Nueva entrega de mis comentarios sobre películas para la página de cine El antepenúltimo mohicano. En esta ocasión, todo un clásico desconocido, una película tan extraña como sorprendente plagada de persecuciones en la noche, callejones oscuros repletos de conspiradores, tráfico de armas, ataúdes desaparecidos, imprentas clandestinas, contrabando, chantaje, extorsión y hasta una historia de amor arrebatada y de una poderosa sensualidad: La muerte robada (Varastettu kuolema), dirigida por Nyrki Tapiovaara en 1938. Puedes leerla siguiendo el enlace
La verdad es que uno no sabe cuándo duermen estos señores porque se pasan el día conspirando, editando panfletos subversivos y huyendo de la policía y de los soldados rusos zaristas que mantienen bajo su yugo al pueblo finlandés.
También sacan tiempo para ir de entierro, pero no creáis que el ataúd está ocupado por un cadáver...
Planos de gran belleza plástica y originalidad, dos secuencias prodigiosas y el caos provocado en ocasiones por el desprecio reconocido del director por las leyes básicas del montaje. Para qué, si total la historia se entiende y cuando tiene que conmover, conmueve.
Se rodó en cuatro idiomas, así que incluye subtítulos en finlandés porque si no ni en su país de origen llegarían a entender algo.
El malo (Santeri Karilo), como suele suceder en las buenas películas, resulta sencillamente espectacular en su mezcla de ironía, inteligencia y verdadera rapacidad.
La pareja protagonista está magnífica. Tuulikki Paananen sabe utilizar su belleza para resultar inocente y, cuando es preciso, mostrar una sensualidad devastadora. Ilmari Mänty compartirá con ella la que quizá sea la escena más rompedora y genial de esta película visualmente atípica: la seducción que termina con ese beso final apasionado, encendido, sensacional, que acontece ante nuestros ojos y no llegamos a ver nunca.









