domingo, septiembre 05, 2010

Curtis Garland en do terrorífico menor

Observando con atención la portada de Los niños diabólicos (1984), obra del ilustrador Miguel García, o incluso sin prestar demasiada, resultan llamativos dos detalles. El primero, la poca ropa de la chica tumbada en lo que podríamos suponer un altar impío: nada extraño pues en aquellos desnortados primeros 80 españoles era algo habitual, si bien ya para la fecha de publicación de este libro comenzaría a resultar algo pasado de moda. La etapa del destape tocaba a su fin. El segundo, y más destacable, es la niña de blusón naranja, la que mira de manera entre feroz y enloquecida a la joven que más que aterrada parece posar para una sesión fotográfica guarrindongui. Y asevero que destaca porque, a poco que os fijéis, os daréis cuenta de su tremendo parecido con Pippi Calzaslargas, heroína olvidada de nuestra niñez nacida de la pluma de la escritora sueca Astrid Lindgren y que aquí se hizo popular por la serie que pasaron por nuestra televisión, entonces sólo una dividida en dos cadenas, allá por los 70. Los otros tres niños de la ilustración nos llaman a confusión, pues si bien el que se encuentra justo detrás de nuestra Pippi conserva esa misma mirada desquiciada, el de la derecha parece más bien preocupado. El de la izquierda no cuenta: el murciélago que cruza justo por su lado ocupa toda su atención. Así que estos niños diabólicos nos sumen en un estado que no sabemos si definir como de miedo, de pena o de emotivo recuerdo. Todas estas sensaciones desaparecen, no temáis, justo al comenzar la lectura.

Porque, por mal que nos sepa, hay que reconocer que aquí nos hallamos ante un Curtis Garland (Juan Gallardo Muñoz) en tono menor. Vale que no se pueden pedir milagros a estos bolsilibros de terror que copaban nuestros quioscos hace ya tres décadas. Sus autores los escribían a marchas forzadas, más pendientes de las cortísimas fechas de entrega y de los emolumentos recibidos a cambio que de otra cosa. Tampoco el público al que iban dirigidos resultaba muy exigente. Pero Garland, en otras ocasiones, nos ha sabido ofrecer comienzos bastante efectivos, intrigantes y cuando menos curiosos, aunque al final sus buenas ideas iniciales se desinflaran. Pero la brevedad de los relatos conseguía que el interés se mantuviera, mal que bien, hasta el final.

No es éste el caso. Garland muestra más descuido en la elaboración del punto de partida y en el desarrollo de la trama de lo que es ya de por sí habitual, sumado esto a una evidente redacción apresurada. Más apresurada de lo normal, quiero decir.

Ambientada en una solitaria mansión victoriana en la Inglaterra de los años veinte, aunque el comportamiento de algunos de sus protagonistas parezca desmentirlo, convertida en orfanato, la historia mezcla no con mucho acierto tonos góticos con trama de brujerías, y con unos niños que parecen extraídos por momentos de la magnífica película El pueblo de los malditos (esos mismos que se asoman en la cabecera de este blog). Pero todo discurre sin sobresaltos, previsible en su totalidad y con supuestas sorpresas que sólo pueden resultar tales si se tiene la edad de los niños protagonistas. Y tal y como andan ahora, ni eso.

Un poquito más inspirado se nos muestra en Ángeles, llorad sangre (1982). Si en la anterior la protagonista es una profesora la que llega prácticamente empujada por su triste situación económica a la siniestra mansión de rigor, aquí tenemos un poco de lo mismo, salvo que nuestra siempre bella y liberada heroína acude a la obligada tenebrosa mansión para esconderse de la ley. Como institutriz de unos niños, “diabólicos” también, que en esta ocasión parecen recién sacados de una lectura superficial de la obra maestra de Henry James Otra vuelta de tuerca. O de la escalofriante y genial adaptación cinematográfica de la misma, Suspense. Y unas gotas de la Rebeca de Daphne du Maurier según Hitchcock. En fin, puntos de partida para que Garland dé paso a una trama que se aleja de todo ello para ir a desembocar en un relato de crímenes, en el cual un asesino armado con una navaja de afeitar se dedicará a destripar a quien se le ponga por delante. Garland muestra cierto brío en la narración de estos ataques, descritos con una ferocidad digna del más cruento giallo italiano. Pero la mezcla de géneros resulta imposible en sus manos y uno no sabe bien en ningún momento si estamos inmersos en una trama fantasmal victoriana o en una de asesinos de los 70 a la italiana. La realidad es que no estamos inmersos en nada, sino que somos vapuleados de un lado a otro sin demasiado orden.

Una pena, porque aquí sí que se apunta el Garland más eficaz, pero la extensión de la novela, el doble de lo que era normal al tratarse de un volumen extra, hace que la historia pierda fuelle, como se suele decir, mucho antes de que nos acerquemos al final. Aunque en conjunto resulta más entretenida que la anterior.

Dos ejemplos, como he dicho, de un Garland en tono menor. Esto no hará que nos rindamos con él, por supuesto. Total, tardo más en escribir este comentario que en zamparme una de sus novelas. Y en ambos casos me lo paso bien. Ni os atreváis a dudarlo.

GARLAND, Curtis. Los niños diabólicos. Ilustración de portada: Miguel García. Barcelona: Bruguera, 1984. 95 p. Selección Terror; 567. ISBN 84-02-02506-4.

GARLAND, Curtis. Ángeles, llorad sangre. Ilustración de portada: Antonio Bernal. Barcelona: Bruguera, 1982. 189 p. Selección Terror extra; 8. ISBN 84-02-08799-X.

2 comentarios:

Melmoth el errabundo dijo...

Sigo viajando por este magnífico blog. Es cierto, se puede leer una novela de Robert Silverberg, Isaac Asimov, Arthur C. Clarke y compañía, pero el pulp tiene lo suyo. Hay que haber leído a los grandes y quererlos y eso te obliga a indagar, a retroceder en el tiempo (no siempre hacia el futuro), y llegamos al folletín de la época victoriana, pasando por los primeros pulps americanos con aquellas revistas maravillosas y con portadas no menos geniales, retros, chillonas, sugerentes. De allí salieron lumbreras como Chandler, Hammett, Lovecracf, Bloch, Robert E. Howard, etc., que el bolsilibro y Curtis Garland entre otros también me gustan. Este hombre ninguneado que escribió más de 2000 novelas y que le escribió Walt Disney y la Garland... Si toda esta gente de las novelas de a duro hubiesen sido americanos...

Abrazos.

Llosef dijo...

Amigo Melmoth, como bien apuntas, si hubieran sido norteamericanos ahora serían autores de culto, seguro. ¡Un saludo!