domingo, mayo 06, 2012

Fantomas, de Pierre Souvestre y Marcel Allain (1911)


Pierre Souvestre (1874-1914) y su secretario Marcel Allain (1885-1969) escribían en revistas automovilísticas haciendo recensiones de coches y camiones. Les unió la increíble velocidad con la que eran capaces de redactar un puñado de páginas en pocas horas y, ¡zas!, tenerlas listas para la imprenta. En los huecos que dejó un anuncio en una de estas revistas comenzaron a escribir un folletín por entregas que tuvo un sorprendente éxito. Animados por esto, se lanzaron a escribir más historias. En poco tiempo lograron hacerse un nombre y un editor les encargó cinco novelas de temática fantástica. Tras probar con varios títulos, al final optaron por el de Fantomas (Fantômas en el original). El éxito de la primera novela, publicada en 1911, fue arrollador, sumado poco tiempo después al de las cinco películas en forma de serial dirigidas por Louis Feuillade entre 1913 y 1914. Fue tal la demanda de obras con Fantomas de protagonista que Souvestre y Allain, para ir más deprisa, dejaron de escribirlas para pasar a dictarlas. Había nacido un mito.

Fue sorprendente que esta acogida espectacular no se limitara a los habituales lectores de folletines, sino que los ambientes literarios más cultos y elitistas se proclamaron rendidos fans, siendo el caso más llamativo el de Guillaume Apollinaire, que llegó a fundar la Sociedad de Amigos de Fantomas en 1912. Pero bueno, todo esto, con mayores detalles y mejor explicado, lo podéis leer en el prólogo de John Ashbery a esta edición. Ashbery nos deja una lista de escritores que en algún momento declararon su admiración por Fantomas que no puedo dejar de reproducir porque quita el aliento: Jean Cocteau, Max Jacob, Blaise Cendrars, Robert Desnos, Louis Aragon, Colette, Antoinette Peské, Raymond Queneau, Pablo Neruda y el citado Apollinaire. Los surrealistas se proclamaron en masa admiradores entregados, aunque no fueron los únicos. También hubo pintores que se rindieron a la poesía folletinesca de Fantomas: Picasso, Magritte, Juan Gris… En fin, con este plantel cualquiera dice que no le gusta la novela. Aunque leyéndola uno comprende la locura que a todos les dio. Llegó a todos los estamentos y clases de la sociedad francesa de la época. Hoy día conserva toda su fuerza y su arrollador sentido del misterio y la aventura.

La novela Fantomas (Fantômas) ya comienza con nuestro héroe del mal convertido en el rey del crimen. Todos hablan de él y lo temen. Juve, inspector de la Sûreté, es el enemigo jurado de Fantomas. Ha jurado perseguirlo por siempre hasta detenerlo. Y siempre, como niebla, la figura fantasmal de Fantomas se le escurrirá ante su vista. Juve es tan inteligente como Fantomas, pero este siempre va un paso por delante para desesperación del inspector. Fijaos cómo describe Juve, un personaje tan apasionante como su perseguido Fantomas, lo cual hace que todo el tiempo que la novela no está protagonizada por este se lea con igual avidez, la relación con su némesis:

“-Nadie me ha acusado nunca de miedoso, señor De Presles. He visto la muerte de cerca. Bandas enteras de malhechores me han jurado la muerte. Me amenazan espantosas venganzas. ¡Pues bien! Todo eso me resulta indiferente. Pero cuando me hablan de Fantomas, cuando creo adivinar en algún caso la intervención de este genio del crimen… pues me pongo nervioso. ¡Yo!... ¡Juve! Tengo miedo porque Fantomas es un ser contra el cual no se puede luchar con los medios normales, porque tiene una audacia desmedida, un poder incalculable… porque, en fin, señor De Presles, todas las personas a las que he visto luchar contra Fantomas, mis amigos, mis colegas, mis jefes, todos, ¿me oye?, todos han quedado afectados… Fantomas existe, lo sé, pero ¿quién es? Del mismo modo que se desafía un peligro que se puede calibrar, uno se queda temblando ante un peligro que se adivina pero no se ve.” (p. 77) ¡Y si Juve se queda temblando imaginad nosotros, indefensos lectores!    

Uno de los momentos más intensos de la novela, tanto es así que sería el elegido para abrir el serial de Feuillade, es el alucinante robo a la princesa Sonia Danidoff en el hotel Royal-Palace. Una escena plena de tensión y erotismo explícito: la princesa está bañándose cuando el pillastre de Fantomas, disfrazado cómo no, pues por algo además de genio del crimen es genio del disfraz, decide entrar a robar y mantener de paso una conversación con ella. La huida de Fantomas del hotel es fantástica. Lo genial no está en el hecho en sí, sino en cómo los autores no ofrecen un segundo de respiro al lector. La acción se sucede a velocidad de vértigo pero sin atropellarse: todo es fruto de la magistral habilidad de Fantomas. Observamos sus actos fascinados por su desvergüenza, su sentido del humor y en la, en todo momento, sensación de peligro que desprende su presencia. Desfachatez y arrojo, tan simpático como despiadado sembrando el caos en el hotel de lujo. Y la elegante despedida final, esa tarjeta en blanco que deja a la princesa y que, cuando todo parece haber terminado, en ella comienzan a formarse unas letras que componen una sola palabra, un nombre que es una firma siniestra: ¡Fantomas!

Folletín de crímenes en estado puro, no retrocede ante la descripción de los asesinatos más truculentos. Es la atracción del horror, la fascinación del mal. No es de extrañar su éxito popular ni que este llegara, como hemos comentado, hasta los representantes de la más alta cultura pasando por la intelectualidad más radical. Hay libros que son como la misma muerte: nos igualan a todos.   

En sus páginas se nos presenta un París casi mítico plagado de crímenes imposibles y peligros sin cuento. Ante el horror cotidiano nada mejor que convertirlo en objeto de leyenda. Quizás esta sea una de las claves de la fascinación que ejerció en los lectores de la época. Más aún hoy día, pues el tiempo multiplica y fortalece este carácter. Una ciudad llena de crímenes y aventuras en la cual la emoción de que lo increíble puede suceder en cualquier momento insufla vida a la gris cotidianidad.

Tampoco debemos descartar el placer que provocaba a las clases populares, principales seguidoras de las aventuras de Fantomas, ver cómo el genio del crimen hacía víctima de sus delitos a princesas, ricachones y burgueses. No le tiembla el pulso ni cuando, para llevar adelante uno de sus delirantes planes, hace estallar por los aires un barco con cientos de pasajeros matándolos a todos. Placer este que podemos sentir con idéntica fuerza los lectores de hoy. Fantomas es un héroe anarquista en sus actos, aunque sus motivaciones son bien distintas. Su romanticismo no está adornado con causas nobles: es el del mal por el mal.

A partir del robo en el hotel la acción se dispara. Estamos casi en la mitad de la novela y al fin Fantomas se muestra en todo su esplendor. Eso sí, nunca de manera directa, sino a través de su colección de increíbles disfraces que deja al mismísimo Mortadelo a la altura de un aprendiz torpe. La locura se multiplica porque Juve, para atraparlo, también se disfraza, así que el lector se pasa todo el tiempo tratando de adivinar quién es quién. ¡Pero no somos los únicos, demonios! Si hasta dos de nuestros héroes masculinos tendrán un amago de escarceo amoroso escondidos tras sus disfraces, uno de hombre y otro de mujer, en uno de los momentos más brillantes de la novela.

No falta ni la dulce joven huérfana en peligro, tipo de personaje que se creara en la lejana novela gótica y que tanta aceptación tendría en el folletín, Thérèse, cuya abuela, su único pariente, es asesinada de forma brutal nada más comenzar el libro. Ni tampoco falta una alucinante pelea en una taberna patibularia, los bajos fondos de París descritos con crudeza dentro de la emoción de la aventura. Y es que aquí ya es un caos de personajes disfrazados a los que identificar. El juego enloquece y es apasionante.

Vamos conociendo a diversos personajes que formarán la galería protagónica del resto de las 31 novelas de la serie. Así Lady Beltham y Jérôme Fandor, la amante de Fantomas y un intrépido reportero que se unirá a Juve en la caza implacable de nuestro antihéroe, respectivamente. Y los crímenes se suceden sin descanso, algunos increíbles como el que acontece en un tren, pero este tan alucinante y bien llevado en su emoción y sensación de peligro que deja sin aliento.

Souvestre y Allain exprimen con maestría su truco de dejar que las acciones se sucedan trepidantes y no indicar quién las protagoniza. Se lee acuciado por lo emocionante de la aventura, pero también por el deseo de saber por qué y, sobre todo, quién es el protagonista en ese momento. Incluso hay ocasiones en que se sabe… ¡pero no quién se oculta tras el disfraz! La confusión como motor de la emoción.

El golpe de efecto final es increíble pero está narrado con tal precisión que nos lleva a considerar inevitable lo que está ocurriendo. Toda una espiral de horror que culmina con la detallada descripción de una ejecución en la guillotina. Cómo se desarrolla la delirante trama, cómo los curiosos se acercan a contemplar la horrible decapitación tal y como si acudieran a una fiesta, un espectáculo circense que culminará con la muerte de un hombre. El hecho de que el lector esté en este tramo final por primera vez por delante de los personajes crea un terrible suspense, una sensación de atroz predestinación que nada podrá detener. Ni el mismo Juve podrá intervenir a tiempo pues su soberbia y magnífica inteligencia va, una vez más, un paso por detrás de la de Fantomas. Lo justo para que este resulte, la primera de muchas veces, vencedor.

Este excelente clímax será el que se repetirá en las siguientes novelas pues Fantomas es un malvado que siempre burlará a la muerte y a sus perseguidores en el último momento. Imposible de atrapar, esquivo, casi inhumano en sus increíbles capacidades. Una leyenda que aún hoy mantiene intacto todo su mágico poder, todo su fascinante magnetismo.

SOUVESTRE, Pierre; ALLAIN, Marcel. Fantomas. Traducción de Mª José Furió; prólogo de John Ashbery. 1ª ed. Barcelona: Mondadori, 2000. 323 p. Literatura Mondadori; 114. ISBN 84-397-0185-3.    

10 comentarios:

madpundit dijo...

No descartéis en absoluto que Alan Moore se basara en Fantomas para dar vida a V de Vendetta.

Tienen mucho en común

Llosef dijo...

¡Hola madpundit, gracias por comentar! Hay personajes a los que es imposible no relacionarlos con Fantomas. Aunque yo creo en el caso de V sí que hay claras diferencias. A la hora de sembrar el caos se parecen, sí, pero como digo en el comentario "Fantomas es un héroe anarquista en sus actos, aunque sus motivaciones son bien distintas. Su romanticismo no está adornado con causas nobles: es el del mal por el mal". En esto es radicalmente distinto a V, que sí tiene un objetivo: destruir el sistema establecido para que haya un cambio en la sociedad enferma. A Fantomas la sociedad le importa un rábano: si roba a los ricos es porque ellos tienen el dinero. Fantomas hace volar por los aires un barco con toda su tripulación tan solo para que den por muerta a una de sus personalidades ficticias, nada de cambio ni revolución social. Eso sí: la imagen de un enmascarado sembrando el caos sí que pudo inspirar o al menos ser tenida en cuenta por Moore.

Quizá el personaje de cómic que más claramente nace de Fantomas sea Diabolik, este también un criminal sin escrúpulos con un enemigo que lo persigue sin descanso (Ginko, que correspondería al personaje Juve en Fantomas) y una enamorada ante la que muestra algo de corazón (Eva Kant, Lady Beltham en Fantomas).

A princesa no xardín dijo...

Dónde habrá quedado el género del folletín ("Hay libros que son como la misma muerte: nos igualan a todos", me ha encantado la frase!)? Por qué se ha abandonado esa escritura rápida, dinámica, en torrente, y esos libros de a duro para el consumo cotidiano? Hoy en día se echa de menos a Fantomas!

Llosef dijo...

¡Ay, Princesa! Hoy tenemos tochacos de 700 páginas a 30 euracos con temáticas insufribles. Todos hablan de que lo folletinesco ha encontrado su relevo en la televisión, y quizá sea verdad, pero NO es lo mismo.

WOLFVILLE dijo...

Fantomas es una de esas maravillas de folletín en las que, por desgracia, aun permanezco virgen. ¡Que buena la anécdota Apollinaire! Nunca lo hubiera imaginado, aunque sin duda era un hombre de buen gusto y cachondo como él solo XD

Un saludo y un brindis por un reportaje excelente.

Llosef dijo...

¡Gracias Wolfville! Debería usted darle una oportunidad a Fantomas, que seguro que lo iba a disfrutar. Apollinaire era, como indicas, alguien con un sentido del humor admirable. Su defensa de Fantomas era sincera, pero quizá tuviera también algo de provocador, ¿no? Nada mejor para echar en cara a la Academia Francesa que loar tu admiración por Fantomas, jajaja.

madpundit dijo...

¡Bien respondido Llosef! Mi conocimiento es escaso, pero veo que sé dónde acudir para ampliarlo.

¡Gracias!

Llosef dijo...

Jajaja, madpundit, ha sido un poco de suerte: esta me la sabía, más o menos...

LIU dijo...

Gracias:

http://liumistraducciones.wordpress.com/2009/12/28/fantomas-de-pierre-souvestre-marcel-allain/

Llosef dijo...

¡Gracias a ti, María José!

Yo no sé apreciar si es una buena traducción o no, solo sé que gracias a tu trabajo hemos podido disfrutar de esta fantástica novela, así que quienes debemos estar agradecidos somos nosotros, los lectores, a ti.

¡Un saludo y gracias por comentar y enlazarnos!