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viernes, agosto 01, 2014

Barsoom: la revista del pulp y la literatura popular, número 11 (primavera 2010)


Es sencillamente fantástico que este número de Barsoom dé inicio nada más y nada menos que con nuestro admirado Harry Stephen Keeler. Javier Jiménez Barco escribe una perfecta introducción tanto al escritor como a su obra, que en su caso lo primero también es importante: Estrambótico y sorprendente Harry Stephen Keeler. Un paseo quizá algo breve (de lo que nos gusta siempre queremos más, vaya, qué os voy a decir), pero desde luego suficiente para un primer acercamiento al que sin duda es uno de los escritores más raros del mundo. Y para redondear la satisfacción, a continuación se incluyen dos cuentos del maestro. Los servicios de un experto (The Services of an Expert, publicada en la revista 10 Story Book, de la cual Keeler fue editor de 1919 a 1940, en septiembre de 1914) es un buen relato, llevado con brío e interés y con un final sorpresa tan encantador como divertido. Una muestra perfecta, en pequeñito, del mejor Keeler. Del mismo también haría una versión en forma de minúscula pieza teatral que se publicaría en el año 1920 en la página editorial del semanario Chicago Ledger. El segundo relato, El expreso del valle pasa a su hora (Valley Express on Time, publicado por primera vez en el Ohio Farmer en 1913, después en la revista 10 Story Book en febrero de 1923), aunque escrito un año antes que el anterior es un buen ejemplo del Keeler más rebuscado y artificial. Si en el primero sorprendía la naturalidad con la que nos introducía en el engaño, aquí sucede lo contrario: todo es forzado y se nota la mano del autor empujando a sus personajes para que todo encaje en la sorpresa final. Pero no importa: Keeler también es así. Y ambas caras nos gustan.


Harry Stephen Keeler. Gran cantidad de fotografías en la página de Mark Allen dedicada a nuestro héroe, AQUÍ.

No puedo decir lo mismo de Sax Rohmer, un escritor que me suele aburrir bastante. Cierto que sus malévolos personajes orientales tienen su encanto, como es el caso de la protagonista de La llave del templo del cielo (The Key of the Temple of Heaven, publicado en The Story Teller en 1916), pero también este relato es una prueba un pelín dolorosa de sus limitaciones: trama de una simpleza soporífera, personajes adocenados, predecible hasta la extenuación y de una pobreza y una incapacidad notables a la hora de atraparnos en un ambiente de aventura o misterio. Siguen las secciones habituales de la revista: la reseña (más bien un resumen sin aparato crítico) del número 3, Buitres del mar, de la serie de libros Pabellón Negro obra de Arnaldo Visconti (Pedro Víctor Debrigode) de la mano de Alfredo Jiménez Cruz; y la segunda entrega de Tarzán: la aventura perdida de Edgar Rice Burroughs (acompañada de algunas ilustraciones de Tom Yeats). El artículo Mike Palabras: un héroe inclasificable, de José Ignacio Martínez Ruiz, dedicado a este más que atípico personaje dentro de la novela popular española es excelente en cualquier sentido: toda la información deseable sobre los diversos autores de la serie y comentarios a sus obras. Modélico en su combinación de pasión y documentación sin ceder a una fácil exageración reivindicativa.

Dos contra Tiro (Two Against Tyre) de Robert E. Howard es la dosis habitual en Barsoom del autor texano que hará las delicias de sus fans y que al resto de los mortales, qué demonios, nos resulta entretenido de verdad. La ambientación histórica no es más que un cambio de escenario para la ración esperada de leñazos que Howard sabía contar tan bien. Las páginas siguientes están dedicadas al gran H. P. Lovecraft (cada cual con su altar particular, es cierto). Tanto Fantasmagorías de linterna mágica de Óscar Mariscal, A propósito de los denominados “fenómenos paranormales” de Lovecraft, como Las casas de duendes de Providence, de nuevo de Mariscal, ya los habíamos leído en el libro El fantasma de la mansión Guir (The Ghost of Guir House, 1897) de Charles Willing Beale, en el cual se incluían complementándola. Nunca está mal volverlos a leer. 

Ya he comentado alguna vez (AQUÍ) que Lin Carter y Lyon Sprague de Camp no es que sean el colmo de la originalidad en sus historias adaptando e inventando nuevas aventuras para  Conan, el personaje de Robert E. Howard. Pero resultan efectivos y entretenidos y en La joya en la torre (The Gem in the Tower) una vez más consiguen ambas cosas con una aparente facilidad que no hace sino hablar muy bien de su trabajo. No es que el murciélago humano oculto en la torre de un mago y su secreto nos parezcan algo interesante. Ni siquiera con Conan de por medio. De ahí el mérito de los autores de este relato: consiguen atraparnos pese a nuestro desinterés inicial y nos conducen, con moderada emoción pero creciente atención, a través de una trama poco original pero con la magia que mantiene lo ya sabido cuando es narrado con clase y estilo. 


Strange Tales, octubre de 1932, cubierta de H. W. Wesso.

Y llegamos a una estupenda sección, para mí una total debilidad: Investigadores de lo oculto, centrada en esos personajes que se dedican a labores detectivescas relacionadas siempre con asuntos fantásticos y extraños. Esta vez el protagonista es Philip Hastane, creado por el magnífico Clark Ashton Smith. Hastane no es que sea el consabido detective de misterios, sino un artista, trasunto del propio Smith, que se ve envuelto en aventuras sobrenaturales. Javier Jiménez Barco de nuevo se encarga de escribir una excelente introducción al personaje incluyendo un repaso por todos los relatos protagonizados por él. Y como colofón al mismo se incluye Los cazadores del más allá (The Hunters from Beyond, publicado en Strange Tales en 1932). No es el Ashton Smith más evocador, capaz de esas evanescentes ensoñaciones terroríficas que nos apasionan, el que encontramos en esta ocasión, pero su capacidad para llevarnos en un solo párrafo a las puertas del horror se presenta poderosa hasta en este sencillo cuento. Y además se acompaña con ilustraciones de Virgil Finlay, así que no podemos pedir más. Complementa este apartado dedicado a Hastane un fragmento de una aventura protagonizada por él que Ashton Smith dejara inconclusa: La música de los muertos (The Music of the Dead).


Ilustración de Frank R. Paul.

Un breve y efectivo relato de terror de Carlos Saiz Cidoncha, La cueva del lobo muerto, escrita a la manera de “un suceso real” (o al menos así se me ha antojado), pone fin a la Zona Weird de la revista, la dedicada a la fantasía y el horror. La Zona Antares, la de ciencia ficción, se abre con una breve reseña dedicada a la utopía Montañas, mares y gigantes (Berge, Meere und Giganten, 1924) de Alfred Döblin: La fuerza de los volcanes islandeses en una novela oscura, barroca y salvajemente exuberante, de Augusto Uribe. Un espectacular portafolio de ilustraciones de Frank R. Paul ocupan las páginas siguientes. Son las que realizara para la novela de Hugo Gernsback Ralph 124c 41+: A Romance of the Year 2660 (1911), que por desgracia no he tenido la oportunidad de leer.


Startling Stories, otoño de 1954, cubierta de Alex Schomburg.

El manual de matrimonio (The Marriage Manual, publicado en Startling Stories en 1954) es un fantástico relato de una autora que siempre logra sorprenderme: Margaret St. Clair. La Ursula K. Le Guin de los pulps nos regala esta vez una historia desconcertante que mezcla sociología y xenobiología con cambios de sexo y ese afán locuelo de conocimientos que tan bien conocemos gracias a esos científicos dispuestos a todo que en número incontable nos ha ofrecido el género, también con su pizca de avaricia impenitente en su deseo de enriquecerse con ellos como sucede aquí, con unas formas sencillas pero de alcance profundo. Adoro a esta escritora, así que quizá me ciegue la pasión. Bienvenida sea.


Future Combined with Science Fiction Stories, mayo de 1951, cubierta de Leo Morey.

Firmado por Redacción de Barsoom, de nuevo tenemos ahora otra fantástica presentación de una serie de novelas que no puede resultar más prometedora: Dominic Flandry: espía intergaláctico. Confieso que no tenía ni idea de este personaje creado por Poul Anderson, pero sólo ya con el repaso breve a sus aventuras he disfrutado. Y como siempre en Barsoom, nada mejor para ilustrar un buen artículo que incluir un relato protagonizado por el héroe reivindicado. En Enemigos honorables (Honorable Enemies, publicado en Future Combined with Science Fiction Stories en mayo de 1951) es la primera vez que Flandry se enfrenta a su némesis, el agente mersiano Aycharaych de Chereion, y me ha parecido un cuento extraordinario. Primero, por presentar personajes tan apasionantes y con un “malvado” tan sensacional como el mentado agente mersiano. Y segundo, por ofrecer una de esas maravillosas historias donde la ciencia ficción va de la mano de una desbordante imaginación y una magnífica capacidad de mostrarnos otros mundos y lograr trasladarnos a ellos con una facilidad mareante. Un cierre genial que se certifica con la nueva entrega del Capitán Rido, de J. Hill y Julio Ribera, El rey de las montañas. Otra vez más Barsoom ha conseguido apasionarnos.


BARSOOM: la revista del pulp y la literatura popular. Número 11. Primavera 2010. La Hermandad del Enmascarado. 90 p.

martes, junio 10, 2014

La cara del hombre de Saturno (1933), de Harry Stephen Keeler



Jimmie Kentland es un joven periodista del Sun, el único periódico socialista de Chicago, en el cual lleva trabajando solo una semana y ya ha recibido un ultimátum de su director pues le han pisado dos noticias: ¡debe encontrar una primicia en un plazo de siete días o será despedido! Así que aquí vemos a nuestro audaz reportero en busca de esa exclusiva que lo ayudará a conservar su puesto de trabajo. En fin, estamos en el habitual contra reloj con el que el genial escritor norteamericano Harry Stephen Keeler gustaba de embarcar a los protagonistas de sus novelas. La trama se convierte así en un desesperado correr de aquí para allá buscando una solución a lo que sin remedio se acabará convirtiendo en un lío endiablado. El pobre Jimmie se encontrará con que no solo en esta ocasión deberá luchar contra el tiempo a lo largo de las páginas que se sucederán, pero sabemos que todo alcanzará un desenlace feliz. Eso sí: los múltiples caminos por los que discurrirá su vida en los dos o tres días durante los cuales se desenvuelve la historia nos resultarán tan inescrutables como sorprendentes. Tendremos un asesinato imposible con un persa atravesado por una lanza, traficantes de drogas, una oscura trama de chantaje, espionaje, venta de planos y alta traición y los personajes raros típicos de nuestro autor.


La cara del hombre de Saturno (The Face of the Man from Saturn, 1933) pertenece a la época en la cual Keeler publicaba sus novelas en la editorial Dutton, más de una década (de 1927 a 1942) que constituye su etapa de mayor éxito como escritor. La verdad es que ignoro si fue mucho o poco, pero desde luego sí más que el que logró entrados ya los 40. La trama en esta ocasión, aun liosa con ganas, no es tan enrevesada, descabellada y delirante como en otras de sus obras, pero eso no impide que sea disfrutable al máximo y que nos vayamos a librar de la consabida dosis de delirio. La primera vez que la leí me dejé llevar por el título y pensé que el bueno de Keeler se había lanzado con la ciencia ficción, y no es así. Bueno, no y sí, porque en mitad de la novela incluye un relato, siendo esta otra característica de nuestro amado autor (el relato incluido podía ser suyo o a veces de su esposa, Hazel Goodwin, o bien tratarse de un poema o de más de un relato o…), que sí podríamos considerar perteneciente a este género, o al menos colindante con él: La extraña historia del dólar de John Jones. Un pequeño clásico de Keeler cuya inclusión está justificada en la trama, por descontado, pero bien es verdad que de esa manera tan keeleriana de que podría ser este u otro cualquiera. En fin, esta historia del dólar de John Jones es un cuento fantástico, en todas las acepciones del término, que da inicio el día 201 del año 3235 de la Era Cristiana. Es todo un destilado de las maneras de su autor, perfecto para conocer tanto sus virtudes como sus defectos, aunque la trama de puro delirante acaba siendo entrañable, con su estilo tan espeso como absorbente (ayudado sin duda por el estilo del propio traductor, el sempiterno Fernando Noriega Olea, sufrido y brillante porque vaya tarea tenía encomendada, sin duda difícil) y la tesis descabellada de su propuesta, que no es otra que la demostración del triunfo del socialismo a partir del ingreso de un dólar en el Primer Banco Nacional de Chicago en el año 1935. (Dos jóvenes autores de cómic españoles realizaron una curiosa adaptación de este relato. Fue publicado en el número 74 de abril de 2010, AQUÍ, del imprescindible boletín Keeler News. Nos comentan que andan ahora mismo enfrascados en una nueva versión del mismo que completará un álbum de historietas dedicadas al maestro).

Aunque el premio al momento alucinógeno made in Keeler se lo lleva esa descalabrante idea de que París se encuentra rodeada de campos minados para protegerla, en caso de guerra, de ataques por tierra. Estas minas se pueden hacer estallar desde unas estratégicas cámaras de explosión ocultas, las cuales serán el detonante, valga la redundancia, del lío de traición y extorsión al que asistiremos estupefactos debido al tejemaneje que se traen los aviesos malvados de la función con sus planos. Premio repartido ex aequo con la nota incluida en la página 163: un aviso al lector que insta a que nos detengamos e intentemos solucionar el enigma planteado en la novela. No hace falta avisar de que ni os molestéis en intentar esclarecer ni tan siquiera la más exangüe línea de la trama, pues resulta del todo imposible adivinar nada porque, de manera literal, faltan todos los detalles, los cuales Keeler nos empezará a desvelar justo después de este aviso.      


Aunque se multiplican las coincidencias increíbles en su desenlace, como no podía resultar de otra forma leyendo a quien estamos leyendo, no deja de ser una novela “de las más normales” de Keeler en el sentido de que no cae en las digresiones comunes en él. Va al grano, no se desvía de la trama principal ni un ápice (ya sabéis qué quiero decir: hay digresiones, claro, pero sin disparatarse, lo cual no necesariamente es un punto a favor…) y cumple con el final feliz de rigor. La acción se concentra en Chicago, el Londres americano, su panel de juegos favorito, y la trama, como he indicado, es sencilla y está bien hilvanada, no resultando tan enloquecida como, por ejemplo, la hace poco comentada Enbusca de X-Y-Z. Digamos pues que La cara del hombre de Saturno es una novela de misterio más convencional sin dejar de ser una novela de Keeler. Kentland es el protagonista ultratípico en sus obras, un periodista buenazo y bienintencionado con enormes apuros económicos que se ve envuelto en un lío endiablado sin saber cómo y que tiene el tiempo contado para no ser arrastrado por la desgracia definitiva. Keeler mismo fue editor de una revista, 10 StoryBook, y conocía bien los entresijos de este mundo. 


Portada tomada de la excelente página Acotaciones de un lector de folletines.


 Portada tomada de la simpar página Harry Stephen Keeler Society.

KEELER, Harry Stephen. La cara del hombre de Saturno. Traducción de Fernando Noriega Olea. Madrid: Instituto Editorial Reus, 1946. 261 p.    

lunes, mayo 12, 2014

En busca de X-Y-Z (1943), de Harry Stephen Keeler




“–¡Espera! –dijo Caleb. –¿Sabes tú hacer novelas, Ezra?
–¡Nada de eso Caleb! ¡Ni siquiera vivirlas!” (p. 34)


Pocos escritores encontraréis tan extraños y fuera de lo común como Harry Stephen Keeler (1890-1967). Y no por su devenir cotidiano, un hombre de vida tranquila, amante de su esposa y de sus gatos y de costumbres tan normales como pueden serlo las tuyas o las mías. Lo extravagante y lo original, con lo que esto puede tener de bueno pero también de negativo, se circunscribe a su obra, plagada de historias chocantes donde la casualidad es el motor fundamental de sus tramas. O al menos la resolución de las mismas. Su método de trabajo, explicado con detalle por él mismo en la que sin duda es su novela más popular, Noches de Sing Sing (Sing Sing Nights, 1927), consistía en lo que bautizó como webwork plot, una multitud de tramas disparadas conformando una tela de araña las cuales se unían y resolvían al final coincidiendo en una serie de casualidades imposibles y carambolas fortuitas que igual provocan admiración y asombro que sonrisas por lo disparatadas que en ocasiones pueden resultar. Él lo explicaba de manera mucho más compleja, por descontado, y leyendo cualquiera de sus novelas veréis que así era, pero como resumen orientativo y primer acercamiento a la locura absoluta que dominaba en sus novelas pues más o menos pueden valer mis torpes palabras. En busca de X-Y-Z (The Search for X-Y-Z, 1943), también publicada en EE.UU. en 1945 bajo el título The Case of the Ivory Arrow, pertenece a lo que podríamos definir como la segunda época de su obra, justo cuando deja de publicar en la editorial Dutton: su etapa de esplendor tocaba a su final y sus novelas devienen más desquiciadas que nunca. Las últimas solo encontrarían salida en la editorial española Instituto Editorial Reus, especializada en textos jurídicos, de auto ayuda y semejantes (hasta llegó a editar dos “pobres” tebeos en el año 1947, como nos indican en Tebeosfera, AQUÍ). Así, Keeler tiene novelas publicadas solo en nuestro idioma, aunque por desgracia no todas las que publicó en el suyo están traducidas al español.

En busca de X-Y-Z se abre con los habituales nombres estrambóticos que Keeler utilizaba para sus personajes, siendo el mentado X-Y-Z no un apodo o un sobrenombre, sino el nombre real del hermano del protagonista, Ezra Jenkins, un hermano desaparecido que el bueno de Ezra deberá localizar en cinco días pues si no lo consigue dará con sus huesos en la cárcel. Otro punto de partida habitual en las novelas de Keeler, donde por lo general sus héroes deben actuar a contra reloj. No llevamos ni cinco páginas cuando ya se ha desatado la locura: X-Y-Z ha dejado de dar señales de vida al irse a vivir a la ciudad de Wiscon City, quizá disgustado por un lío de tierras que ambos hermanos poseen en propiedad y en la cual crece, atención, la Ascorbia-B, un tipo de hierba “cuyo alcaloide derivado posee, entre otras muchas cualidades, la de hacer ver a los pilotos aviadores de ojos azules, más que de ordinario en la oscuridad” (p. 10). Solo los dos hermanos tienen los conocimientos necesarios para llevar adelante “su difícil cultivo.” Esto que en principio nos puede parecer un detalle de la mayor relevancia pues… En fin, Keeler despliega todo un arsenal de detalles y subtramas que van formando una red tupida en la que, creedme, uno no logra adivinar hacia dónde va aparte de que Ezra debe encontrar a X-Y-Z. Ezra parte pues hacia Wiscon para buscarlo allí. Su viaje en tren está lleno de encuentros con distintos personajes que, como siempre en Keeler, entablan delirantes conversaciones que no hacen sino liar la trama hasta puntos increíbles pero al tiempo apasionantes: uno no puede parar de leer sorprendido y de continuo desbordado por la apabullante imaginación de nuestro autor, quizá su punto fuerte y su gran valor como novelista.


Permitidme ahora un inciso al más puro estilo Keeler. Su relato The Search of Xeno fue publicado en 1922 en la revista 10 Story Book, de la que Keeler era editor, bajo el epígrafe A Mistery Story by York T. Sibby, nuestro autor usando un seudónimo para publicar en su revista. Casi cuarenta años después Keeler la reescribiría y la titularía Adventure in Milwaukee. Junto a otros dos relatos la envió a su editor español Reus para ver si se publicaban en un libro como Three Short Novels, pero nunca se llegó a editar. Este relato citado al principio ofrece un punto de partida muy semejante al de la novela que nos ocupa, pero el mismo Keeler en una nota a su traductor (“esforzado” traductor) Fernando Noriega Olea le indica que solo hay similitud en eso, en su arranque, pero en nada más. Esto, con muchos más detalles y mejor, lo explica Francis M. Nevins en su artículo On “Adventure on Milwaukee”, publicado en el boletín Keeler News nº 43 (editado por Richard Polt, podéis consultar el original AQUÍ), del cual lo que os acabo de contar en este inciso no es sino un descolorido resumen.    


Pero volvamos con Ezra Jenkins y su recién iniciada búsqueda. No voy a entrar en detalles de la historia, pues no desearía bajo ningún concepto destrozar las sorpresas de una novela que encierra muchas, pero sí os contaré algunas que no importa en demasía conocer y que os pueden servir para haceros una idea de qué tenemos entre manos. Keeler nos cuenta tantas cosas que resulta imposible adivinar cuáles son importantes y cuáles otras ni se volverán a mencionar en la historia. Esto hace que uno procure no perder detalle con la constante sensación de “ay, ay, seguro que aquí se me escapa algo.” Una tontería pensar de esta manera pues en las explicaciones finales no hay apuro: Keeler lo une y lo explica todo. O casi, porque lo que acaba ignorando queda ahí como regalo extra al lector, que queda fascinado por un detalle que a la larga resultará insustancial pero que no deja de ser hermoso quizá precisamente por ello. Un ejemplo perfecto de esto último es la descripción de la plaza donde se encuentra el hotel donde se alojaba X-Y-Z hasta el día de su desaparición: “La plaza de Leipsiger se componía en realidad de una sola casa, reflejada en una serie de espejos invisibles que se reflejaban mutuamente a su vez, de manera que se convertía en toda una línea de casas exactamente iguales.” (p. 82) ¡No me digáis que no es extraordinario! Esta idea me dejó fuera de combate durante un buen rato imaginándome calle tal. Y lo más increíble es que esta idea queda ahí en el aire, sin solución, solo un detalle loco más de ese mundo alucinante donde viven los personajes de Keeler, en el cual se entrecruzan el realismo más detallista con la visión más delirante del mismo. Otro ejemplo, pero este sí fundamental para el desarrollo de la trama, es la imposible habitación de hotel en la que se aloja Ezra al llegar a Wiscon, un cuartucho cuya ventana no tiene estores, ni cortina, ni persianas… ¡ni cristales! Todo el mobiliario es de metal, y dispone de una cuerda sujeta a una anilla para poder salir descolgándose por ella a través del hueco de la ventana hacia la calle. Pero en esta ocasión sí que disponemos de una precisa explicación de su por qué.

Keeler se detiene en todos los meandros imaginables de la historia, dejándonos tan perplejos y confusos como atrapados por la alucinante sucesión de hechos y personajes increíbles (y su obsesión por tunearlos con los más extraños modelos de gafas que uno pueda concebir). Más detalles: Ezra va a buscar a su hermano, sí, pero en su viaje en tren un desconocido le ha entregado una figurita de piedra rosa que representa a un elefante bicéfalo, el cual debe entregar en mano al yogui Ramshee, un místico vidente que lee el pasado, el presente y el futuro en una bola de cristal y que vive, cómo no, en Spirit Lane, una calle en la que solo habitan adivinadores, echadores de cartas y espiritistas. No han pasado ni un par de páginas cuando Ezra recibe una misteriosa nota, se la han dejado en el sombrero sin que él se aperciba, que le advierte seriamente de que ni por asomo se le ocurra entregar la dichosa figurita. En fin, la red de la trama se va formando y si en ocasiones la aventura parece avanzar despacio, en realidad no hay descanso en lo que se refiere a la ingente cantidad de información que Keeler va desplegando a cada párrafo. No hay manera, como he dicho, de saber si servirá todo para algo o no, pero este es el juego: si se acepta, hay que jugar. Y si se decide jugar, creedme que la diversión está asegurada.


Keeler puede fascinar con los sorprendentes, imaginativos y en ocasiones retorcidos trayectos que van conformando las tramas de su historia, pero resulta algo inconsistente en la psicología de sus personajes, quizá su gran punto flaco. Son siempre extraños y chocantes, estrafalarios, pero de personalidades algo opacas, las cuales no logran permanecer en nuestro recuerdo. Es fácil rememorar los giros increíbles y los argumentos locos de sus novelas, pero sus protagonistas suelen desvanecerse en la oscuridad. Este tal vez sea el detalle, no poco importante, que le separa de una más consistente genialidad, si bien la demuestra con creces en otros aspectos. Sus personajes terminan pareciendo sombras con disparatados nombres arrastrados por la trama, aunque esto también tiene su encanto, no dudamos de ello desde el momento en que siempre lo leemos con sumo placer, pero lamentar un poco esta realidad nos dará una idea más acertada y real de su valor como escritor y no llamaremos a engaños ni mistificaciones a aquellos que no lo hayan leído nunca y deseen hacerlo. Dar una imagen desvirtuada de Keeler no ayudará a que se le respete como autor. Hay que amarlo con sus bondades y también con sus pequeñas pegas. Y dicho esto, ojo que debo reconocer que En busca de X-Y-Z alberga en su corazón a dos de los personajes más bonitos, originales y de más probable persistencia en el recuerdo de todos los que he conocido suyos. Uno es el Triple Enigma de la Vida, el torso humano que se exhibe en el circo (sin brazos ni pies, con el cuerpo osificado, ingiriendo veneno en cada función), un hombre de perspicaz inteligencia, culto, formado y feliz con la vida que le ha tocado llevar en un dibujo lleno de humanidad en el cual Keeler brilla hasta la emoción. Y el otro, la asistente negra de este Triple Enigma, Madame Olivia Debrevois, no menos culta que aquél, una poeta con obra publicada y de una sensibilidad y corazón especiales. 

Hay más, mucho más en esta novela de Keeler, sin duda una de sus grandes obras, desde románticas asesinas que despedazan a sus amantes con un hacha hasta criminales que se ocultan disfrazados con una peluca en una habitación (con número fraccionado: 345 ½) de un hospital solo para mujeres y allí son atendidos por un personal que muestra como rasgo común el tener todos un tupido entrecejo… O la trama de la flecha, otra desquiciada delicia. Guarda Keeler para el final algunas sorpresas que, vale, algunas son sus típicas casualidades que nos hacen sonreír tal vez por resultar un poco ingenuas, desde luego atrevidas porque ningún otro escritor se atrevería a recurrir a ellas con el desparpajo que él lo hace, pero también otras que, lo digo con total sinceridad, me hicieron reír de pura felicidad por su imaginación, por cómo demonios resultaba tan genial con alguna de sus salidas, y con su sencillamente brutal detalle metaliterario, todo un gigantesco colofón que es un regalo para el lector. En conjunto, una maravilla de ingenio repleta de explicaciones finales divertidas y satisfactorias que suponen un disfrute absoluto y momentos que me dejaron, y esto no es una metáfora sino una descripción fotográfica, con la boca abierta de puro y feliz asombro. Keeler es un escritor único, ya lo dije al principio, tanto para lo bueno como para, a veces, lo malo, pero que aquí nos deslumbra con todo lo que atesora de bueno. En busca de X-Y-Z es un magistral Keeler. 

  
Imagen tomada de la genial página Harry Stephen Keeler Society.

KEELER, Harry Stephen. En busca de X-Y-Z. Traducción de Fernando Noriega Olea. Madrid: Instituto Editorial Reus, 1946. 494 p. 

jueves, abril 25, 2013

Keeler News, nº 81



Ya está disponible el nuevo número, el 81 (abril de 2013), de Keeler News, la publicación editada por Richard Polt dedicada al escritor Harry Stephen Keeler. Puedes descargarla gratuitamente AQUÍ. En la misma página de la Harry Stephen Keeler Society puedes solicitarla en papel y también hacerte con todos los números anteriores. Esta es la publicación fundamental para saberlo todo acerca de uno de los escritores más extraños y originales de todo el orbe literario. 

En este fantástico número encontraremos un artículo de William Gillespie sobre cómo construyó su novela Keyhole Factory siguiendo el método de composición en red diseñado por el propio Harry Stephen Keeler. Se incluye el alucinante mapa de la enrevesada, imaginamos, trama. ¡Ojalá algún editor español se anime a publicarla!


A continuación, un artículo de Richard Polt, The Prestidigitations of "Alphabet" Keeler, la historia de Pierre Louie Ormand Augustus "Alphabet" Keeler, tío de Harry y famoso espiritista. Hablaba con los muertos y comunicaba sus mensajes por escrito. De paso, se nos da noticia también del hermano de "Alphabet", William M. Keeler, que los fotografiaba. En fin, la familia de nuestro admirado Harry parece salida de su imaginación esquinada y fantástica.


Sigue una reproducción de una página de The Occult Digest de mayo de 1929 en la que se incluía una reseña de la novela de Harry Stephen Keeler Las gafas del señor Cagliostro.

En A Special Find Richard Polt nos cuenta detalles de cómo ha encontrado y en qué estado se halla un ejemplar de Find the Clock, edición de Hutchinson, el primer editor de Keeler, de 1927. 

Esta entrega termina con la sección habitual de cartas, la lista de nuevos y retornados miembros de la Harry Stephen Keeler Society y la siempre genial A Sentence from the Master

Y de regalo, la portada reproduciendo el póster de la película que la Monogram Pictures realizó adaptando Noches de Sing Sing. ¡Imprescindible! 



lunes, enero 31, 2011

2010 Tweet Like Keeler Competition: ¡el premio!


Bueno, ya que conté todo lo relativo a la 2010 Tweet Like Keeler Competition organizada por la Harry Stephen Keeler Society, no se hace de más compartir con vosotros de alguna manera el premio que he recibido por ganar el concurso: un ejemplar de la publicación pulp 10 Story Book: A Magazine for Iconoclasts (el número 10, volumen 32, de abril de 1934), revista que la que fue editor nuestro admirado Harry Stephen Keeler desde 1919 hasta 1940. 


En ella llegaron a publicar, aparte del mismo Keeler, escritores como Clark Ashton Smith, August Derleth, Vincent Starrett o Dashiell Hammet. Chistes, epigramas, obras en un acto y relatos, todos ellos con un toque realista, a ser posible humorístico, y como se reclamaba a la hora de pedir colaboraciones, también picantes (sex interest). En el blog Darwination Scans podéis echar un vistazo a algunas páginas (mejor escaneadas que las mías, hay que decir). Si domináis el inglés, la compilación de Chris Mikul The Best of 10 Story Book os puede resultar de gran interés. 




La esposa de Keeler, Hazel Goodwin Keeler, también colaboraba en la publicación con sus ilustraciones. A continuación os dejo las tres con las que participaba en este número.




La revista incluía fotografías de chicas ligeras de ropa cuando no sin ella. Jóvenes aspirantes a actrices o modelos que posaban como pin-ups en espera de que algún productor de esos a los que el dinero les chorrea por las orejas se fijara en ellas. Lo normal es que el que se fijara al final fuera el contrabajista de alguna banda de jazz, con menos dinero y mejor planta, pero bueno, ahí estaban intentándolo. Esos locos años treinta... Fijaos que justo la de aquí abajo es, nada y nada menos, que Ida Lupino. Solo por esta foto ya doy saltos de alegría por mi premio.





En fin, el mejor premio que uno pudiera deseear. Solo podría superarlo un viaje a aquellos tiempos, el único viaje que me haría abandonar mi cueva con placer. Pero como aún no han inventado la TARDIS, nos conformaremos con viajar hojeando libros de añejo papel. O el Keeler News, el boletín de la Harry Stephen Keeler Society editado por Richard Polt, cuyo último número, el 76, dedica un artículo al concurso. Podéis acceder a él siguiendo el enlace. 

domingo, enero 16, 2011

La décima víctima en la radio # 32: Antoinette Peské



DESCARGAR (pulsar botón derecho y seleccionar guardar destino como) Duración: 14' 41''

Entrega número 32 de nuestro repaso a toda esa literatura que en muchos casos ha quedado al margen, olvidada, pero que merece la pena recuperar, tener siempre presente. Porque quizá esto sea lo maravilloso de la literatura, ¿no? Todos esos libros de autores bien conocidos que admiramos, pero también todos aquellos que nos esperan ocultos, escondidos, aguardando su momento para asaltarnos y dejar su huella en nosotros de manera imborrable.

Emitida el 11 de enero de 2011, nuestra sección es parte del programa Los dos de la tarde de Canal Extremadura Radio. Podéis escucharla todos los martes en algún momento entre las 18:30 y las 19:00 horas.

La décima víctima habló en esta ocasión de ANTOINETTE PESKÉ (1904-1985) y su turbadora novela La caja de hueso (1931).



Creo que nunca he leído un libro tan macabro, inocente, poético, morboso e ingenuo en mi vida. La genialidad está en que todos estos adjetivos, que parecen incompatibles, resulta que aquí no lo son. Una obra maestra impactante.

Más opiniones sobre esta novela podéis encontrarlas AQUÍ (más atemperada, en el excelente blog Signor Formica) y AQUÍ (más desaforada, en Laylah: revista de cultura oscura).  

miércoles, enero 05, 2011

2010 Tweet Like Keeler Competition



Retrato de Harry Stephen Keeler, por Richard Polt


Todos los años, la Harry Stephen Keeler Society de Richard Polt venía celebrando un concurso de relatos escritos imitando al maestro de Chicago. Como confiesa el mismo Polt, en las últimas ocasiones la cosa estaba teniendo poca repercusión. Tal es así que la última convocatoria solo recibió un relato para concursar: uno del propio Polt...

Pero no hay que rendirse ante la adversidad, como bien demuestro yo mismo no abandonando este blog ni mi colaboración en la radio. Bueno, sería más exacto decir que lo mejor es rendirse y seguir uno a lo suyo, que es lo que en verdad hago.

Así, Polt decidió dar un giro al concurso y convertirlo en la 2010 Tweet Like Keeler Competition, tal vez algo más acorde con los tiempos. En mi opinión, más acorde con lo vagos que somos, al menos yo. Relatos minúsculos que no podrían sobrepasar los 140 caracteres máximo que es de rigor en eso del Twitter tomando como modelo a Keeler. Esta es la primera convocatoria, y la verdad es que ha tenido más participación. En total, 10 relatos de una brevedad reñida con el mismo hacer de Keeler, autor prolijo y amante de irse por las ramas como pocos, pero quizá por eso mismo, por esa dificultad, más divertido de hacer y, qué demonios, en principio más cómodo.

Y digo en principio porque, en fin, yo le eché un buen rato, para variar. He participado con un relato minúsculo. Y aquí va la historia de cómo lo escribí. ¡Despertad, malditos, que esto es muy interesante! O no.

Bueno, vamos a ello. En primer lugar, escribí una versión en español. Pero, claro, pesado que es uno, aquello tenía una extensión para entregar en cuatro o cinco mensajes del Twitter ese. Era preceptivo incluir al principio los caracteres #tlkc, indicativos de que se participaba en el concurso, y se enviaban por correo electrónico al único miembro del jurado, Edward Bolman. Aquí os dejo esta primera versión:

#tlkc Paseando por la feria de los horrores entré en la caseta de la bruja. En lugar de una bola de cristal, frente a ella tenía un cráneo que mostraba sobre su sien derecha un agujero horadado de circunferencia perfecta. Este eres tú, me dijo. Miré los ojos de la pelada calavera. También estaban vacíos.

¡Uy, qué largo! Tampoco me terminaba de convencer la forma, pero lo importante era tener ya una idea del mini cuento en sí. Enseguida me puse a cortar. La cosa quedó bastante mejor, al menos más cercana a lo que de verdad quería contar. La idea era tomar ese cráneo agujereado, protagonista de una tan excelente como divertida novela de Keeler, El enigma del cráneo viajero (1934), y el ambiente de barraca de feria tan habitual en sus obras.

#tlkc Entré en la caseta de la bruja. Ante ella, un cráneo con un agujero en la sien. Este eres tú, me dijo. Miré los ojos de hueso. También estaban vacíos.

¡Ahí va! Ya estaba. Esta era la buena (entendedme, la buena tratándose de mí, que uno llega hasta donde puede). Pero resultaba larga aún. El siguiente paso era cortar un poquito más, pero me gustaba y no quería hacerlo. Así que, audaz que es uno (risas), decidí pasarlo al inglés y reducir lo que pudiera en ese paso. Hice un primer intento, pero como mi inglés es como mi español hablado, esto es, una cacafuti, pedí ayuda a una de mis hermanas (que sí sabe, aunque me matará como vea que la nombro aquí) y la cosa quedó en condiciones. Veréis que de la versión en español a la final en inglés hay cambios, pero estos me convencían por su sonoridad inglesa, cambios que en español no me gustaban. Así que ok. Aquí está la versión final, la que mandé al concurso:

#tlkc I entered the witch’s stand. Before her, a bullet holed skull. It’s you, she said. I looked at the bone eyes. They were empty too.

Pues nada, el plazo terminaba con el año, así que entregué el día que lo escribí, esto es, el mismo 31 de diciembre. Me hacía mucha ilusión participar. No lo había hecho antes y siempre me había sentido un poco mal por no hacer un esfuerzo y colaborar con el trabajo increíble que Richard Polt está llevando a cabo por que la figura de Keeler no caiga en el total olvido. Así que sentí una gran satisfacción. Ya sé que os parece una nadería, pero con estas cosas yo soy feliz, así que no pongáis pegas. Además, el premio no podía ser más bonito: "The author of the winning entry will receive a free copy of 10 Story Book, a spicy pulp edited by HSK himself." ¡Uuuuuuh! ¡Una revista original de las que editaba Keeler!

Se presentaron al final 10 relatos: 4 de Richard Polt, 4 de William Poundstone, 1 de Luke Oram y el mío. AQUÍ podéis leerlos todos. Como he dicho, son los que llevan el indicativo #tlkc. Desde estas líneas, un saludo cordial a mis competidores. Como se indica en la resolución del concurso, y es fácil de comprobar leyéndolos, ellos se acercaron más al estilo formal de Keeler. Pero gané yo, amigos, y creedme, no hay cosa que me haya podido hacer más ilusión. Tontuelo que es uno, qué le vamos a hacer. ¡Para una vez que gano algo, dejadme disfrutar, malandrines!

[WINNER! The Spicy Webwork Stories go to José Luis Forte, for writing an actual story, Keelerian in imagery, moderately so in syntax.]

Ya sé que para el resto de este año de 2011 se me acabó lo bueno. Pero siempre habrá un libro de Harry Stephen Keeler para leer.


Esquema estructural de "La voz de los siete gorriones",
novela de Harry Stephen Keeler

martes, diciembre 28, 2010

La décima víctima en la radio # 31: Harry Stephen Keeler





DESCARGAR (pulsar botón derecho y guardar como) Duración: 20' 33''





Entrega número 31, emitida el 14 de diciembre de 2010, de la sección dedicada a la literatura de género en el programa de Canal Extremadura Radio Los dos de la tarde. La décima víctima tuvo el honor de presentar al que sin lugar a dudas podemos considerar uno de los escritores más extraños de cuantos han existido. ¿Lo dudas? ¿Piensas que exageramos? Lee a HARRY STEPHEN KEELER y creerás que nos quedamos cortos.


Veinte enloquecidos minutos donde repasamos de manera caótica el estilo de este escritor tan delirante como genial.


Las direcciones de los sitios comentados podéis encontrarlos siguiendo estos enlaces:

La Harry Stephen Keeler Society de Richard Polt, AQUÍ.

El excepcional artículo de Alberto Sobórnez, AQUÍ.

Aunque no tuve tiempo de comentarlo, un artículo de Mariano García en el Heraldo de Aragón, AQUÍ

La página del dibujante Fermín Solís, AQUÍ.

La página del dibujante Enrique Flores, AQUÍ. Pero lo que no debes perderte es su BLOG.



Este fue el último programa del año. Ahora estoy retirado en mis cuarteles de invierno, aislado del mundanal ruido en mi mansión fantasmal. Pero la sección retornará el 11 de enero del año que está a punto de llegar, ese 2011 que augura las mismas tonterías que este que dejamos al fin atrás. Están avisados.

domingo, abril 04, 2010

Harry Stephen Keeler en los periódicos, y más allá...




Mariano García, periodista y miembro de la Harry Stephen Keeler Society, publicó el pasado 26 de febrero en el Heraldo de Aragón un magnífico artículo dedicado a nuestro admirado escritor, sin duda uno de los más extraños, parafraseando el título, del mundo. Pinchando sobre las imágenes podréis verlo en tamaño grande para leerlo con comodidad, si así os place.

Por supuesto, también os recomiendo encarecidamente que, si tenéis interés por este escritor, no dejéis de visitar la grandiosa página de Richard Polt dedicada a él. Es la que un poquito más arriba os he enlazado, la de la Harry Stephen Keeler Society. Está en inglés, pero no seáis vagos y no perdáis la oportunidad de disfrutar de su enorme trabajo de recuperación: cientos de portadas de todas las ediciones de libros de Keeler de todos los países en que fue publicado, un generador de tramas a la Keeler, artículos, fotografías... En fin, el paraíso del keeleriano de pro. También podréis acceder a su boletín dedicado a Keeler, el Keeler News, de forma absolutamente gratuita. En su último número, el 74, se incluye, en inglés, la historieta que escribí para Fermín Solís adaptando un relato del maestro, La extraña historia del dólar de John Jones, traducida por el mismo Richard Polt (¡¡infinitas gracias, Richard!!).

Tampoco podéis dejar de visitar los dos artículos que circulan en español por la red del gran Alberto Sobórnez, también miembro de la HSKS (Mariano García, Sobórnez y un servidor somos tres de los cinco españoles miembros, aunque creo que ahora se ha sumado alguno más...), que suponen la mejor manera de acercarse a Keeler que podáis imaginar. Podéis leer uno cortito AQUÍ, y otro más extenso, una verdadera delicia, AQUÍ.

viernes, noviembre 13, 2009

Harry Stephen Keeler adaptado al cómic

Bueno, pues eso mismo es lo que hemos hecho mi buen amigo Fermín Solís y yo con una de las más conocidas, si es que tal término se le puede aplicar hoy día, historias de nuestro admirado y genial escritor de novelas de enrevesada intriga Harry Stephen Keeler. Se trata de La extraña historia del dólar de John Jones, asombroso relato incluido en su novela La cara del hombre de Saturno.

Si bien no hemos sido rigurosos con la letra, sí hemos intentado serlo con el espíritu de Keeler. Así, estamos convencidos de que los amantes de la obra de este autor único sabrán perdonarnos los cambios teniendo en cuenta que el resultado respira como un Keeler puro. Eso esperamos, al menos.

Podéis leer esta historieta en el número 14 de la revista Barsowia. Si sabéis gallego, claro, jeje.