lunes, mayo 25, 2015

Isabel de Egipto, o el primer amor de Carlos V (1819), de Ludwig Achim von Arnim



El escritor Ludwig Achim von Arnim (1781-1831) fue uno de los más importantes escritores del movimiento romántico alemán, a mi gusto el más apasionante y enloquecido de entre todos los países que vivieron esta ola que dejó tras de sí no sólo enfebrecidas historias de amores imposibles y eternos, sino de manera especial una colección de obras de género fantástico prodigiosas, en las que los elementos sobrenaturales, macabros y tenebrosos se aliaban con un sentido epicúreo de la vida, con la diversión más desenfrenada y en conjunto con una visión lúdica y siempre extraña y esquinada de la vida. Más allá del género gótico, el romanticismo llevó la literatura fantástica a límites que hoy se ven constreñidos a cercados terminológicos más pobres, más acotados, como si el fantástico en sí fuera demasiado difícil de catalogar y mejor fuera encerrarlo en pequeñas y tristonas parcelitas: terror, ciencia ficción, criminal, espada y brujería… Hubo un tiempo en que todo esto valía para una sola obra, en el que los márgenes los imponía la imaginación del autor, en el que la más tenebrosa de las novelas podía contener en su interior momentos para la burla despiadada o la más gratificante y optimista diversión. La tradición del fantástico de raíz europea goza de poco crédito en la actualidad, algo incomprensible comprobando la incombustible modernidad de autores contemporáneos a Arnim como son los gigantescos Joseph von Eichendorff o Ernest Theodor Amadeus Hoffmann, por citar dos de mis favoritos, cuyo irreverente y marginal trazo es posible rastrear en la literatura fantástica de raigambre europea más arriesgada hasta la época actual.

Su novela Isabel de Egipto, o el primer amor de Carlos V (Isabella von Ägypten, Kaiser Karl des Fünften erste Jugendliebe, 1819) funde todas las constantes del movimiento romántico en ella: novela histórica anclada en un pasado idealizado, notas grotescas y divertidas entreveradas en el relato de una gran pasión amorosa, y un arrollador tono fantástico en el que las brujas, los homúnculos y las criaturas más increíbles procedentes de la cultura popular adaptadas por un moderno sentir conviven con los personajes más realistas, incluso con los de carácter histórico, con la naturalidad más chocante y maravillosa que podamos imaginar. Un mundo en el que lo sobrenatural no parece serlo porque es lo cotidiano. De esta forma la novela arranca con la bella joven Isabel, cuyo padre ha sido ajusticiado, viviendo oculta en una villa abandonada haciéndose pasar por un fantasma para que nadie más la habite y así poder pasar sus días sin ser molestada en soledad. La vieja Braka, una gitana como Isabel, cuida de ella y la visita todos los días. Y por una casualidad impredecible el entonces aún príncipe Carlos, el futuro emperador, pasa por la quinta y decide pernoctar en ella retando a los espíritus que sabe habitan allí. Por supuesto los dos jóvenes se enamoran, si bien el joven Carlos en ese primer encuentro huye despavorido de la casa pensando que en verdad ha visto a un espectro, por más bello que sea su apariencia. Comienza así un relato de encuentros y desencuentros entre los amantes, de búsquedas y equívocos que bascularán del drama a, de forma más insistente, la comedia. El relato se inunda de criaturas fantásticas que conviven con las demás casi en cordial entendimiento, o cuando menos sin provocar demasiada extrañeza en el resto de comunes mortales: lo dicho, es normal pasear con un homúnculo de un brazo y un golem femenino del otro.


“Y el más extravagante grupo, formado por una vieja bruja, un difunto que tenía que hacerse pasar por un vivo, una hermosa muchacha de arcilla y un joven sacado de una raíz se sentó en solemne armonía, albergando grandes ideas sobre la felicidad de la vida que en aquel momento se disponían a empezar, sobre tesoros, heroicidades, y dinero para francachelas, (…).” (p. 113)

La novela adopta en ocasiones el tono cruel y despiadado de los cuentos antiguos, donde, como hemos dicho, lo fantástico coexiste con lo real y lo cotidiano con total naturalidad. Pero también, como podemos comprobar cuando nuestros héroes llegan a la feria de un pueblo por el que pasan en su camino, capaz de transformarse en un vodevil romántico y delirante, donde la aventura toma un carácter muy divertido, tanto que por momentos pareciera una comedia cinematográfica de los años 30, una screwball comedy arrolladora capaz de dejarte sin respiración por su desatada imaginación y su acción incontenible. El torpe acercamiento de los jóvenes enamorados, las tonterías y disparates sin igual del homúnculo, los tejemanejes de las brujas o la absolutamente genial Golem Isabel, la doble de barro de nuestra heroína, casada con el caprichoso homúnculo creyendo este que es la auténtica…En su estructura la obra ni tan siquiera olvida esa convención novelística de la época de incluir un relato dentro del relato general. Las sombras de Cervantes y de los relatos de Las mil y una noches, más que otras que pudieran citarse también, se cernían poderosas e influyentes sobre los románticos alemanes. Delirante y genial, cuento romántico y macabro, relato histórico y cuadro de costumbres, drama y diversión, como en los mejores autores románticos germánicos Arnim acaba proponiendo, pese al devenir no siempre amable con sus protagonistas, un canto a la vida, entendiendo esta no sólo como algo gozoso, sino como un claroscuro de alegrías y tristezas. Sus detalles fantásticos no nos alejan jamás de la profundidad de la naturaleza humana, cambiante y multiforme, que Arnim refleja en sus palabras. Toda una maravilla, esta es también una lectura feliz teñida de sombras y oscuridad: en su visionaria concepción del mundo hay más verdad que en la más realista y fotográfica de las novelas.


ARNIM, Ludwig Achim von. Isabel de Egipto, o El primer amor de Carlos V. Traducción de Alfonsina Janés. Barcelona: Bruguera, 1982. 191 p. Libro Amigo; 922. ISBN 84-02-08820-1.

ARNIM, Ludwig Achim von. Isabela de Egipto: un amor de juventud de Carlos V. Introducción y traducción de Ana Isabel Almendral. Madrid: Valdemar, 1999. 174 p. El Club Diógenes; 122. ISBN 84-7702-274-7. 

martes, mayo 19, 2015

Los mejores relatos de ciencia ficción: la era de los clásicos 1946-1955, compilación de Michael Ashley (1976)



El británico Michael Ashley continúa con su historia de las revistas de ciencia ficción en este segundo tomo (tercero en realidad, pues como vimos en la reseña del anterior, AQUÍ, la editorial Martínez Roca no publicó el primero de ellos). En el prólogo, Introducción: de la bomba atómica al boom, Ashley da un magnífico repaso a toda una época pletórica de publicaciones periódicas con el género de la ciencia ficción alcanzando uno de sus momentos más brillantes. Cuando todo, o al menos casi todo, era descubrimiento y abrir caminos futuros. En Los mejores relatos de ciencia ficción: la era de los clásicos (1946-1955) también veremos iluminado este fascinante recorrido histórico con una selección de diez relatos, uno por cada año, hasta completar esta década de prodigios y maravillas. De nuevo el nivel de los cuentos es abrumador, y aunque hay algunos que me han resultado más deslumbrantes que otros, en conjunto son una delicia tanto si suponen una relectura como si uno se enfrenta a ellos por primera vez.


Astounding Science Fiction, abril 1946.
Portada: William Timmins.
(Todas las portadas de las revistas de ciencia ficción están extraídas de la magnífica web 
The Internet Speculative Fiction Database, ISFDB, AQUÍ)

Monumento conmemorativo (Memorial, publicado en la revista Astounding Science Fiction en abril de 1946) de Theodore Sturgeon es el que abre esta selección. Producto y reflejo modélico de la época, con el fin de la Segunda Guerra Mundial y con el horror de la bomba atómica presente y real en cada hogar norteamericano, el género se llena de historias de advertencia ante el monstruo que se acaba de desencadenar. El espanto nuclear alarga sus tentáculos hacia el futuro, cebándose en las generaciones por venir, y Sturgeon construye su relato con la firmeza narrativa y la fuerza admonitoria precisas para que su mensaje sea efectivo y estremecedor.


Fantasy, agosto 1947.

En Los fuegos internos (The Fires Within, en Fantasy, agosto de 1947), Arthur C. Clarke narra el descubrimiento de una civilización que vive bajo la corteza terrestre. Tratándose de Clarke, no iba a quedarse en el habitual relato de tribus viviendo en cuevas y corriendo a lo loco por túneles subterráneos como los protagonizados por Tumithak, por ejemplo, en las simpáticas aventuras escritas por Charles R. Tanner. Son criaturas adaptadas a las condiciones internas de la Tierra, donde se mueven a través de la roca como los peces en el agua. Guarda un sorprendente giro final, un cambio de perspectiva que enriquece el conjunto con el trasfondo del descubrimiento del otro, de percibir e intentar desentrañar y comprender aquello que nos es ajeno.


Starling Stories, marzo 1948.
Portada: Earle Bergey.

No mire ahora (Don’t Look Now, en Starling Stories, marzo de 1948) de Henry Kuttner es pura conspiranoia: marcianos que no podemos ver nos controlan. Cada acto, cada decisión, cada movimiento de los humanos es vigilado de manera personalizada por ellos. Y si por casualidad o accidente descubres a uno (su tercer ojo que se abre en la frente quizá sea en exceso revelador y difícil de ocultar) serás eliminado. Un concepto muy similar al utilizado en la serie Doctor Who con las criaturas del Silencio, con su ciencia ficción cuántica llevada a su más prístina extensión: si no los ves, no existen.


Thrilling Wonder Stories, octubre 1949. 

Calidoscopio (Kaleidoscope, en Thrilling Wonder Stories, octubre de 1949) es un hermoso y fascinante relato de Ray Bradbury en el cual los tripulantes de una nave espacial que ha reventado por todas partes lanza al espacio a toda su tripulación. Con imágenes tan poderosas como la de los humanos saliendo despedidos del navío sideral asemejando la estela de un barco en el mar, las chispas de un cohete de feria o los restos de un cometa, o esa otra en verdad imborrable de uno de los hombres quedando atrapado con su traje espacial en el camino de unos asteroides errantes que harán que su cuerpo los acompañe por siempre en su viaje eterno de ida y vuelta en órbita de la Tierra a Marte. Los supervivientes se comunican entre sí por la radio de sus trajes hasta que, cada vez más lejos unos de otros por la inercia del accidente que los ha lanzado al espacio, sólo les quede el silencio. En estos momentos finales lo mejor y lo peor de la humanidad saldrá a la luz, estrellas fugaces cargadas de historias de amor y odio que destellarán en su momento final. El maravilloso y sencillo tono poético de Bradbury confiere una inconmensurable belleza a este relato sobre qué es morir en un universo tan enorme que no puede sino ignorarnos.


Galaxy Science Fiction, noviembre 1950.
Portada: Don Sibley. 

También hay espacio para el humor desopilante y macabro, en un tono que poco después las revistas de cómics de la EC harían inmortal, con El hombre: cómo servirlo (To Serve Man, en Galaxy Science Fiction, noviembre de 1950) de Damon Knight. Los Kanamit, una raza de cerdos antropomorfos del espacio exterior, llegan a la Tierra en son de paz a traernos increíbles adelantos técnicos y científicos, alucinantes regalos que reportarán una edad de oro a la humanidad, o cuando menos la oportunidad de iniciar una. El aspecto ridículo y chistoso, pese a su inteligencia superior, de los Kanamit hará que acaben siendo aceptados tras unas balbuceantes muestras de rechazo iniciales. ¡Son tan adorables! Y es cierto: han venido aquí para servir al hombre… Este relato, con guion de Rod Serling, sería adaptado para la mítica serie The Twilight Zone: es el episodio 24 de la tercera temporada, To Serve Man, una entrega magnífica donde el cambio de aspecto de los alienígenas no altera para nada el efecto demoledor de la historia.


Super Science Stories, junio 1951.
Portada: Van Dongen.

Un extraterrestre que ha llegado a la Tierra casi casi como lo hiciera Superman, y que tiene casi casi dos corazones como el Doctor Who, se encuentra varado en nuestro planeta. Este es el punto de partida de ¡Cuidado, terrestre! (Earthman, Beware!, en Super Science Stories, junio de 1951) de Poul Anderson. Debido a su increíble inteligencia (me encanta cómo en estos relatos clásicos los extraterrestres son casi siempre superiores en todos los sentidos a los humanos, un arma magnífica para sacar a relucir nuestros defectos y miserias como especie), este visitante a la fuerza se convierte en un científico único y prodigioso, pero condenado a la soledad precisamente por esto mismo. La desesperada búsqueda de los suyos guía sus pasos finales sin saber que quizá encontrarlos sea tan terrible como permanecer en la Tierra: sin un lugar propio donde permanecer, aislado en territorio hostil, conocer la verdad le hará conocedor de una fatal ironía. Anderson confiere de manera magistral a su relato una atmósfera crepuscular de tristeza y melancolía que resulta emotiva hasta el temblor, perfecta para su amargo desenlace.


Amazing Stories, junio 1952.
Portada: Walter Popp.


Amazing Stories, abril-mayo 1953.
Portada: Barye Phillips. 

Vuelan muy alto (They Flight so High, en Amazing Stories, junio de 1952) es otro excelente relato de esta compilación sencillamente mareante por su calidad. Dos hombres quedan atrapados en la opresiva atmósfera de Júpiter, aislados con sus trajes espaciales frente al gigante imposible, hablando de libertad a las puertas de la muerte, descubriéndola en el lugar más inhóspito imaginable. Las descripciones del planeta son un prodigio, y el diálogo enfrentado de sus dos protagonistas es absorbente y conmovedor. Algo muy parecido sucede también al terminar la lectura del apocalíptico El último día (The Last Day, en Amazing Stories, abril-mayo de 1953) de Richard Matheson. Quizá lo único que uno desee hacer cuando llegue el final de todas las cosas sea el acto más sencillo y hermoso de todos. Cuando la locura y el descontrol se hayan adueñado del planeta ver un rostro amado y reconciliarse con él tal vez sea nuestra única esperanza de redención.


Galaxy Science Fiction, abril 1954.
Portada: Ed Emshwiller.

Si hasta aquí esta antología se me estaba antojando sensacional, todavía me quedaban alegrías infinitas por disfrutar. Porque así y no de otra manera puedo describir lo que sentí al leer el fantástico ¡No tocar! (Hands Off!, en Galaxy Science Fiction, abril de 1954) de Robert Sheckley. Un relato que nos habla, casi como si no fuera acerca de eso, sobre la incapacidad de aceptar y comprender al otro, a aquel que es totalmente ajeno y distinto a nosotros. Un encuentro en un planeta perdido entre un grupo de tres humanos y un extraterrestre imposible, Kalen, presentados y descritos con el grandioso sentido del humor habitual de su autor, pero también con una profundidad y una capacidad apabullantes de detallar mundos y formas de vida alienígenas. Más maravilloso si cabe es cómo Sheckley va cambiando el punto de vista de la narración de manera constante de los humanos al bueno de Kalen, haciéndonos mirar y ver cómo mientras este no desea ningún mal a aquellos, los despìadados humanos sólo pretenden robar y matar a Kalen. No sólo la incomprensión y el rechazo de lo desconocido los lleva al mal: también la falta de respeto, el deseo de hacer daño y de destruir antes que parlamentar o conocer al otro, al extraño. Kalen demuestra tener más humanidad y estar más civilizado que los estúpidos y brutales humanos. La ironía sensacional de Sheckley es la de enseñarnos que el mal sólo genera desgracias para quien lo practica. La vida real nos convence a palos de que el bien jamás tiene recompensa, pero el gran Sheckley lanza su mensaje arrollador y lo creemos y defendemos a ciegas. Una lección de ética genial. Si además resulta muy divertida y absorbente en su desarrollo, lo que Sheckley nos ofrece es un regalo tan valioso que jamás podremos devolvérselo. Sólo nos queda aceptarlo encantados con una sonrisa que no seremos capaces de borrar de nuestros rostros.


Science Fantasy, noviembre 1955.
Portada: Gerard Quinn.

Y llegamos con profunda pena a las últimas páginas del libro con La apuesta (The Wager, en Science Fantasy, noviembre de 1955) de E. C. (Edwin Charles) Tubb, una historia que bien podría haber servido de inspiración argumental a la película Depredador (Predator, John McTiernan, 1987) y a su vez haber tomado su premisa inicial de la soberbia El malvado Zaroff (The Most Dangerous Game, Irving Pichel y Ernest B. Schoedsack, 1932). De maneras sencillas y elegantes, Tubb desgrana su relato sin prisas, entremezclando el punto de vista de un detective humano, Tom Mason, encargado de investigar el caso de un terrible asesino que va dejando cadáveres sin cabeza por toda la ciudad, la perspectiva del mismo desde los ojos de un extraterrestre de vacaciones en la Tierra que se ve implicado en la trama criminal, Gort Holden, y además el de los asesinos, pues son varios y no un cazador en solitario, unos alienígenas que han venido a practicar la caza deportiva en nuestro planeta. Un colofón divertido al tiempo que angustioso y con un punto salvaje que lo hace encantador. Un desenlace perfecto para este viaje que bajo el mando de Michael Ashley ha resultado del todo alucinante.
  

ASHLEY, Michael (comp.). Los mejores relatos de ciencia ficción: la era de los clásicos (1946-1955). Introducción y compilación de Michael Ashley; traducción de César Terrón. Barcelona: Martínez Roca, 1979. 319 p. Súper-Ficción; 50. ISBN 84-270-0547-4. 

martes, mayo 05, 2015

Los mejores relatos de ciencia ficción: la era de Campbell 1936-1945, compilación de Michael Ashley (1975)



Me gustaría dejar claro desde el principio que todos los relatos de este volumen ya clásico en la historia de la ciencia ficción me han encantado. Unos más y otros algo menos, soy humano para mi desgracia, pero en conjunto he disfrutado de lo lindo con la lectura de este libro. Y en especial de su apasionante prólogo, Introducción: el auge de la ciencia ficción, escrito por el autor de la presente compilación, el británico Michael Ashley, un erudito que plantea un recorrido en verdad arrebatador por la historia de las revistas pulp de este género. Este es el primero de los tres volúmenes (ver aclaración a este respecto al final de la reseña) que dedicaría a narrar esta aventura literaria, los cuales llevan del año 1936 hasta el 1965, cada uno con una introducción que supone todo un caudal de información expuesto de la manera más divertida y amena que cabe imaginar e iluminado con una selección de cuentos, uno por cada año. Este que nos ocupa está centrado en la primera década de este período: de 1936 a 1945. Y su introducción es un reflejo perfecto de esta época convulsa y maravillosa del despegue de las publicaciones periódicas pulp.


Thrilling Wonder Stories, agosto 1936.
(Todas las portadas de las revistas de ciencia ficción están extraídas de la magnífica web 
The Internet Speculative Fiction Database, ISFDB, AQUÍ)

El relato que abre la selección pertenece a uno de los más grandes escritores de ciencia ficción, Stanley G. Weinbaum, cuya corta vida seguro nos privó de obras maestras al nivel de la colección de cuentos que dejó tras de sí. Una carrera modélica y ejemplar conformada por una joya tras otra. El círculo de cero (The Circle of Zero, publicado en la revista Thrilling Wonder Stories en agosto de 1936) es una bonita, curiosa y loquísima historia que propone una peculiar manera de viajar en el tiempo: por medio de la hipnosis. Planteando que el infinito conlleva que nuestras existencias y la de todo lo existente antes, ahora y después de nuestro devenir por fuerza deben repetirse al menos una vez siguiendo la lógica de que en la eternidad todo tiene cabida, hasta la reiteración de cualquiera de nuestros actos más cotidianos, Weinbaum nos embarca en un viaje al pasado y al futuro más lejanos narrado con esa fascinación que conlleva el hollar paisajes entonces aún casi vírgenes.


Astounding, julio 1937.
Portada: Howard V. Brown.

La ascendencia inglesa de Ashley hace que en su selección abunden los autores de esta nacionalidad. Genial para nosotros pues estos nombres son precisamente los más obviados en las compilaciones de este tipo. Ejemplo de esto son los autores del segundo relato, Eric Frank Russell y Leslie J. Johnson, El buscador del mañana (Seeker of Tomorrow, en Astounding, julio de 1937), una fantástica narración inspirada en La máquina del tiempo (The Time Machine, 1895) de H. G. Wells, uno de los escritores de referencia para estos primeros aventureros de la ciencia ficción. Nos presenta una máquina viajera que con su forma de cabina y su manera aleatoria de ir visitando los diversos lugares del futuro podría ser un precedente de la extraordinaria serie, también británica y también de ciencia ficción, Doctor Who: con su mismo toque extravagante (las vestimentas de los habitantes de la futurista ciudad utópica de Leamore, nombre que quizás sea una referencia al mítico continente perdido de Lemuria), el ansia sin fin de conocimientos de su protagonista y la idéntica capacidad de este de maravillarse y aceptar lo ajeno y lo extraño tal que nuestro admirado Doctor. Y como es habitual en esta serie única, este excelente cuento nos deja una sensación en la que se confunden la felicidad provocada por el anhelo de la búsqueda y los descubrimientos siempre posibles con la melancolía al no poder continuar con su héroe el periplo futuro que promete su magnífico final abierto.


Marvel Science Stories, noviembre 1938.
Portada: Frank R. Paul.

El de Jack Williamson, El paraje muerto (The Dead Spot, en Marvel Science Stories, noviembre de 1938), tal vez sea el más abiertamente pulp, pura space-opera que arrastra en su fascinación naif. Nos lleva hasta una ciudad mecanizada de calles abisales ganadas por la oscuridad y la radiación que recuerda a la ciudad de las medusas de La legión del espacio (The Legion of Space, 1934), novela de la cual este relato por momentos asemeja un apunte narrándonos también una huida por un río, el encuentro con una bella mujer alienígena y la desesperada y al tiempo inocente historia de amor. Todo emana un hermoso romanticismo primitivo en una historia que parece no sólo el germen de la novela mencionada del mismo Williamson, sino el de todo un subgénero (que nadie entienda esto como algo peyorativo, por favor) al que siempre es emocionante volver.       


Amazing Stories, noviembre 1939.
Portada: Harold W. McCauley.

El triángulo de cuatro lados (The 4-Sided Triangle, Amazing Stories, noviembre de 1939), de William F. Temple, es un muy buen relato en el que tras el artificio científico de serie B se plantean interesantes cuestiones morales. Tenemos aquí una máquina que permite duplicar objetos, fruto del trabajo entregado de dos científicos que nos son presentados desde su infancia, con la cual también conseguirán obtener dobles perfectos de seres humanos. Uno de los inventores da vida a un doppelgänger de su amada pues no le corresponde en sus sentimientos por ella, pero con tal hado fatal que la duplicada tampoco lo quiere: ¡por algo es su réplica exacta! El sacrificio por quien se ama con pasión pero de una forma egoísta, la desesperación por lograr ser correspondido en el amor hasta tal punto que lleva a la ceguera emocional, tríos que son cuartetos y parejas de tres personas formando relaciones complejas y difíciles… Un cuento al fin en el que lo romántico en su sentido más clásico y enfebrecido es el verdadero motor de la acción, arropado en un planteamiento imposible fuera de la más estricta fantasía. Una historia que conmueve en la cual acaba venciendo la sensación de que no hay nada más difícil que colmar los anhelos más profundos del ser humano. Al terminar de leerlo, vi la película que basada en este relato dirigiera Terence Fisher en el año 1953, Four Sided Triangle, con guion del propio Fisher y Paul Tabori. Aunque la mayor parte de la idiosincrasia y la complejidad de los personajes se pierde, así como lo más complejo de su trama, no deja de ser un filme muy bonito de ver, de entre lo mejor de su director antes de que reinventara los mitos clásicos del terror de la Universal y creara otros nuevos a través de la Hammer.


Planet Stories, otoño 1940.
Portada: Albert Drake.

Ashley selecciona del año siguiente El solitario de los anillos de Saturno (Hermit of Saturn’s Rings, en Planet Stories, otoño de 1940) de Neil R. Jones, una entretenida historia con marcado acento aventurero. Los mejores momentos se encuentran en los ataques que una extraña niebla blanca que se arrastra entre los asteroides de Saturno realiza a la nave espacial City of Formar, en la que viaja el anciano pero peleón Jasper Jezzan, el protagonista. El satélite hueco dentro del cual este acaba ocultándose huyendo de la dichosa niebla es una idea bonita pero algo desaprovechada, sin que esto importe demasiado a la hora de disfrutar con placer de su lectura. El abismo (The Abyss, en Stirring Fantasy Fiction, Stirring Science Stories según la ISFDB, febrero de 1941), de Robert A. W. Lowndes, es un simpático relato de tintes lovecraftianos en el cual unas horrendas criaturas acechan en el abismo del título. Quizá lo más curioso estribe en que el acceso a este mundo de pesadilla se encuentra en los dibujos de una alfombra… Allá arriba (Up There, en Science Fiction Quarterly, verano de 1942), de Donald A. Wollheim, está basado o inspirado en las delirantes teorías de Charles Fort del “cielo habitado”. La trama consiste en cómo su viejo protagonista pretende con su avión, un aparato nazi derribado en combate, reformado lanzarse allende las nubes en busca de ese otro más allá localizado un poco por encima de nuestras cabezas. Es imposible no sentir afecto por esta sencilla historia.


Fantastic Adventures, julio 1943.
Portada: Harold W. McCauley.

Con un tono divertido y satírico, no exento de cierta crueldad más que de agradecer, se desarrolla Casi humano (Almost Human, en Fantastic Adventures, julio de 1943), de Robert Bloch bajo su seudónimo de Tarleton Fiske pues ya publicaba en este mismo número de la revista otro relato bajo su nombre real, un cuento de factura lineal y sin complicaciones pero de una efectividad tremenda. El robot que acaba siendo educado en el camino del mal nos inspira tanta compasión como pavor. Aunque en su horrible acto final no podamos evitar estar de su parte…


Starling Stories, verano 1944.
Portada: Earle Bergey.

El británico John Russell Fearn nos trae en El transgresor del tiempo (Wanderer of Time, en Starling Stories, verano de 1944) una narración de transgresiones temporales más allá de la muerte y de venganzas imposibles a través de los eones un poco al estilo del relato de Weinbaum que abría el volumen. Lo más sorprendente es descubrir de su mano en qué terminará la evolución de la especie humana.


Astounding Science Fiction, septiembre 1945.
Portada: William Timmins.

Y este primer tomo de los tres que conforman la historia de las revistas de ciencia ficción de Michael Ashley termina con el magnífico cuento El poder (The Power, en Astounding Science Fiction, septiembre de 1945). Estructurado de forma epistolar sobre “textos latinos del siglo XV”, unas cartas que muestran cómo la ciencia extraterrestre es considerada magia demoníaca en la Edad Media, Murray Leinster da toda una lección de estilo y clase con esta soberbia narración. El desesperanzado tono del alienígena protagonista es todo un hallazgo, no por su originalidad sino por su perfecta materialización, y trabajando sobre esta idea Leinster construye un relato apasionante, de excelente factura y muy divertido también, pues su autor sabe dosificar lo chocante de ciertas situaciones con lo triste y descorazonador de su mensaje. Un cierre sensacional para un libro que hemos disfrutado infinito y que nos ha dejado impacientes por comenzar la lectura de los dos tomos restantes.

Nota aclaratoria. En el facebook de LA DÉCIMA VÍCTIMA el gran Rubén Soto nos ha hecho una aclaración sobre estas compilaciones de Michael Ashley facilitándonos esta información: eran cuatro tomos, siendo el primero el dedicado al período 1926-1935, volumen que la editorial Martínez Roca decidió no publicar. AQUÍ podéis consultar su contenido, del cual podemos disponer de alguna traducción gracias a La Biblioteca del Laberinto. ¡Muchas gracias, Rubén!

ASHLEY, Michael (comp.). Los mejores relatos de ciencia ficción: la era de Campbell (1936-1945). Introducción y compilación de Michael Ashley; traducción de Jordi Arbonés. Barcelona: Martínez Roca, 1977. 396 p. Súper-Ficción; 19. ISBN 84-270-0409-5.