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lunes, junio 06, 2011

Roberto Alcázar y Pedrín # 04


Pues seguimos adelante con las aventuras de los siempre intrépidos Roberto Alcázar y Pedrín. Esta entrega se abre con una de sus peripecias menos interesantes. La narración se desarrolla de manera precipitada y con soluciones de guión de las de magia potagia. Los miembros de la temible secta Los Hermanos de la Estrella, bajo el ideal de la liberación de Birmania del yugo occidental, cometen actos terroristas con el fin más mundano del robo de joyas. Vamos, que no son sino la típica banda de delincuentes que nuestros héroes van a desarmar en un santiamén. Así, Roberto Alcázar sale a la búsqueda de la guarida de los malvados y, en la siguiente viñeta, vete a saber cómo y por qué, ya ha dado con ella.



Pues eso mismo, va por la calle y “no hay duda”. La guarida resulta que es un almacén, así que dos o tres viñetas después ya han dado con el emplazamiento de la guarida real, pero son apresados por los malos, que los llevan prisioneros a ella no sin que antes Pedrín se escape. Su argucia es tremenda: el coche se detiene en un descampado, los malos descienden con nuestros héroes encañonados por sendas pistolas, y de buenas a primeras Pedrín echa a correr dejando a los malvados con un palmo de narices. Se llevan a Roberto para la casa perdida en mitad del campo, la siniestra guarida, y el coche en el cual los han llevado hasta allí se marcha. Y entonces vemos que Pedrín, ejem, estaba oculto debajo del coche. Jeje, desde luego hay que reconocer que a vosotros no se os hubiera ocurrido. Aun detenido, Roberto le suelta un par de ñoños al jefe de la banda, un enmascarado como mandan los cánones.




El resto, pues nada, unos chistecillos para amenizar cómo Pedrín da con la ayuda, la policía entrando en acción a tiro limpio y Roberto sacudiendo de nuevo el polvo a la chaqueta del enmascarado.

La siguiente aventura, El torreón de los jorobados, no es mucho mejor, pero sí que muestra algunos detalles que consiguen que nuestra atención no se distraiga demasiado. La primera de ellas, la clarísima referencia a la película de Edgar Neville y Emilio Carrere La torre de los siete jorobados, clásico primitivo del cine fantástico hispano, no solo por el título, también por su trama. Nos enteramos, nada más empezar, de que Roberto es dueño de unas acciones de unas minas africanas. Vamos, aclarando que dinero no es lo que necesitan nuestros héroes. Recurso de guión inteligente que evita las preguntas habituales de los que se creen que esto es la vida real e inquieren sobre los medios de vida de los héroes de las historietas.


Como es habitual, los malos se dedican a robar joyas a honestos banqueros. Uno de ellos denuncia el caso a Roberto, explicándole que el ladrón, al huir, perdió una tarjeta con una escritura cifrada. También que el ladrón parecía, por su figura en la penumbra, un mono.



Roberto investiga tipo Mandrake, esto es, me lo saco de la manga, y descifra la tarjeta y deduce que el ladrón es en verdad un jorobado en tan pocas viñetas que se tarda más en leerlas que en lo que Roberto y Pedrín tardan en sacar sus conclusiones.



¡Madre mía! Peligrosas calles recorren nuestros héroes en busca de la guarida de los siniestros jorobados.



Hasta que dan con uno, pero mientras nuestros amigos discuten si tocar el violín es una contraseña o una serenata a una enamorada, el jorobado les da esquinazo.




Roberto Alcázar y Pedrín, a pesar de esto, descubren qué casa oculta a los jorobados gracias a esa figura tan entrañable, hoy desaparecida, que es la del sereno. Así, haciéndose pasar por dos que quieren alquilar la casa, entran en la guarida de los malotes, que es un rato siniestra, con murciélagos y todo.



También hay una leyenda de fantasmas que la habitan y una trampilla secreta que da al torreón del título. El folletín se torna algo desquiciado, pero esto mismo es lo que le da un poco de interés a la historia que no deja de moverse, pese a todo, en el mundo de lo convencional y estereotipado. Ojo, que me encantan las aventuras de Roberto Alcázar y Pedrín, pero cuando son mediocres hay que reconocerlo, ¿no?

Se van de allí para informar a su jefe, el banquero que ha requerido sus servicios, pero resulta que los jorobados lo han raptado. Fijaos qué viñeta tan bonita (¡me gusta de verdad!):



Nuestros héroes se preparan para rescatarlo de las garras de los malvados jorobados. Me encanta que Roberto le cuestione a Pedrín el bastón y sin embargo le parezca bien que se lleve un martillo. La verdad es que utilizan los clavos, pero a mí me da que es para despistar: el martillo es un ARMA, como ya veremos. Dick Tracy, nenaza.




Los jorobados resulta que se dedican también a falsificar billetes. Aquí ya vale todo: el recuerdo del Dr. Mabuse de Fritz Lang mezclado con el clásico de Neville da lugar a un potaje de cuidao.




Nada, nada, nuestros héroes se introducen en el torreón, que como en la película de Neville se extiende hacia el fondo de la tierra, prestos a detener a los jorobados y salvar al honrado y honesto banquero. Tras varias peripecias por los oscuros y siniestros corredores subterráneos, dan con los fantasmas. Y con la solución al verdadero uso del martillo.





Y nada, amigos, palos a porrillo para cerrar la sesión en las ya de por sí molidas espaldas de los jorobados disfrazados de fantasmas.



Y esto ha sido todo por hoy. A partir de aquí las aventuras de Roberto Alcázar y Pedrín se irán haciendo más interesantes gracias a que los guiones se van desquiciando de manera paulatina, sumado esto a que pronto empiezan a adueñarse de la función doctores locos, vampiros de medio pelo, malvados morrocotudos, hombres mono y demás fauna maléfica propia del pulp más enloquecido. Ya veremos si vuestro espectro favorito tiene fuerzas para seguir despedazando estas historias ante tantos horrores como se acumulan. Por el momento, un abrazo envenenado de vuestro tío Llosef.

miércoles, mayo 25, 2011

Roberto Alcázar y Pedrín # 03


Bueno, gracias a EL ABUELITO (no dejéis de visitar su blog EL DESVÁN DEL ABUELITO, pura sabiduría destilada) nos han quedado aclaradas muchas dudas acerca de los creadores de nuestros héroes y del origen de estos cuadernillos que aquí comento. Reproduzco parte de dos de los comentarios que nos ha dejado en las anteriores entregas porque sus sabias palabras son necesarias en estos tiempos de cuchufletismo generalizado y, citando a la sin par Morty Malriv, "apocalipsis cerebral."

"(1) Dos precisiones (…): los guiones de Jordán Jover no son, pese a la Wikipedia, mayoría, se tratan solo de los primeros episodios. Pedro Quesada es responsable de los enfebrecidos episodios del Hombre Diabólico, y Federico Amorós firma más de ochocientos cuadernos... Otros colaboradores de Valenciana como Vicente Tortajada o el mismo Soriano Izquierdo se encargaron del resto...

(…) los dibujos de esta edición los hizo de nuevo Vañó en los setenta, en base, eso sí, a los argumentos de los primeros números originales de 1940-44...

(2) La edición en color comenzó hacia 1976 reeditando la serie desde la aparición del Hombre Diabólico (aventura seriada que abarcó en origen- allá por 1945- un año entero de publicación), correspondiente al nº 94 de la original. Así siguió durante unas trescientas entregas, creo recordar. Más tarde y visto el éxito, Valenciana decidió publicar los 93 primeros episodios, correspondientes aproximadamente al período 1940-44, con el título de Roberto Alcázar y Pedrín Extra (son los que usted exhibe en los posts). Para la ocasión, y dado que el dibujo de los tebeos originales era extraordinariamente tosco y primitivo, Vañó redibujó, con los mismos guiones, un buen montón de ellos, al menos los cuarenta o cincuenta primeros. Por eso ve que estos no están remontados, mientras que el resto sí, a partir de los originales apaisados."

En la entrega de hoy comentaré dos aventuras que, hay que reconocerlo cuando así es, no son lo que diríamos precisamente brillantes. En cualquier caso, sí que muestran algún momento curioso que las hace al menos entretenidas y dignas de dedicarles unas líneas.

De camino a Estambul, nuestros héroes se detienen en el poblado de Amhadiyak. Allí entran en contacto con un inglés cuya misión consiste en liberar al hijo de su amigo el emir que está secuestrado por unos rebeldes que preparan una insurrección. Así da comienzo esta aventura titulada El hijo del emir.

Llama la atención en primer lugar que Roberto Alcázar y Pedrín hagan amistad con un inglés en una época en la cual el régimen oficial era abiertamente contrario a todo lo que proviniera de la pérfida Albión, como despectivamente usaban (y usan) este término todos los anglófobos.




Me encanta ese "Y yo, Roberto Alcázar, español." ¿Cómo os presentáis vosotros cuando vais al extranjeros, pillastres?


En segundo lugar, tampoco es de extrañar viendo cómo las gasta el inglés, Douglas Mahoney, que se hagan amigotes: a su lado, nuestros protagonistas asemejan dos hermanitas de la caridad.

Y nada, el resto discurre sin pena ni gloria (para el lector, digo), salvo los momentos en que el inglés da muestra de su retorcido humor ofensivo. Hará grandes migas con Pedrín, que le sigue como puede pero nunca llega a alcanzarle, la verdad.

El diamante azul tampoco es una gran aventura. Aquí nuestros héroes se encuentran en la ciudad de Cantón, China, y la trama es pulp en estado puro. Ya sabéis, la amenaza amarilla que tuvo su mayor representante en el malvado Fu-Manchú de Sax Rohmer.


Lástima que la historia no dé para mucho. Pero está genial ver a nuestros héroes disfrazados para pasar de incógnito en un antro de mala muerte llamado El sol naciente. Nuestros autores no andaron muy finos poniendo un nombre de claras referencias japonesas precisamente en China, enemigos naturales, pero total, pallá pal oriente están los dos países, ¿no?


Una de la mejores viñetas es esta de Pedrín FUMANDO. Vale, vale, está disfrazado de maleante, por lo que debe hacer algo MALO, pero no me digáis que no está genial.


Esta otra viñeta también me ha encantado: dedicada a todos aquellos malpensados que dicen que en los restaurantes chinos sirven carne de gato. ¡Qué equivocados estáis!


Y para el final, este chiste, muy bueno, de la página de contraportada dedicada otra vez a fugas de presos, firmada por Palop.


Las dos aventuras siguientes a estas son muy flojas, por lo que no me detendré en ellas, pero atención al Extra nº 14, nuestra entrega nº 04 dedicada a estos bravos héroes españoles, en la que nos toparemos con una aventura que bebe de Emilio Carrere y Edgar Neville, nada más y nada menos. ¿Será esto posible? Lo veremos la semana que viene. Hasta entonces, saludos de este espectro.

miércoles, mayo 18, 2011

Roberto Alcázar y Pedrín # 02


Bueno, bueno, que nadie se asuste: no es mi intención comentar cada cuadernillo que me lea de nuestros héroes. Sí me detendré, sin embargo, en todos aquellos que me resulten curiosos o me llamen la atención de alguna manera. Tampoco, por desgracia, tengo todos los números de la colección.

Pues bien, tras ver cómo Roberto Alcázar y Pedrín se enfrentaban a serpientes amarillas, hombres sin rostro, bandas de maleantes en la más pura tradición folletinesca o pulp como la de “La mariposa negra”, a fantasmas que no lo son, y en sus aventuras pasar de América a África para luchar junto a la Legión Francesa contra los tuaregs, llegamos a un par de historietas tranquilas, sin apenas acción ni jarabe de palo, tan entretenidas como las anteriores pero que nos muestran a nuestros héroes muy alejados de su imagen “oficial”.

En La reina de la selva toda la aventura se limita a ir a llevar medicinas a una blanca convertida en reina de una tribu del África profunda, la cual se encuentra enferma. Los nativos están desesperados porque ven cómo su hechicero no puede hacer nada por curarla. El humor de Pedrín se convierte en el dueño de la función.

De camino al poblado de la reina blanca, nuestros héroes demuestran que ellos no son los típicos turistas blancos que van allí de vacaciones a un safari.

Deciden parar a darse un baño, y allí los vemos en calzoncillos lanzándose a las aguas en un grupo de viñetas que harían las delicias de todos aquellos críticos reaccionarios que ven homosexualidad pecaminosa en cada línea. También despreciarán a Sócrates, Platón y los filósofos de la Academia, digo.

Les ataca un cocodrilo, pero Roberto detiene su ataque con un truco que de seguro las nuevas generaciones ignoran. Lo dejo aquí para su conocimiento universal: ¡no falla!


Otro topicazo acerca de las aventuras de Roberto Alcázar y Pedrín es su supuesta misoginia: se suele afirmar que en sus historietas siempre que aparece una mujer es mala y pecaminosa. Algunas malas sí que aparecen, pero vamos, el pulp más tirado deja en mantillas a nuestros héroes. En estas dos historietas, las mujeres que aparecen son personajes positivos que ayudan a nuestros amigos y hacen amistad con ellos. Mirad la reina de los nativos:

Y en la aventura Robinsones del África, cuando Roberto Alcázar está perdido y herido y Pedrín abandonado a su suerte comanda una legión de monos que le ayudan a sobrevivir, quien los salvará será una mujer. Y atención: una mujer que lleva a su cargo toda una expedición. A años luz de la Deborah Kerr del clásico cinematográfico Las minas del Rey Salomón, en el cual la pobre no era más que un engorro para el trabajo de los machos (pero tan maravillosa como siempre, por descontado).

La reina rubia, finalmente, declarará su deseo de no volver a la civilización: es feliz allí, reina de los nativos, todos a su disposición. ¡Como para volver con los blancos! Roberto y Pedrín se van, pero antes, agradecida por las medicinas que la han curado, la reina les obsequiará con más regalos que la propia Dama Galadriel a los hobbits.


Regalos con los que este buen espectro jamás fue obsequiado.

lunes, mayo 16, 2011

Roberto Alcázar y Pedrín # 01


Hace ya más de un año realizé en el blog de exTreBeO una serie de entradas dedicadas a dos de mis héroes favoritos de la historia del cómic: Roberto Alcázar y Pedrín. A la cuarta entrega lo dejé. Fue un abandono temporal, pues sabía que iba a volver: me lo pasaba genial preparando cada entrega, tenía material de sobra (y más aún después de que el amigo Iconos me regalara un buen puñado de cuadernillos) y las dos entregas siguientes las tenía ya en mente. Pero, en fin, soy inconstante. Continuar escribiendo sobre estos dos para muchos apolillados héroes es algo que me apetece en todo momento. Otra cosa es que lo haga. Pero como se avecinan tiempos en los que volveré a tener mucho tiempo libre creo que es hora de retomar esta saga hecha con sentido del humor y mucho cariño. Estos tebeos no eran arte ni falta que les hacía. Son la base de la cultura popular, esa que como Tarantino ni sus papanatas seguidores no han reivindicado no mola ni es cool. Gracias por ello. 


Bueno, bueno, quien más quien menos ha leído sobre ellos o ha escuchado hablar entre susurros de estos dos héroes del tebeo español más clásico: Roberto Alcázar y Pedrín. Y escribo "entre susurros" porque parece que queda horrible reconocer no solo que leíste estos tebeos, sino que los relees y te gustan. Sucede otro tanto con el gran tebeo clásico de la época: El Guerrero del Antifaz, del inconmensurable Manuel Gago. Los lectores moderniquis que se mean de gusto en sus pantoloncitos de los domingos con las chorradas de Frank Miller son los que luego vienen a acusar de fascistas a estos otros héroes. Sin haberlos leído, por descontado, que opinar es gratis. Y vale, que reflejan el sentir y el pensar de una época, que sí, pero no solo los de los habitantes del Pardo, sino también los del españolito de a pie, esos niños que luego los repudiaron al crecer. Aunque no todos lo hicieron, por supuesto.

Yo llegué a ellos en las reediciones en formato vertical de los 70, aquellas que retocaban y remontaban las páginas originales, tan denostadas por los puristas con razón, en una época en que ya los vendían de saldo a mitad de precio. Pero qué queréis, yo les tengo un cariño inmenso.

Roberto Alcázar y Pedrín fueron creados por el guionista Juan Bautista Puerto y el dibujante Eduardo Vañó. Y cito de la wikipedia: "La mayoría de los guiones fueron realizados por José Jordan Jover, antiguo comandante del ejército republicano que había sufrido la represión del régimen franquista". ¡Buh!

De Roberto Alcázar se decía que su físico había sido modelado a imagen y semejanza de José Antonio Primo de Rivera, cosa que de haber sido cierta hubiera molestado sobremanera a Franco, lo sabéis. A mí, la verdad, me da un aire más a Rock Hudson. Pero sobre todo, a mí a quien se me parece DE VERDAD es a Elvis Presley. Juzgad vosotros mismos:




En estas dos primeras aventuras tenemos como malvado de pro al terrible y despiadado doctor Leyva. Vaya nombre para un malo, todo sea dicho. Parece el nombre del que nos atiende en la seguridad social. En fin. Aventuras más que entretenidas con raptos, piratas, fantasmas chinos, antros de perdición bonaerenses, resueltos con el habitual proceder de nuestros héroes: garrote y tentetieso. Algo muy criticado, no es para menos, pero que si se lee sin prejuicios da para echar unas buenas risas. Mirad, mirad esta viñeta tan políticamente incorrecta, jeje:


También asistimos al primer encuentro entre Roberto y Pedrín, este un polizón en el transatlántico Neptunia al que Roberto adopta. Cómo no, en esta relación se vería también una connotación homosexual, como si eso fuera malo, lo cual de ser cierto hace impensable que este fuera el tebeo abanderado del régimen. A ver si sus detractores se ponen de acuerdo...



El dibujo de Vañó es rígido, algo estático, pero de un encanto demodé incuestionable. Si, además, nos ofrece secuencias tan divertidas como esta, la cual el mismo Hergé llevaría a la perfección en el álbum de Tintín Los cigarros del faraón, pues que más podemos pedir:




Estos cuadernillos ofrecían en contraportada historietas de humor. Aquí incluyo las dos de este número. La primera es una aventura del personaje Miky Pórrez, de Sifré, acompañado por su ayudante Paton y el perro Rin Rin Rin. Un acercamiento al clásico de Arthur Conan Doyle más inteligente y divertido que el bodrio ese de película que nos ha endosado el ex-novio de Madonna.


Y para el final, unos chistes de fugas de Palop. Junto al precio original, 30 ptas., podéis ver, marcado con bolígrafo, lo que a mí me costaban: 15 pesetas. ¡Una ganga!


Sin más por hoy, un saludo de vuestro detestado espectro.