viernes, enero 04, 2013

La cabeza de la Gorgona y otras transformaciones terroríficas (1869-2011)




Antonio José Navarro es el autor de varias compilaciones de relatos publicadas por la editorial Valdemar en su imprescindible colección Gótica: Sanguinarius: 13 historias de vampiros, La maldición de la momia: relatos de horror sobre el antiguo Egipto, Venus en las tinieblas: relatos de horror escritos por mujeres, y la que hoy voy a comentar, La cabeza de la Gorgona y otras transformaciones terroríficas. Todas ellas destacan por incluir nombres desconocidos o sorprendentes, lo cual siempre es de agradecer, pero también por su irregularidad. Por supuesto, no falta en ninguna de ellas esa pequeña joya que justifica la adquisición de cualquiera de estos volúmenes, pero faltaría a la verdad si no añadiera que, siendo lo normal en cualquier antología que algunos de los cuentos resulten un fiasco, en el caso de las realizadas por Navarro la descompensación suele ser grande. Confieso también que esto a mí no me supone ningún problema: prefiero este riesgo antes de que se incluyan los relatos de siempre. En este sentido, Sanguinarius resultaba modélica teniendo presente lo quemado que está el tema vampírico: conseguía que todo pareciera nuevo, un terreno aún inexplorado pese a la cantidad de obras que tienen a los vampiros como protagonistas. Esto hace que, en conjunto, interesen o atraigan más las temáticas elegidas para agrupar los relatos, suponga un auténtico placer sumergirse en las diversas propuestas. Y eso que en este de la Gorgona, pese a que Navarro justifica incansable el por qué de la selección, en realidad la sensación final es que valía todo: desde el momento en que basta con que el protagonista esté loco para que ya lo podamos considerar un monstruo, por ende una transformación, el terreno que se quiere acotar es tan inmenso que se difuminan un tanto sus pretensiones. Y no es que estemos en contra de considerar pulpo como un animal de compañía, estooooo… quiero decir, loco como transformación monstruosa, pero no es lo primero que uno piensa cuando le dicen que va a leer un libro sobre transformaciones monstruosas. Pero bueno, esto es una apreciación mía sin valor que no pretendo que empañe la valoración del libro relato a relato. Cada obra va acompañada de una excelente introducción sobre el autor correspondiente que, eso sí, como el mismo antólogo explica en la introducción, conviene leer al final pues destripa todos los cuentos sin excepción.


Louisa May Alcott

Y el primer relato es la primera sorpresa. Aunque no es nada del otro mundo, solo la oportunidad de poder conocer la faceta macabra de una autora como Louisa May Alcott ya es una maravilla. Perdido en la pirámide, o la maldición de la momia (1869) es una entretenida historia que sigue la estela de aquellos inspirados en las maldiciones de las momias egipcias, terribles para los profanadores y sus allegados. Se mueve entre el horror y el romanticismo fúnebre y, como he dicho, aunque no resulta especialmente brillante, es agradable de leer. Alcott lo publicó bajo el seudónimo de A. M. Barnard, el que utilizaba para dar salida a sus obras más góticas y oscuras. Y sí, esta es la verdadera cara adorable de la autora de Mujercitas.


Guy de Maupassant

El siguiente en la lista está firmado por el gigantesco Guy de Maupassant, La madre de los monstruos (1883). Sus relatos de miedo son de una originalidad especial, y siempre extraños y sobrecogedores. Este en concreto es un espeluznante y cruel relato de horror, pero también una feroz crítica a las costumbres sociales y los cánones de belleza de la época que perfectamente podría ser aplicada a los de hoy. Su carácter destructor deja a un lado al final su faceta fantástica, aunque se disfruta igual.

Y de la madre al fabricante. Aquí lo que importa es que salga un monstruo. El fabricante de monstruos (1887) de William Chambers Morrow es un macabro y morboso relato, todo un antecedente de los mejores cuentos pulp a los que se adelanta en varias décadas. Directo y sin concesiones, va anticipando el horror en el que desemboca por medio de pequeños detalles que nos llevan a ese punto en el cual el espanto ha tomado casi forma definitiva antes de llegar a narrarlo, a ser contado en detalle. Su estructura en tres tiempos le hace perder intensidad, en especial en su parte central, una conversación entre dos policías que hace avanzar la acción pero que nos aleja de la atmósfera opresiva del caserón del científico loco protagonista. El desenlace lleva a Morrow a figurar entre ese modesto panteón de reyes del horror más brutal. No es extraño que su obra fascinara a Ambrose Bierce, editor de la revista The Argonaut, la cual dio salida a varios de sus cuentos. Un creyente afirmaría eso tan manido de “Dios los cría y ellos se juntan”. Y por una vez le tendríamos que dar la razón.


Gertrude Bacon

La cabeza de la Gorgona (1899) de Gertrude Bacon es el que presta su título a la antología. Nunca sabremos si el encuentro del capitán Brander con la cabeza de la Medusa en una isla jónica, tal y como aquí se nos narra, fue real o ficticio dentro del contexto del mismo relato. Sí, en cambio, podemos afirmar que el resultado es un cuento entretenido entre lo aventurero y lo fantástico. Sencillo, hasta divertido en su inicio con ese encuentro entre la joven pasajera del barco y el capitán al que pide le narre su fabuloso encuentro con una de las Gorgonas. Es mi parte predilecta de este relato que no brilla en lo importante, el citado enfrentamiento, pero sí en la presentación de esa pareja encantadora en un viaje en crucero por tranquilos mares.

E. & H. Heron era el sobrenombre de Katherine O’Brien Prichard y Hesketh Vernon Prichard, madre e hijo en la vida real. Ellos crearon al investigador de lo oculto (sí, otro más) Flaxman Low, el protagonista de La historia de la vieja casa Konnor (1899). Frío y racional, Low se enfrenta aquí a un caso de vudú con casa encantada de regalo y hongos africanos que producen un veneno mortal con una envidiable actitud científica. Y eso que la metódica explicación final elude las extrañas apariciones del “hombre resplandeciente”, el detalle más interesante de este regulero relato, si bien ilumina todos los demás misterios de la historia. Entretenido pero sin brillantez. Simpático pero sin fuerza. Con un buen planteamiento pero con un desarrollo poco atrayente y un final decepcionante. En fin, otra aventura de Flaxman Low.


John Davys Beresford

La granja de los degüellos (1918) de John Davys Beresford es toda una gamberrada. Al nivel del mejor y más ácido Ambrose Bierce (segunda vez que invocamos su nombre y no está en esta antología). Adopta un punto de vista original: las apreciaciones del narrador, que se antojan fuera de tono y descolocan al lector. ¡Quizá él sea el verdadero loco del relato! Goza de un divertidísimo, sin dejar de ser atroz, final y atesora magníficas descripciones:

“(…), pude divisar una casa achatada e inclinada en un claro a los pies de la ladera opuesta. Imaginé que la casa había llegado a este lugar deslizándose colina abajo por la interminable marea de árboles de crestas borrosas que apuntaban al cielo, frenando en seco en el lugar en el que ahora se alzaba, dislocada y totalmente fuera de lugar.” (p. 118)

Y fijaos qué inicio:

“- ¡Ah! Acá la llamamos la granja de los degüellos- me informó el conductor.
- Pero, ¿por qué?- pregunté nervioso.
- Verá por qué cuando llegue allí.” (p. 117)

Un relato que comienza así, por fuerza me ha de gustar.

Mezclando el relato de misterio con la narración terrorífica, William James Wintle nos presenta en La voz en la noche (1921) un cuento elegante, sutil, donde las maldiciones y los horrores son más sugeridos que reales, aunque en su conclusión deje bien claro su trasfondo fantástico. Toma la leyenda para trasladarla al presente, y la mirada fría pero nunca incrédula del protagonista es la del lector: pregunta e inquiere jamás negando la evidencia por muy increíble que esta sea. Elevando el nivel de la antología.

En A porta inferi (1923) se nos narra la posesión de un espiritista por el alma de un criminal. El autor, Roger Pater, seudónimo de Gilbert Roger Huddleston, un monje benedictino, advierte sin estridencias sobre los peligros de las prácticas espiritistas, de funestos resultados si nos ceñimos al relato, si bien deja la puerta abierta a la conversión, al arrepentimiento y al perdón, todo en uno. Resulta intenso el momento en el que Pater se detiene en contarnos el ritual del exorcismo. No deviene terrorífico al no tratarse del demonio, presencia siempre más imponente que un asesino por terrible que sea. Quizá lo mejor esté en la ambientación, en la atmósfera malsana y decadente que desprende una casa señorial convertida en manicomio y sus jardines habitados por enfermos mentales. Más tristeza que horror, al fin, pero no deja nunca de ser una buena y entretenida historia.

La bagheeta (1930) de Val Lewton es un fascinante relato sobre la leyenda de la mujer pantera, una joven virginal que siendo mancillada por los hombres retorna en forma de pantera negra anhelante de venganza. Solo un joven puro, virgen, podrá darle muerte, podrá rechazarla cuando convertida en mujer reclame sus besos. Es fantástico el tono de leyenda que mantiene en todo momento pese a que, irónicamente, la historia destruye la leyenda misma: se sustenta en una mentira alentada por la vanidad (ahora parezco Antonio José Navarro desvelando quizá demasiado la trama: ¡perdón!). Esta leyenda es la que respira de forma subterránea en la fantástica y genial película escrita por DeWitt Bodeen y el mismo Lewton (en su función de productor para la RKO, también reescribía los guiones de sus escritores contratados), dirigida en el año 1942 por Jacques Tourneur, La mujer pantera (Cat People).

¿Quién anda ahí? (1938), de John W. Campbell Jr., es una buena novela corta en la que destaca la idea de que cualquiera de sus personajes puede ser el monstruo del espacio exterior dispuesto a hacer del planeta Tierra su lugar de recreo y, cómo no, su restaurante favorito. Se acaba echando en falta algo más de atmósfera: una estación en la Antártida da juego infinito para expresar la soledad y el aislamiento que deben sufrir los protagonistas. Tampoco es Campbell un maestro a la hora de dotar a estos de fuerza y personalidad. En ocasiones uno los distingue por los nombres nada más, porque todos parecen el mismo tipo duro que usa Varón Dandy. Salvo el científico malote, que es el que quiere investigar y no cede a la estupidez pistolera de los demás, que es un enclenque y un cagón como corresponde a esa raza maldita formada por aquellos que prefieren pensar antes que sacar las pistolas y hacer volar cabezas. Pero en conjunto posee cierta fuerza primigenia, cierta manera de presentar ese horror encerrado y oculto bajo el rostro de tu mejor amigo que estremece. El director John Carpenter, en su adaptación para el cine de esta historia La cosa (The Thing, 1982), supera con creces el original. No solo el literario, sino también el cinematográfico (El enigma… de otro mundo, The Thing from Another World, dirigida por Christian Nyby en 1951). Y esto es porque aquí sí se llevan al extremo las premisas contenidas en la novela: la infinita soledad y el estremecedor sentimiento de unos hombres que se saben perdidos aunque estén decididos a no rendirse sin luchar, el frío eterno y el viento constante que nos hace verlos como supervivientes en una tumba de hielo, y un desolador final totalmente opuesto al ofrecido por Campbell.

De George Langelaan se nos presenta su relato más conocido, el fantástico La mosca (1956). Eficaz y sencillo, a mi gusto es superior la película a la que dio origen: La mosca (The Fly, 1958), dirigida por Kurt Neumann. Puedes leer el comentario que escribí sobre ella (con una breve introducción con Langelaan de protagonista) en la página de cine El antepenúltimo mohicano si sigues el enlace AQUÍ

Horror en el castillo de Chilton (1963), de Joseph Payne Brennan, es un atmosférico y turbio relato que trae de manera formidable las más refinadas exquisiteces góticas al presente sin perder un ápice de todo su terror ancestral. Una fúnebre leyenda, un castillo con siglos de antigüedad, pasadizos excavados en la roca viva, una oculta mazmorra donde anida el más puro horror… Brennan narra en primera persona, él mismo y sus ancestros como protagonistas, con lo que presta la necesaria sensación de realidad al relato para que cuando lo increíble haga acto de presencia nos lo creamos y nos atrape sin remisión.

El reptil (1966) de John Burke es una novelización de la película de mismo título (The Reptile, 1966) de la productora Hammer dirigida por John Gilling. No cabe algo menos apetecible de leer que una novela basada en una película, al menos para mí. Pero destrozando cualquier prejuicio que pudiera tener, la obra de Burke es de lo más interesante y mejor de este volumen. Construida en un magnífico crescendo que desemboca en un atmosférico y conseguido final, su sencillez y falta de pretensiones es su mejor arma. Efectiva, con personajes creíbles y con personalidad, una ambientación perfecta con los páramos de Cornualles de fondo y una maldición hindú infectando las tranquilas tierras de Gran Bretaña. Conseguido, en resumen, relato de terror, emocionante y eficaz, que obliga a que empecemos a tener en mayor consideración a su autor.

Otra de las grandes sorpresas de este libro es El amor de ultratumba de Carl von Cosel (2011), de Vicente Muñoz Puelles, sin duda uno de los mejores relatos de los aquí incluidos. Partiendo de la premisa más clásica del pulp y las películas de serie B (el científico loco) mezclado con el horror romántico más clásico que puede representar cualquiera de los mejores relatos de Edgar Allan Poe pasando por los más delirantes de Guy de Maupassant, Muñoz Puelles nos ofrece una historia alucinada de amor loco, de pasiones más allá de la muerte, que funde lo romántico exacerbado con la fisicidad morbosa de manera ejemplar. Carl von Cosel bien podría ser el hermano algo despistado y ensimismado del protagonista de esa obra maestra del fantástico con la necrofilia como temática central que es La caja de hueso de Antoinette Peské (AQUÍ). Un relato excesivo, magnífico, que se devora con intenso placer y que supone todo un regalo para el amante del género. Pocas veces la locura mórbida ha podido resultar tan horrenda y al tiempo, admitámoslo, tan entrañable. Este es su excepcional logro. Aunque, quizá, como piensa el desgraciado Carl, “los vivos nunca podrán entenderlo.”

La antología se cierra con El talismán de la muerta (2011) de José María Latorre, algo repetitiva y alargada historia de hombres lobo. Latorre se me antoja un escritor irregular. Tras haber leído más de una docena de sus libros, el mejor (sin contar sus libros de cine, que me suelen gustar) de ellos me sigue pareciendo el primero que leí, Miércoles de ceniza (1985), una excelente novela apocalíptica. En esta ocasión se queda en un gris terreno medio. Una historia de gotiqueces morbosillas que nunca termina de arrancar. Uno acaba agotado de seguir a la protagonista corriendo de un lado a otro, incansable incluso cuando ya lleva dos días sin comer. Por encima de esto, Latorre es un autor que no renuncia a escribir literatura fantástica en un país donde el género no es todo lo apreciado que se merece. Solo por esto ya goza de nuestra simpatía. Si también cuando acierta es en verdad excelente, yo al menos le seguiré leyendo.

NAVARRO, Antonio José (ed.). La cabeza de la Gorgona y otras transformaciones terroríficas. Traducción de Marta Lila Murillo y Mauro Armiño. Madrid: Valdemar, 2011. 491 p. Gótica; 85. ISBN 978-84-7702-697-6. 

10 comentarios:

Pato dijo...

Menuda antologia!! Este suma el numero 100 de libros que debo leer antes de que... antes.

Puroshuesos dijo...

Creí que era una recopilación de cuentos sobre las gorgonas, y ya iba corriendo a comprarla! me imaginé una novelización de aquella otra gran película de la Hammer sobre Medusa, y la inclusión de "La resurrección de la Gorgona", aventura del inefable Harry Dickson de Jean Ray, al que dedicaste tan interesante programa...por cierto, creo que mi película preferida de Harryhausen es "Furia de Titanes", aunque se pelea con "Jasón y los argonautas" (pero es que me cae tan mal ese Jasón, desde que leí la tragedia Medea, de Eurípides...)

WOLFVILLE dijo...


A pesar de la irregularidad disfruté como un enano de esta antología, al igual que todas las anteriores de Navarro -me encanta especialmente "Venus en las Tinieblas"-. No puedo más que sentirme identificado con alguien que mezcla churras con merinas de forma tan poco estética, y que lo mismo analiza petardazos "pulp" como alta literatura. ¡Fijate! Si parece que acabo de describir mi propio blog XD

Personalmente agradezco que estén incluidas algunas "rarezas" muy enfermas que más casarían en aquel recopilatorio de Jesus Palacios sobre "Weird Menace" que en una antología supuestamentamente gótica. Y también me encanta el toque cinéfilo del asunto, con eso de incluir los precedentes literarios no solo de clasicazos como "La Mosca" o "La Mujer Pantera", sino una novelización "vintage" en toda regla. Y encima de un clásico tan olvidado -y que a mi me encanta- como "El Reptil" hammeriano.

En fin, excelente reseña como siempre y gracias por recordarme que aun me quedan muchas antologías de Valdemar por leer de mi estanteria. Como el "Sanguinarius" que mencionas, el de "Paisajes del apocalipsis" (que también reune algunos precedentes de los "zombies" fílmicos más añejos) o el de trece historias sobre el diablo.

Un saludo macabro.

Anónimo dijo...

A mí también me encanta la heterogeneidad de José Antonio Navarro como antólogo. Soy de los pocos defensores del " libro sobre relatos de terror ambientados en Egipto" y adoro, asímismo, el libro que tan generosa y brillantemente glosas Llosefito ( jaja) ... Para mi el tema de La Cabeza de la Gorgona y sus relatos, más que la idea de la Transformación o el concepto de lo monstruoso está en la noción de la Carne, tenida por algo sacrosanto y " templo del Orden", como susceptible de ser profanada, arrasada, vilipendiada ... y es en esa destrucción del orden cuando adquiere ( y estos cuentos con ella) carta de naturaleza y categoría que evidencia el horror profundo que yace en la raiz de todas las formas, de todas las cosas ... Así, la monstruosidad de la vejez en el relato de la autora de Mujercitas; las aberraciones sociales, económicas y culturales en el de Maupassant; la petrificación y la muerte sobrevenidas en el de la Gorgona; la corruptibilidad del Espiritu en el relato de posesión cuasidemoniaca; la banalidad y la vulnerabilidad de las formas en el cuento de la Antártida:; el Horroro Absoluto en el de la mosca y etc, etc ... En fin, una gran reseña de nuevo, maestro Llosef y una antología de quitarse el sombrero. Un saludo. victorderqui

Llosef dijo...

Pato: ay, ay, yo llevo más de cien en esa lista de libros que debería leer antes de... eso mismo, antes.

Puroshuesos: la de Jean Ray hubiera sido una excelente obra para incluir, pero el tema no era el de la Medusa en particular... La peli de la Hammer "La Medusa", dirigida por Terence Fisher, es una de las mejores de su director y de la productora. De Harryhausen, yo elegiría "Jasón y los argonautas", que de siempre me ha parecido una maravilla, "Simbad y la princesa", que la adoro (quizá sea mi favorita), y "La Tierra contra los platillos volantes", porque sus platillos volantes son los mejores del espacio exterior.

Llosef dijo...

Wolfville: usted lo ha dicho. Pese a lo irregular que puedan resultar sus antologías, se agradece ese mezclarlo todo sin prejuicios y el toque cinéfilo. Tampoco espere que "Sanguinarius" sea mucho mejor (tampoco peor) que esta: es tan solo que con lo quemado que está el tema vampírico fue muy agradable comprobar de nuevo que lo que en verdad está quemado es el mal uso de la figura del vampiro, no este.

Muchas gracias por sus amables palabras, y a mí también me encanta la peli "El reptil". Aunque de John Gilling quizá mi favorita sea "La plaga de los zombies".

Victorderqui: ay, ay, confío en que lo de Llosefito no sea por Fito y los Fitipaldis. ¡No se lo perdonaría nunca, jaja! Bueno, sí.

La antología de Navarro sobre Egipto y sus horrores la llevo por la mitad, entre medias he ido leyendo otras cosas. Me estaba gustando mucho, pero se me iban cruzando otros libros. Cualquier día de estos la recupero y la termino.

Tu visión temática sobre el libro de la Gorgona me parece una excelente apreciación. El cuerpo y el alma profanadas por las fuerzas del mal, contaminadas por el horror... En fin, la monstruosidad invasora. Quizá, de nuevo, esto resulte como tema demasiado amplio, creo que sigue valiendo todo, aunque no sé por qué me lío con esto si lo que está genial es tener ante uno una buena selección de cuentos de terror como esta...

¡Gracias por comentar!

Anónimo dijo...

No, no maestro Llosef, no va por Fito ( imperdonable) es que tengo varios sobrinos recientes y uno acaba por añadirle lo de " ito" a cualquier cosa, jaja.

Bueno, solo decir que uno de mis ( inútiles)placeres favoritos es coger una antología de terror y buscarle un ( normalmente, inexistente) hilo conductor a los relatos que la integran ( ciertamente es más un ejercicio de imaginación por mi parte que una apreciación de algo, en verdad, pensado o consciente por parte del antólogo). y ese es el motivo por el que me suele gustar tanto José Antonio Navarro; porque en la busqueda de ese hilo invisible su heterogeneidad y falta de prejuicios suelen resultar en nuevos puntos de vista y enfoques y perspectivas de muchos de los lugares decimonónicos del terror. En ese sentido " Sanguinarius" ( aunque el cuento de la novia de las islas me parece de lo poco malo, malo que ha publicado Valdemar) es paradigmático.

Y también el Libro sobre Relatos del antiguo egipto: creo que parte de la crítica algo más negativa de lo habitual de este libro se debe a que parece prometer cuentos que tienen como eje principal la figura ( cinematográfica) de la momia, pero en realidad, creo que lo que analiza es la evocación ( ficticia claro) de una civilización capaz de simbolizar como ninguna otra la posesión de saberes que parecen insinuar la existencia de una manera de cruzar la frontera que separa la vida de la muerte, de una ciencia capaz de desentrañar los misterios de la inmortalidad. En este sentido, me parece una gozada de libro ...pero claro requiere acercarse a él con cierta complicidad.

Por cierto, merced a tus reseñas de la serie de Weird Tales de Biblioteca del laberinto, me " los pillé" y estoy disfrutando como un gorrino en barro, jaja.

Bueno, de nuevo gracias por tus reseñas y tu blog.

victorderqui

Llosef dijo...

La verdad es que lo que comentas de las antologías de Navarro, victorderqui, no puede ser más acertado. Comparto totalmente lo que comentas de la dedicada a Egipto: desconocía que hubiera recibido malas críticas. Como dije, voy por la mitad solamente, y no diré que todos los relatos me han gustado, pero es una selección que a cualquier amante de lo fantástico le tiene que apasionar. Hay muchos autores de los cuales jamás tendríamos la oportunidad de leer alguna vez si no fuera por estas compilaciones tan desinhibidas, ¿no?

Estupendo que te hayas animado con las antologías pulp de La Biblioteca del Laberinto. Estoy ahora mismo con la de Planet Stories y la estoy disfrutando de manera salvaje, jajaja, en serio.

¡Saludos, y mil gracias por tus amables palabras hacia el blog!

Luciano Sívori dijo...

¡Hola! Una nota interesante, me fascina el tema de las transformaciones en la literatura, al punto que yo también armé un post al respecto.

En mi caso, lo trabajé desde un punto MUY literal, jaja... las 5 transformaciones más memorables de la literatura.

Te invito a darte una vuelta por la nota y comentarla:


http://viajarleyendo451.blogspot.com.ar/2013/03/las-5-transformaciones-mas-memorables.html


También podés seguirme en mi blog para novedades de cine, literatura, humor, etc:


https://www.facebook.com/sivoriluciano


¡Saludos!

Luciano.

Llosef dijo...

Jajaja, ciertamente literal, Luciano. Anunciado queda. ¡Un saludo!