lunes, febrero 17, 2014

Batman, el Capitán Marvel, el profesor Quatermass y Sherlock Holmes luchan juntos contra un extraordinario gusano desconocido para la ciencia (según Alberto López Aroca)



En lo más profundo y salvaje del oeste norteamericano unas vacas están desapareciendo tras mostrar una conducta que aparenta un indicio de inteligencia. Y lo que es peor: una inusitada violencia. Vacas y extraterrestres es el punto de partida que nos ofrece Alberto López Aroca en Cuatreros de Venus (2013), publicado bajo el seudónimo de Norm Eldritch, un relato en el que el autor sabe pendular de lo divertido, sección descacharrante, a lo emocionante, sección invasión de la Tierra en toda regla. El sheriff Quatermass, tal vez un ancestro del famoso profesor que se enfrentara en varias ocasiones a amenazas alienígenas primero en la televisión británica, después en el cine de la mano de la productora Hammer, y sus ayudantes, el joven inexperto pero arrojado Proinsias Kelly y el viejo borracho medio indio Amos Colman, harán frente a este misterio. Un trío de héroes que nos retrotraen a las películas de Howard Hawks Río Bravo (Rio Bravo, 1959, con guion de Jules Furthman y, ¡atención!, la escritora Leigh Brackett según un relato de B. H. Campbell) y El Dorado (1966, con guion de Leigh Brackett de nuevo, esta vez inspirado en una novela de Harry Brown). Con estos magníficos modelos Aroca construye su historia con absoluta libertad: son un referente, no una repetición de algo ya creado, y en su uso y forma de dotarlos de personalidad propia estriba su maestría.

Cuatreros de Venus entronca con sus novelas Charlie Marlow yla rata gigante de Sumatra (2012) y Los náufragos de Venus (2013), con esta última de manera especial, pues al fin sabremos qué ocurrió con el “extraordinario gusano desconocido para la ciencia”, ese caso de Holmes referido por él pero nunca narrado por el doctor Watson, y también tendremos noticias de los acólitos de color verde del mentado gusano y del que acabará siendo su portador humano, un taxidermista y sepulturero llamado Fender. Más piezas para el puzzle vertiginoso con el cual Aroca nos está deleitando paso a paso en su obra. A carcajada por página, pero sin abandonar ni dejar a un lado nunca la tensión del relato cuando este precisa de ello, las aventuras de este trío impagable se pueden contar entre las páginas más acertadas y conseguidas del autor. Bueno, la verdad es que todo lo que he leído de él hasta ahora se puede contar entre lo mejor, porque no he encontrado nada que no me guste, jaja. Una verdadera golosina delirante y magnífica que he disfrutado como un poseso.


Pero hay más, no se vayan todavía. En la no menos prodigiosa novela corta El “gang” de los monstruos (2013, en la cual Aroca se “oculta” bajo el sobrenombre de Vince Harley) nos encontramos a Batman, al Capitán Marvel (el bueno, el de los tebeos de Shazam), a Sherlock Holmes y a un detective duro de esos a lo Mickey Spillane (de hecho, es “hermano” del famoso Mike Hammer) enfrentándose al terrible y extraordinario gusano desconocido para la ciencia, que no es otro que el simpático pero implacable señor Think (un trasunto del Mr. Mind de los cómics de Shazam). Continúan los intentos de este por domeñar al mundo, ahora durante la Segunda Guerra Mundial, con la aparición estelar de su ya a estas alturas requetemomificado Fender, el sepulturero taxidermista de Cuatreros de Venus. Que el joven Billy Batson sea un descendiente del doctor Watson (su nieto) y que Sherlock, ya anciano pero activo y lúcido como nunca, lo reclute como su ayudante es… no sé cómo decirlo ya sin resultar cansino… ¡formidable! Esta mezcla de relato de misterio con novela negra y, de paso, con cómic de superhéroes, engarzado todo ello en un poderoso relato de aventuras de claras connotaciones fantásticas, con raíz en la ciencia ficción modalidad invasión extraterrestre (de nuevo), es una pura delicia. Si ya es una maravilla leer un capítulo introductorio en el cual Bruce Wayne pide ayuda a Sherlock Holmes, no menos apasionante resulta el momento en que restalla el rayo y retumba el trueno ante ese grito, que aquí solo imaginamos, de ¡Shazam!

Ambas obras gozan de una cuidada edición a cargo del autor, un placer para los degustadores de las publicaciones nacidas al amparo de la cultura popular hasta el punto mismo del juego con los seudónimos o su presentación emulando la de un bolsilibro. Hay buen gusto y mucho cariño, pero además hay un par de portadas de Sergio Bleda que aquí está, otra vez, sensacional. En especial en la cubierta de El “gang” de los monstruos con ese homenaje a Norman Rockwell que no podemos dejar de comentar y admirar: en ella vemos a cuatro de los protagonistas de este relato fabuloso enmarcados en la referencia visual más importante de la Norteamérica de la época. Un golpe genial que nos encanta de manera especial aunque tanto Bleda como Aroca ya nos están mal acostumbrando a que lo genial sea la norma.


Terminamos comentando esta terna imbatible con el cuadernillo sherlockiano, editado a la manera del clásico Baker Street Journal, dedicado a lo fantástico y “lo desconocido” en la obra de nuestro detective favorito Sherlock Holmes y lo “outré” (2007). Este se abre con El Maestro y lo “outré”, una colección breve de seis citas del canon (para los no iniciados, el canon está formado por aquellas historias de Holmes escritas por Arthur Conan Doyle) en las cuales Sherlock o Watson (este solo en una de ellas) mencionan tal término. Introducción: “No ghosts need apply” es una presentación de este cuaderno centrado, como hemos dicho, en la relación de Holmes con lo fantástico. Si bien su postura siempre fuera escéptica, en algunos casos mentados por él o Watson pudiera ser que se hubiera enfrentado a casos sobrenaturales. Quizá la más extraña de estas aventuras del canon sea La aventura del hombre que reptaba, si bien está relacionada íntimamente con un estudio o descubrimiento científico. Del todo “outré”, eso sí.

“Un extraordinario gusano desconocido para la ciencia” es un apasionante estudio sobre las diversas apariciones estelares del famoso gusano sherlockiano, uno de los casos que nuestro detective consultor jamás resolviera, en incontables relatos y artículos. Ya aquí se tiene en cuenta a Mr. Mind, el gusano de Venus que tanta guerra diera al Capitán Marvel en los años cuarenta y que Aroca ha convertido en el terrible señor Think de sus novelas y cuentos.

La “Conexión Friesland”. Lo que aconteciera a Holmes y Watson a bordo del navío a vapor holandés Friesland forma parte de esa pléyade de casos citados por el doctor, bien por boca de Holmes o bien por él mismo, pero jamás narrados o salidos de su pluma. Pasto pues de estudiosos y autores de pastiches, parece ser que según algunos de ellos pudiera tratarse del mismo barco que viera perderse el pterodáctilo que el profesor Challenger trajera a Europa según se narraba en la novela de Doyle El mundo perdido. Quizá lo más bonito de descubrir en este y en el anterior artículo de Aroca es que en ambos ya encontramos las ideas que germinarían y acabarían por convertirse en esas dos emocionantes novelas que son Charlie Marlow y la rata gigante de Sumatra y Los náufragos de Venus.

Re: Vampires, o la “Conexión Carfax” quizá sea el ensayo más prototípico del volumen: la posible relación o enfrentamiento entre Holmes y Drácula ha dado juego infinito, y las especulaciones sobre el mismo o los diversos acercamientos literarios no han dejado nunca de surgir. Cuando además tenemos un relato del canon, La desaparición de Lady Frances Carfax, que apunta a que pudiera coincidir en el tiempo la estadía del siniestro conde en Londres con Holmes investigando un caso que implica a un tal Abrahams (al cual no se tarda en asociar con Van Helsing) y a una dama apellidada Carfax, como la mansión donde se alojara Drácula en la capital inglesa, pues tenemos ya el juego planteado y a los jugadores lanzándose a una ensalada de referencias, fechas, posibilidades y coincidencias para hacerlos pasar un rato juntos. ¡Como si los autores que lo han hecho y los que lo harán lo necesitaran! Los juntarían hasta después de muertos, que para algo tanto Holmes como Drácula son expertos en esto de volver de sus tumbas. Aquí podría haber materia hasta para un Holmes contra Drácula A. D. 2250. Seguro que toma forma algún día, si no lo ha hecho ya…

El volumen se cierra con un estupendo relato, Algunos derivados del alquitrán, que nos muestra juntos a Carnacki y a Holmes, este ya retirado haciendo de apicultor aficionado. Escrito a la manera de los originales de William Hope Hodgson (comentados AQUÍ), se trata de un caso decididamente extraño y “outré”, probablemente cercano a lo “ridicule”, muy divertido y fundamental para comprender la conexión tal vez más improbable de todo el cuadernillo: la que en un momento hubo entre el investigador de lo oculto Carnacki, el maestro de los detectives y de la ciencia deductiva Sherlock Holmes y… ¡los Pitufos! Ahí queda eso. Solo Alberto López Aroca podía hacerlo.


Puedes adquirir su obra, autoeditada de manera exquisita, AQUÍ.


ELDRITCH, Norm. Cuatreros de Venus. Traducción de Alberto López Aroca; ilustración de cubierta de Sergio Bleda. Madrid: Academia de Mitología Creativa “Jules Verne” de Albacete, 2013. 102 p. Bisonte Futuro; 92.

HARLEY, Vince. El “gang” de los monstruos. Traducción de Alberto López Aroca; ilustración de cubierta de Sergio Bleda. Madrid: Academia de Mitología Creativa “Jules Verne” de Albacete, 2013. 121 p. Sherlock Holmes; 103.

LÓPEZ AROCA, Alberto. Sherlock Holmes y lo “outré”: el maestro y el mundo de lo desconocido. Albacete: Academia de Mitología Creativa “Jules Verne” de Albacete, 2007. 64 p. D. L. AB-598-2007.


lunes, febrero 10, 2014

Los náufragos de Venus (2013), de Alberto López Aroca




Aunque Los náufragos de Venus (2013) no se trata de manera estricta de una continuación de la anterior novela de Alberto López Aroca Charlie Marlow y la rata gigante de Sumatra (2012), sí que sigue o nos ilumina sobre una trama fascinante que fuera abierta en esta: nada más y nada menos qué aconteció con la tripulación desaparecida del barco Mary Celeste, la cual fue trasladada contra su voluntad a Venus por medio del “distanciador”, el tremebundo artefacto diseñado y fabricado por el doctor Severus Magog Sivane. Los náufragos de Venus comienza con Sherlock Holmes y el capitán Charles Marlow campando por Londres alegremente con el nefando Necronomicón entre las manos. Una forma magnífica de conducirnos a lo que de verdad importa: Marlow conseguirá una ansiada entrevista con Mycroft, el orondo y tranquilo hermano del famoso detective consultor, en la cual Mycroft ha prometido explicarle todo lo relativo al extraño caso del Mary Celeste. Y a través de las fantasmagóricas voces grabadas en cilindros escucharemos, gracias al fonógrafo también inventado por el malvado Sivane, la increíble y prodigiosa historia de esos náufragos perdidos en un lugar tan lejano y ajeno como es el misterioso planeta Venus.

Aroca funde a la perfección sentido de la maravilla y aventura trepidante en el devenir de la condenada por el destino tripulación. En esta ocasión, las infinitas referencias utilizadas por el autor confieso que se me escapan en su mayoría, pero esto me ha permitido comprobar que este desconocimiento no me ha impedido en absoluto disfrutar de esta obra absorbente al máximo. El prestar tres voces a la narración del periplo venusiano hace que el relato multiplique su riqueza pues los tres personajes, tan diferentes entre sí, nos aportarán no solo el mapa completo de los hechos, sino las distintas perspectivas que sobre lo acontecido tienen los narradores. El señor Think, ese tan endemoniado como “extraordinario gusano desconocido para la ciencia”, es todo un regalo para el lector tras sufrir la desaparición, aunque solo sea material pues siempre parece estar presente, del maléfico doctor Sivane. La forma en que, en manos de Aroca, las hazañas del inmortal Sherlock se enlazan con uno de los “malos” más indescriptibles de la historia de los cómics (ahora también de la historia de la novela), salido de las páginas de Shazam, es sencillamente magistral. Porque no se trata solo de tener esa idea, ya fabulosa en sí, sino de ser capaz de ponerla en pie y lograr que funcione. Y aquí Aroca consigue un acierto sensacional. 

Las aventuras en Venus entreveradas con las interrupciones de los diálogos que mantienen en el presente Marlow y Mycroft, el apabullante desenlace que promete que habrá más aventuras para rato con diferentes y apasionantes frentes abiertos, y el colofón final, ese fragmento del libro que consiste en una monografía sobre Venus escrito por el imposible doctor Sivane, un trabajo en verdad mareante donde Aroca repasa quizá no todo, pero desde luego casi (y afirmando esto desde el más absoluto desconocimiento: si decimos cosa tal es solo porque queremos creer que Aroca es humano), lo que la ficción nos ha legado sobre dicho planeta expuesto como si se tratara de la historia real del mismo, nos ha supuesto una lectura que nos ha llevado de un lugar a otro con los ojos fascinados, la mente en ebullición continua y el corazón en suspenso ante los acontecimientos que se desarrollan sin descanso ni piedad. Aroca es un narrador puro que sabe tomar al lector por el cuello y zarandearlo y arrastrarlo sin compasión por mundos donde la maravilla se consume y alimenta a la vez del horror y la diversión más desbocados.

Los náufragos de Venus supone también una pieza más del puzzle increíble que es la obra de Aroca, puzzle infernal y fascinante en el cual el autor poco a poco va engarzando piezas con la maestría indiscutible de quien tienen mucho que contar y sabe cómo hacerlo. Pasión y emoción conforman su combustible, y a día de hoy pocos autores contemporáneos saben fundir las infinitas referencias con las que trabaja Aroca en un relato consistente y apasionante donde la cita pulp y la nota erudita conforman un todo, un conjunto donde en el que lo que de verdad importa es la aventura destilada en su más depurada y elegante forma. 

Puedes conseguir esta y otras novelas y ensayos de Alberto López Aroca en su página personal, AQUÍ. ¡Lo recomendamos TODO con pasión!



LÓPEZ AROCA, Alberto. Los náufragos de Venus: el destino final de los hombres y mujeres del “Mary Celeste.” Ilustraciones de cubierta e interior: Sergio Bleda Villada. Madrid: Academia de Mitología Creativa “Jules Verne” de Albacete y Alberto López Aroca, 2013. 339 p. 

viernes, febrero 07, 2014

EAM # 51: Viaje cósmico, de Vasili Zhuravlyov (1936)



Os traigo hoy el comentario que escribiera para la página de cine El antepenúltimo mohicano dedicado a la maravillosa película soviética Viaje cósmico (Kosmicheskiy reys: fantasticheskaya novella), dirigida por Vasili Zhuravlyov en el año 1936. Un film fascinante cuyas imágenes llenan nuestras retinas de auténtica poesía visual. Pocas veces la aventura espacial nos ha sido mostrada tan plena de transida belleza, tan pletórica de vitalidad y fuerza. ¡Una verdadera delicia! Podéis leerlo...




Moscú en un futuro que ahora ya es pasado brillando en una apoteósica panorámica inicial.



La CCCP1 y la CCCP2 son dos de nuestras naves espaciales favoritas de todos los tiempos.


La belleza incandescente de Ksenia Moskalenko, la intrépida astronauta Marina. 



El animador Fiodor Krasner logrará arrebatarnos el aliento con sus escenas de nuestros viajeros saltando de un lado a otro por una luna que más pareciera la ciudad perdida de R'lyeh. 





El más bello poema de exaltación de la nueva Rusia soviética y su sueño espacial fue castigado por el régimen de Stalin con la ocultación y el olvido. Pero hoy esta película prodigiosa nos lanza su mensaje, tan imborrable como esa señal (CCCP) que dejaran en la luna nuestros héroes, como aviso de su triunfo más allá de las décadas por venir.



viernes, enero 31, 2014

El cadáver con lentes (1923), de Dorothy L. Sayers




“-Pero si investigara usted un crimen- observó lady Swaffham-, habría de empezar por las cosas habituales, como averiguar qué había hecho la víctima, a quién había visitado, y además buscaría el móvil. ¿No es así?

-¡Oh, sí!- exclamó lord Peter-, pero muchos de nosotros tenemos docenas de móviles para asesinar a las personas inofensivas. Por mi gusto me agradaría asesinar a varias personas. ¿Y a usted?” (p. 140)

Una tenebrosa voz interior me dice, aparte de que yo también mataría con gusto a varias personas como así reconoce lord Peter Wimsey, que ese “personas inofensivas” más bien se refiere en el original a “personas inocentes”, pero dejémoslo estar. Ambas cosas.


Dorothy L. Sayers.


El cadáver con lentes (Whose Body?, 1923) es la primera aventura del detective aficionado lord Peter Winsey, la gran creación de Dorothy L. Sayers, una de esas damas del crimen inglesas que comparten panteón con Agatha Christie y que, si bien son acusadas de dedicarse a montar unos líos criminales de órdago y poco más, a poco que uno las lea descubre encantado que sí, que vale, que es verdad, pero por el camino siempre dejan un retrato tremendo de la sociedad en la que desarrollan sus tramas, con unos personajes definidos a la perfección con pocas palabras y una ironía subterránea y un cachondeo encubierto a medias que resultan encantadores. Y demoledores, porque su humor parece amable, simpático y cordial, pero mientras te llevas el té al que te han invitado a los labios y ves cómo tu taza se va vaciando, comienzas a notar un sabor raro, tal vez un poco amargo pese al azúcar, y vislumbras allá al fondo cómo los posos que se van formando tienen una tonalidad extraña. Das el último sorbo y sabes ya que te han envenenado. Ay, qué grandes son. Las amo.  



De esta forma, la cita del inicio no deja de ser una bomba de relojería dejada caer ahí como quien no quiere la cosa, como si fuera un chiste facilón, pero ojo, que lo que se está afirmando con total tranquilidad es que todos deseamos en algún momento matar a alguien. Y si tuviéramos la oportunidad de quedar impunes, lo haríamos. De hecho, la idea de que siempre tenemos móviles para asesinar a alguien suele ser el embrollo principal que plantean las novelas de crímenes de otra dama menos conocida pero no por ello menos admirable: Georgette Heyer (AQUÍ). En sus tramas, la dificultad que encuentra su héroe de ficción el comisario Hannasyde de Scotland Yard es que todos los sospechosos tienen no solo razones de sobra para ser culpables del asesinato presentado, sino que además no dudan en afirmar, casi con satisfacción, que se alegran de su muerte, eso cuando no se sienten compungidos y lamentan que alguien se les haya adelantado porque con gusto lo hubieran matado ellos mismos. Se habla de crímenes entre risas y pastas y té caliente. Pero no por no vestir gabardinas molonas ni dedicarse a repartir ñoños a la primera de cambio son más amables. Sus criminales parecen más educados, pero cuando el ansia se apodera de ellos son tan violentos o más que sus hermanos de sangre en la novela negra.

Esta primera historia protagonizada por lord Peter Winsey no es quizá tan brillante como la otra que he tenido oportunidad de leer de la serie, El misterio del Bellona Club (1928, comentario AQUÍ), pero se nos presenta diáfano el concepto de detective que Sayers persiguió crear y que consistía en que este debía crecer y evolucionar novela a novela, de ahí que en esta inicial Winsey es un niño bien repelente hasta la náusea, pero también encantador y divertido, lo cual supone un fantástico acierto de caracterización por parte de la autora. Peter confiesa de continuo que para él todo esto de resolver crímenes es tan solo un juego. Pero ya se nos apunta su evolución posterior cuando, avanzada la trama y llegado el momento en que el asunto se pone serio y hay que aparcar las bromas, confiesa que es justo entonces cuando desea abandonar la investigación. No quiere dañar a nadie con su actitud despreocupada. Será su amigo Parker, detective de Scotland Yard, quien le explicará que pese a su deseo de aparentar indiferencia y dedicarse a investigar crímenes solo para distraerse, en realidad siente la llamada de la verdad, de desenmascarar al asesino, porque en el fondo no deja de ser un hombre responsable. Ante esto, aquí todavía Winsey responderá con una broma. Ya evolucionará y tendrá otra respuesta más sincera, pero no en esta novela. Así, Peter, el niño rico y acomodado, sin preocupaciones vitales importantes, y Parker, el hombre de la calle que necesita trabajar y ganarse su sustento, se complementan, porque pese a los chistes y esa apariencia de señorito despreocupado algo late en lo más oculto del fatuo lord Peter: la necesidad y el afán de descubrir la verdad, una preocupación real y sincera por aquello que investiga. Parker, aunque en algunos momentos desee abofetearlo, lo tiene bien calado y lo admira, incluso ahora, cuando Peter se muestra más petulante y vano que nunca. 


En su conjunto El cadáver con lentes es una novela muy entretenida con un crimen de factura muy enrevesada, como era del gusto de Sayers, lo cual provoca que prestemos atención a la explicación final, algo que reconozco una vez más no suelo hacer. Aunque Peter ya nos da las pistas, es el propio criminal quien nos lo detallará paso a paso en una carta en la que confiesa el asesinato, el desmembramiento del cadáver y el robo y traslado por los tejados de la ciudad de otro. Todo acaba siendo muy macabro: por eso nos encanta también. Pero a la vez nos deja con la sensación de que, por mucho que uno desee matar, es tan complicado borrar el rastro criminal que mejor es aguantarse las ganas. Al menos de momento.


SAYERS, Dorothy L. El cadáver con lentes. Traducción de Manuel Vallve; ilustración de cubierta de J. Bocquet; ilustraciones interiores de J. Juez. Barcelona: Editorial Molino, 1949. 221 p. Selecciones de Biblioteca Oro; 45. 


A continuación, unas portadas de esta novela con un diseño muy a lo años 20, como corresponde:






Estas otras dos asemejan portadas de cómics: ¡me encantan! En especial la primera, con un lord Peter Winsey que más bien pareciera salido de una novela de Dashiell Hammett por mucho monóculo con que lo adornen. En la segunda, a quien se parece es a Opium, el malvado personaje del cómic creado por Daniel Torres. P. D.: añado una cuarta imagen que nos ha remitido el gran Alberto López Aroca en este bloque que nos muestra a un posible ancestro de Opium dedicado a tareas no sé si menos o más maléficas, pues anuncia una colonia.





Y un par más de ediciones en español. Conviene destacar la de la mítica colección Club del Misterio, con un lord Peter mostrando unas greñas setenteras de lo más inadecuado:



martes, enero 28, 2014

De cómo el doctor Claudius Tanganika diseñó una máquina prodigiosa y qué fue de él tras todo aquello



"No encontraréis su nombre en los libros de historia. Los anuarios de ciencia tampoco os darán fe de él. Y sin embargo hubo un tiempo en que la mente maravillosa del doctor Claudius Tanganika, aplicada a sus manos, pudo haber cambiado el curso pautado de nuestro mundo."

Así da comienzo la historia del doctor Claudius Tanganika, un relato que hemos pergeñado a cuatro manos y cinco cerebros el gran ilustrador Borja González y este que suscribe, servidor de ustedes y de nadie más. Todo un lujo de edición que, pese a no tratarse más que de un modesto fanzine, denota el buen gusto y el fantástico hacer de esas geniales personas que están tras la editorial El verano del cohete

Un científico loco, una idea tremebunda y un devenir desquiciado que las ilustraciones de Borja convierten en un viaje visual de verdad prodigioso. Hasta el texto les parecerá medio decente con tal compañía. Pueden ustedes adquirir un ejemplar de esta obra que hemos realizado con auténtico placer macabro


¡Todos los doctores locos que en la serie B y en la literatura más barata han sido y serán hallarán su por siempre postergada venganza de manos de Claudius Tanganika, el Supremo! O tal vez no.

 

miércoles, enero 22, 2014

La maldición de la momia: relatos de horror sobre el antiguo Egipto (1878-2006)



Lo digo desde el principio para que no haya equívocos ni confusiones: el antiguo Egipto no me importa un soberano pepino. Bueno, a lo mejor estoy exagerando, ¿a quién no le fascina la visión de esas tumbas semienterradas en la arena ocultando maravillosos secretos y tesoros? Si me aparto de la lista de las dinastías y todo comienza a entenebrecerse con un vendaje enmohecido que hiede a ácido fénico, una figura que avanza robóticamente envuelta en él con los brazos hacia delante y el rostro para siempre ya de Boris Karloff adivinándose bajo la sucia tela, entonces todo es distinto. En fin, para qué adornarlo: lo que me gusta, lo único que me gusta del antiguo Egipto son las cosas que dan miedo. Por eso al abrir este voluminoso libro que no me terminaba de convencer del todo y leer la introducción, No despertéis a los muertos: el mito de la momia, obra de su compilador Antonio José Navarro, quedé atrapado al instante. Su repaso por las raíces antropológicas, históricas, míticas, literarias, cinematográficas y seguro que algo más que me dejo por el camino acerca de la tumbífera criatura es fantástico. Desde el uso medicinal al que fueron sometidas en algunos momentos hasta su abuso en fiestas victorianas cuyo punto álgido era el desvendaje de una de ellas, hecho este que da pie a uno de los mejores relatos aquí incluidos, y realizando un completo resumen de cómo se hacían en el antiguo Egipto y a qué demonios se debe eso de la maldición que las envuelve de forma más prieta que las propias vendas. Macabro historial que incluye hasta el hundimiento del Titanic como uno de sus más sonados logros. Un aperitivo perfecto que sabe abrir el apetito y que nos lancemos ávidos a la lectura del libro. Y sí, pido perdón por el manido símil entre leer y comer. En fin, que no se concibe mejor objetivo para una introducción, y Navarro lo borda: erudición y diversión en su justa medida.

Tras un breve extracto a modo de frontispicio del Libro de los muertos, De las reminiscencias del demonio, justo el fragmento que dio pie a todas las historias de maldiciones con las que serían castigados los profanadores de tumbas, nos encontramos con Mi noche de año nuevo entre las momias (1878), de Grant Allen. Nada mejor para abrir la antología que un maravilloso y divertido relato en el cual el protagonista se cuela en una pirámide y asiste a la resurrección, por una noche, de aquellos que fueron allí enterrados. Un privilegiado, pues el acontecimiento se da una vez cada mil años. Un banquete espectral que no puede estar narrado de manera más brillante. El humor de Allen es contagioso y estimulante, se burla de todas las convenciones imaginables, entre ellas la de los europeos como faro del mundo que predominaba en ese momento histórico, dándole tiempo hasta de jugar con lo erótico al enamorarse el protagonista de una princesa egipcia nada mojigata. Genial.


El siguiente de la lista es el gran Arthur Conan Doyle. El anillo de Thot (1890) se trata de un modélico relato en el que ya se encuentran casi en su totalidad todos los elementos típicos de las historias de momias: el museo de antigüedades egipcias como marco haciendo las veces de castillo espectral gótico y mansión siniestra victoriana al tiempo, el sacerdote egipcio enamorado que ve pasar ante sí los eones esperando la oportunidad de despertar a su princesa momificada, el protagonista occidental que asiste a la escena entre atónito y curioso y descomposiciones corporales y abrazos de ultratumba en la más pura escuela del romanticismo macabro. Y todo narrado con la fuerza arrebatadora del mejor Doyle. De él se incluye también El pectoral del pontífice judío (1922), en el cual aunque el escenario es el habitual museo, no hay momia, y la historia propone más un enigma criminal que un relato fantástico. Como se indica en la presentación de Antonio José Navarro, bien podría tratarse de un relato de Sherlock Holmes sin el genial detective. Bueno, podría ser, pero si así fuera no estaríamos ante uno de sus mejores casos. Inferior al anterior, no cabe duda sin embargo de que estamos ante un buen cuento, escrito con la clase y la elegancia a las que su autor nos ha acostumbrado. 

Tras asistir sin pena ni gloria a la ceremonia fúnebre de un faraón de la mano de Willa Cather con Un cuento de la pirámide blanca (1892), pasamos a Un profesor de egiptología (1894), de Guy Boothby, en el que más que la parte fantástica, la regresión de una joven a su pasado egipcio y la solicitud de perdón de un espíritu atormentado, lo mejor se encuentra en sus primeras excelentes páginas: la presentación de un hotel de El Cairo con su conseguido aire cosmopolita. Representantes de todas las razas y culturas demostrando que, siendo tan distintos, son iguales ante el oropel y la apariencia. Así pasamos veloces hasta detenernos en Estudio del destino (1898), del conde Louis Hamon (Cheiro), una historia de atmósfera densa y funesta, muy conseguida en su intención de provocar desasosiego e incertidumbre, un buen relato que sufre alternativas recaídas cada vez que el discurso se torna “filosófico”, o más bien patafísico, la verdad. El razonamiento algo pedestre del autor, cargado de palabras altisonantes pero de mensaje y contenidos de una simpleza abrumadora, enturbia en parte el resultado. Sin embargo, la fuerza de la maldición que lo nutre se hace sentir con fiereza, sobre todo en su tramo final, cuando la melancolía da paso a la revelación. Aunque no está conseguido (a la vana palabrería, propia del adivino que era este conde Hamon, “profesión” de la que vivía, hay que sumar una historia de amor que recurre al lugar común palabra tras palabra), la ambientación egipcia primero, hindú después, resultan creíbles y dan consistencia a lo narrado. Si bien lo mejor está en sus primeras páginas, aquellas en las que nos describe ese Egipto fúnebre y terrible del Valle de los Reyes donde el esplendor del pasado se consume entre la arena del desierto y en el cual una joven pasea su dolor irreparable a la luz de una luna ancestral.


Katherine y Hesketh Prichard, madre e hijo respectivamente, firmaban sus historias con el sobrenombre E. & H. Heron. Aquí se incluye su cuento Historia de la casa Baelbrow (1899), todo un relato pulp… ¡antes de la existencia misma de la literatura pulp! Flaxman Low es el protagonista de esta historia, un investigador de lo oculto que vivió en trece aventuras. Esta en concreto lo tiene casi todo: casa embrujada, fantasma rancio, momia y vampiro. La explicación final es una chorradilla como un camión, pero la atmósfera tenebrosa de la casa está más que conseguida, y la noche de tormenta en la que todo el misterio sale a la luz resulta más terrorífica que el propio espectro que la protagoniza. Los Prichard quiebran en algunos momentos las logradas escenas de acción para pasar a otras más tranquilas y explicativas de manera algo brusca y carente de lógica, pero se lee con agrado y el ataque en el desenlace del ser de ultratumba sorprende por su violencia.

La condena de Al Zameri (1901), de Henry Iliowizi, es un magnífico relato sobre la figura del Judío Errante. De prosa poética hasta el arrebato, resulta casi mágico en su descripción de una tierra ancestral y desconocida, terrorífica y misteriosa a nuestros ojos. La historia de Al Zameri nos es narrada con toda la fuerza de su desesperanza y su soledad. Un cuento poderoso, tan bello como desolador.

La momia misteriosa (1903) es el primer relato que le publicaron a Arthur Henry Sarsfield Ward, que dicho así os pasará como a mí: ¿pero este señor quién es? Pues nada más y nada menos que el verdadero nombre de Sax Rohmer, el creador de Fu Manchú, el chino mandarín (o no) malvado por antonomasia, el culmen y el epítome del peligro amarillo. Apenas veinte años tenía Rohmer cuando vio impresa al fin su primera historia. Y hasta aquí llega el interés que pudiera tener este relato en el que lo fantástico cede ante lo detectivesco, bastante torpón en su desarrollo, de una mediocridad notable y carente de la más mínima tensión. De Rohmer también se incluye El Señor de los Chacales (1918), un buen cuento de terror que, lástima, desperdicia muchas de sus páginas en contarnos las maravillas de ser joven y el descubrimiento del amor en un tono torpe hasta el sonrojo. Por el contrario, las apariciones del Señor de los Chacales en forma de anciano esquelético resultan siempre extrañas y sobrecogedoras, y cuando al fin lo vemos dando muestras de su poder todo respira misterio y terror, fantástico elaborado y de gran dosis poética en su sencillez.     


El ocultista, escritor y teósofo Charles Webster Leadbeater nos deja en El templo abandonado (1911) un relato muy en la línea de sus creencias y ocupaciones: esto es, más cercano a la parapsicología que al género que nos apasiona. Aquí, el fenómeno raruno del que se nos quiere convencer de que es real es un sueño compartido entre el protagonista y uno de sus alumnos. Juntos viajan en trance al antiguo Egipto. Cuerpos astrales de un lado a otro, alteración de la percepción y un jovencito en la cama del profesor que nos hace pensar más en las palabras de Antonio José Navarro sobre el autor que en la historia en sí. En fin, estas cosas tan modernas y propias de la New Age.

En realidad más un artículo que un relato en sí, Reyes muertos (1914) de Rudyard Kipling refleja de una manera feroz pero no exenta de una divertida ironía el “mercado de antigüedades” en el que ya por aquellas fechas se había convertido Egipto. Robos y saqueos de tumbas, profanaciones, expediciones enfrentadas entre sí, científicos y aventureros en el mismo lote… Y los turistas, cientos de turistas recorriendo el mismo camino faraónico una y otra vez. Pero todos ellos sintiendo en mayor o menor medida el peso de las ruinas, el influjo de esas pirámides milenarias que nos recuerdan de continuo la futilidad de nuestras existencias y el poder igualador que tiene el tiempo sobre todas las cosas. De los grandes reyes muertos solo quedan ya el polvo y las joyas que ladrones impíos roban sin conmiseración.


A continuación la antología incluye tres relatos y un poema que conforman uno de los bloques que más me apasionó del libro. La maldición de Amen-Ra (1932) de Victor Rousseau atesora un buen puñado de tópicos del tipo de literatura al que pertenece con orgullo, un pulp en toda regla, refrendados además por cientos de maravillosas películas de serie B: una isla tenebrosa, un manicomio, un profesor loco, una mansión misteriosa… Pero todo ello envuelto en una muy conseguida atmósfera macabra, con una lluvia que parece escapar de las páginas del libro y empaparnos el rostro con su gélida furia y un mar embravecido cuyos atronadores ecos resuenan hasta pasado un buen rato después de terminada la lectura. Una ambientación perfecta y un ritmo que mantiene una efervescente tensión en todo momento. Maldiciones egipcias, momias redivivas, un viaje al pasado con una historia de amor y traición entre las pirámides engarzada con precisión y un final trepidante. Rousseau consigue con su narración que, sin dejar en ningún instante de mostrar las raíces en las cuales bebe, dejar bien claro que la literatura pulp en sus mejores logros es sinónimo de fuerza y buen hacer, directo como un uppercut y emocionante como suelen serlo las mejores joyas del género. Tras esta maravillosa salvajada, un bonito y evocador poema de Clark Ashton Smith, La momia (1937). La reseña biográfica de Antonio José Navarro es excelente, aunque en esta ocasión queda en una proporción de cinco páginas suyas por una del autor comentado… Aprovecho y añado que Navarro, en este libro como en otras antologías orquestadas por él, es verdaderamente brillante aunque tenga tendencia a destripar los relatos. De Smith realiza un dibujo preciso y emocionante al tiempo.

Tan breve como brutal, Escarabajos (1938) es un impactante relato de Robert Bloch (publicado en su origen bajo el seudónimo de Tarleton Fiske) acerca de los peligrosos regalos que en ocasiones acompañan a nuestras amigas las momias. Atmosférico y envenenado, es un cuento soberbio que no resulta esclavo de su sorprendente, o quizá no tanto, final. Casi las mismas palabras podríamos utilizar para el intenso Huesos (1941), de Donald A. Wollheim, una filigrana de concisión macabra. Dos relatos que, vale, no es que vayan a hacer historia dentro del género, pero sí que dejan claro que son obras así las que lo hacen grande y que por eso lo amemos.


Si páginas atrás tuvimos a Flaxman Low, El hombre de la calle Crescent Terrace (1946) de Seabury Quinn nos trae al detective de lo oculto Jules de Grandin y su “ayudante” el doctor Trowbridge. Me suelen gustar los relatos protagonizados por De Grandin, aunque en esta ocasión resulta más brillante en los momentos pausados que en los que predomina la acción. La trama que nos plantea no es que resulte muy refinada que digamos, y los métodos expeditivos de nuestro investigador no nos lo hacen muy simpático, pero cuando se encierra en una habitación a contarle sus sospechas y conclusiones del caso a sus compañeros nos desarma. No es este pues uno de sus más interesantes problemas que resolver, pero siempre es agradable y divertido volver a él de vez en cuando.

La maldición de la tumba de la momia (1966) de John Burke es una novelización de la película inglesa producida por la Hammer The Curse of the Mummy’s Tomb, dirigida por Michael Carreras en 1964. Por lo que recuerdo de ella, Burke sigue con bastante fidelidad esta cinta irregular, de ocasionales logros pero decepcionante en su conjunto. Carreras como director estaba a años luz no solo de Terence Fisher, lo cual es algo inevitable, sino de todos los directores que alguna vez trabajaron para él en la productora británica. Precisamente los mejores momentos del filme, las apariciones de la momia, son los más flojos de este relato largo. Resultan carentes de nervio y tensión, tan mecánicos como los movimientos de la criatura que lo coprotagoniza. Sin embargo, Burke es un narrador eficaz y muy entretenido al desarrollar la trama, una historia con no mucho interés pero que su buen hacer mantiene en pie con soltura y consigue que la leamos con moderado placer.


El volumen llega a su final presentando tres relatos de autores en lengua española contemporáneos, dos españoles y un argentino, como muestra de que el género posee grandes valedores en nuestro idioma. El resultado no puede ser más gratificante, pues al menos uno de ellos es una perfecta obra maestra, otro casi casi y un tercero no desentona con lo mejor de la compilación. Así José María Latorre nos trae un relato, La sonrisa púrpura (2006), de evidente tradición gótica, con sus mazmorras, sus pasadizos y sus, más o menos, damas en apuros, con su habitual capacidad para crear logrados ambientes macabros en los que el mismo olor de las páginas transpira putrefacción. Atmósfera malsana y tenebrosa muy conseguida, aunque también con su sempiterna manía de contarnos lo que va pensando y haciendo su protagonista a cada segundo y gesto, lo cual hace perder algo de brío a la narración.

Partiendo de la conocida costumbre social finisecular de realizar fiestas sociales (organizadas por la nobleza y las altas clases sociales más chic), en El relicario de Lady Inzúa (2006) Norberto Luis Romero lleva la anécdota a su terreno, un Buenos Aires recién liberado del dominio de la corona española para caer en el yugo de la nobleza criolla, la cual da muestras de su afectado europeísmo copiando las costumbres más absurdas del viejo continente. Aquí, la de desenvolver una momia como punto culminante de una de estas fiestas de sociedad. Romero funde diversión, esas jovencitas bien preparando el evento, con el horror más descarnado, lo que acontece en la fiesta y sus terribles consecuencias, en un cóctel en verdad genial. Nos mantiene con una sonrisa en los labios hasta que nos la retuerce en su impactante y horrísono desenlace, todo un festival macabro y espeluznante llevado con mano firme y un temple admirables. Una verdadera joya del terror más desbocado narrado con una perfección y un gusto por el detalle bien cuidado sencillamente magistrales. En esta ocasión la momia egipcia es sustituida por una indígena en un giro de guion soberbio. Salvaje y delirante, pero a la vez siempre elegante y preciso, Romero consigue que su relato sea uno de los mejores del libro. Una ambientación perfecta que nos lleva a un final que es toda una bomba de relojería activada por unas niñas malcriadas casi por accidente. Sus descerebrados actos harán las más terribles pesadillas realidad. Y esta locura magnífica de relato se cierra además con una frase final antológica. ¡No podemos pedir más!

Y casi a la misma altura brilla el relato de Pilar Pedraza, Carne de ángel (2006), narrado con esa sencillez pasmosa de la que solo los grandes narradores son capaces. El tono casi confesional hace que hasta podamos tomar por verdadera esta historia de una obsesión enfermiza por las momias beatificadas (Pedraza también se aleja, como Romero, del Egipto faraónico). Ambientado en la época actual, este relato de niñas momificadas espectrales deviene el broche perfecto para cerrar un libro cuya lectura nos ha parecido asombrosa casi en su totalidad.

Una antología excelente, pues, que solo incluye un relato que creo insustancial, de la que da absolutamente igual que de entrada no os interesen lo más mínimo ni las momias, ni el Egipto ancestral, ni el desierto, ni tan siquiera la literatura fantástica. ¡Esto no vale como excusa para no leerlo! Lo bonito de este libro, y esto en gran parte es mérito de Antonio José Navarro por su introducción y la magnífica selección de cuentos, es que nos envuelve en su atmósfera de misterio y extrañeza y acaba resultando una lectura apasionante. 



LA MALDICIÓN de la momia: relatos de horror sobre el Antiguo Egipto. Selección, prólogo y notas introductorias de Antonio José Navarro; traducción de José Luis Moreno-Ruiz, J. L. Velázquez, Amando Lázaro Ros y Miguel Ángel Ávila. Madrid: Valdemar, 2006. 652 p. Gótica; 65. ISBN 84-7702-546-0.

miércoles, enero 15, 2014

Charlie Marlow y la rata gigante de Sumatra (2012), de Alberto López Aroca



Me surgió el interés por la obra de Alberto López Aroca gracias a los comentarios elogiosos dedicados a algunos de sus libros por parte del gran Wolfville en su blog El carnaval del señor Wolfville. Y vaya, qué puedo decir: ha resultado una recomendación que ha devenido un descubrimiento sensacional. Ha sido la primera novela que he leído de Aroca, pero a día de hoy ya puedo decir que no la única.

Para sus historias Aroca se nutre de referencias infinitas, en parte pastiche pero dotando de pleno sentido la expresión mitología creativa, esa forma de entender la literatura y sus personajes como un todo interconectado que naciera en el Wold Newton Universe de Philip José Farmer. Wold Newton es una población inglesa en la que a finales del siglo XVIII, en 1795, cayó un meteorito dotando a su población y a sus descendientes de poderes sobrenaturales. Esta familia fantástica estaría formada por todos los héroes y villanos que nos han dejado la literatura fantástica, los cómics, las series de televisión y todo aquello donde surja un personaje que pueda incluirse sin temor ni prejuicios en este universo loco y referencial. Una súper red en la que cabe hasta el mismísimo Doctor Who, por citar uno que en principio jamás pensaría un servidor que fuera a aparecer por allí (todos sabéis que es un alienígena procedente de Gallifrey). Aunque Aroca no sigue el planteamiento de Farmer de manera literal, sí quizá algo en su esencia, pues en su obra todos los personajes imaginables pueden tener cabida en una cascada de correlaciones que nunca deja de sorprender y divertir.

En la novela que nos ocupa, Charlie Marlow y la rata gigante de Sumatra (2012), esto sucede ya desde el mismo héroe mencionado en el título, ese Marlow protagonista de varias novelas de Joseph Conrad (la más famosa de ellas El corazón de las tinieblas, 1899), pasando por su “secreto” coprotagonista, un Sherlock Holmes al cual ni se alude por su nombre sino bajo el seudónimo de Sigerson, un noruego misterioso, del cual no pasa nada porque revele ahora su identidad pues sí que aparece en la portada del libro. Aroca se vale de esta feble ocultación de su nombre para lanzar un juego al lector ya que desde su primera aparición queda claro quién es en realidad. Continuas y evidentes pistas nos irán dejando claro su yo verdadero haciendo que el juego consista no en adivinar de quién se trata, sino en reconocer los tics más clásicos del detective que nos lo hará presente a cada instante. La narración así está plagada de personajes, hechos, lugares y objetos que aluden o remiten a obras preexistentes. Como he dicho, una auténtica maraña de caminos entrecruzados la cual, y aquí estriba su gran mérito, no se limita a acumular nombres o anécdotas sin más, sino que los enlaza en un puzzle creativo fascinante. Tanto si se conoce su procedencia, lo cual hace que se disfrute de su reconocimiento, como si no, cosa que Aroca no dificulta en ningún momento gracias a un magistral glosario onomástico y toponímico incluido al final del libro en el que el juego entre la realidad y la ficción se multiplica convirtiendo su lectura en una auténtica y erudita delicia.

Pero más allá de estas infinitas referencias, tenemos una fantástica novela de aventuras perfectamente disfrutable aunque desconociéramos todas y cada una de ellas. Y en esto, al menos a mi gusto, estriba su magnífico valor adicional. Porque Charlie Marlow y la rata gigante de Sumatra resulta una historia asombrosa, trepidante y, lo mejor, salvajemente divertida. Gran parte de la acción discurre a bordo del vapor volandero holandés Friesland. Allí se marcan todos los puntos importantes de la trama que se desarrollarán y resolverán nada más y nada menos que en la mítica isla de la Niebla. Todo lo que acontece a bordo del barco no solo es emocionante, sino también desternillante gracias al excelente retrato de los marineros que forman su tripulación, en especial esos magníficos diálogos, casi encontronazos, entre el “misterioso” Sigerson y el capitán Marlow. Una verdadera gozada que consigue mantenernos con una sonrisa continua en el rostro sin que por ello los acontecimientos más terribles y macabros de la aventura se resientan o pierdan su fuerza.


Hay grandes momentos, estando estos comentados entre mis favoritos, pero destacaría también la sencillamente fantástica forma en que Aroca ofrece una solución al misterio real de la desaparición del barco Mary Celeste, una de las ideas más bonitas contenidas en este libro. Y a su malvado de rigor, el tremebundo doctor Severus Magog Sivane, cuyo origen nos retrotrae a los maravillosos cómics del Capitán Marvel (Shazam) creados por Bill Parker y C. C. Beck. Este misterio del Mary Celeste será el corazón de su siguiente novela, la recién autoeditada Los náufragos de Venus, que adelanto ya que me ha gustado más aún que la presente. Aroca sigue construyendo su tupida malla de nexos entre personajes de ficción haciendo que sus novelas la creen a su vez edificando un todo que se continúa de una a otra. Como dice el propio autor: “el conjunto es superior a las partes.” Damos fe de ello, pero dejando constancia de que solo se puede construir un todo magnífico cuando sus partes son tan geniales como esta novela en la que Marlow y Holmes se enfrentan a uno de los casos más extraños con los que jamás se encontrara el celebérrimo detective consultor.


Cuaderno de bitácora del “Matilda Briggs”: cinco ensayos sherlockianos y una carta (2005-2006)


A la manera del Baker Street Journal de los años 40, Aroca ofrece una bonita colección autoeditada de cuadernillos que se inspiran en su presentación en esta mítica publicación. Como su título deja bien claro, este cuaderno está compuesto de cinco artículos dedicados a Holmes y una carta firmada por ese viejo conocido nuestro que es Fu Manchú, además de unos extraordinarios anuncios de la época en la que excelentes profesionales nos ofrecen sus servicios, aunque da la sensación de que tras todos ellos se ocultan los dos mismos y bien conocidos hermanos doylinianos, jeje. Vamos con su contenido.

Presentación: Matilda et Marie. Donde Alberto López Aroca recopila información acerca del ficticio, que resulta tal vez no serlo tanto, barco Matilda Briggs, quizá en su origen el Mary Celeste ocultado su nombre por el propio Watson al mentarle Holmes el caso de la rata gigante de Sumatra. Quizá de aquí parta la idea de Aroca de convertirlos en dos barcos bien distintos en su novela Charlie Marlow y la rata gigante de Sumatra y la posterior Los náufragos de Venus, siendo así el primer navío el protagonista del archiconocido enigma y el segundo el que Holmes mencionara en el caso de la rata.

La aventura del ineludible duelo eludido. Donde se especula sobre un posible enfrentamiento entre Holmes y Jack el Destripador, y de regalo todas las obras que han versado sobre este fantástico encuentro. Y también sobre aquellos otros libros que esclarecen el caso del célebre asesino sin nombrar a Holmes o los que explican por qué este nunca intervino en ese caso o por qué Watson nunca lo escribió. Como en el ensayo anterior, Aroca funde erudición, fantasía y realidad en un combinado imbatible que se multiplica aún más en el excelente Mycroft Holmes y algunos agentes del Diogenes Club, donde nos habla de la pertenencia del marino Charles Marlow al espectral club fundado por Mycroft, así como de otros posibles miembros. Y de las extraordinarias asociaciones y concomitancias existenciales de estos entre sí.

En el dueto formado por El problema del Holmes travestido y El argumento del destripador alemán (Algo más sobre el Holmes travestido) se nos explican nuevos detalles sobre el enfrentamiento entre Jack el Destripador y Sherlock Holmes, en concreto sobre aquel que llevó al detective consultor a atraparlo recurriendo al “ingenioso” truco de vestirse de sexy prostituta. El origen de este duelo sin igual está en las dos colecciones (en concreto, en la segunda de ellas) de pastiches alemanes anónimos de principios del siglo XX protagonizados por Holmes (de los cuales hemos podido disfrutar de recientes reediciones comentadas AQUÍ, AQUÍ y AQUÍ). La realidad supera a la ficción en este caso, pues estos pastiches, al ser “traducidos” de manera harto imaginativa por el genial escritor belga Jean Ray, dieron origen al Sherlock Holmes americano: Harry Dickson.

El cuadernillo se cierra con la pieza que más me ha gustado de las seis que lo conforman, a mi gusto una pequeña joya. El mundo volverá a saber de mí es una carta de Fu Manchú dirigida a Mycroft Holmes. Con Charlie Marlow de protagonista, adelantando detalles de la aventura conjunta que este vivió con Sherlock y que Aroca nos relatará seis años después, y con el terrible destino pergeñado por el genio oriental del crimen para el marino conradiano (aroquiano convendría decir en esta ocasión). El tono entre sardónico y admirativo, respetuoso e insultante a un tiempo de la misiva se nos antoja de fantástica factura, tanto en su forma como en la sucesión de hechos que en ella nos relata. La manera en que Fu Manchú, siempre correcto y educadísimo, nos acompaña de la mano con una sonrisa humilde y servicial hacia el corazón del horror es magnífica.


La rata gigante gigante de Sumatra en el oeste (2012)


Y para terminar, y como complemento a la novela que abre este comentario, recomendamos vivamente la lectura de este relato (firmado con el sobrenombre Norm Eldritch) ambientado en el salvaje oeste con un chino, inspirado tal vez por ese otro que aparecía en El circo del Dr. Lao (1935) de Charles G. Finney, que se presenta en un tórrido pueblo típico de ese oeste mítico que para nosotros nace más del cine que de la literatura con un carromato de monstruos en cuyo interior transporta un ejemplar de la terrible rata gigante de Sumatra. Protagonizado por los posibles descendientes del mismo Robinson Crusoe, el despiadado pistolero de pétrea mirada Fred Porlock con su Winchester 73 (una creación de Arthur Conan Doyle que aparece de forma intermitente en la obra de Aroca), el mentado chino misterioso, el obtuso sheriff Reed Brooks y el rufianesco señor Cosgrove. Muy entretenido, funde a la perfección una historia del más puro far west con una trama de robos trufada de criaturas imposibles. Lo fantástico rasga el plomizo y seco viento del desierto y el polvo levantado por las botas de cuero se apelmaza en la atmósfera de la sala de lectura de nuestra mansión de forma inevitable. Aroca domina este tono donde lo fantástico juguetea con la comedia sin abandonar u olvidarse de la emoción y la tensión de la historia.

Podéis haceros con estas tres maravillas y otras fruto de la imaginación de su autor en este blog donde las tiene a la venta: AQUÍ.


LÓPEZ AROCA, Alberto. Charlie Marlow y la rata gigante de Sumatra: una aventura de Sherlock Holmes en 1893 con la solución al misterio del “Mary Celeste.” Ilustraciones de cubierta e interior: Sergio Bleda Villada. Madrid: Alberto López Aroca, 2012. 303 p.

LÓPEZ AROCA, Alberto. Cuaderno de bitácora del “Matilda Briggs”: cinco ensayos sherlockianos y una carta. Albacete: Academia de Mitología Creativa “Jules Verne” de Albacete, 2006. 52 p.

ELDRITCH, Norm. La rata gigante de Sumatra en el oeste. Traducción de Alberto López Aroca; ilustración de portada de Sergio Bleda. Madrid: Academia de Mitología Creativa “Jules Verne” de Albacete, 2012. 48 p. Bisonte futuro; 95.