martes, octubre 23, 2012

La profecía de Cloostedd (1868), de Joseph Sheridan Le Fanu


Puedes leer el comentario a este libro de Joseph Sheridan Le Fanu en la página web El antepenúltimo mohicano, bajo el título El espectro del lagoAQUÍ.

LE FANU, Joseph Sheridan. La profecía de Cloostedd. (Traducción de Francisco Torres Oliver). Madrid: Alfaguara, 1978. 202 p. Nostromo; 63. ISBN 84-204-4063-9.

4 comentarios:

Ángel García Nieto (By TiTo) dijo...

No, si buena pinta tiene, sí...

Embryagados dijo...


Como me suele pasar con este blog tan coincidente en gustos con los míos, aparece una obra que tengo en casa pero que -mea culpa- aun no he leido. En su época me ocurría con "La Juguetería Errante" de Crispin, que ya tuve el inmenso gozo de leer hace poco, pero en el caso de esta obrita de Le Fanu la sigo teniendo pendiente.

¡Pero que prometedora tu reseña! ¿Fantasmas? ¿Decadentes hostigadores? ¿Petimetres comportándose como doncellas? Usted mismo lo dice: "goticismo vs. modernismo". Sigo opinando que Le Fanu es el mejor escritor de cuentos de fantasmas, solo superado por M.R. James, y a las pruebas me remito.

Un saludo espectral.

El Abuelito dijo...

Cuánto tenemos que agradecer a aquella colección pionera y maravillosa que fue Nostromo... Grandísimas portadas que eran como un soplo de aire fresco en las librerías -acogiéndome al tópico-; una selección de títulos entre lo exquisito y lo secreto a cargo del ínclito Juan Antonio Molina Foix (el mejor de los hermanos); y traductores ejemplares como el gran Torres Oliver... ¡Aquellas simientes dieron paso a Siruela, Valdemar y otros de nuestros consuelos de hoy!

Llosef dijo...

¡Muchas gracias a los tres por comentar! Y disculpad el retraso en contestar...

Ángel, buena pinta y no te defraudará si te animas a leerla.

Embryagados (Wolfville?): ¡le va a encantar! Es muy sencilla, no es una obra mayor de Le Fanu, pero así y todo resulta una maravilla disfrutable página a página.

Abuelito: habla usted sabiamente, como siempre. ¡Qué colección esta de Nostromo! La madre de esas que usted cita, sin dudar. Confieso tener muy poquitos ejemplares de ella, pero los atesoro con verdadero cariño. También le digo que de todos los que tengo, este es al que más amor le profeso. Bueno, y también a "Moravagine", de Blaise Cendrars...