lunes, abril 29, 2013

EAM # 41: El cigarro de la locura, de Louis Gasnier (1936)



Nada, no hay manera de que ponga al día en este siniestro blog mis comentarios para la página de cine El antepenúltimo mohicano. Pero bueno, algún día lo conseguiré. Hoy dejo aquí el que escribí para El cigarro de la locura (Reefer Madness / Tell Your Children, 1936), de Louis Gasnier (a veces Louis J. Gasnier). Puedes leerlo 


Una explotation movie que con la excusa de pontificarnos sobre lo mala que es la marihuana en realidad nos ofrece todo un catálogo de imágenes y escenas que el Hollywood comercial no podía mostrar ni por asomo. Aunque fumar es lo peor que te puede pasar, en realidad hay momentos en que resulta bien divertido. Sobre todo si antes se ha estado haciendo el loco bailando rocanrol.


También puede llevar a que uno se tome más alegremente las cosas esas del sexo. Todo vale si sirve para mostrar alguna que otra escena subida de tono, que es lo que de verdad importa en este tipo de pelis. ¡Por eso nos gustan!  


Es indispensable que alguna bella joven se cambie las medias ante la cámara. Exigencias del guion, ¡qué os habéis creído!


¡Y anda que no se le ponen a uno caras divertidas mientras fuma! Es la pasión desenfrenada. Qué lástima que tanta diversión siempre acabe en crimen y violencia. Gratuitos, claro está. 


Lo digo desde ya: no se trata de una buena película, pero me gusta. A día de hoy todavía sigue generando críticas y burlas, pero lo increíble es que quienes así lo hacen es porque se la toman en serio. Como ya he comentado, se trata de una película de explotación que solo busca sacar dinero mostrando conductas extremas, hoy en su mayoría de una inocencia sonrojante, que el Hollywood de serie A no podía mostrar tan a las claras: estamos en el segundo lustro de los años 30, con el Código Hays funcionando a toda pastilla. Mostrar a la gente consumiendo drogas era un delito. Pensar que esta película y todas las de su estilo tenían cualquier visto bueno oficial o que eran asesoradas por médicos serios es un dislate. Se estrenaban en tugurios, en cines de extrarradio o en pequeños pueblos, nunca en salas grandes o importantes. Los sinvergüenzas que las producían, conocidos en el mundillo del cine como "los 40 ladrones", solo buscaban sacar pasta tocando todos los temas tabú que se les ponían por delante.


Y lo dicho: para mostrarlos, había que hacer como que se estaba criticando aquello que querían enseñar. Por eso hay tan poca credibilidad en el ataque a la marihuana: ¡porque les importaba un soberano pepino si era exagerado o no! Lo importante era dar lo que el cine de producción normalizada no podía. Así que no te extrañe que si fumas, pues bueno, pongamos que te conviertes poco menos que en un criminal. Y los remordimientos te harán la vida imposible.


La policía intervendrá y pondrá fin a desaguisados imposibles. A todo esto, nunca he leído nada sobre los bonitos y expresionistas planos que de la nada, con un presupuesto miserable y rodando a velocidad de crucero, consigue plasmar Gasnier en el interrogatorio policial. Muy breves, de acuerdo, pero es un bonito regalo para el espectador justo allí donde uno no esperaría encontrar nada. 


Y qué queréis que os diga, Gasnier me produce más respeto que cualquiera de los zampabollos de moda que ahora le gustan a todo el mundo y que en el fondo no dejan de ofrecer lo mismo pero a precios millonarios. ¡Decidle esto también a vuestros hijos!