martes, octubre 04, 2011

El joven Moncada, de Alexander Lernet-Holenia (1954)

No diré nada extraño ni fuera de lo previsible si afirmo que El joven Moncada (1954) es una novela menor dentro de la obra del escritor austríaco Alexander Lernet-Holenia. Y lo es por su falta de pretensiones, por no mostrar los temas que a lo largo de su vida y en otras novelas sí mostró, en especial su obsesión por la muerte y su trascendencia, por su humor descacharrante tan amable y educado en su tono como ácido y burlón en su fondo y, en definitiva, porque de su lectura se desprende que Lernet-Holenia no se tomó esta novela como algo serio… ¡porque ni falta que hacía! Pero ojo, que no tomarse en serio no tiene nada que ver con ser intrascendente: un Holenia menor es gigante comparado con cualquier otro autor.

En el desarrollo de esta novela bufa nos encontramos con la historia del joven Moncada, un rufián español arraigado en esa tradición tan nuestra del pícaro, redimido por el amor. ¡Ay, estos españoles, tan fulleros y tan románticos, tan ávidos de dinero como capaces de cualquier cosa por un ideal elevado! Y es que Holenia sabe reírse de nosotros demostrando al tiempo su cariño y conocimiento de nuestra cultura y, sobre todo, de nuestro país. Sus risas no son diferentes a las que gasta cuando le toca reírse de sus compatriotas. Y si no fuera así, a mí al menos me importaría un pimiento: yo nací en España, pero mi país es el de los ensueños de Lernet-Holenia. O así me gusta pensar, qué demonios, que para eso podemos pensar: para soñar.

Las aventuras de este niño bien, educado en las formalidades del trato social y desconocedor absoluto del trabajo, comienzan precisamente con una entrevista de trabajo en la ciudad de Buenos Aires. Holenia arremete contra las ínfulas señoriales de esos hijos de la nobleza profranquista, con esa hidalguía tan fuera de tono y anacrónica que tan de buen ver era para algunos durante la dictadura, enfrentando a nuestro héroe Juan Moncada ante algo tan vulgar como tener que darse a conocer ante el que va a ser su futuro jefe. Y qué queréis que os diga, desde el primer instante Holenia sabe reírse de todo sin que en ningún momento uno deje de tenerle un cariño inmenso a los personajes, y su risa es contagiosa. La desopilante entrevista es la antesala de todo un festival de personajes cuya única obsesión es la de conseguir dinero. Porque cuando uno no lo tiene poca preocupación mayor puede haber. Como afirma el viejo Moncada: “Lo admito: el dinero se necesita, y cuanto más tratan los otros de convencernos de su superfluidad, tanto más importancia le conceden ellos mismos.” (p. 90)

El joven Moncada vuelve pronto a España en un viaje en barco que parece extraído de esas películas antiguas de ricachones embarcados en viajes de placer, pero claro, aquí el motor es el que es y casi toda la belleza lleva el signo del dólar. Casi toda, porque también hay sitio para el amor, jeje, lo cual me encanta. Y me encanta porque en un paisaje tan arrolladoramente desolador Holenia planta su semilla romántica que le sirve para crear el conflicto que hará despegar la novela hacia un desarrollo tan enloquecido como el de una screwball comedy, una comedia loca cinematográfica.

Porque a su llegada a España entra en escena el que sin duda es el personaje más abyecto, más tramposo, más ávido de dinero y más fullero que os podáis imaginar: el viejo conde de Moncada. Un personaje que resultaría detestable si no fuera porque Holenia, en una jugada magistral, lo convierte en el tipo más lúcido, sincero y honesto de toda la novela. Honesto en su descarado interés por el dinero, se entiende. A él debemos las perlas más ingeniosas de unos diálogos que se tornan aún más chispeantes. Y se suceden sin descanso. Las frases agudas e inteligentes (¡y muy divertidas!) a costa del dinero no tienen fin. El capítulo V, el cual consiste casi en su totalidad en un diálogo entre los dos Moncadas, el viejo y el joven, no tiene una sola línea de desperdicio. Si les cambiáramos de vestuario y los pusiéramos en el año 2011, no solo no habría que cambiar nada más, sino que sus palabras nos resultarían de una lucidez desarmante. A ver qué os parece (habla primero el joven Moncada, le responde el viejo):

“-(…). No tardé en convencerme de que las leyes condenan a quien las infringe, pero protegen a cuantos las eluden. La ley también exige cierto respeto, claro; y si uno le muestra este respeto, puede hacer lo que quiera dentro de su marco. Mire el Estado, por ejemplo, que con tanta veneración menciona usted: cuando pretende cometer alguna ilegalidad, crea simplemente una ley ad hoc y comete la ilegalidad dentro del marco de la ley. Porque es preciso respetarla en todo caso. Es uno de los principios supremos y yo mismo me he atenido ciertamente a él a pesar de que, o quizá precisamente porque, he cometido actos que no eran del todo legales.

-Joven, ¡usted me gusta!- dijo Moncada, y acercó el sillón-. Explíqueme con más detalle cómo respetaba usted la ley.” (pp. 90-91)

Todo el enredo amoroso que se va mostrando a lo largo de la novela así como la trama picaresca, picaresca de la que hacen gala todos los personajes ante la necesidad perentoria de conseguir dinero, se resuelven con una reunión de los implicados en una habitación de la casa señorial del viejo Moncada. Una solución coral y feliz que nos hace pensar en esos desenlaces de las obras de teatro del Siglo de Oro español, en claro homenaje a la tradición más respetada del país en el que sucede la acción por parte de Holenia, él mismo reconocido autor teatral al principio de su carrera como escritor.

El resultado es vibrante, divertido, de una brillantez esplendorosa. Quizá, ya lo dije al principio, no sea esta una obra mayor, ni de lejos tiene esa pretensión, pero sí que está a la altura del genio desbordante de su autor.

LERNET-HOLENIA, Alexander. El joven Moncada. Traducción de Adan Kovacsics. Barcelona: Minúscula, 2006. 148 p. Alexanderplatz; 11. ISBN 84-95587-28-9.

9 comentarios:

A princesa no xardín dijo...

Uf, pues me ha puesto los dientes largos!!! Ese fragmento de diálogo entre los dos Moncadas es una verdadera joya, Me encanta!

"Un Holenia menor es gigante comparado con cualquier otro autor": esto lo dice todo!!

Llosef dijo...

Jajaja, quizá me dejé llevar por la pasión. Pero es cierto que leí esta novela hará ya más de una semana y aún me sonrío recordando algunos diálogos y situaciones de esta novela. Y créame Princesa si le digo que me costó trabajo seleccionar un párrafo de entre esa auténtica andanada de frases brillantísimas...

El Abuelito dijo...

"yo nací en España, pero mi país es el de los ensueños de Lernet-Holenia"...¡¡menuda frase, cómo se la envidio!!

En otro orden de cosas, su crónica me ha recordado, será por aquello de compatriotas biuen sin un duro, cínicos y educados, a una novela de aventuras leída hace poco, de don Luis de Oteiza, a quien seguramente conozca como novelista extremeño, de Zafra concretamente. Un autor coñero, hilarante, de humor fino a veces y chocarrero otras, que en "El tesoro de Cuauthemoc" borda algunas páginas relatando el viaje en busca de fortuna de un periodista madrileño en New York... No he leído esta de Holenia, pero ya le digo, por su crónica me ha venido a la mente Oteiza, un olvidado a reivindicar también...

Llosef dijo...

¡Demonios, Abuelito! Pues créame si le digo que desconocía la existencia de Oteiza. ¡Y de Zafra! En fin, si usted lo recomienda me pongo en la pista ya mismo.

PAYMON dijo...

¡Maldita sea! ¡Lo tengo pendiente! ¡lo tengo! ¡lo tengo en casaaaaa! en cuanto acabe de releerme Jonathan Strange y el Señor Norrell (que estoy disfrutando muuuucho, otra vez) me pongo con él...

Black Arrow dijo...

Tantos libros interesantes y por aquí no se les ve ni la sombra o están con un precio horrendo.

Y tal vez cuando aparecen accesibles ya uno ha perdido el interés.

Saludos

Llosef dijo...

Amigo Paymon: se lee en un santiamén y es muy divertido, aunque desde luego no es "El barón Bagge". Pero, claro, ¿cuántos libros hay como "El barón Bagge"?

La novela Jonathan Strange la dejé a la mitad en su momento, aunque siempre me ha quedado la sensación de que no debí rendirme, de que ese libro debía esperar su momento. Veo que le está gustando, así que me plantearé seriamente volver a él...

Amigo Black: lo único que le puedo decir es que cuando los vea asequibles ni lo dude aunque en ese momento ya no le apetezca leerlos. Las ganas pueden retornar en cualquier momento. Las oportunidades de hacerse con ellos a un precio normal, no.

Saludos. Y, por descontado, gracias a todos por vuestros comentarios.

El Abuelito dijo...

Intente localizar de Luis de Oteyza "El diablo blanco", su obra maestra, la historia de un apocado dependiente de tejidos en la Barcelona de los tyreinta que acaba como caudillo de bandidos en la China pre revolucionaria... Un disparate jacarandoso que no ha perdido un ápice de vigor y actualidad...

Llosef dijo...

Pues este será el primero. ¡Gracias, Abuelito!