“-(…). Sí, en efecto es su cabeza. La cabeza de mi querido y difunto colega Dowell, devuelta a la vida por mí. Por desgracia, solo he podido revivir la cabeza. No todo sale a la primera.” (p. 19)
El escritor Aleksandr Románovich Beliáiev
(1884-1942) está considerado como un pionero de la ciencia ficción en su país,
el Jules Verne ruso nada más y nada menos. Por las dos novelas incluidas en
este libro, ya veremos que son otros nombres del fantástico europeo los que nos
vendrán a la mente leyéndolo, pero ya lo iremos detallando más adelante. La
comparación con Verne no es gratuita. Más allá del carácter más o menos
visionario de sus obras y de la evidente relevancia en ellas de los
descubrimientos científicos más vanguardistas de su época, esta influencia se
observa sobre todo en el trasfondo aventurero y fantástico que domina sus
creaciones literarias (en estas dos al menos, aunque por los títulos de otras resulta
fácil deducir que no son casos aislados) y en el tono siempre divertido y
desenfadado, que nunca superficial, de las mismas. En fin, un descubrimiento
maravilloso que ha convertido desde ya mismo a Beliáiev en un favorito de este
espectral blog.
La
cabeza del profesor Dowell (1925) es una fascinante y de verdad loquísima novela,
folletinesca y delirante hasta extremos magníficos, si bien resulta invadida en
su tramo final por una inesperada oscuridad. Hay en ella cabezas que hablan,
vivas tras morir sus cuerpos, que sufren, investigan, odian y sueñan con un
futuro en un nuevo cuerpo. Una de ellas así se verá, al más puro método
Frankenstein, cosida al cadáver descabezado de una bella cantante de ópera y
por un breve instante logrará retornar a un simulacro de vida normal.
Experimentos que realiza el malvado profesor Kern, el cual mantiene con vida la
cabeza de su maestro Dowell para que este vaya revelándole sus secretos. Lo
tiene además estudiando sin parar para que haga avances en sus hallazgos de
despedazamientos varios, pues el drama de Kern es ser un magnífico cirujano
pero un mal científico, por lo que necesita con vida la cabeza de Dowell para
que le transmita su saber. Kern gozará así no solo del éxito de sus increíbles
operaciones, sino también el de ser el descubridor e instigador de todos estos
experimentos.
Según se nos indica en la Nota al texto incluida al principio del
libro, Beliáiev seguramente se inspiró en las investigaciones del doctor Sergei
Sergeyevich Brukhonenko (o Briujonienko, 1890-1960), los cuales le llevaron al
descubrimiento de una máquina capaz de sustituir al corazón y los pulmones
gracias a sus experimentos utilizando cabezas de perros mantenidas con vida sin
cuerpo. En la novela la ambivalencia moral de tales actividades, con lo que
conllevan de crueldad pero a la vez con lo que puedan traer consigo de grandes avances
para la humanidad se dividen en sus dos protagonistas, Dowell y Kern. El
primero un altruista soñador, el segundo un despiadado trepa que si hubiera
vivido en la España actual ahí estaría en el séquito real o en el de nuestro
gobierno viviendo a todo lujo cambiando cabezas y dando vida eterna a todos
estos mastuerzos. Eso sí, el gusto por descabezar ambos lo llevan en la sangre.
La historia se desarrolla de forma directa,
sin rodeos, avanzando sin pausa ni respiro a ritmo vertiginoso. Y muy
divertida. Los personajes están trazados de manera veloz pero tienen siempre
una gran y conseguida presencia, sobre todo la joven ayudante, a la fuerza, del
malvado Kern, la hermosa e inteligente Marie Laurane, que por desgracia tiene
un defecto que ya vemos que en aquella época como en esta le traerá múltiples
desgracias: es incapaz de mentir. Cuando la trama nos lleve a un siniestro
manicomio, que era ya lo único que faltaba, la cosa comienza a tornarse seria.
No decae su fervoroso ritmo ni el marcado sentido del humor, pero todo se va
tiñendo paulatinamente de negro y algunos giros resultan muy macabros. No sé si
también debido a que tanta amputación y tanta cabeza de acá para allá acaba al
final por influir de manera terrible en el espíritu, pero si a eso sumamos que lo
que acontece en ese manicomio del diablo es en verdad deprimente, el conjunto
acaba por crear una nube negra en nuestro corazón que provoca cierta desazón y
tristeza, un sentimiento real de horror que sentimos incontrolable porque se ha
instalado allí casi sin que nos demos cuenta de su verdadero alcance.
Ya hablamos de cómo se ha comparado a
Beliáiev con Verne, aunque igual de válido es compararlo con H. G. Wells, del
que tampoco lo separa tanto quizá por esa visión más oscura, o al menos no tan
vitalista, de la ciencia, aunque siempre del lado de esta. La cabeza del profesor Dowell en concreto recuerda por momentos a
la excelente novela de Wells La isla del
doctor Moreau (1896), aunque si hay una a la que nos retrotrae de manera
poderosa es a la no menos magnífica El
doctor Lerne: imitador de Dios (1908) de Maurice Renard. La de Beliáiev es
una fantástica novela en la que prevalece la acción sobre la reflexión, pero
todo lo que sucede nos obliga a pensar y al terminarla deja su poso macabro
marcado a fuego en nuestro cerebro. Al menos lo conservamos aún sobre nuestros
hombros.
El volumen se completa con otro relato
(novela corta o relato largo, lo que queráis) que ha terminado por gustarme más
aún que el anterior: El día del Juicio
Final (1929). Este tiene un punto de partida argumental que es toda una
delicia: la ralentización de la velocidad de la luz en todo el planeta provoca
que la realidad percibida por nuestros ojos se vea con retraso, esto es, con
una demora de varios minutos. Este retraso en percibir lo que de verdad está
ocurriendo en el momento que acontece la sirve a Beliáiev para elaborar una
trama enloquecida y trepidante protagonizada por periodistas de diversas partes
del globo en un Berlín de entreguerras en la lucha por la exclusiva más
difícil. Si para ello es preciso robar un expediente secreto del gobierno, pues
se roba y ya está. Aunque haya que jugar al escondite con el amor si es
preciso. Trepidante y divertidísima, la historia desgrana momentos de extrema
confusión para sus protagonistas narrados con una destreza y una claridad
prodigiosas. El sentido del humor es delirante y no muestra concesiones: todos
los estamentos sociales están en el punto de mira de Beliáiev, aunque los
gremios de los periodistas y los políticos se llevan el premio gordo. En esa
mezcolanza fabulosa de relato fantástico, crítica social y diversión despiadada
recuerda por momentos a ese checo genial que era Karel Čapek, y algo menos pero
sin quedarse muy lejos al maravilloso y genial Leo Perutz. Toda una estirpe de
autores no anglosajones que deberían estar en boca de todos los amantes del
género fantástico y que, sin embargo, parecen vivir aún en ese gueto extraño
formado por el limbo del no reconocimiento absoluto. Donde deberían estar todos
ellos y no solo Stanislav Lem, que también, claro, pero… ¿por qué tan solo?
En fin, lo dicho: os recomiendo totalmente la
lectura de estas dos novelas de Beliáiev. Serán un regalo y un placer para los
degustadores del fantástico más esquinado y más alejado del tópico y lo común.
Y para los que no lo son, pues lo mismo, porque las van a disfrutar igual. Su
grandeza es universal. Su locura, la de todos.
BELIÁIEV, Aleksandr R. La cabeza del profesor
Dowell; El día del Juicio Final. Traducción de Alberto Pérez Vivas. Barcelona:
Alba, 2013. 358 p. Rara avis, Clásicos de la ciencia ficción rusa; 8. ISBN 978-84-8428-826-8.
5 comentarios:
Muy interesante.
Hay una película que muestra la cabeza de unos de los perros de Brukhonenko, aunque muchos creen que es una impostura.
También me acuerdo de una novela de Keeler.
La película de Brukhonenko la nombran en una de las notas del libro y dicen eso mismo: que tal vez sea falsa.
¡Ay! No he leído esa novela de Keeler, y me encantaría. Sería el complemento ideal para comentarla junto a esta de Beliáiev...
¡Ay amigo Llosef! he tenido este volumen en mis manos varias veces (y el de los pioneros de la ciencia ficción rusa también), pero no acababa de decidirme por falta de referencias... ha despejado usted todas mis dudas ¡eureka! será una inversión segura ya que como usted sabe lo que más me gusta en el mundo es... lo extraño. Y parece ser que en esta novela de eso hay un rato.
PD.- La película de Brukhonenko seguramente sea falsa pero es de ese genero de cosas que me hipnotiza. Se la mando a todos mis amigos perros para que vean lo que les espera "si no se portan bien".
¡Tengo muchísimas ganas de leer a este autor! Acabo de descubrir que buena parte de sus libros se han traducido al español, aunque me temo que este reciente "La cabeza del profesor Dowell" es el único que se puede encontrar actualmente en las librerías.
http://www.tercerafundacion.net/biblioteca/ver/persona/439
Paymon: el de los pioneros de la ciencia ficción rusa también ha caído en mis manos, jeje. Está a punto de ser devorado...
Estimada Couteau: todos esos títulos de Beliáiev pintan tremebundos. Ojalá sean reeditados, pero tiene un puñado de novelas inéditas que no crea que pintan peor. En fin, esperemos. Y esperemos también que no pase lo mismo que con Renard, que se quedó en ese título solitario.
¡Abrazos para los dos!
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