Mostrando entradas con la etiqueta Kurt Singer. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Kurt Singer. Mostrar todas las entradas

miércoles, noviembre 19, 2014

Las mejores historias diabólicas (1975), antología de Albert van Hageland (segunda parte)



Continuamos comentando los relatos incluidos en esta excelente antología, Las mejores historias diabólicas, elaborada por Albert van Hageland. Ya dijimos que en ella el Maligno es el gran protagonista, aunque adopta miles de formas diferentes y engañosas. Así en El infierno de las doncellas (The Paradise of Bachelors and the Tartarus of Maids, 1855), la segunda mitad del relato cuyo título completo reproducimos en su idioma original, Herman Melville traza a la perfección un dibujo oscuro y triste de la miserable condición, casi de esclavitud, de un grupo de mujeres que trabaja en una fábrica de papel. El lugar donde ésta se alza ya es toda una admonición de lo que el viajero protagonista va a encontrar en su interior. En lo más profundo de un valle denominado, con certera precisión, el Calabozo del Diablo, la fábrica es un gigantesco demonio de ladrillo y máquinas infernales que devora la vida de quienes en su interior se afanan por subsistir. Para Melville el infierno está en la Tierra y sus nidos siniestros están formados por estas enormes edificaciones, que convierten a sus moradores en pálidos fantasmas al servicio de la inhumana industria, y los feroces capitalistas que las comandan. Un retrato desolador y despiadado narrado con la maestría poderosa del inmortal autor de Moby Dick. Bastante más sencillo es La muchacha poseída por un demonio (cuento popular) (La fille possede du demon), recogido por Adolphe Orain en su libro De la vida a la muerte (De la vie à la mort, 1898), que no es otra cosa sino una versión chusca y gamberra de la habitual historia de poseída en plan El exorcista. La tradición oral también sabía tomarse a choteo las posesiones diabólicas.


A Kurt Singer ya lo conocemos, al igual que a Hageland, como compilador de historias fantásticas. Aquí accedemos a uno de sus relatos de terror, coescrito con su esposa Jane, Los extraños espíritus del fuego (The Strange Fire Spirits, 1975), faceta que bien nos podíamos haber ahorrado, al menos con este torpón artículo, pues de eso se trata más que de un relato en sí, sobre la combustión espontánea, que los autores desechan llamar así aplicándoles el nombre de fuegos misteriosos. Es la típica relación atropellada y sin interés de un caso “real” tras otro, como si el hecho de enumerarlos y amontonarlos ya les concediera carácter de veracidad, dando a entender que son inexplicables y de origen sobrenatural. Hasta aquí, el único “cuento” que no está a la gran altura de la compilación. Una chorrada de campeonato. Menos mal que justo después llegaba El espejo de las tinieblas (Mirror of Darkness), de Bill Meilen, un excelente y aterrador relato con un espejo maléfico de singular protagonista que resulta ser no otra cosa que un portal a un mundo terrible y terrorífico. La narración se reserva una sorpresa que, aunque no es tan sorprendente como fuera de esperar, sí que es efectiva al máximo y cumple muy bien su función: hacernos estremecer por completo. Desconocía a este escritor, también autor de novelas policíacas, y sólo puedo decir que ojalá tenga oportunidad de leer alguna de ellas, y por descontado más cuentos fantásticos de su mano, aunque a día de hoy sólo hay traducido a nuestra lengua éste que se incluye en esta selección.

En El trasgo campestre (Le lupeux, 1858), un relato incluido en su libro Légendes rustiques (Leyendas campesinas), la baronesa Amandine Aurore Lucile Dupin, que no es otra que la celebérrima por sus amoríos George Sand, nos explica cómo los trasgos con sus bromas y sus fascinantes historias apartan a los viajeros de sus caminos para, una vez conseguido esto, ahogarlos en cualquier ciénaga solitaria. La autora sabe mantener ese tono de narración contada en voz baja al amparo de la noche, el perfecto para este tipo de fantasías.


Barrabás (Barabbas 1967, 1967) es un relato del escritor belga Walter Beckers incluido en el volumen recopilatorio Anno Atlantae (1971). La noche de San Lorenzo es la que elige el cazador salvaje Barrabás para comandar su horda de espíritus en busca de almas pecadoras. Se nos narra cómo encuentran una de ellas y le dan su merecido a lo bestia. No es un buen cuento, tampoco disgusta demasiado, resultando en exceso lineal y predecible, de casi nula atmósfera a pesar de que el clímax transcurre en una tormentosa e infernal jornada nocturna. Se agradece que esta antología diabólica nos haga llegar obras de autores belgas y franceses, que no se centre siempre todo en el mundo anglosajón por mucho que nos guste. De forma independiente a la calidad de lo seleccionado, el tener la posibilidad de acceder a ellos ya goza de nuestra máxima atención. Como es el caso de Paul Morelle y El joven que hizo un pacto (Le jeune homme qui pactisa, 1945), incluido en Historia de la brujería (Histoire de la sorcellerie), en el cual creo que no hace falta ser muy sagaz para adivinar que el pacto que hace el joven de marras no es otro que con el Diablo. Es el caso típico del humano acuciado por las deudas que pacta con el Maligno para que lo ayude. Y así acontece. Pero llegado el momento en el que es el joven quien debe cumplir con su parte éste se retracta, como suele suceder. Una historia que bebe del acervo popular y cuyo objetivo resulta más que evidente: tranquilizar al lector ofreciéndole la vana ilusión de que siempre es posible la redención, escapar de las garras de nuestro acreedor.


Pero lo bueno de verdad viene justo a continuación: ¡tres relatos de Jean Ray (Jean Raymond Marie de Kremer)! Eso sí, bajo su sobrenombre John Flanders, con resonancias anglosajonas para camelar a los lectores que sólo aceptan lo fantástico cuando procede de regiones bien conocidas. A las puertas del infierno (Aux portes de l’enfer) es un fascinante relato de mundos perdidos, de civilizaciones sumergidas bajo el mar. Pero todo en un tono aún más extraño de lo habitual: este reino escondido está conformado por una enorme puerta que da a un largo pasillo, el cual termina en una sala abovedada que se abre a doce puertas y un anticuado despacho. ¡Y eso es todo! Manipulando un mecanismo se activa un psicodélico juego de luces. Cada color abre una de las mentadas doce puertas: algunas dan a mundos maravillosos, otras a visiones infernales. En su primera parte, es una fantástica mezcolanza de relato aventurero a lo Jules Verne con fantasía terrorífica, basculando entre lo espeluznante y lo asombroso. La segunda parte cambia de protagonistas y de escenario: una isla del Polo Norte sólo habitada por un grupo de cazadores y pescadores daneses y dos científicos ingleses que van a estudiar el inhóspito lugar durante tres meses. Con la aparición de la increíble Esfera de Fuego entramos en el terreno de la más hermosa y delirante ciencia ficción. La imagen de esta máquina prodigiosa surgiendo de las aguas es de esas que nos deja sin aliento. Aunando leyenda, ciencia, mundos perdidos, islas volcánicas en mitad del Polo e intrépidos aventureros, Jean Ray nos deja un excelente relato, uno de esos muchos, por suerte, que nos hacen fácil amar la literatura. El diablo de cera (Le diable en cire) es un intenso y breve cuento narrado con toda la perfecta sencillez de la que era capaz de hacer gala el gran maestro que era Jean Ray. Una vela de cuatro siglos de antigüedad y un libro que oculta entre sus páginas una maldita fórmula mística es lo que se precisa para abrir un portal por el cual puede entrar en nuestra realidad el demonio. ¿O son gases lo que emana del viejo cirio fabricado por brujos lo que provoca psicotrópicas visiones y una obsesión suicida? Una duda maravillosa que nos atenaza y nos hace avanzar con placer por las venenosas líneas de esta historia. El último relato de Ray incluido en esta antología, que a estas alturas ya no podía amar más, es El diablo y Peter Stolz (Le diable et Peter Stolz; lamento no poder indicar las fechas de los cuentos, pero ni en La tercera fundación, mi página de referencia junto a ISFDB en estas cuestiones, las he hallado). Ray nos cuenta la hermosa historia de amor entre el Peter del título y un súcubo, un relato sensacional que muestra el genio brillante de nuestro admirado autor para el género fantástico de pura tradición europea. En conjunto, sus tres aportaciones me han parecido tres pequeñas piezas maestras plenas de emoción y verdadero sentido de lo extraño y lo maravilloso.

lunes, abril 28, 2014

Relatos de horror, selección 1 (1977)



No todo es lo que parece, no digo nada nuevo afirmando esto, pero es que no se me ocurre otra cosa contemplando la en verdad espantosa portada de este libro y su por el contrario excelente contenido: cinco relatos muy atractivos de los cuales al menos uno de ellos podemos considerarlo una obra maestra sin discusión. La recopilación está asignada al austriaco Kurt Singer, un escritor que además se dedicó a preparar bastantes compilaciones de relatos casi todas ellas dedicadas al género de terror. No he logrado encontrar nada referente al libro original, así que dejo como año el de la edición en español. En uno de los breves textos de presentación de cada cuento se hace una referencia a “nuestra anterior selección”, lo cual siendo esta la número uno nos deja algo confundidos. En fin, imaginamos que habrán tomado de aquí y de allá y hala, palante. No se indica nombre alguno aclarando quién o quiénes pudieran haber realizado las traducciones. Y para rematar, el libro se abre con una “Presentación” firmada por Carlo Frabetti que parece realizada con el piloto automático puesto, breve y escrita, da esa sensación, en menos tiempo del que cuesta leerla. Y es muy poco. Sin embargo, como ya he dicho, es una buena colección de narraciones fantásticas, lo de horror tampoco se ajusta con precisión a la realidad, y encima este libro fue un regalo. Así que le tengo cariño. Una de esas poquitas cosas buenas, que valen por muchas, que me ha dejado este solitario blog, pues gracias a él me obsequiaron con presente tal. Así que, estimada Pato, gracias por este (y otros) que llegaron hasta mí por ti.   


Venga, sequémonos las lágrimas y vayamos al lío. La antología se abre con El crepúsculo de los dioses (Twilight of the Gods), publicado en la revista Weird Tales en julio de 1948 y escrito por Edmond Hamilton (1904-1977) con ese estilo sencillo y conciso pero lleno de fuerza y expresividad tan propio de los mejores pioneros de la ciencia ficción forjados en las publicaciones pulp. Este es un relato muy bonito y emocionante que toma como base la mitología nórdica (Thor, Odín, Tyr, Surtr, Hela, Loki, el Puente del Arco Iris, Asgard…) para construir una historia que bien podría ser el origen de los famosos Relatos de Asgard, los cómics protagonizados por el Thor de Stan Lee y Jack Kirby desarrollados por este último, pura fantasía épica en ambos casos que nos gana sin remedio gracias a su compulsión fabuladora. Si el Thor de dichos cómics contaba con un alter ego en la Tierra, el doctor Don Blake, el Thor del relato de Hamilton tendrá el suyo propio, el oficinista Eric Wolverson, aunque no será del todo consciente de ello, un poco al estilo de tantos personajes pulp tipo los de Edgar Rice Burroughs o Robert E. Howard, que ocultan sin saberlo en su interior una personalidad casi mítica, un héroe o incluso, por qué no, un dios. La obra de Hamilton mantiene su fuerza intacta leída hoy, o al menos yo lo siento así. Quizá no sea el estilista más cuidadoso ni el narrador más fino, pero sabe cómo dejarnos sentados en la silla leyendo sin permitir interrupciones hasta que él decide que hemos llegado al final.


Los señores del reino de los muertos (Lords of the Ghostlands) es una aventura de Jules de Grandin y el doctor Trowbridge, los personajes creados por Seabury Quinn (1889-1969), publicada en el número de marzo de 1945 de Weird Tales. Es sabido que Quinn fue uno de los autores más populares de la revista y Grandin su creación más conocida. Aunque me suelen gustar sus relatos, aquí ya llevaba más de dos décadas escribiendo historias del detective francés de lo oculto y muestra todos los tópicos forjados en una investigación tras otra: bella joven en peligro que en algún momento aparece ligera de ropa, Grandin diciéndole al doctor que no lo acompañe que en esta ocasión (otra vez) habrá demasiado peligro, el doctor contestando de nuevo que le da igual e irá con él hasta el final reafirmando su amistad de colegas en la lucha contra el mal, esos indefinidos despertares en los que siempre uno está al lado del otro en la misma habitación… Y, cómo no, Grandin poniendo fin al problema con sus expeditivos modos. La trama en sí también discurre por caminos trillados: momia egipcia cuyo espíritu posee a una joven (esa bella que en algún momento habremos de ver medio desnuda) de hoy, parte de la narración contando los hechos del pasado en plan seudohistórico, venganzas de ultratumba… No brilla en demasía, aunque resulta agradable de leer, entretenida pero poco memorable.


Si Seabury Quinn era uno de los escritores estrella de Weird Tales, Maria Moravsky (1889-1947) supone todo lo contrario. Nació en Varsovia y emigró a Estados Unidos en 1917. Fue sobre todo poeta, e imprimía sus propios libros (esto de la autoedición no es una cosa de ahora) en una pequeña imprenta que tenía en su casa de Miami a la cual bautizó con el nombre de Fiction Farm. Fue una artista polifacética y su actividad se dividió entre diversas artes y entretenimientos que iban desde sus pretensiones literarias hasta el cultivo de café, vainilla y aloe vera pasando por la cría de patos. Sus incursiones en la prosa fantástica solo fueron una afición creativa más de las muchas que llamaron su atención y a la que se dedicó con pasión pero al tiempo sin exclusividad. Todo esto y más podéis leerlo en la entrada dedicada a ella en el fantástico blog Tellers of Weird Tales (AQUÍ). Su relato La ocupación de los hermanos verdes (Green Brothers Take Over) se publicó en el número de enero de 1948 de manera póstuma. Sus labores en la jardinería y el probado amor a las plantas de la autora resultan más que evidentes en este simpático relato en el cual “los hermanos verdes” se alzan en rebelión contra los humanos, como ya hicieran de igual manera los animales en la novela El terror (The Terror, 1917) de Arthur Machen. Quizá lo más curioso de esta historia sea el punto de vista adoptado, que no es otro que el de la anciana protagonista, algo que no es que sea el colmo de la originalidad pero que desde luego no suele ser lo habitual en un cuento de terror.


Allison V. Harding (1919-2004) tampoco es de las autoras más recordadas de Weird Tales. Sin embargo fue bastante prolífica y habitual en la revista desde 1943 hasta 1951, año este en el que deja de publicar. Su nombre real, aunque permanecen dudas, era Jean Milligan. Creó un personaje que llegó a protagonizar tres relatos: The Dump Man (el Pordiosero). Después de medianoche (The House Beyond Midnight) fue publicado en la revista en el mes de enero de 1947. Es un cuento simpático en el que una joven pareja que acaba de sufrir un accidente es víctima de una macabra equivocación. El sesgo fantástico de la misma nos lleva hasta una extraña casa habitada por los inquilinos más peculiares que cupiera imaginar. Harding mantiene el factor sorpresa acerca de quiénes son estos huéspedes y qué es lo que ha ocurrido en verdad con los recién casados protagonistas durante muy pocas páginas, tampoco es que se pudiera sostener mucho más pues se adivina enseguida, y la autora cambia el registro de intriga y misterio por una alocada y fúnebre persecución. No es nada del otro mundo, valga la mala broma, se echa en falta una atmósfera de ensoñación surreal más potente, algo que la historia parece reclamar y con lo que hubiera ganado en consistencia y en impresión fantástica, pero la opción de hacerlo todo más directo y físico tampoco desagrada.


Resulta curioso que esta antología formada por cuentos publicados en la revista Weird Tales durante el segundo lustro de los años 40 se cierre con una pequeña joya de principios del siglo XX: “Ellos” (‘They’) un relato de Rudyard Kipling (1865-1936) que apareció en la revista Scribner’s en agosto de 1904 e incluido con posterioridad en el libro Traffics and Discoveries del mismo año. En este volumen se incluía también el poema The Return of the Children (AQUÍ podéis leerlo en su idioma original), publicado justo antes del relato y de lectura imprescindible para entender qué pretendía contarnos Kipling en él. En este poema la Virgen María intercedía por los niños muertos para que pudieran ir adonde quisieran y no quedaran retenidos en el Cielo si ese no era su deseo, ante lo que Dios accede pues considera que ya han sufrido bastante como para Él retenerlos contra su voluntad. Con este poético prefacio, no incluido en este libro, nos queda más claro el simbolismo del relato de Kipling, más diáfano su significado. Josephine, la hija pequeña de Kipling, murió de una enfermedad en el año 1899. En “Ellos” queda reflejado todo este proceso de dolorosísima pérdida desde el desconcierto inicial y la ira y la rabia posteriores hasta la aceptación final, el adiós definitivo de su hija con ese beso furtivo que uno de los espectrales niños le da al protagonista en la palma de la mano a modo de despedida. Este ya nunca volverá allí, al hogar de los niños perdidos, una vez ha superado el trauma de la pérdida. No es un relato de terror pese a estar habitado por fantasmas. Todo lo contrario: es un viaje desde el dolor por la muerte de una hija aún niña hasta la resignación y la comprensión de que ahora está en un lugar mejor. Un simbolismo quizá fúnebre en algún momento, es inevitable teniendo en cuenta el luctuoso hecho y los sentimientos que Kipling trata de reflejar, pero que no deja de ser luminoso en su tristeza. Una manera insuperable de cerrar este libro que aquí nos deja sobrecogidos.

P. S.: nuestra gran amiga Couteau Bibliophile, el espíritu genial detrás del blog EN LA LISTA NEGRA, nos ha facilitado la procedencia de cada uno de los relatos que componen esta antología, todos ellos incluidos en recopilaciones orquestadas por Kurt Singer. ¡Mil gracias!

- Weird Tales of the Supernatural (1966): Twilight of the Gods, Green Brothers Take Over.
- Kurt Singer’s Ghost Omnibus (1967): The House Beyond Midnight.
- Kurt Singer’s Second Ghost Omnibus (1967): Lords of the Ghostlands.
- Gothic Horror Book (1974): They.


RELATOS de horror, selección 1. Recopilación de Kurt Singer; presentación de Carlo Frabetti. Barcelona: Bruguera, 1977. 188 p. Libro ameno; 1. ISBN 84-02-05122-7.