jueves, mayo 15, 2014

¿Dónde está mi cabeza? (1892), de Benito Pérez Galdós, ilustrado por Lorenzo Montatore



No afirmo nada del otro mundo si digo que hay lecturas que de niños nos marcan. Muchas para bien, pero aquellas que lo hacen para mal las guardamos como si de una afrenta insoportable se tratara. O al menos así hacía yo, que leer era lo que más me gustaba del mundo y encontrarme con un libro que me disgustara me provocaba un dolor especial, como si aquello que suponía tu mayor refugio, tu más leal aliado y compañero, te traicionara sin compasión. Y esto es lo que sentí con dos libros de esos que nos obligaban a leer en la escuela. Uno fue el para siempre ya odiado La Celestina, que todavía hoy me pregunto a qué mente desquiciada se le ocurrió incluirlo en los programas de lectura cuando uno aún no está formado ni sabe nada de la vida (no sé por qué hablo en pasado: sigo sin tener ni idea de la vida). Mejor ni os cuento qué cara se me puso cuando descubrí al fin qué demonios era eso a lo que se dedicaba la taimada viejuna de “coser el virgo”. El otro libro fue Trafalgar, de Benito Pérez Galdós. ¡Madre mía, qué truño, lo que me costó leerlo! Y, repito, para un niño cuya mayor pasión era leer toparse con algo así era particularmente doloroso. Se daba el caso además de que el archifamoso episodio nacional era adorado por los profesores más odiosos del colegio, los que nos pegaban más. Echaban fuego por la boca y demonios por los ojos cada vez que mentaban a “los ingleses”: solo por lo que estos les hacían sufrir yo ya los quería, para qué os voy a contar otra cosa. Por eso en los libros y en las películas, cuando los ingleses ganaban a los españoles, yo lo tomaba como una victoria personal. ¡No podía ser casualidad que, además, los profesores que más admiraba nunca le dieran importancia a estas derrotas del pasado! En fin, creo que con esto queda explicado por qué jamás me he vuelto a acercar a un libro de Galdós ni con un palo.

El tiempo fue pasando. De hecho, ha pasado mucho tiempo. Y entonces conozco a Loren, un genial ilustrador, un buen amigo, y mira por dónde a él le encanta Galdós. ¿Cómo es posible? ¿Cómo a Loren le puede gustar Galdós si Loren es de los buenos? Ay, ay, todo mi sistema de valores quedaba temblequeando, algo empezaba a romperse cuando resulta que Galdós no es solo El Garbancero (como lo llamaban en la época sus detractores porque escribía muchas novelas y todas duras como garbanzos), sino que alguien de tan demostrado buen gusto y mejor criterio es un gran admirador suyo. Recuerdo (seguro que él no) mi cara de sorpresa cuando Loren me comentó que le gustaba mucho Galdós y yo respondí con los ojos como platos: “¿cómo, que te gusta Galdós el Garbancero?” Y él respondió haciendo una apasionada defensa de su obra, mirándome quizá con la misma incredulidad con que yo lo miraba a él: “¿pero cómo diablos no le gusta Galdós a José Luis?”, lo imagino pensando al tiempo que yo discurría justo lo mismo pero al revés. Y ahora llega a mis manos este libro. ¡Un libro firmado por Benito Pérez Galdós e ilustrado por Loren, aquí Lorenzo Montatore! Cómo es la vida, ¿verdad? Y qué poco he aprendido de ella. Pero en esta ocasión he sabido corregir.


¿Dónde está mi cabeza? es un relato que en su momento fue publicado en el periódico El Imparcial en el número especial de diciembre de 1892. Y debo decir que me ha encantado. Un cuento de esos locos y sin pies ni, nunca mejor dicho, cabeza que tanto me gustan. Un Galdós divertido y con un punto delirante que nos narra una historia que solo por su planteamiento ya se nos antoja fantástica: un señor se despierta una buena mañana y, vaya, resulta que ha perdido su cabeza. Pero más que un despertar al más puro estilo Kafka, lo que encontramos aquí es una aventura tan cotidiana en su devenir como desquiciada en su esencia, recordando de manera poderosa a ese otro gran relato que es La nariz (1835-36), de Nikolai Gogol. Una carrera que se mueve entre la estupefacción y la investigación imposible sobre qué puede haber sucedido con la cabeza de marras, magnificado el efecto de comedia al utilizar Galdós la primera persona, resultando así las reacciones del protagonista más impactantes y divertidas. “Yo, yo mismo, reconociéndome vivo, pensante, y hasta en perfecto estado de salud física, no tenía cabeza” (p. 3). Este formal padre de familia que anda enfrascado escribiendo un tratado filosófico de suma profundidad, Aritmética filosófico-social, nos llegará a revelar en su desesperación que a lo mejor donde ha perdido su cabeza ha sido entre las faldas de su amante, la Marquesa viuda de X…  
  
Nuestros amigos de El Verano del Cohete han editado con el cariño al que nos tienen acostumbrados este relato de manera impecable. Solo abrirlo hace que nos sintamos llevados a épocas pasadas: el mismo tipo de papel elegido se nos antoja un acierto maravilloso, dando al conjunto un aire pretérito encantador potenciado hasta el infinito por la labor prodigiosa a la ilustración de Lorenzo Montatore, que aplica unos colores que nos retrotraen de una sola mirada al Madrid castizo y finisecular de Galdós, ese que él también ama, en una conjunción artística que pareciera que no solo ambos comparten el mismo universo, sino también un tiempo común en el cual hubieran estado hablando de cómo realizar y presentar este libro. Lorenzo Montatore enriquece el tono de comedia delirante del texto no solo con sus divertidos y siempre ingeniosos dibujos, sino que enloquece él mismo al colorear las planchas con colores puros y contrastados, rompiendo la formalidad de mantenerlos sujetos a los cuerpos o los objetos, jugando no con lo surreal, sino con una realidad alterada y distinta, una cotidianidad rota por la intrusión de lo fantástico que juega con lo imposible en los límites mismos de la realidad. Una absoluta delicia que nos lleva a pensar que si en la escuela en vez de Trafalgar nos hubiesen mandado leer este cuento, otro lugar bien distinto ocuparía en nuestro corazón Benito Pérez Galdós. Gracias a este libro le hemos abierto hueco. Creo que es lo más bonito que te puedo decir, Loren. Y a vosotros, tripulantes del más brillante de los cohetes.

(De regalo, os dejamos aquí con el vídeo de presentación de ¿Dónde está mi cabeza?, obra de Mayte Alvarado, que me parece deslumbrante por su forma tan perfecta de introducirnos en lo que este nos deparará cuando lo tengamos ante nosotros).




PÉREZ GALDÓS, Benito; MONTATORE, Lorenzo. ¿Dónde está mi cabeza? (Badajoz): El Verano del Cohete, 2014. 32 p. ISBN 978-84-942610-0-8.

2 comentarios:

Ramón Ros dijo...

Hola Llosef,
Sabiendo de tu peculiar querencia por las cabezas a la fuga, y dado que no he encontrado en el blog alusión alguna a estos títulos (tampoco me lo he recorrido de cabo a rabo), me atrevo a recomendarte dos grandísimos libros que acabo de terminar (en realidad se trata de uno solo, partido en dos para hacer más negocio): "La muñeca sangrienta" y "La máquina de asesinar", de Gastón Leroux. Vampiros, sectas, relojeros locos y un androide radiactivo, todos conviviendo en el París de los años veinte. Y aderezados con un fino sentido del humor. En fin, he disfrutado muchísimo con la historia y, si aún no los has leído, creo que tú también lo harás. Y si ya los has leído, estaría muy bien que publicaras un comentario al respecto, según los iba leyendo no podía dejar de preguntarme "¿y que opinará Llosef de todo esto..?".
Un saludo.
P.D.: Anoche me leí "¿Dónde está mi cabeza?". Desde luego, no es lo que uno espera de Galdós :-D

Llosef dijo...

Hola Ramón:

Madre mía, las leí hace mucho tiempo, o al menos a mí me lo parece jajajaja, cuando se publicaron en la colección La línea de sombra. En mi recuerdo eran en todo como dices: muy loco y divertido, con criaturas y cosas rarunas apareciendo a cada página sin descanso. La verdad es que no sé por qué en el momento no escribí nada sobre estas dos novelas, porque me encantaron. Aunque no lo creas llevo un tiempo mirándolas ahí en la estantería llamándome a una relectura... Estaría bien ponerse con ellas de nuevo y con El fantasma de la ópera, otro vacío grande, de los muchos que hay, en el blog. Pero bueno, deberá esperar porque ahora estoy liado con Keeler (por placer pero también por "trabajo", no sé cuándo podré adelantar algo). Por descontado, te agradezco infinito el aviso porque se trata de una recomendación de diez, al menos para mí, jajajaja, que este tipo de historias me suelen dejar turuleto.

Y me encanta que te haya gustado el libro de D. Benito y Loren. Loren es un dibujante sensacional y además, en lo personal, un amigo muy cercano y querido, así que lo que sé que le alegrará a él me alegra también a mí.

Un saludo y muchas gracias por comentar y, en especial, recomendar estos excelentes libros.