miércoles, abril 23, 2014

La noche a través del espejo (1950), de Fredric Brown



“-Doctor, ¿alguna vez se le ha ocurrido pensar que las fantasías de Lewis Carroll pueden no ser fantasías?
-¿Se refiere a que la fantasía suele estar más cerca de la verdad esencial que la ficción que quiere parecer real?- pregunté.” (p. 63) Doc Stoeger demostrando no solo ingenio, sino también inteligencia.

Del escritor Fredric Brown (1906-1972) solo había leído hasta ahora algunos de sus sensacionales relatos de ciencia ficción. Esta nueva edición de su novela La noche a través del espejo (Night of the Jabberwock, 1950) que ha realizado la editorial Reino de Cordelia nos ha dado la oportunidad de poder acercarnos a este clásico de la novela negra, género en el que también brilló Brown, y leerlo a todos aquellos que no disponíamos de un ejemplar de la lejana publicación (1987) de Júcar en su colección Etiqueta negra. Y qué puedo decir: me ha parecido una absoluta maravilla, una obra maestra que me ha mantenido en una nube alucinatoria durante su lectura y que al terminar me tenía levitando con la mirada perdida para el mundo, ese que en esos momentos más que nunca me parecía de todo menos real.


Doc Stoeger es el dueño, director y editor del pequeño periódico local de Carmel City, un pueblo medio perdido y totalmente olvidado del trasiego mundanal de la vida. Más de veinte años sin publicar una noticia importante, una exclusiva que lo haga sentir feliz y satisfecho de su trabajo, es algo que el pobre Doc sobrelleva como puede. Esto es: trasegando whisky cada dos por tres y planteándose por primera vez en su vida vender su semanario (se trata de un periódico de tirada semanal). La vida discurre aburrida y monótona, un día igual a otro y todos en impasible sucesión. Pero una noche, tras terminar su jornada y tomarse los dos o diez copazos habituales en el mismo bar de siempre y hablar con los mismos contertulios que nunca dejan de pasar por allí a las mismas horas, Doc Stoeger recibe una visita. La más extraña visita que pudiera imaginar. Un tipo de aspecto imposible y de nombre más increíble aún, Yehudi Smith, llama a su puerta y le hace una inaudita proposición, una invitación tan fuera de lo común como lo es el hecho de que Smith sea, como Doc, un fanático de las novelas de Lewis Carroll Alicia en el país de las maravillas (Alice’s Adventures in Wonderland, 1865) y Alicia a través del espejo (Through the Looking-Glass, and What Alice Found There, 1871), y que además conozca los dos inencontrables artículos que sobre ambas obras escribiera hace siglos un joven y apasionado Doc. La propuesta de visitar una mansión abandonada y aislada en las afueras de Carmel City, que además goza de la esquiva fama de ser una casa encantada, y de asistir a un cónclave de miembros de la hasta ese momento desconocida organización Las Espadas Vorpalinas, que reúne en sus filas a los mayores no se sabe bien si conocedores o fanáticos, igual significan lo mismo en este caso, de la obra de Carroll, supone el arranque de una noche que devendrá demencial. Y es que a partir de aquí se desata toda una locura de crímenes monstruosos, encuentros con bestiales asesinos, situaciones de lo más estrambóticas y una persecución sin fin en la que el bueno de Stoeger se ve envuelto sin tener culpa de nada pero acusado por casi todos. Una noche durante la cual se desarrollará toda la trama de la novela llevándonos en una espiral tan desconcertante como hipnótica que nos hará temblar de pavor y reír a carcajadas a un tiempo. Porque no está de más añadir que Fredric Brown no solo domina la tensión y la acumulación de misterios de forma prodigiosa, sino que es capaz de resultar tan divertido como inteligente, tan ingenioso como brillante en la creación de situaciones sorprendentes y en la recreación de unos diálogos sin excepción apabullantes.


“(…) fue como leer un relato de ficción emocionante, de esos que sabemos que no son verdad pero en los que podemos creer mientras que no acabamos de leerlos.” (p. 73)

La acción se desenvuelve enloquecida y no puede resultar más trepidante en su desarrollo. ¡No da un solo respiro! Y es genial hasta en su desenlace, en el cual Brown tarda lo justito en dar todas las explicaciones y cerrar todos los hilos abiertos en la novela. Un mecanismo de relojería que parece funcionar con la cuerda de la alucinación y el delirio. La atmósfera de ensoñación que poco a poco se va tornando enfermiza y etílica es envolvente y nos obliga a asistir a la más desarmante de las paradojas: este relato quizá sea la pesadilla más divertida a la que uno pueda enfrentarse. Brown demuestra una maestría soberbia en todo el relato, pasando del horror y la intriga a la carcajada y la ironía con una facilidad que no parece humana. La noche a través del espejo es sin duda uno de los mejores libros del género que he leído jamás, y pocas veces las referencias a los dos clásicos de Carroll protagonizados por la niña Alicia han sido utilizados de manera tan deslumbrante.


“Cuantos más años se cumplen, menos se teme a los fantasmas, se crea en ellos o no. Al pasar de los cincuenta, han muerto ya tantos de nuestros conocidos que los fantasmas, si existen, no nos son tan extraños. Algunos de nuestros mejores amigos son fantasmas, ¿por qué íbamos a tenerles miedo? Y no transcurrirán muchos años antes de que nosotros también pasemos al otro lado.” (p. 174)




BROWN, Fredric. La noche a través del espejo. Prólogo de Juan Salvador; ilustración de cubierta de Luis Doyague; traducción de Susana Carral. Madrid: Reino de Cordelia, D.L. 2014. 302 p. Reino de Cordelia; 31. ISBN 978-84-15973-22-5. 

3 comentarios:

Bea Mendes dijo...

Que buena pinta tiene. ¡Me has dejado las expectativas por las nubes! Queda apuntado en mi lista de pendientes. Antes, voy a leer las obras de Carroll.

Llosef dijo...

¡Hola Bea! Es un gran libro, en el cual aunque las referencias a la Alicia de Carroll sean constantes (y no solo las evidentes, sino que también en su estructura de encuentros y desencuentros continuos) no resulta imprescindible haber leído las dos aventuras protagonizadas por ella para entenderlo. Esa es la gran labor de Brown. Eso sí, si las has leído disfrutarás mucho más porque entenderás y sentirás el desaforado amor que los protagonistas del libro de Fredric Brown muestran a cada instante por esas dos obras maestras de Lewis Carroll. ¡Un abrazo y gracias por comentar!

Pato dijo...

¡Qué bien! A veces vale la pena pasar la tarde hurgando en los puestos de la Feria del libro antiguo... Será un placer volver al lugar señalado este verano a ver si encuentro más cosas ;)
Y ya sabes: ojo a la Biblioteca universal de terror y misterio, que es la caña.