jueves, febrero 15, 2007

Jeeves y el espíritu feudal, de P. G. Wodehouse (1954)

Las aventuras del señorito Bertie Wooster y su mayordomo Jeeves son una gozada, y si no las conocéis os las recomiendo. Se pasa un rato divertido de mil demonios. La cosa es siempre más o menos la misma: el descerebrado del señorito que se ve envuelto en mil líos y el mayordomo que le salva de ellos. Lo genial está en que, como se adopta siempre el punto de vista del petimetre de Bertie, los hechos se narran desde una perspectiva, por decirlo suave, curiosa (esto es: el pobre no se entera de nada). No es fácil que el narrador, Bertie Wooster, transmita tanta estupidez y, al tiempo, todo lo que se nos cuenta quede diáfanamente claro para el lector, mérito del estilo mordaz y no tan edulcorado como en un principio se puede pensar de Wodehouse.

Debo confesar que Bertie me cae fenomenal. Envidio (y lo digo de veras) que su única preocupación en este mundo sea el campeonato de dardos que se celebra cada año en su Club, el Club de los Zánganos. Bueno, y los encargos que le hace su tía favorita, o esos líos de faldas que se le caen encima. O cómo cita a Jeeves para darse aires de intelectual, equivocándose siempre y quedando como un idiota. En fin, que resulta simpático por el calibre inmenso de su ineptitud: es una persona que no sirve para nada. Ni falta que le hace.

En esta novela los líos se suceden, entre otro montón de cosas, gracias a Florence, una joven bella e intelectual cuyo novio tiene amenazado de muerte a Bertie porque ella, por darle celos, flirtea con nuestro héroe (que sólo piensa en la paliza que le dará o no el cabreado novio). Un ejemplo (podéis leer, pues esto no es más que una página de la novela y no desvelo nada): Florence desea visitar un garito, un antro de mala muerte, pues quiere documentarse para una novela que está escribiendo (una novela con una trama imposible, hay que decir). Recurre, claro está, al snob de Bertie, que se los conoce todos, y allá que se van, él con pocas ganas pues teme demasiado al novio de la bella y veleidosa Florence. En el local, la orquesta está tocando y el cantante desgrana todo su almíbar. Y aquí entra el genial Bertie a describir el número:

"Es curioso. Conozco a uno o dos compositores de canciones y los cuento entre los más joviales de mis conocidos, siempre dispuestos a sonreír y llenos de salidas graciosas y cosas así. Pero en el momento en que aplican la pluma al papel, nunca dejan de adoptar el punto de vista lúgubre. Me refiero a todas esas historias de "Nos estamos distanciando y me rompes el corazón". La cuestión que este pájaro nos exponía a través del micrófono tenía que ver con un tipo que lloraba sobre su almohada porque la chica a la que amaba iba a casarse al día siguiente, pero, y ahí estaba el quid o la pega, no con él. Eso no le gustaba. Contemplaba la situación con pesadumbre. Y el del micrófono extraía hasta la última gota de jugo de este planteamiento." (p. 41)

Genial Bertie Wooster. Y su papá, P. G. Wodehouse.

WODEHOUSE, P. G. Jeeves y el espíritu feudal. Traducción de Jordi Mustieles. Madrid: Anagrama, 2005. 203 p. Hoy libro. ISBN 84-9832-001-1.

1 comentario:

des dijo...

Soy fan de Wodehouse tambien. Mi experiencia es "Pues Vaya!" en anagrama... humor delicioso. Buena reseña :D