En El superviviente (The Survivor, 1976) vamos a encontrar la ración habitual del
salvaje Herbert, que si bien aquí parece más comedido que en otras ocasiones no
deja de sembrar su relato de momentos “fuertes”. Es un poco lo de siempre, la
verdad: locura colectiva que lleva a la gente a cometer crímenes atroces,
alternando la trama principal con capítulos dedicados a las explosiones de
violencia, siempre exacerbada y visceral, buscando el efecto más desagradable e
impactante en el lector (y consiguiéndolo a veces). Una estructura nada
original y que Herbert utiliza hasta lo cansino, pero tampoco se le puede negar
su pulso narrativo. Aunque no se muestra tan inspirado como en Hechizo (Haunted, 1988), La
oscuridad (The
Dark, 1980)
o Las ratas (The Rats, 1974), desde luego no cae en el aburrido y mortecino
deambular de Los fantasmas de Sleath (The Ghosts of Sleath, 1994), la tristona continuación de Hechizo.
Resulta
curioso que pese a que se nota demasiado su forma de hacer, el esqueleto de su
manera de construir una novela, y que algunas situaciones idénticas resultan
más efectivas e intensas en Hechizo (en concreto la sesión
espiritista y las diversas posesiones), el libro no se hace pesado y
entretiene. Podría dar más de sí, pero tampoco está mal lo que ofrece. Hay que
añadir que ensambla un buen final. No es nuevo ni remitiéndonos a su obra, pero
funciona.
Y como
regalo imprevisto, nos ofrece esta frase que me encanta:
“(...),
la vida se apartó de él como harta de su compañía.” (p. 189)
HERBERT,
James. El superviviente. Traducción de César Armando Gómez. Barcelona: Planeta,
1979. 239p. Fábula; 41. ISBN 84-320-4140-8.
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