormitaba por allí atrapado en el pasado por un escritor, quizá el más reconocido de todos los tiempos, cuya fama se debe a un trato infernal con esta criatura. ¡Toma ya! Me encanta. Libros, cartas y viejos manuscritos van revelando la verdad de unos hechos increíbles que vencen a nuestra incredulidad con progresiva convicción. El órdago de Masterton llega hasta el punto de apoyarse en textos del propio Shakespeare para probar esta alianza maligna que llegó demasiado lejos. Este delirante planteamiento está guiado con tanta seriedad y mano firme que funciona sin provocarnos demasiadas dudas en su desarrollo, y eso que estira la cuerda al límite. La habilidad de Masterton para en apenas unas líneas meternos de lleno en la trama y mantenernos en ella sin opción a huir es sobresaliente.

El Gran «C» (Big «C») es obra de otro autor británico, Brian Lumley. Inspirado en El color que surgió del espacio (The Color Out of Space, 1927) de Lovecraft, no he podido dejar de pensar, en atractiva conexión, durante su lectura en la novela de Dino Buzzati El gran retrato (Il grande ritratto, 1959) por más que hay diferencias evidentes. Es bonito dejarse llevar por la idea de que exista cierta concomitancia imaginativa en dos escritores tan distintos, ¿no os parece?, si bien el referente claro de Lumley es Lovecraft. El gran «C» resulta un relato brutal y absorbente, un híbrido fantástico de ciencia ficción y terror que desemboca en una pesadilla vívida propia de una alucinación lovecraftiana. Este viaje al corazón del horror, y tal es así de manera literal, nos ha encantado y atemorizado por igual: se siente su poder cósmico, se respira su maldad, se comparte su desesperanza.

Vamos ahora con un pequeño bloque de cuentos que a mi gusto suponen lo más flojo del libro junto al de Garton ya comentado. Feo (Ugly) de Gary Brandner no deja de ser simpático pero se olvida nada más terminar. La historia de Murray y su lagarto conservado en un molde de plástico, ambos idénticos en su fealdad, ambos liberándose de sus cadenas para comenzar a vivir, no nos lleva muy lejos. Más pobres aún nos han resultado El guardián del alma (Soul Keeper) de Joseph A. Citro y Los papeles de Helmut Hecker (From the Papers of Helmut Hecker) de Chet Williamson. El primero se centra en un arrebato de locura mística que te deja más helado que un balde lleno de los cubitos con los que se arropaba en su bañera el protagonista del relato de Lovecraft Aire frío (Cool Air, 1926). Una tontuna narrada sin intensidad y sin convicción. En el segundo se agradece un poco el toque de humor, con Lovecraft reencarnado en un gato, animal al que adoraba: ¡nada pues más apropiado! Pero todo resulta burdo y demasiado forzado en este relato precipitado y poco elegante.


Entre medias de estos pudimos disfrutar de La hoja y la zarpa (The Blade and the Claw) de Hugh B. Cave, un escritor británico coetáneo de Lovecraft que publicó sin descanso en las más oscuras (por ende, atractivas) publicaciones pulp de la época. Estamos aquí ante un intenso relato de vudú, maldiciones y venganzas bien justificadas. Cave acierta sobre todo en su ambientación y tratamiento veraz del vudú (veraz en el sentido en que lo sentimos así al leerlo, que es lo que importa). Mezclar en el mismo saco a los despiadados Tonton Macoutes con unos simpáticos gatitos puede resultar chocante, pero Cave no pierde el rumbo y deja fluir su experiencia en atemorizar y sorprender al personal. Merifilia (Meryphillia) de Brian McNaughton es un cuento en el que destaca de manera brillante el hermoso contraste, muy bien narrado, entre el romántico espíritu de la joven Merifilia y su condición de espeluznante gul. Puede desgarrar carne de cadáver para alimentarse sin perder por ello un ápice de su romántica tristeza. El punto de vista adoptado por el autor, el de Merifilia, hará que nos identifiquemos con ella, más aún para quienes como ella hemos sufrido sus mismas tristezas, melancolías y soledades resignadas. Añadido esto siempre a ese rechazo que nos hace sentir como si fuéramos monstruos a ojos de nuestro ser amado y, al final, también a los nuestros al asimilar el dolor provocado como algo natural y justificado. Divertido, macabro y algo gamberro, su combinación con un hálito romántico soñador y oscuro engrandece este relato que parece pequeño, como su protagonista, pero que oculta una sensibilidad tan profunda como la que alberga su corazón antropófago. El tono socarrón también potencia esta veta romántica pues lo acerca a nuestra sensibilidad actual partiendo de unos hechos ambientados en el pasado en una tierra de nombres fantásticos. Como si todo este fruto de la imaginación no tuviera otro camino que el de la verdad y la sinceridad de los locos, evanescentes y algo tontorrones idilios adolescentes, pero a la vez toda su inocencia y su desgarradora pasión.

El Señor de la Tierra (The Lord of the Land) de Gene Wolfe es quizá uno de los más marcadamente lovecraftianos del libro en cuanto a temática y ambientación, aunque tratándose de nuestro siempre admirado Wolfe no puede faltar su toque raruno y dislocado, ese que tanto amamos. Los Estados Unidos más rurales y recónditos representados por una extraña familia de granjeros compondrán el escenario y los actores de este drama terrorífico, pero pasando por el filtro contagioso del legendario y misterioso pasado egipcio con sus deidades malignas. H. P. L. de Gahan Wilson nos presenta al mismo Howard Phillips Lovecraft protagonizando una historia que es un homenaje sincero y muy divertido a nuestro autor. Longevidad extrema, una biblioteca de ensueño y la visita de los primigenios se funden en un cóctel de lo más agradable de leer, y que cuenta además con el coprotagonismo de un excelso Clark Ashton Smith haciendo de valet de Lovecraft. Wilson realiza un retrato fantástico y entrañable de los dos escritores ante el cual es imposible no sentir cariño. Con El orden de las cosas desconocidas (The Order of Things Unknown) de Ed Gorman el nivel vuelve a descender aunque sin causar daños graves. Este relato de un asesino en serie poseído por podéis adivinar fácilmente quién no es de lo mejor de la recopilación, ya está dicho, pero aun así es entretenido y casi supone un descanso dentro de un conjunto de cuentos de un nivel excelente. ¡Alguno debía fallar! En la cuenta final, cuatro de trece es un más que magnífico resultado. Este rollo de psicópatas con descripciones de asesinatos de chicas en el que nos envuelve Gorman no es que sea algo que me guste demasiado, pero el obligado toque lovecraftiano le confiere cierta gracia. Y para terminar un relato que ya había leído en otra recopilación (Cthulhu 2000, donde también se incluía H. P. L.) y que confieso que me encanta: Los páramos (The Barrens) de F. Paul Wilson. Me gusta de manera especial su inicio, con esa forma tan medida y clásica de irnos introduciendo en lo desconocido, aquí los desolados bosques de los Pinares de los Páramos de Jersey. Su cumbre, a mi sensibilidad, se encuentra en el tramo central, en el momento aterrador en el que la pareja protagonista se enfrenta con las “luces” de los Pinares, un capítulo que Wilson ha ido anticipando y preparando de manera magistral. Unas páginas de una intensidad terrorífica tan potente que a partir de ahí, si bien mantiene el ritmo y la tensión, y sobre todo el interés, su fuerza no vuelve a ser igualada. Es un relato que resulta mucho más efectivo cuando aún no sabemos qué demonios está pasando que cuando llega la hora de que lo sepamos. El misterio y la intriga potencian el horror: nuestra imaginación se dispara y la resolución acaba defraudando un poco. Pero dejando aparte su desenlace, que tampoco está mal, su desarrollo atrapa de forma tan arrebatadora que esto termina por darnos igual. Un excelente cuento al que quizá la falta de “nombre” de su autor mantiene en la sombra, pero que sin duda podemos contarlo entre lo mejor de este El legado de Lovecraft.    

Todos los relatos incluyen un “Posfacio” donde los diferentes autores escriben sobre su herencia lovecraftiana, su experiencia como lectores de Lovecraft o un agradecimiento por su obra. De forma independiente de que su estilo pueda verse marcado por el homenajeado, el escribir cuentos de terror se lo deben casi todos a él. Solo podemos añadir que esta compilación dirigida por Robert E. Weinberg y Martin H. Greenberg nos ha encantado y os animamos a que no dejéis de buscarla entre los montones de libros de saldo o de segunda mano. Como le corresponde, no es un mal lugar para él alojarse entre las mugrientas estanterías de una librería de viejo o entre las pilas olvidadas de cualquier mercadillo. Buscarlo y encontrarlo allí donde nadie se detendría a hacerlo es un placer añadido.



WEINBERG, Robert E.; GREENBERG, Martin H (sel.). El legado de Lovecraft. Traducción de Albert Solé; introducción de Robert Bloch. Barcelona: Martínez Roca, 1991. 333 p. Gran Súper Terror. ISBN 84-270-1557-7. 

7 comentarios:

Francisco Machuca dijo...

Una gran reseña. Este libro lo adquirí en el momento de su publicación. Debo decir que la portada en más que buena. Comparto todo lo que dices al respecto. De todo lo que he leído de los Mitos como homenaje hay de todo, pero siempre les falta esa "extrañeza" que sabía impregnarle el maestro de Provicende. Soy consciente también del carácter del autor y su vida. ¿Has leído Una biografía de L. Sprague de Camp? Reconozco que muchos de los autores que homenajearon a Lovecraft escribían mucho mejor que él. La afectación de su escritura repleta de adjetivos, a veces incluso ridículos, y los pocos diálogos, que por otra parte, se entiende porque este hombre era nulo en asuntos sociales, etc., pero lo que digo, le daba a sus historias esa “extrañeza” que solo él podía darles. Me gusta mucho también ese círculo de escritores, harto ya conocidos, de similar vida, como Clark Ashton Smith, limitado en sus ideas pero maravilloso en su imaginación. Otro tipo que vivía solo en una cabaña de un bosque realizando esculturas dignas del más espantado horror. En fin, esto se puede alargar.

Como le dije una vez; es un placer pasarse por aquí.

Un cordial saludo.

Llosef dijo...

¡Gracias Francisco!

Justo de la biografía de De Camp me hablaba un amigo el otro día y me entraron unas ganas tremendas de leerla pues... ¡no la he leído todavía, ay!

La verdad es que a mí Lovecraft me parece un buen escritor, si hubiera sido malo no se le recordaría ni hubiera tenido la influencia brutal que hasta hoy día mantiene. Aunque claro, que voy a decir yo si adjetivo casi más que él jajajaja.

Un saludo y gracias de nuevo por pasarte y comentar. ¡Se agradece de verdad!

alvaro lópez-linares derqui dijo...

Se te echaba mucho de menos, maestro Llosef. Mil gracias, como siempre.

Alvaro

Anónimo dijo...

Hola José Luis.

Lee la De Camp si puedes, es apasionante. Valdemar tiene una edición en El Club Diógenes con portada de Javier Olivares que es muy manejable. Aunque quizás tú tengas la grande en cartoné.

Aprovecho para saludarte que hace mucho que no nos vemos.

Julián

Llosef dijo...

¡Gracias Álvaro! Espero no tardar demasiado con la siguiente, que material hay. ¡Un abrazo!

Edgar Ducasse dijo...

Merifilia... impresionante relato. Recuerdo que este libro me lo compré en el Rastro de Madrid hará como unos veinte años, y rápidamente Merifilia se me quedó grabado como el más destacado de la selección.
Saludos

Llosef dijo...

Por descontado que me haré con el libro de De Camp, Julián. ¡Un abrazo y a ver si coincidimos pronto!

Es de los mejores, Edgar. Quizá suceda con ese relato, Merifilia, lo que con El extraño de Lovecraft. A un nivel emocional llegan tan profundo que superan la literatura.

¡Gracias por pasaros y comentar!