lunes, abril 26, 2010

Lamentarás haber nacido, de Ada Coretti (1985)


Un pintor atormentado por su obra, el retrato de una bella mujer que escapa, de manera literal, del lienzo y lo sume en una crisis nerviosa que lo lleva al borde de la locura. Desquiciado, fuera de sí, pide ayuda a un amigo, un detective privado, para que lo ayude. Tal es el punto de partida de esta novelita de Ada Coretti, seudónimo bajo el cual se oculta para escribir exclusivamente obras de terror la autora Isabel Irigaray. No nos sorprende que lo haga, la verdad.

Pero bueno, no seré malo y despiadado como reclama mi instinto. A fin de cuentas, sabía dónde me metía cuando empecé a leer esta farragosa novela de bolsilibro. Porque lo peor no es lo horrible de sus formas, la precipitación y las maneras algo burdas se dan por supuestas, sino su torpeza tan desarmante como imposible de defender. Si al menos se mostrara salvaje, si de alguna inusitada página surgiera un instante de terror, prestos correríamos a soltar una palabra amable. Y una soltaré, sí, porque esa página existe, pero en conjunto Lamentarás haber nacido resulta feble e inconsistente.

El problema infranqueable de su estilo no se ve recompensado por la fuerza de la narración o por un argumento delirante y locuelo que nos arrastre. Porque en realidad la Coretti se desmarca con una narración detectivesca de lo más chusco y predecible. ¡Demonios! Si al final hasta reúne a todos los sospechosos en una misma habitación para que el culpable se delate… El truco del cuadro deviene en su explicación una tontería casi diría que dolorosa, y las razones que mueven al asesino a cometer los crímenes incitan a que nos llevemos las manos al rostro clamando a Cthulhu por nuestra estupidez. Pero…

¡Ay! Amigos, y confieso mi estulticia y mi poco criterio, pero en el tramo final del relato Ada Coretti nos guarda una sorpresita. Vale, se adivina casi desde el principio, pero todo se ha desarrollado de forma tan aburrida que no por esperado deja de sorprender. Y es que, uno es así, no puedo evitar comentar que dicha sorpresa, macabra y retorcida, es lo que finalmente ha hecho que no deje de mirar este libro con una distante simpatía. Dadme un ataúd, dadme un cadáver, dadme un hálito de vida dentro de esa caja junto a la muerta, unos ojos que se abren y descubren junto a sí el fruto de sus crímenes a varios metros bajo tierra, compañeras ahora en la eternidad de las sombras y la muerte, víctima y verdugo compartiendo la angustia de un destino maldito, y ya me doy por satisfecho. Poe dejó su huella.

CORETTI, Ada. Lamentarás haber nacido. Barcelona: Bruguera, 1985. 91 p. Selección Terror; 612. ISBN 84-02-02506-4.

4 comentarios:

Black Arrow dijo...

Sí que ers terco para leeer algo tan inconsistente (como muchos bolsilibros que hasta parecen fotocopias unos de otros. Claro que tantos eran escritos aunque Bruguera pagara poco para que el/los autor(es) pudiera comer)

En mi caso la hubiera dejado apenas encontraba el resbalón del libro...

Concuerdo: hay libros que sólo mejoran al final... y no habrá relectura

Saludos

Llosef dijo...

¡Terco es poco, amigo Black! En cualquier caso, te lo lees en el tiempo en que tarda en encenderse el ordenador y se cargan dos o tres páginas web...

A princesa no xardín dijo...

Y yo me pregunto, ¿cómo es la biblioteca del espectro Llosef? ¿Dónde obtiene sus libros, legajos y manuscritos? ¿Y qué locuras ha llegado a hacer para conseguir este o aquel volumen?

Ya ve, por mucho gato que muera, algun@s seguimos siendo bien curios@s...

Llosef dijo...

¡Amable Princesa! Tu buen corazón lo plantea de forma que hasta parezco alguien así como interesante y misterioso... ¡Ay! Nada más lejos de la verdad. Para hacerme con algún libro que me interesa y que el dueño no quiere cedérmelo por las buenas, suelo hacer lo normal: acuchillamiento con un poquito de resistencia por parte de la víctima, empujoncillo al borde de un barranco, un vasito de leche envenenada antes de ir a dormir, estrangulamiento con media de seda (si la víctima me cae especialmente mal, utilizo una tripa de chorizo)... Vamos, nada que cualquier aficionadillo no conozca de sobra. Soy uno más del montón, jejeje.