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lunes, abril 27, 2015

Recomendaciones espectrales



Traemos hoy a nuestro oscuro y solitario blog una serie de proyectos editoriales independientes, arriesgados y maravillosos que apoyamos de manera entregada y absoluta. En crowdfunding, preventa, ya editados... Todos los estadios posibles para unos libros que queremos tener en nuestras manos pero ya mismo. 

El primero de ellos es esta fantástica reedición del clásico pastiche sherlockiano Sherlock Holmes en Hope Canyon (A Double Barrelled Detective Story, 1902) de Mark Twain realizada por el gran experto en nuestro detective favorito Alberto López Aroca. Alberto también es un escritor prodigioso, por lo que os recomendamos que no dejéis de daros una vuelta por su blog, donde además de poder haceros con esta pequeña joya podréis adquirir muchas más. Seguid el enlace AQUÍ




Seguimos con Sherlock Holmes, y ahora lo hacemos con La enciclopedia de Sherlock Holmes: nombres y lugares del Canon Holmesiano (2014), un apabullante trabajo de Juan Carlos Monroy imprescindible para todos los que amamos al detective creado por Arthur Conan Doyle. Creedme que este es uno de esos libros que al abrirlo tardarás horas en volver a cerrarlo yendo de un lado a otro siguiendo las referencias, las entradas, recordando personajes y situaciones, descubriendo miles de detalles... Con una auténtica barbaridad de maravillosas ilustraciones seleccionadas por Alberto López Aroca, no podía ser de otra forma, también maquetador y autor del diseño de portada, este volumen es una delicia para saborear con tranquilidad y para tener al lado cada vez que releamos cualquier aventura de Sherlock o nos aventuremos en un pastiche. AQUÍ.


El mítico Lem Ryan vuelve a la carga con un nuevo súper pastiche enloquecido con Sherlock Holmes y todos los personajes que podáis imaginar nacidos del folletín, del pulp y de los cómics. Su anterior Sherlock Holmes: el hombre que no existía (2014) ya nos pareció una gozada, así que esperamos que este Sherlock Holmes: donde nadie ha llegado (2015) no nos haga disfrutar menos. AQUÍ


La nueva editorial GaskMask Editores nos adelanta las portadas de las que serán sus dos primeras referencias si no contamos el fantástico volumen recopilatorio de artículos del blog El carnaval de Wolfville, que ya comentamos en su día AQUÍ. Cruzando la puerta mágica (Through the Magic Door, 1907) es un ensayo donde Arthur Conan Doyle da un repaso a algunas de las joyas bibliográficas de su biblioteca, completado en esta ocasión con una entrevista que el mismo Bram Stoker realizara a Doyle el mismo año de la edición del original. Hechizo en Northampton: una biolocalización de Alan Moore (2015) de Alejandro Barba es un estudio sobre uno de los guionistas más admirados e influyentes de la historia de los cómics. Nos prometen que ambos libros estarán listos para mediados de mayo, así que haremos lo posible por que la impaciencia no nos devore. El facebook de la editorial, AQUÍ


Otro proyecto interesantísimo que ahora mismo se encuentra en fase de crowdfunding es el cómic El caso Valdemar (y otras pesadillas), cuatro relatos clásicos de terror adaptados al formato historieta que prometen ser sensacionales. Estas son las cuatro piezas maestras elegidas: La araña, de Hanns Heinz Ewers (adaptado por Miguel Ángel Rodríguez Touceiro); El Monte de las Ánimas, de Gustavo Adolfo Bécquer (por Ninona); Un millar de muertes, de Jack London (por Jessica Mars); y La verdad sobre el caso del señor Valdemar, de Edgar Allan Poe (por Guillermo Arias-Camisón). No dejéis de visitar su página de Verkami AQUÍ.


Nos hacemos eco también de la edición por parte de Manuel Caldas del segundo volumen de las tiras diarias del Tarzán de Russ Manning, una gloriosa traslación de nuestro héroe en viñetas plagadas de emoción y sentido de la aventura, donde lo prodigioso se aúna con lo trepidante dando lugar a un cómic efervescente y adictivo. Ya pudimos disfrutar al máximo tanto de su primer volumen como el también inicial recopilando las páginas dominicales en color. Sólo podemos decir que es uno de los mejores y más bonitos cómics que hemos leído nunca. También nos haremos con el tomo de Casey Ruggles: el comienzo, del gran Warren TuftsAQUÍ.


Para terminar, me vais a permitir que os recomiende dos libros en los que he tenido la oportunidad de colaborar. Desde luego que mi participación es la menos honrosa, pero las firmas que los componen os harán olvidar mi presencia disfrutando de un montón de auténticas golosinas para gourmets con clase. El primero es Fantasmas (2014), editado por la editorial más elegante del planeta: El verano del cohete. Una colección de relatos breves en cómic mostrando la otra cara de los espectros, aquella que consiste no sólo en la que quiere aterrarnos sino además en la que sueña en conmovernos con un escalofrío que puede ser también provocado por la belleza o la emoción. Daniela Tieni, Mayte Alvarado, Fermín Solís, Roman Muradov, Rui Díaz, Irati Fernández, Carla Besora, Owen Gent y Borja González conforman este ectoplasmático equipo ganador. AQUÍ



Y terminamos con el grandioso número 5 del Magazine Presencia Humana, la revista de creación extraña, editado por Aristas Martínez y dedicado en esta ocasión a una de nuestras editoriales predilectas: Valdemar. Una entrega espectacular de la que me cuesta trabajo destacar un relato o un artículo (aunque Clark Ashton Smith es una absoluta debilidad: lo adoro). Una publicación realizada con verdadero amor y entrega por sus editores y que recomendamos totalmente desde su primer número. AQUÍ.  


viernes, enero 02, 2015

Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos (1996), de Rodolfo Martínez



Tenía muchas ganas de empezar a leer los cuatro libros que escribiera Rodolfo Martínez protagonizados por Sherlock Holmes, y el primero de ellos, Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos (1996), me ha gustado mucho, desde luego lo bastante como para querer seguir adelante con los otros tres. Me ha encantado de manera especial la fantástica ambientación de la época, sumado a que la recreación de nuestros héroes Holmes y Watson es en verdad excelente. El autor, según propia confesión, se inspiró en la imagen que de él se nos daba en la estupenda película dirigida por Bob Clark en 1979 Asesinato por decreto (Murder by Decree), con un Holmes amable y hasta cariñoso con el buenazo de Watson. Una opción que no es mi preferida pero que tanto en la película como en la novela de Martínez funciona muy bien. Partiendo de tres de los casos no contados por Watson pero citados en el canon (el corpus holmesiano obra de Arthur Conan Doyle), el del gusano desconocido para la ciencia, la desaparición de James Phillimore y el del desaparecido barco Alicia, Rodolfo Martínez recrea una aventura que los une dándoles una solución.

Entre medias, la trama también se alimenta de la secta del Amanecer Dorado (Hermetic Order of the Golden Dawn, la chiripitifláutica orden hermética y ocultista de la que saliera escaldado el mismo Arthur Machen cansado de lo que él consideraba falta de seriedad, vamos, que aquello era un santo cachondeo por mucho que haya quien se empeñe en presentárnosla, exagerando sin medida, como algo esotérico y creíble; no me refiero a su uso literario, claro, que para eso está), la cual aparece por allí en medio aunque más como invitada de piedra que otra cosa: el misterio que deben resolver Holmes y Watson proviene del robo del mítico Necronomicón lovecraftiano que obra en poder de la mentada secta y que ha sustraído nada más y nada menos que el padre del solitario de Providence. Lovecraft y Doyle así unidos para placer de los que gustamos de la obra de estos dos autores ya míticos. El propio Conan Doyle aparece como personaje junto a otros tomados tanto de la realidad como de la ficción, pero el creador del famoso detective consultor no termina de funcionar en la novela debido quizá a un exceso de celo y contención. Su temor y desconfianza ante el Holmes que nos encontramos aquí es sin duda un divertido guiño al lector conocedor de la tirria que Doyle acabó tomándole a su personaje, pero a la larga acaba jugando un poquito en contra, debido tanto a que la idea se repite en exceso como a que Doyle asemeja un pelele sin personalidad que está ahí plantado el pobre sólo para hacer avanzar la historia cuando así es preciso. Martínez también cede un pelín ante esa manía de de contar en una sola página todo lo que sabemos de Holmes, pero no llega nunca a ahogarlo. Consigue que su Holmes y su Watson tengan vida propia y se desenvuelvan con perfecta credibilidad y fuerza de sobras como para barrer cualquier lugar común.

En conjunto, Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos me ha parecido magnífica en la recreación de la atmósfera que poseen las aventuras originales, entretenida a rabiar en el desarrollo de la historia gracias también a su estilo depurado y elegante, aunque en el intríngulis planteado desvelado al final se nos antoje un tanto menos conseguida. Logra que efectuemos una inmersión perfecta en las aguas holmesianas, si bien a la hora de nadar acabemos sin llegar muy lejos tal vez por ese intento de dar solución a los tres misterios en una sola jugada. Pero sólo por lograr combinar un argumento de marcado carácter fantástico con nuestro detective favorito ya goza de todo nuestro fervor.

El libro se complementa con dos relatos fechados en el mismo año de 1996. Desde la tierra más allá del bosque alterna la narración en primera persona de Watson con páginas del diario de John Seward. Sí, el del Drácula (Dracula, 1897) de Bram Stoker, porque Rodolfo Martínez cruza en esta ocasión los caminos de Holmes y el celebérrimo vampiro en una aventura de lectura voraz aunque en exceso previsible. La aventura del asesino fingido es a mi gusto el más conseguido, también el que más se ajusta al canon. No hay trama fantástica en esta ocasión, aunque sí una breve referencia a que Holmes investigó el caso de Jack el Destripador. Es muy bonita esa relación epistolar (cartas y telegramas) que recrea Martínez entre Holmes y Watson, el primero se ha negado a instalar un teléfono en su lugar de retiro en Sussex con sus abejas por lo que no tienen la posibilidad de comunicarse de otro modo, y el vago tono otoñal del relato me resultó muy emotivo y envolvente, a lo que se suma el acierto de mostrarnos a un Lestrade, que por lo general el pobre siempre sirve de sparring, abiertamente admirador del detective, incluso añorándolo, unos sentimientos que se trasladan al lector con suma facilidad. Fruto del buen hacer del autor, estos detalles le dan una inusitada profundidad al personaje. Un ocasional retorno de un Holmes ya retirado que en manos de Martínez fluye con absoluta precisión, sencillez y emoción.


MARTÍNEZ, Rodolfo. Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos. Madrid: Bibliópolis, 2004. 222 p. Bibliópolis Fantástica; 13. ISBN 84-96173-09-7.  

martes, diciembre 02, 2014

La última aventura de Sherlock Holmes (1978), de Michael Dibdin



Parece ser, sin temor a equivocarnos demasiado, que La última aventura de Sherlock Holmes (The Last Sherlock Holmes Story, 1978) de Michael Dibdin es uno de los pastiches más odiados por los fans del famoso detective consultor. Esto ya hace de entrada que nos resulte simpático. No puedo evitarlo: cuando todos odian (aunque hay excepciones: el gran Alberto López Aroca en su monumental Sherlock Holmes en España la reivindica un tanto) algo, no puedo evitar un sentimiento de calidez y reconocimiento. ¡A mí también me odia mucha gente! ¡Nadie nos comprende! (Etc.) Pero dejando a un lado este cariño entre hermanos, la verdad es que la novela de Dibdin no es ninguna maravilla. Se deja leer, ofrece una buena ambientación y una lograda atmósfera a ratos, pero nos entrega una historia que exige demasiada suspensión de la incredulidad, en especial en su tramo final, ése en el cual determinado personaje tiene a dos palmos frente a sí a otro y es incapaz no sólo de reconocerlo, sino que lo toma por un archiconocido villano. Esto resulta tan ridículo, por muchas páginas que mal que bien Dibdin haya dedicado a hacérnoslo creíble (valoramos su dedicación, y creedme que hay veces en que se siente el sudor provocado por el esfuerzo entre párrafo y párrafo), que consigue que la gamberra y desmitificadora idea central del libro no importe demasiado.

Dibdin cumple a rajatabla con el canon pastichero holmesiano: todos los objetos del 221 B de Baker Street, todas las manías de Holmes, las costumbres de sus protagonistas (¡esos desayunos!), los personajes… En fin, todo el listado habitual que Arthur Conan Doyle fue distribuyendo a su buen albur en sus relatos de Holmes recopilado sin piedad y lanzado al lector con la esperanza de que esto refuerce la idea de encontrarnos inmersos en una aventura de Holmes. Otro que gana la batalla de ese concurso de “a ver quién sabe más sobre Sherlock en esta sala” que, al menos a mí, me aburre a muerte cuando el guiño se convierte en golpe en la cabeza. A su favor, hay que alabar las muy conseguidas descripciones de los barrios de Whitechapel en la noche londinense, sus callejones como laberintos diseñados por el mismo demonio y la espesa y fría niebla que se arrastra con la misma fuerza del mal.

En conjunto, la novela muestra un tono serio y circunspecto que no casa bien con lo delirante de la propuesta. Dibdin avisa desde el principio que esto será así con la reproducción de la anécdota de Doyle cuando le contestó al actor William Gilette, ante le petición de éste de introducir una trama amorosa en su adaptación de Holmes a los escenarios, “haga con él lo que quiera”. Y justo eso es lo que nos trae aquí Dibdin: su forma de cumplir con creces el deseo de Doyle. Pero su descarada (y en principio divertida) anécdota casi seguro que hubiera funcionado mejor si en lugar de formalmente haber intentado ser tan fiel al canon holmesiano (el de las obras firmadas por Doyle) se hubiera lanzado sin red a contarnos lo que con los ojos como platos acabamos descubriendo. Como platos digo no por el secreto que se nos desvela, sino porque tenemos que creernos que Watson es capaz de quedarse dormido de pie durante dos horas en mitad del callejón más miserable y sórdido de Whitechapel en el momento más importante de la novela. Una vez más (como ya ocurriera en la inferior a ésta que nos ocupa Adiós,Sherlock Holmes), encontramos un exceso de contención en un pastiche que pide a gritos locura, delirio, desmadre y diversión.

Hay que reconocer, también, que juega un poco en contra el que haya momentos en los que nuestros héroes resultan irreconocibles. ¡No se trata solamente de tocar el violín, inyectarse cocaína, ser un antipático imposible y que guarde su tabaco en una babucha persa para tener ante nosotros a Sherlock! O un Watson tan desconfiado desde el principio de su eterno compañero. No hubiera pasado nada si el tono elegido por Dibdin hubiera sido otro, pero optando por la extrema seriedad todo esto nos chirría. Es en definitiva, pese a esto, una lectura muy entretenida, al menos hasta el tedioso, extenso y algo tontuelo desenlace en Reichenbach, en el cual la novela se viene abajo y se echa en falta el riesgo en su composición que Dibdin sí muestra en su desafiante argumento.

Y sí, sale Jack el Destripador, no es un error de la ilustración de portada, pero de este pobre sí que se burlan un rato…

DIBDIN, Michael. La última aventura de Sherlock Holmes. Traducción de Carlos Gardini. Madrid: Valdemar, 1993. 203 p. Los archivos de Baker Street; 12. ISBN 84-7702-082-5.

martes, abril 22, 2014

Adiós, Sherlock Holmes (1977), de Robert Lee Hall




“El caso que me ocupaba habría sido un magnífico asunto para Sherlock Holmes, de no haber sido porque él era su objeto.” (p. 93) Watson reflexionando.

Animado por el espectacular libro de Alberto López Aroca Sherlock Holmes en España (2014) me he lanzado a la lectura de este pastiche. Me he decidido por él porque no acumula malas críticas y también por su prometido desenlace que se adentra en las siempre agradables aguas de la ciencia ficción. Una vez leído confirmo que sí, que pertenece de lleno al género, aunque también me veo impelido a afirmar que eso ha resultado lo menos satisfactorio de esta novela. Resulta entretenida, pero su final, y permitidme que lo diga ya desde el principio, no se hace creíble en ningún momento. Cuando Robert Lee Hall se pone a dar explicaciones, por muy atractivas que nos parezcan debido a su marcado carácter fantástico, no termina de funcionar. Impostado en exceso, si bien en abstracto no nos puede parecer más simpático, no logra que suspendamos nuestra incredulidad y asistimos a él impávidos y cada vez más lejos de los personajes según nos acercamos a las últimas páginas. Una lástima, porque el desinterés final es más doloroso cuando Hall sabe conducir con cierto brío su historia.

En Adiós, Sherlock Holmes (Exit Sherlock Holmes, 1977) Hall cae en ese recurso tan típico de algunos pastiches sherlockianos de acumular datos sobre el personaje queriendo dar empaque y personalidad de este modo al mismo. Pero el problema reside en que cuando aparece de verdad Sherlock en el relato (su presencia se hace de desear, y esto es mérito del autor, no lo negamos) este no es creíble en absoluto. Si se hubiera optado por mostrar un Holmes más peculiar o alejado del canon no habríamos tenido mayores problemas, pero cuando hay tanto esfuerzo por encajarlo en él es normal que cualquier detalle que nos descuadre lo hunda. Y este Sherlock, al menos a mí, ni me parece Sherlock ni me parece nada. Hasta algún secundario que hace acto de presencia por ahí se nos antoja más Holmes que el propio Holmes. Tal es así que en una ocasión estaba convencido de que uno de ellos, Simon Bliss, era el detective utilizando uno de sus disfraces. Quiero pensar que así es, aunque no, para darle un voto positivo absoluto al autor. Funcionan mucho mejor Watson, el protagonista real de la novela, y Wiggins, un ya adulto miembro de los Irregulares de Baker Street. Ambos poseen la suficiente fuerza aquí como para mantener todo el interés, lástima que en el giro final Wiggins sea desplazado de manera algo forzada para dar entrada al detective ideado por Hall cuyo nombre coincide con el del mejor detective que haya habido jamás.


La trama se desenvuelve así con interés pese a capítulos de una excesiva morosidad en los que Hall se dedica a convertir en natillas la historia, repitiendo en voz de Watson todo lo acontecido de manera incansable, como si en algún momento fuera difícil de digerir o entender. Watson da vueltas una y otra vez a cada uno de los hechos y movimientos que ha realizado a cada rato y esto deviene cansino. Pero de ley es destacar los buenos momentos de la novela. A mi gusto, quizás el mejor sea la primera aparición de Moriarty, sensacional y aterradora cuando descubrimos, segundos antes que el propio Watson, que se trata de él. Plena de misterio y cargada de toda la tensión y el peligro que el “Napoleón del crimen” requiere. Aquí Hall sí se muestra sensacional. Y en conjunto, lo dicho: algunos momentos muy buenos, como este de Moriarty y la entrevista de Watson con Bliss en el Club Diógenes, y entretenida hasta que asistimos apenados al naufragio final. Tristes más aún cuando apunta detalles delirantes que hubieran sido de nuestro gusto de manera absoluta si Hall no se mostrara tan comedido, en el fondo atrapado por su propia idea del canon. Quizá, y ya sabiendo que pretendía romper con todo, el tono quizá debiera de haber sido otro, más arriesgado y gamberrete, y no moverse casi con temor de salirse de su concepto de lo que debe ser un relato protagonizado por nuestro héroe. Y los que la hayáis leído sabéis que llegando a las conclusiones a las que se llegan en su desenlace, ¿por qué hacerlo con miedo?


HALL, Robert Lee. Adiós, Sherlock Holmes. Traducción de Enrique Hegewicz. Madrid: Valdemar, D.L. 1994. 214 p. Los archivos de Baker Street; 13. ISBN 84-7702-095-7.   

martes, abril 15, 2014

Sherlock Holmes en España (2014), de Alberto López Aroca



Yo vivía feliz en mi burbuja de desconocimiento. Como suele suceder cuando algo nos supera, optamos por mostrar desinterés y así nos evitamos esfuerzos. En mi caso, esto lo aplicaba a los pastiches de Sherlock Holmes. ¡Madre mía! Un universo más amplio que el interestelar conocido, cuando menos. También es verdad que mi postura se cimentaba en parte debido a que mis contadas aproximaciones a ellos habían devenido sonoros fracasos: obras que demostraban el estudio aplicado de las constantes del personaje, todos los detalles que Doyle fue exponiendo sobre el personaje y su mundo en cuatro novelas y cincuenta y seis relatos (el denominado canon sherlockiano) comprimidos por lo general en una sola historia, y un Holmes que ni por asomo, ni poniendo nuestra mayor fuerza de voluntad, se parecía al del mentado canon. Eso cambió por primera vez al leer Charlie Marlow y la rata gigante de Sumatra (2012) de Alberto López Aroca. Ay, ay, la caja de los truenos mostraba un resquicio contra el cual no podría renunciar a asomarme. Sus obras posteriores siguieron empujándome sin remedio. Y el mal definitivo vino con este monumental Sherlock Holmes en España (2014), una auténtica biblia dedicada al otro canon, al que jamás salió de la mano de Conan Doyle, ese que siempre había evitado mirar cara a cara porque, por todo lo que es sagrado, solo tengo una vida y hay cosas que hay que dejar a un lado. Pero este paraíso virginal y puro terminó: ahora me veo abocado a investigar, a buscar y a leer estas obras espúreas y malditas, a sumergirme en las aguas más profundas e inabarcables que uno pueda imaginar. Y si es cierto que me encuentro aterrado por la tarea, abrumado por ese océano imposible de cruzar, no es menos apropiado afirmar que también fascinado por la iluminación. En fin, solo espero que si hay otra vida en ella haya libros, porque si no que no cuenten conmigo.   

En este ensayo apasionado y titánico de Aroca podemos encontrar muchas cosas. Algunas harán felices a los estudiosos de la obra sherlockiana de Doyle, así descubrir cuál fue el primer relato protagonizado por Holmes traducido y publicado en España, incluyendo escaneo de la misma, o un tremebundo recorrido por la escena teatral de esa España de principios del siglo XX atravesada por gran cantidad de adaptaciones y reinterpretaciones del más famoso de los detectives. Otras harán sudar sangre a los coleccionistas: una mareante bibliografía sobre pastiches del personaje (quiero aclarar, por si acaso haciera falta, que no utilizo aquí la palabra “pastiche” con connotaciones negativas o con pretensiones de deslucir las obras que en ella podríamos englobar) o una no menos impresionante referencia a obras que no se comentarán en extenso en el volumen, pero que al estar este acompañado de cientos de ilustraciones podemos saborear con su aparición y con esas portadas imposibles y maravillosas.    


Fantástica fotografía de Efrén Comín de la obra y sus hermanas. 

La parte central está dedicada a multitud de reseñas de obras protagonizadas tanto por Sherlock como por algún personaje del canon, primero las que están traducidas a nuestro idioma y a continuación las que no lo están. Una selección utilísima que a los neófitos como yo nos servirá de maravillosa guía, y que a los conocedores les resultará más que amena. Aroca las recopila casi en su totalidad de diversas publicaciones en diversos blogs, y conservan en todo momento ese tono entre apasionado y coloquial que se suele (solemos) utilizar en este medio. Lamentamos tal vez que algunas sean tan breves, pero no se puede pedir más: ¡el libro tiene más de 600 páginas! Como para extenderse más… Confieso también que aunque he leído poquísimas, como amante del personaje sí que tengo bastantes de ellas, ejem, cosas de maniático compulsivo. Este libro de Aroca me empujará a empezar a leerlas. Lo dicho: necesito otras tres o cuatro vidas. Prometo dedicarlas solo a leer.

En su tramo final, el autor nos regala varios ensayos sobre mitología creativa, esto es, estudios en los que se relacionan entre sí diversos personajes de ficción haciéndolos compartir la misma realidad, o incluso en ocasiones nuestra realidad, como si se trataran de personajes históricos reales. Suponen una lectura en verdad gozosa y emocionante, y Aroca es todo un maestro en este género. La guinda definitiva es la inclusión, como cierre, del breve relato La aventura de la prótesis ardiente (2012), un encantador divertimento protagonizado por Holmes y Watson y que da fe del magnífico buen hacer de Aroca cuando se trata de traernos de vuelta a nuestros dos héroes. Sherlock Holmes en España se alza así como una obra fundamental para todos los sherlockianos y apasionados de su universo. También, como el propio Aroca reconoce con una gran sonrisa, se convertirá en la pesadilla de los mismos: lo querremos todo, querremos leerlo todo y buscaremos hasta lo imposible lo que más nos haya atraído de lo que nos falta. Así son las pasiones: arrebatadas e irracionales. Y esto es lo maravilloso de cierto tipo de ficción: que nos hace sentir con fuerza, hasta con furia, que estamos vivos.  


Este libro se ha editado bajo suscripción en tirada limitada a 201 ejemplares. Todavía estás a tiempo de hacerte con algún ejemplar AQUÍ.


LÓPEZ AROCA, Alberto. Sherlock Holmes en España. (Madrid): Academia de Mitología Creativa Jules Verne de Albacete, 2014. 625 p. 

lunes, febrero 17, 2014

Batman, el Capitán Marvel, el profesor Quatermass y Sherlock Holmes luchan juntos contra un extraordinario gusano desconocido para la ciencia (según Alberto López Aroca)



En lo más profundo y salvaje del oeste norteamericano unas vacas están desapareciendo tras mostrar una conducta que aparenta un indicio de inteligencia. Y lo que es peor: una inusitada violencia. Vacas y extraterrestres es el punto de partida que nos ofrece Alberto López Aroca en Cuatreros de Venus (2013), publicado bajo el seudónimo de Norm Eldritch, un relato en el que el autor sabe pendular de lo divertido, sección descacharrante, a lo emocionante, sección invasión de la Tierra en toda regla. El sheriff Quatermass, tal vez un ancestro del famoso profesor que se enfrentara en varias ocasiones a amenazas alienígenas primero en la televisión británica, después en el cine de la mano de la productora Hammer, y sus ayudantes, el joven inexperto pero arrojado Proinsias Kelly y el viejo borracho medio indio Amos Colman, harán frente a este misterio. Un trío de héroes que nos retrotraen a las películas de Howard Hawks Río Bravo (Rio Bravo, 1959, con guion de Jules Furthman y, ¡atención!, la escritora Leigh Brackett según un relato de B. H. Campbell) y El Dorado (1966, con guion de Leigh Brackett de nuevo, esta vez inspirado en una novela de Harry Brown). Con estos magníficos modelos Aroca construye su historia con absoluta libertad: son un referente, no una repetición de algo ya creado, y en su uso y forma de dotarlos de personalidad propia estriba su maestría.

Cuatreros de Venus entronca con sus novelas Charlie Marlow yla rata gigante de Sumatra (2012) y Los náufragos de Venus (2013), con esta última de manera especial, pues al fin sabremos qué ocurrió con el “extraordinario gusano desconocido para la ciencia”, ese caso de Holmes referido por él pero nunca narrado por el doctor Watson, y también tendremos noticias de los acólitos de color verde del mentado gusano y del que acabará siendo su portador humano, un taxidermista y sepulturero llamado Fender. Más piezas para el puzzle vertiginoso con el cual Aroca nos está deleitando paso a paso en su obra. A carcajada por página, pero sin abandonar ni dejar a un lado nunca la tensión del relato cuando este precisa de ello, las aventuras de este trío impagable se pueden contar entre las páginas más acertadas y conseguidas del autor. Bueno, la verdad es que todo lo que he leído de él hasta ahora se puede contar entre lo mejor, porque no he encontrado nada que no me guste, jaja. Una verdadera golosina delirante y magnífica que he disfrutado como un poseso.


Pero hay más, no se vayan todavía. En la no menos prodigiosa novela corta El “gang” de los monstruos (2013, en la cual Aroca se “oculta” bajo el sobrenombre de Vince Harley) nos encontramos a Batman, al Capitán Marvel (el bueno, el de los tebeos de Shazam), a Sherlock Holmes y a un detective duro de esos a lo Mickey Spillane (de hecho, es “hermano” del famoso Mike Hammer) enfrentándose al terrible y extraordinario gusano desconocido para la ciencia, que no es otro que el simpático pero implacable señor Think (un trasunto del Mr. Mind de los cómics de Shazam). Continúan los intentos de este por domeñar al mundo, ahora durante la Segunda Guerra Mundial, con la aparición estelar de su ya a estas alturas requetemomificado Fender, el sepulturero taxidermista de Cuatreros de Venus. Que el joven Billy Batson sea un descendiente del doctor Watson (su nieto) y que Sherlock, ya anciano pero activo y lúcido como nunca, lo reclute como su ayudante es… no sé cómo decirlo ya sin resultar cansino… ¡formidable! Esta mezcla de relato de misterio con novela negra y, de paso, con cómic de superhéroes, engarzado todo ello en un poderoso relato de aventuras de claras connotaciones fantásticas, con raíz en la ciencia ficción modalidad invasión extraterrestre (de nuevo), es una pura delicia. Si ya es una maravilla leer un capítulo introductorio en el cual Bruce Wayne pide ayuda a Sherlock Holmes, no menos apasionante resulta el momento en que restalla el rayo y retumba el trueno ante ese grito, que aquí solo imaginamos, de ¡Shazam!

Ambas obras gozan de una cuidada edición a cargo del autor, un placer para los degustadores de las publicaciones nacidas al amparo de la cultura popular hasta el punto mismo del juego con los seudónimos o su presentación emulando la de un bolsilibro. Hay buen gusto y mucho cariño, pero además hay un par de portadas de Sergio Bleda que aquí está, otra vez, sensacional. En especial en la cubierta de El “gang” de los monstruos con ese homenaje a Norman Rockwell que no podemos dejar de comentar y admirar: en ella vemos a cuatro de los protagonistas de este relato fabuloso enmarcados en la referencia visual más importante de la Norteamérica de la época. Un golpe genial que nos encanta de manera especial aunque tanto Bleda como Aroca ya nos están mal acostumbrando a que lo genial sea la norma.


Terminamos comentando esta terna imbatible con el cuadernillo sherlockiano, editado a la manera del clásico Baker Street Journal, dedicado a lo fantástico y “lo desconocido” en la obra de nuestro detective favorito Sherlock Holmes y lo “outré” (2007). Este se abre con El Maestro y lo “outré”, una colección breve de seis citas del canon (para los no iniciados, el canon está formado por aquellas historias de Holmes escritas por Arthur Conan Doyle) en las cuales Sherlock o Watson (este solo en una de ellas) mencionan tal término. Introducción: “No ghosts need apply” es una presentación de este cuaderno centrado, como hemos dicho, en la relación de Holmes con lo fantástico. Si bien su postura siempre fuera escéptica, en algunos casos mentados por él o Watson pudiera ser que se hubiera enfrentado a casos sobrenaturales. Quizá la más extraña de estas aventuras del canon sea La aventura del hombre que reptaba, si bien está relacionada íntimamente con un estudio o descubrimiento científico. Del todo “outré”, eso sí.

“Un extraordinario gusano desconocido para la ciencia” es un apasionante estudio sobre las diversas apariciones estelares del famoso gusano sherlockiano, uno de los casos que nuestro detective consultor jamás resolviera, en incontables relatos y artículos. Ya aquí se tiene en cuenta a Mr. Mind, el gusano de Venus que tanta guerra diera al Capitán Marvel en los años cuarenta y que Aroca ha convertido en el terrible señor Think de sus novelas y cuentos.

La “Conexión Friesland”. Lo que aconteciera a Holmes y Watson a bordo del navío a vapor holandés Friesland forma parte de esa pléyade de casos citados por el doctor, bien por boca de Holmes o bien por él mismo, pero jamás narrados o salidos de su pluma. Pasto pues de estudiosos y autores de pastiches, parece ser que según algunos de ellos pudiera tratarse del mismo barco que viera perderse el pterodáctilo que el profesor Challenger trajera a Europa según se narraba en la novela de Doyle El mundo perdido. Quizá lo más bonito de descubrir en este y en el anterior artículo de Aroca es que en ambos ya encontramos las ideas que germinarían y acabarían por convertirse en esas dos emocionantes novelas que son Charlie Marlow y la rata gigante de Sumatra y Los náufragos de Venus.

Re: Vampires, o la “Conexión Carfax” quizá sea el ensayo más prototípico del volumen: la posible relación o enfrentamiento entre Holmes y Drácula ha dado juego infinito, y las especulaciones sobre el mismo o los diversos acercamientos literarios no han dejado nunca de surgir. Cuando además tenemos un relato del canon, La desaparición de Lady Frances Carfax, que apunta a que pudiera coincidir en el tiempo la estadía del siniestro conde en Londres con Holmes investigando un caso que implica a un tal Abrahams (al cual no se tarda en asociar con Van Helsing) y a una dama apellidada Carfax, como la mansión donde se alojara Drácula en la capital inglesa, pues tenemos ya el juego planteado y a los jugadores lanzándose a una ensalada de referencias, fechas, posibilidades y coincidencias para hacerlos pasar un rato juntos. ¡Como si los autores que lo han hecho y los que lo harán lo necesitaran! Los juntarían hasta después de muertos, que para algo tanto Holmes como Drácula son expertos en esto de volver de sus tumbas. Aquí podría haber materia hasta para un Holmes contra Drácula A. D. 2250. Seguro que toma forma algún día, si no lo ha hecho ya…

El volumen se cierra con un estupendo relato, Algunos derivados del alquitrán, que nos muestra juntos a Carnacki y a Holmes, este ya retirado haciendo de apicultor aficionado. Escrito a la manera de los originales de William Hope Hodgson (comentados AQUÍ), se trata de un caso decididamente extraño y “outré”, probablemente cercano a lo “ridicule”, muy divertido y fundamental para comprender la conexión tal vez más improbable de todo el cuadernillo: la que en un momento hubo entre el investigador de lo oculto Carnacki, el maestro de los detectives y de la ciencia deductiva Sherlock Holmes y… ¡los Pitufos! Ahí queda eso. Solo Alberto López Aroca podía hacerlo.


Puedes adquirir su obra, autoeditada de manera exquisita, AQUÍ.


ELDRITCH, Norm. Cuatreros de Venus. Traducción de Alberto López Aroca; ilustración de cubierta de Sergio Bleda. Madrid: Academia de Mitología Creativa “Jules Verne” de Albacete, 2013. 102 p. Bisonte Futuro; 92.

HARLEY, Vince. El “gang” de los monstruos. Traducción de Alberto López Aroca; ilustración de cubierta de Sergio Bleda. Madrid: Academia de Mitología Creativa “Jules Verne” de Albacete, 2013. 121 p. Sherlock Holmes; 103.

LÓPEZ AROCA, Alberto. Sherlock Holmes y lo “outré”: el maestro y el mundo de lo desconocido. Albacete: Academia de Mitología Creativa “Jules Verne” de Albacete, 2007. 64 p. D. L. AB-598-2007.


lunes, febrero 10, 2014

Los náufragos de Venus (2013), de Alberto López Aroca




Aunque Los náufragos de Venus (2013) no se trata de manera estricta de una continuación de la anterior novela de Alberto López Aroca Charlie Marlow y la rata gigante de Sumatra (2012), sí que sigue o nos ilumina sobre una trama fascinante que fuera abierta en esta: nada más y nada menos qué aconteció con la tripulación desaparecida del barco Mary Celeste, la cual fue trasladada contra su voluntad a Venus por medio del “distanciador”, el tremebundo artefacto diseñado y fabricado por el doctor Severus Magog Sivane. Los náufragos de Venus comienza con Sherlock Holmes y el capitán Charles Marlow campando por Londres alegremente con el nefando Necronomicón entre las manos. Una forma magnífica de conducirnos a lo que de verdad importa: Marlow conseguirá una ansiada entrevista con Mycroft, el orondo y tranquilo hermano del famoso detective consultor, en la cual Mycroft ha prometido explicarle todo lo relativo al extraño caso del Mary Celeste. Y a través de las fantasmagóricas voces grabadas en cilindros escucharemos, gracias al fonógrafo también inventado por el malvado Sivane, la increíble y prodigiosa historia de esos náufragos perdidos en un lugar tan lejano y ajeno como es el misterioso planeta Venus.

Aroca funde a la perfección sentido de la maravilla y aventura trepidante en el devenir de la condenada por el destino tripulación. En esta ocasión, las infinitas referencias utilizadas por el autor confieso que se me escapan en su mayoría, pero esto me ha permitido comprobar que este desconocimiento no me ha impedido en absoluto disfrutar de esta obra absorbente al máximo. El prestar tres voces a la narración del periplo venusiano hace que el relato multiplique su riqueza pues los tres personajes, tan diferentes entre sí, nos aportarán no solo el mapa completo de los hechos, sino las distintas perspectivas que sobre lo acontecido tienen los narradores. El señor Think, ese tan endemoniado como “extraordinario gusano desconocido para la ciencia”, es todo un regalo para el lector tras sufrir la desaparición, aunque solo sea material pues siempre parece estar presente, del maléfico doctor Sivane. La forma en que, en manos de Aroca, las hazañas del inmortal Sherlock se enlazan con uno de los “malos” más indescriptibles de la historia de los cómics (ahora también de la historia de la novela), salido de las páginas de Shazam, es sencillamente magistral. Porque no se trata solo de tener esa idea, ya fabulosa en sí, sino de ser capaz de ponerla en pie y lograr que funcione. Y aquí Aroca consigue un acierto sensacional. 

Las aventuras en Venus entreveradas con las interrupciones de los diálogos que mantienen en el presente Marlow y Mycroft, el apabullante desenlace que promete que habrá más aventuras para rato con diferentes y apasionantes frentes abiertos, y el colofón final, ese fragmento del libro que consiste en una monografía sobre Venus escrito por el imposible doctor Sivane, un trabajo en verdad mareante donde Aroca repasa quizá no todo, pero desde luego casi (y afirmando esto desde el más absoluto desconocimiento: si decimos cosa tal es solo porque queremos creer que Aroca es humano), lo que la ficción nos ha legado sobre dicho planeta expuesto como si se tratara de la historia real del mismo, nos ha supuesto una lectura que nos ha llevado de un lugar a otro con los ojos fascinados, la mente en ebullición continua y el corazón en suspenso ante los acontecimientos que se desarrollan sin descanso ni piedad. Aroca es un narrador puro que sabe tomar al lector por el cuello y zarandearlo y arrastrarlo sin compasión por mundos donde la maravilla se consume y alimenta a la vez del horror y la diversión más desbocados.

Los náufragos de Venus supone también una pieza más del puzzle increíble que es la obra de Aroca, puzzle infernal y fascinante en el cual el autor poco a poco va engarzando piezas con la maestría indiscutible de quien tienen mucho que contar y sabe cómo hacerlo. Pasión y emoción conforman su combustible, y a día de hoy pocos autores contemporáneos saben fundir las infinitas referencias con las que trabaja Aroca en un relato consistente y apasionante donde la cita pulp y la nota erudita conforman un todo, un conjunto donde en el que lo que de verdad importa es la aventura destilada en su más depurada y elegante forma. 

Puedes conseguir esta y otras novelas y ensayos de Alberto López Aroca en su página personal, AQUÍ. ¡Lo recomendamos TODO con pasión!



LÓPEZ AROCA, Alberto. Los náufragos de Venus: el destino final de los hombres y mujeres del “Mary Celeste.” Ilustraciones de cubierta e interior: Sergio Bleda Villada. Madrid: Academia de Mitología Creativa “Jules Verne” de Albacete y Alberto López Aroca, 2013. 339 p. 

miércoles, enero 15, 2014

Charlie Marlow y la rata gigante de Sumatra (2012), de Alberto López Aroca



Me surgió el interés por la obra de Alberto López Aroca gracias a los comentarios elogiosos dedicados a algunos de sus libros por parte del gran Wolfville en su blog El carnaval del señor Wolfville. Y vaya, qué puedo decir: ha resultado una recomendación que ha devenido un descubrimiento sensacional. Ha sido la primera novela que he leído de Aroca, pero a día de hoy ya puedo decir que no la única.

Para sus historias Aroca se nutre de referencias infinitas, en parte pastiche pero dotando de pleno sentido la expresión mitología creativa, esa forma de entender la literatura y sus personajes como un todo interconectado que naciera en el Wold Newton Universe de Philip José Farmer. Wold Newton es una población inglesa en la que a finales del siglo XVIII, en 1795, cayó un meteorito dotando a su población y a sus descendientes de poderes sobrenaturales. Esta familia fantástica estaría formada por todos los héroes y villanos que nos han dejado la literatura fantástica, los cómics, las series de televisión y todo aquello donde surja un personaje que pueda incluirse sin temor ni prejuicios en este universo loco y referencial. Una súper red en la que cabe hasta el mismísimo Doctor Who, por citar uno que en principio jamás pensaría un servidor que fuera a aparecer por allí (todos sabéis que es un alienígena procedente de Gallifrey). Aunque Aroca no sigue el planteamiento de Farmer de manera literal, sí quizá algo en su esencia, pues en su obra todos los personajes imaginables pueden tener cabida en una cascada de correlaciones que nunca deja de sorprender y divertir.

En la novela que nos ocupa, Charlie Marlow y la rata gigante de Sumatra (2012), esto sucede ya desde el mismo héroe mencionado en el título, ese Marlow protagonista de varias novelas de Joseph Conrad (la más famosa de ellas El corazón de las tinieblas, 1899), pasando por su “secreto” coprotagonista, un Sherlock Holmes al cual ni se alude por su nombre sino bajo el seudónimo de Sigerson, un noruego misterioso, del cual no pasa nada porque revele ahora su identidad pues sí que aparece en la portada del libro. Aroca se vale de esta feble ocultación de su nombre para lanzar un juego al lector ya que desde su primera aparición queda claro quién es en realidad. Continuas y evidentes pistas nos irán dejando claro su yo verdadero haciendo que el juego consista no en adivinar de quién se trata, sino en reconocer los tics más clásicos del detective que nos lo hará presente a cada instante. La narración así está plagada de personajes, hechos, lugares y objetos que aluden o remiten a obras preexistentes. Como he dicho, una auténtica maraña de caminos entrecruzados la cual, y aquí estriba su gran mérito, no se limita a acumular nombres o anécdotas sin más, sino que los enlaza en un puzzle creativo fascinante. Tanto si se conoce su procedencia, lo cual hace que se disfrute de su reconocimiento, como si no, cosa que Aroca no dificulta en ningún momento gracias a un magistral glosario onomástico y toponímico incluido al final del libro en el que el juego entre la realidad y la ficción se multiplica convirtiendo su lectura en una auténtica y erudita delicia.

Pero más allá de estas infinitas referencias, tenemos una fantástica novela de aventuras perfectamente disfrutable aunque desconociéramos todas y cada una de ellas. Y en esto, al menos a mi gusto, estriba su magnífico valor adicional. Porque Charlie Marlow y la rata gigante de Sumatra resulta una historia asombrosa, trepidante y, lo mejor, salvajemente divertida. Gran parte de la acción discurre a bordo del vapor volandero holandés Friesland. Allí se marcan todos los puntos importantes de la trama que se desarrollarán y resolverán nada más y nada menos que en la mítica isla de la Niebla. Todo lo que acontece a bordo del barco no solo es emocionante, sino también desternillante gracias al excelente retrato de los marineros que forman su tripulación, en especial esos magníficos diálogos, casi encontronazos, entre el “misterioso” Sigerson y el capitán Marlow. Una verdadera gozada que consigue mantenernos con una sonrisa continua en el rostro sin que por ello los acontecimientos más terribles y macabros de la aventura se resientan o pierdan su fuerza.


Hay grandes momentos, estando estos comentados entre mis favoritos, pero destacaría también la sencillamente fantástica forma en que Aroca ofrece una solución al misterio real de la desaparición del barco Mary Celeste, una de las ideas más bonitas contenidas en este libro. Y a su malvado de rigor, el tremebundo doctor Severus Magog Sivane, cuyo origen nos retrotrae a los maravillosos cómics del Capitán Marvel (Shazam) creados por Bill Parker y C. C. Beck. Este misterio del Mary Celeste será el corazón de su siguiente novela, la recién autoeditada Los náufragos de Venus, que adelanto ya que me ha gustado más aún que la presente. Aroca sigue construyendo su tupida malla de nexos entre personajes de ficción haciendo que sus novelas la creen a su vez edificando un todo que se continúa de una a otra. Como dice el propio autor: “el conjunto es superior a las partes.” Damos fe de ello, pero dejando constancia de que solo se puede construir un todo magnífico cuando sus partes son tan geniales como esta novela en la que Marlow y Holmes se enfrentan a uno de los casos más extraños con los que jamás se encontrara el celebérrimo detective consultor.


Cuaderno de bitácora del “Matilda Briggs”: cinco ensayos sherlockianos y una carta (2005-2006)


A la manera del Baker Street Journal de los años 40, Aroca ofrece una bonita colección autoeditada de cuadernillos que se inspiran en su presentación en esta mítica publicación. Como su título deja bien claro, este cuaderno está compuesto de cinco artículos dedicados a Holmes y una carta firmada por ese viejo conocido nuestro que es Fu Manchú, además de unos extraordinarios anuncios de la época en la que excelentes profesionales nos ofrecen sus servicios, aunque da la sensación de que tras todos ellos se ocultan los dos mismos y bien conocidos hermanos doylinianos, jeje. Vamos con su contenido.

Presentación: Matilda et Marie. Donde Alberto López Aroca recopila información acerca del ficticio, que resulta tal vez no serlo tanto, barco Matilda Briggs, quizá en su origen el Mary Celeste ocultado su nombre por el propio Watson al mentarle Holmes el caso de la rata gigante de Sumatra. Quizá de aquí parta la idea de Aroca de convertirlos en dos barcos bien distintos en su novela Charlie Marlow y la rata gigante de Sumatra y la posterior Los náufragos de Venus, siendo así el primer navío el protagonista del archiconocido enigma y el segundo el que Holmes mencionara en el caso de la rata.

La aventura del ineludible duelo eludido. Donde se especula sobre un posible enfrentamiento entre Holmes y Jack el Destripador, y de regalo todas las obras que han versado sobre este fantástico encuentro. Y también sobre aquellos otros libros que esclarecen el caso del célebre asesino sin nombrar a Holmes o los que explican por qué este nunca intervino en ese caso o por qué Watson nunca lo escribió. Como en el ensayo anterior, Aroca funde erudición, fantasía y realidad en un combinado imbatible que se multiplica aún más en el excelente Mycroft Holmes y algunos agentes del Diogenes Club, donde nos habla de la pertenencia del marino Charles Marlow al espectral club fundado por Mycroft, así como de otros posibles miembros. Y de las extraordinarias asociaciones y concomitancias existenciales de estos entre sí.

En el dueto formado por El problema del Holmes travestido y El argumento del destripador alemán (Algo más sobre el Holmes travestido) se nos explican nuevos detalles sobre el enfrentamiento entre Jack el Destripador y Sherlock Holmes, en concreto sobre aquel que llevó al detective consultor a atraparlo recurriendo al “ingenioso” truco de vestirse de sexy prostituta. El origen de este duelo sin igual está en las dos colecciones (en concreto, en la segunda de ellas) de pastiches alemanes anónimos de principios del siglo XX protagonizados por Holmes (de los cuales hemos podido disfrutar de recientes reediciones comentadas AQUÍ, AQUÍ y AQUÍ). La realidad supera a la ficción en este caso, pues estos pastiches, al ser “traducidos” de manera harto imaginativa por el genial escritor belga Jean Ray, dieron origen al Sherlock Holmes americano: Harry Dickson.

El cuadernillo se cierra con la pieza que más me ha gustado de las seis que lo conforman, a mi gusto una pequeña joya. El mundo volverá a saber de mí es una carta de Fu Manchú dirigida a Mycroft Holmes. Con Charlie Marlow de protagonista, adelantando detalles de la aventura conjunta que este vivió con Sherlock y que Aroca nos relatará seis años después, y con el terrible destino pergeñado por el genio oriental del crimen para el marino conradiano (aroquiano convendría decir en esta ocasión). El tono entre sardónico y admirativo, respetuoso e insultante a un tiempo de la misiva se nos antoja de fantástica factura, tanto en su forma como en la sucesión de hechos que en ella nos relata. La manera en que Fu Manchú, siempre correcto y educadísimo, nos acompaña de la mano con una sonrisa humilde y servicial hacia el corazón del horror es magnífica.


La rata gigante gigante de Sumatra en el oeste (2012)


Y para terminar, y como complemento a la novela que abre este comentario, recomendamos vivamente la lectura de este relato (firmado con el sobrenombre Norm Eldritch) ambientado en el salvaje oeste con un chino, inspirado tal vez por ese otro que aparecía en El circo del Dr. Lao (1935) de Charles G. Finney, que se presenta en un tórrido pueblo típico de ese oeste mítico que para nosotros nace más del cine que de la literatura con un carromato de monstruos en cuyo interior transporta un ejemplar de la terrible rata gigante de Sumatra. Protagonizado por los posibles descendientes del mismo Robinson Crusoe, el despiadado pistolero de pétrea mirada Fred Porlock con su Winchester 73 (una creación de Arthur Conan Doyle que aparece de forma intermitente en la obra de Aroca), el mentado chino misterioso, el obtuso sheriff Reed Brooks y el rufianesco señor Cosgrove. Muy entretenido, funde a la perfección una historia del más puro far west con una trama de robos trufada de criaturas imposibles. Lo fantástico rasga el plomizo y seco viento del desierto y el polvo levantado por las botas de cuero se apelmaza en la atmósfera de la sala de lectura de nuestra mansión de forma inevitable. Aroca domina este tono donde lo fantástico juguetea con la comedia sin abandonar u olvidarse de la emoción y la tensión de la historia.

Podéis haceros con estas tres maravillas y otras fruto de la imaginación de su autor en este blog donde las tiene a la venta: AQUÍ.


LÓPEZ AROCA, Alberto. Charlie Marlow y la rata gigante de Sumatra: una aventura de Sherlock Holmes en 1893 con la solución al misterio del “Mary Celeste.” Ilustraciones de cubierta e interior: Sergio Bleda Villada. Madrid: Alberto López Aroca, 2012. 303 p.

LÓPEZ AROCA, Alberto. Cuaderno de bitácora del “Matilda Briggs”: cinco ensayos sherlockianos y una carta. Albacete: Academia de Mitología Creativa “Jules Verne” de Albacete, 2006. 52 p.

ELDRITCH, Norm. La rata gigante de Sumatra en el oeste. Traducción de Alberto López Aroca; ilustración de portada de Sergio Bleda. Madrid: Academia de Mitología Creativa “Jules Verne” de Albacete, 2012. 48 p. Bisonte futuro; 95.


lunes, mayo 18, 2009

Harry Dickson: las aventuras originales, volumen 2 (1907-1909)



Sigue la edición por parte de La biblioteca del laberinto de las novelas que dieron origen al Harry Dickson de Jean Ray. Estos relatos eran apócrifos protagonizados por Sherlock Holmes y un ayudante ideado para la ocasión que sustituía a Watson, Harry Taxon. Ray comienza a traducirlos para el mercado belga, pero cansado de lo que consideraba una tarea rutinaria y convencido de que él podía superar con facilidad a los originales, decide bien pronto pasar de traducirlas a reescribirlas. Para entonces ya este Sherlock de pacotilla era Harry Dickson y su ayudante había tomado el nombre de Tom Wills. Y ambos, de la mano de Ray, se dedicaron a investigar los casos más inverosímiles y fantásticos que cupiera imaginar. 

En mi comentario al volumen anterior no tenía claro que Tom Wills en ningún momento se presentara como un trasunto del doctor Watson, sino que se trata nada más y nada menos que de un ayudante, casi un aprendiz, de aquel al que siempre se dirige como maestro: Holmes/Dickson. Imposible imaginar en Holmes ese trato afectuoso, casi de padre a hijo, entre Dickson y Wills. Esta nota distintiva permanecerá en las versiones de Jean Ray, lo cual ayudará, junto a su derivación netamente fantástica, a diferenciarlo de su modelo. El genial escritor dio así el paso decisivo para crear uno de los más grandes detectives de lo sobrenatural gracias a sus “traducciones creativas” de estas en verdad desaforadas aventuras convirtiéndolas en definitivamente extravagantes y únicas.


Ya en estos cuentos poco queda del Holmes del canon, de hecho no está ni Watson, y de una aventura a otra, dependiendo de quien escribiera la historia correspondiente, el personaje varía de forma considerable, así tanto el estilo narrativo como el carácter de lo narrado, que puede unas veces ser más detectivesco y otras pura acción sin descanso. En ocasiones varía hasta en lo físico: en este mismo volumen, en una aventura es un tipo rubio, en otra moreno. En fin. Ray tenía materia con la cual jugar.

En esta edición se ha optado por seguir los títulos de la edición belga, de ahí que no siempre coincidan con los de la primitiva edición española. Las aventuras primera y última del volumen pertenecen a la colección Memorias íntimas de Sherlock Holmes, formando parte la segunda y la tercera de la colección Memorias íntimas del rey de los detectives, cambio de nombre debido a la actuación de los herederos de Conan Doyle que consiguieron eliminar ese Holmes de la portada, si bien en el interior el protagonista seguía siendo este. A pesar de ser estas aventuras las originales protagonizadas por el genial e irrepetible detective asesor, también en esta edición se ha preferido cambiar el nombre del protagonista por el que se harían popularmente más conocidas, Harry Dickson. 

La timba de la calle Franklin (Die Verbrecher-Drogerie in der Franklinstreet, 1909) es un compendio de disparos, carreras y persecuciones de vértigo que tienen lugar en una urdimbre de pasillos, galerías subterráneas, habitaciones ocultas y paredes que se desplazan y esconden puertas a pasadizos secretos. Un relato que debe más al folletín y, a través de este, a la misma novela gótica (joven indefensa raptada y amenazada de muerte a la cual nuestros héroes deben salvar, junto a ese infierno de pasadizos escondidos tras las paredes y bajo el suelo de una mansión victoriana que más asemeja cualquiera de los siniestros castillos que poblaron las obras de Walpole y Radcliffe) que a los relatos del canon holmesiano, esto es, los escritos por Arthur Conan Doyle. Pura acción en una aventura que si bien no deja una huella digamos profunda, desde luego sí que resulta entretenida.


Miss Mercedes, la reina del aire (Oceana, die Königin der Luft, 1907) es un relato más detectivesco, con crímenes, robos inauditos y una clara visión negativa de los judíos. El punto de partida no deja de ser una divertida confusión que parece encaminar la historia hacia un enredo de faldas entre un lord snob y un engreído baronet, pero pronto todo deriva hacia una intriga principesca de nobles rusos acosados por malvados nihilistas, para llegar a la mitad, descubrir que se nos ha entretenido con una falacia y centrarse todo en un absurdo robo. No muy brillante debido a esta indefinición y baile argumental, pero por eso mismo no consigue aburrir. En su mayor defecto está también su minúscula virtud.


Es evidente que el anónimo autor de Alrededor de un trono (Um einen Thron, 1908) pretende elevar el vuelo estilístico de la colección. Otra cosa es que lo consiga, claro, porque dicho esfuerzo no da grandes frutos, la verdad. Sin embargo resulta muy curioso comprobar cómo ese esfuerzo literario va acompañado de una trama delirante, no tanto por los increíbles y desestructurados sucesos, que por momentos parecen seguir la única lógica de “lo primero que se me ocurra, pues eso vale”, como por lo exagerado de los mismos. El adjetivo “desaforado” parece aquí cuadrar mejor que nunca. No hay más que detenerse brevemente en uno de los dibujos, una de las ilustraciones que adornan el relato: un joven servio dormido en un banco mientras Harry Dickson abre un saco lleno de cabezas humanas ante la mirada vagamente horrorizada de Tom Wills. Si esto fuera una película de serie b, tendría una legión de seguidores irredentos proclamándola una joya de culto. En fin, una aventura algo salvaje, asilvestrada, con una trama que va del mar Jónico a Belgrado, pasando por un campamento gitano que está en otro país y un convento del que se efectúa una fuga de la que resulta difícil enterarse de cuánta gente en verdad han ido allí a salvar nuestros héroes pues no coincide con el número de salvados. Es que por no coincidir, no coincide ni el género: las hermanas del joven servio durmiente son hermanos al salir del convento, así porque sí, sin mediar palabra los pobres (a no ser que sea un descuido de la traducción). E incluye una forma de burlar un pelotón de fusilamiento que si llegáis a leerlo no olvidaréis jamás de puro desquicie, de pura tontería. Y todo regado, como he dicho, con las florituras literarias más ingenuas y desarmantes. En definitiva, un más que disfrutable folletín de la más baja estofa.


La intrigante desenmascarada (Dämon Weib, 1908) es la aventura que cierra este segundo volumen de las aventuras originales de Harry Dickson. Se trata de una aburrida trama de crímenes orquestados por una mujer malvada y su horda de secuaces dispuestos a todo a cambio de sexo.

La biblioteca del laberinto acaba de publicar dos nuevos volúmenes de esta colección incluyendo seis aventuras: aquellas en las que el magnífico detective se enfrenta al maléfico Profesor Flax. No podemos sino felicitar a esta editorial por esta labor de rescate única que nos está brindando la oportunidad de descubrir la verdad sobre el caso Harry Dickson. (Lástima que no continuaran con este fascinante proyecto – nota en octubre de 2019).


HARRY Dickson, el Sherlock Holmes americano; volumen 2: La timba de la calle Franklin y otras historias desaforadas del rey de los detectives. Ilustraciones de Alfred Roloff; introducción de Alfredo Lara; apéndice de Francisco Arellano. Madrid: La biblioteca del laberinto, 2007. 216 p. Delirio, ciencia-ficción; 11. ISBN 978-84-935407-2-2.