martes, abril 30, 2013

Los habitantes del espejismo, de Abraham Merritt (1932)

   
Ahora que asistimos a una cierta revalidación de la literatura de fantasía, en especial gracias a esa serie de televisión que ve todo el mundo basada en la obra aún inconclusa de George R. R. Martin, Canción de hielo y fuego, es bonito recuperar a los ancestros del género. En esta ocasión a los ancestros más pulp, no por ello menos importantes, entre los que podemos contar al gran Abraham Merritt. Un género que antaño sabía mezclar la oscuridad de tramas llenas de peligros y maldiciones ancestrales sin cuento con la luminosidad de las aventuras trepidantes y vitalistas protagonizadas por unos héroes y heroínas de marcado carácter positivo. Podían tener su faceta oscura, como los de ahora, pero a diferencia de estos sabían luchar contra sus fantasmas en lugar de enorgullecerse de ellos. Las batallas eran cruentas y despiadadas aunque sin esa nota de verismo feísta tan del gusto actual. En fin, ambas caras del género tienen grandes valedores, y si bien la serie de la HBO se me antoja una cacafuti importante la obra de Martin es un placer. 

Los habitantes del espejismo se publicó por primera vez en 1932 en seis entregas en la revista Argosy, la habitual de Merritt. Conocería reediciones posteriores, destacando las de 1941 y 1949 porque venían acompañadas con ilustraciones, originales para cada ocasión, del fantástico Virgil Finlay. Javier Jiménez Barco cuenta con detalle todas las vicisitudes editoriales en la estupenda introducción: Tentáculos negros y mundos perdidos. Así mismo también nos cuenta de la relación entre Merritt y Lovecraft, la cual no se limita a la evidente influencia del segundo en esta novela, sobre todo en la aparición de un tremebundo pulpo que hasta en el nombre nos recuerda a Chtulhu, Khalk’ru, el señor del vacío, el cual procede, atención, de un universo paralelo. Si a esta terrible aparición de un ser abominable se le suma que dispone de toda una civilización perdida que lo adora y otra que lo teme, pues ya tenemos los ingredientes perfectos para la más desaforada de las aventuras.   

Merritt lanza a sus héroes a una tierra perdida oculta entre las montañas de Alaska. Esto en sí ni en la época suponía nada nuevo, pero la imaginación de Merritt es un prodigio y se las ingenia para que el viaje siempre tenga algo de maravilloso. Aquí será que esta tierra olvidada se encuentra aislada del resto del mundo no solo por un infranqueable muro rocoso, sino además por un manto ilusorio formado por un espejismo. Una idea hermosa que Merritt nos retrata con delectación y cuidado. La bruma de su relato es la bruma de la fantasía, de ese mundo que está creando y al que nos va a arrastrar a poco que confiemos en él.


El descubrimiento y el descenso a este oasis ancestral se llevan a mi gusto algunas de las mejores páginas del libro. Una vez allí, primero encontraremos a la gente pequeña, unos seres insufribles que se pasan el día bailando y tocando el tambor, del tamaño de niños y de color dorado, que resultan de lo más cargante. Y su empalagosa líder, la bella semi salvaje Evalie, esta de tamaño grande para que el héroe no tenga problemas a la hora de conquistarla. La historia es mucho más interesante cuando traslada la acción al bando de los malvados seguidores del súper pulpo cuántico (o así). Estos son unas criaturas bellas, altas, rubias y de ojos azules, de ascendencia nórdica, y encima casi todos ellos… Bueno, ellas más bien, porque casi todas son chicas medio desnudas. Eso sí, de armas tomar, guerreras feroces que no conocen el miedo. Vamos, la fantasía de cualquier lector de fantasía, valga la redundancia porque no puede ser más veraz. Lobos, un lago habitado por espectros (al que se le podría haber sacado más juego), una explicación lógica al mito de Thor y su poderoso martillo y una espectacular y sangrienta batalla final que se sigue con auténtica expectación y temor completan un tapiz mucho más emocionante que el anterior.

A pesar de su desprejuiciado carácter de aventura plagada de maravillas Merritt seguía con atención las noticias y novedades científicas, siendo así que varias de ellas sirven de soporte “real” a lo increíble de sus tramas. Para conocer al detalle sobre la ciencia en esta novela de Merritt recomiendo este breve pero contundente artículo de Anthony Baillard: Leyendo ciencia en… Loshabitantes del espejismo.  


Como ya he comentado, hay momentos en los que la novela pierde algo de fuerza, en especial en la parte dedicada a describir la vida feliz de la gente pequeña, si bien debo reconocer que después de todo es algo necesario pues Merritt sabe que para hacer tangibles sus civilizaciones imposibles debe hacérnoslas sentir cercanas, o al menos que podemos conocerlo todo acerca de ellas. Solo así lo que a sus protagonistas pueda sucederles llegará a importarnos. Las páginas dedicadas a los malos dejan claro que ya incluso en esos años tampoco todo era tan maniqueo como al principio se daba a entender, y que esto de los caracteres que gozan de luces y sufren sus sombras es algo ya viejo en el género. Merritt lleva con pulso tenaz y sin respiro la parte poderosa de la novela, la de la confusión y posesión de personalidades, la de los seres abisales que reclaman su tributo en forma de sacrificios de jóvenes a punto de dar a luz, de batallas encarnizadas a martillo y espada y sanguijuelas gigantes y lobos hambrientos devorando los despojos de la lucha. No pedimos más porque no otra cosa puede exigírsele a Merritt. Era esto lo que sabía hacer. Y lo hacía bien.

MERRITT, Abraham. Los habitantes del espejismo. Introducción y traducción de Javier Jiménez Barco; ilustraciones de Virgil Finlay. Bilbao, Madrid, Barcelona: La Hermandad del Enmascarado, 2008. 300 p. Los libros de Barsoom, Zona Weird; 1.