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viernes, octubre 18, 2013

Delirio: ciencia ficción y fantasía, número 2 (junio 2008)


Este número 2 de la revista Delirio se nos presenta enmarcado por una letra de una canción del grupo Led Zeppelin a modo de frontispicio, La canción del inmigrante (1970), y un poema del gran Mervyn Peake, Cuando Dios se hubo cortado las uñas…, cerrándolo. La colección de cuentos da comienzo con El camino de Ecben (1929), una fantasía medievalista escrita por el norteamericano James Branch Cabell. Es un relato plúmbeo del cual sus mejores frases parecieran extraídas de la papelera de Lord Dunsany. Entiendo que los amantes del maltratado género estén locos por buscar ancestros y antecedentes de calidad, pero dudo que este adorno vacío pueda servir para darle lustre. La temática del camino del héroe da para ensayos y darle vueltas a la tortilla intelectual una y otra vez, pero de verdad que ni este ni otros géneros precisan de esta vaselina académica. Un mal comienzo que enseguida se nos olvida porque La República de la Cruz del Sur (1905), del ruso Valeri Y. Briúsov, es una obra magistral, un relato demoledor y espeluznante que supone a mi gusto, este sí, todo un hallazgo. Ya lo comenté en detalle AQUÍ. Solo por él merecería la pena esta segunda entrega de Delirio, pero no se vayan todavía que aún hay más.  

Finis (1906) es un sensacional cuento apocalíptico de Frank Lillie Pollack. Partiendo de una premisa científica imposible (el universo es finito y su centro es una estrella de dimensiones gigantescas: la llegada de su luz al fin a nuestro planeta es la que traerá consigo el desastre), Pollack desgrana con sencillez y gran intensidad los dos últimos días del hombre sobre la Tierra. Los humanos morirán abrasados y la civilización será barrida por un soplo infernal de aire hirviendo. Escrito solo un año después que el magnífico cuento de Briúsov, no alcanza la grandeza absolutamente siniestra del ruso, pero desde luego merece estar publicado a su lado.


Stephen Vincent Benét


Junto a las aguas de Babilonia (1937), de Stephen Vincent Benét, es un extraordinario paseo por un futuro post apocalíptico, el remate perfecto para los dos relatos anteriores. El título que tuvo en un principio, El Lugar de los Dioses, se nos antoja más lleno de sentido que el que ahora presenta, pero fijaos que esta es la única pega que le podríamos poner. En esta historia acompañamos a un joven sacerdote de una tribu primitiva en su viaje al Lugar de los Dioses, el gran Lugar prohibido de los Lugares Muertos, la zona que adivinamos más castigada por la hecatombe final. De manera indirecta iremos descubriendo que la civilización muerta es la nuestra, que esa tribu ancestral en realidad es nuestro futuro y que toda la grandeza del hombre fue asolada por una guerra que acabó con todas las cosas. Benét deviene casi genial al narrarnos el fantástico viaje del joven sacerdote: compartimos con él su miedo y su valor al penetrar en esos lugares vetados donde anidan el misterio, la soledad y los secretos de un pasado imponente. Es el lector el que se adelanta a sus descubrimientos, pues el sacerdote nos cuenta lo que ve describiendo cosas que conocemos de nuestra vida cotidiana pero que para él son extrañas y desconocidas, cenizas de un pasado incomprensible. No hay así sorpresas, sino suspense por conocer cómo se irán sucediendo sus distintos descubrimientos. Una maravilla de emoción contenida servida con mano maestra que, como ya he comentado, cierra a la perfección esta tríada apocalíptica.


Entre medias, hemos podido admirar una muestra de las estupendas ilustraciones que Edd Cartier realizara para The Shadow (La Sombra), el inmortal héroe pulp creado por Maxwell Grant (Walter B. Gibson). Y justo después, tras una presentación del autor por parte de Francisco Arellano, nos encontramos con la narración de la primera expedición a Marte en Los navegantes del infinito (1925), del francés J.-H. Rosny Aîné. ¡Qué bonito título! Con un estilo directo y sin florituras, Rosny Aîné nos planta en el planeta rojo en pocas líneas, una breve introducción plagada de términos raros cuyo único objetivo es obnubilarnos hasta que de repente ya estamos inmersos en el viaje espacial. Este se inicia a modo de narración plasmada en un diario, pero pronto se deja a un lado sin ningún tipo de explicación. El autor no es cuidadoso ni con este ni con otros detalles. A cambio, sí que muestra una apabullante imaginación, sobre todo desde el momento en que los tres aventureros protagonistas pisan suelo marciano. Las extrañas criaturas que allí viven y la imposibilidad de comunicación entre especies distintas hubieran hecho las delicias del mismísimo Stanislav Lem. A mi entender son las mejores páginas de este extenso relato, en las que se sienten con mayor fuerza el espíritu de aventura, la fascinación por el descubrimiento de un mundo asombroso y la sed de conocimientos sin límite de los viajeros estelares. Nuestros tres atípicos héroes acaban por encontrar una especie con la cual sí pueden comunicarse, los trípedos, y el narrador hasta llegará a enamorarse de una de las hembras de la ajena especie marciana. En este sentido Los navegantes del infinito resulta un hermano menor del relato de Porfiri P. Infántiev En otro planeta (que ya comentamos AQUÍ). Bueno, en este sentido y en todos, pues los mejores momentos son aquellos en los que Rosny Aîné más nos recuerda a la magistral obra de Infántiev. Hacia el final la historia deriva en la consabida guerra entre los pobladores marcianos en la cual los trípedos recibirán la ayuda de los tres humanos para conseguir la victoria. Son las páginas más tópicas y menos sorprendentes de un buen relato del que permanecerán en el recuerdo sus estupendas descripciones de un Marte extraño y fantástico. No son sin embargo cualidades de Rosny Aîné el dibujo de personajes con entidad ni la creación de atmósferas. Su imaginación en bruto resulta, pese a esto, suficiente para mantenernos atrapados en su lectura.     



La revista termina con los fragmentos de cuatro cartas de Clark Ashton Smith reunidas bajo el título El árbol genealógico de los dioses (1934-1937), dos de ellas dirigidas a Robert H. Barlow y las otras dos a H. P. Lovecraft. Ashton Smith juega aquí a seguir el rastro de los ancestros y la descendencia de uno de los dioses de los mitos de Cthulhu, Tsathoggua. Se percibe esa mezcla de seriedad y cachondeo con la que se tomaban estas creaciones sus propios autores: es evidente que se lo pasaban, valga la expresión, de miedo. Otra cosa es lo que pase por la mente del lector casual de estos fragmentos, pieza más de una broma privada entre un grupo de magníficos escritores que una obra para ser leída por cualquiera. Una curiosidad, en fin, que entiendo pueda interesar a cierto tipo de amantes de la obra lovecraftiana. No es mi caso: yo adoro a Lovecraft, pero que Tsathoggua se casara con la prima hermana de Cthulhu o no me importa un soberano pimiento.


Tsathoggua en plan New Age
(más ilustraciones de Tsathoggua AQUÍ)


DELIRIO: ciencia ficción y fantasía. Número 2. Junio 2008. Traducciones de Javier Martín Lalanda, “El Nictálope”, Francisco Arellano y Óscar Mariscal; introducciones de Javier Martín Lalanda, André Cabaret, Francisco Arellano y Óscar Mariscal; ilustraciones de Gustave Doré, William Russell Flint, Hannes Bok, Jessie M. King, John May Smith, Frank C. Papé, Mikhail Vrubel, Frank R. Paul, J. Serra y Masana, Matt Fox y Boris Dolgov. La Biblioteca del Laberinto. 157 p. ISSN 1888-5896. 

jueves, octubre 17, 2013

Delirio: ciencia ficción y fantasía, número 1 (diciembre 2007)


Todavía recuerdo la gran alegría que supuso el adquirir este número 1 de una revista dedicada a los géneros literarios que más amamos. Relatos, novelas cortas, artículos y muchas ilustraciones conformando su contenido, Delirio ha conseguido llegar desde entonces hasta el número 11, manteniendo su publicación semestral y todavía en activo. Todo un logro del que nos congratulamos y, por supuesto, disfrutamos. En los tiempos en que este oscuro blog disponía de un breve espacio en la radio le dedicamos nuestro penúltimo programa (AQUÍ), pero quizá estaría bien ir comentando número a número con más detalle. Y a ello nos ponemos, aunque debo decir que no comenzamos con el 1, eso es una vulgaridad impropia de este blog, pues ya lo hicimos con el número 9 (AQUÍ).

La publicación se abre con un poema que casi roza lo mítico por lo conocido que es: Si… (1896), de Rudyard Kipling. A continuación, una Presentación de la revista a cargo de su editor y director Francisco Arellano. Y enseguida el primer relato, El dios de humo (1908), de Willis George Emerson. Una historia que se desarrolla en parte en el interior de la Tierra siguiendo la estela de la magnífica Viaje al centro de la Tierra (1864) de Jules Verne. El cuento de Emerson resulta algo pesadote en su intento de dar soporte científico a la teoría de que nuestro planeta está hueco a costa de aturdirnos con notas a pie de página, las cuales en su mayoría son fragmentos de textos de exploradores polares que servirían de base real a su planteamiento. No deja de ser entretenido, pese a esto, al menos como curiosidad, si bien literariamente el conjunto queda tocado. Quizás lo mejor sean las estupendas descripciones del viaje por los hielos eternos y el descubrimiento de una selva tropical allí donde es imposible que exista algo semejante. Apenas hay progresión narrativa, salvo aquella consistente en el puro avanzar y contar qué se van encontrando los protagonistas por el camino, adoptando las formas de un libro de viajes seudocientífico. A pesar de estos defectos importantes, es un regalo tener la oportunidad de leer una obra que si no se hubiera editado aquí jamás hubiéramos podido leer en nuestro idioma.




El código social (1909), de Erle Cox, es una tosca pero entretenida historia de un terrestre que se lía a distancia con una marciana… ¡casada! Quién iba a pensar que a los habitantes de Marte también les iba esto del matrimonio. Aunque ya deberíamos ser conscientes de esta apetencia alienígena gracias a la película dirigida en 1958 por Gene Fowler Jr. Me casé con un monstruo del espacio exterior. El relato, tal vez de manera inconsciente, nos muestra que los marcianos, pese a sus avances científicos, son tan duros de mollera como los terrestres. Cox sí que consigue, al menos, hacer creíble toda una civilización mostrándonos tan sólo lo que se llega a ver de ella a través de una superficie tal que un espejo. Llegamos a la mitad de la revista, y en esta su parte central podemos admirar los dibujos que Virgil Finlay hiciera para El sueño de una noche de verano de William Shakespeare.  


Tras el tan predecible como prescindible relato El grabado (no se termina de saber si lo escribió un tal William Wibsby en 1905 o bien se trata de una mistificación y su verdadero autor es Philippe Laborde-Castex, que lo pudo escribir en 1995: en ambos casos nos trae sin cuidado), podemos leer un cuento del siempre interesante Antonio de Hoyos y Vinent, El traje milenario (1926). Es una historia prehistórica tan simpática como intrascendente en la que lo que de verdad importa es hacer una gracia a costa de la vanidad femenina. Pero Hoyos y Vinent siempre es bienvenido. Pasamos a Notas de Arkham (1938), que como indica su título son notas y apuntes que H. P. Lovecraft realizara a lo largo de su vida. Ya sabéis que cualquier cosa del maestro nos vale, él está por encima del bien y del mal, así que quizá este sea el regalo más preciado que incluye este número 1 de Delirio. Más que nada por poder indagar con curiosidad implacable en la forma con que Lovecraft apuntaba ideas para cuentos y notas sobre cómo escribir historias de terror.


Plano de Arkham realizado por H. P. Lovecraft. 
Abajo, el plano adaptado por Joseph Morales. No dejéis de leer 
su artículo al respecto en la página web Cthulhu Files (AQUÍ). 


Caminos (1938), de Seabury Quinn, es un excelente relato sobre todo en su primera mitad, en la cual Quinn nos lleva sin aliento sorprendiéndonos de continuo. Hacia el final la previsibilidad de la historia estropea un poco su efecto y alarga demasiado el viaje justo antes del desenlace, lo cual acaba por descompensar el conjunto. Pero es un gran cuento, no lo dudéis. Aunque no tanto, también es un buen relato de terror con toques lovecraftianos Muy por debajo (1939), de Robert Barbour Johnson, en el que destaca de manera especial la fantástica idea de ambientarlo en los túneles del metro. Y llegamos al final de este número con El lecho-leopardo (1904), del que lo único que se puede destacar es que fue el segundo relato que escribiera Sax Rohmer, y con otro poema bien conocido de William Blake, El tigre (1794). Y así he intentado daros mis impresiones sobre el primer paso de un camino, valga la redundancia con permiso de Quinn, que hasta hoy está resultando apasionante: el de la revista Delirio. ¡Que no termine nunca!


 Portada del número de enero de 1938 de la revista Weird Tales
en el cual se publicó el relato Caminos de Seabury Quinn.


Portada del número de junio-julio de 1939 de la revista Weird Tales
en el cual se publicó el relato Muy por debajo de Robert Barbour Johnson.



DELIRIO: ciencia ficción y fantasía. Número 1. Diciembre 2007. Traducciones de Francisco Arellano; ilustraciones de Alphonse Maria Mucha, František Kupka, Charles Rennie Mackintosh, John A. Williams, Eulogio Varela, Virgil Finlay, Harry Clarke, Ernesto Durias, Hannes Bok y Edd Cartier; selección y presentaciones de Francisco Arellano. La Biblioteca del Laberinto. 174 p. ISBN 978-84-935407-6-0.       

miércoles, julio 11, 2012

Delirio: ciencia ficción y fantasía, número 9 (marzo 2012)


Nueve números ya de la revista Delirio, qué bien. Sí, así de lacónico pero también así de feliz. Porque es una gozada que una publicación semejante se mantenga con vida, en especial ahora que vivimos tiempos en los que todo parece morir. Fijaos que digo parece, que ya sabemos que los malos ganan siempre porque son más listos que nosotros, pero a los buenos nos quedan nuestros refugios y estos por el momento se muestran irreductibles. Y hasta tal punto Delirio está viva que da la sensación de que el último número es siempre mejor que el anterior. No hay nada más grande que podamos decir de una publicación periódica.

Y es que fijaos qué comienzo: El mensajero del rey (1907), de Francis Marion Crawford, un relato inédito en español que estaba incluido en las últimas ediciones de su volumen recopilatorio de cuentos fantásticos Wandering Ghosts (1911). Ya solo por esto merecería la pena este número de Delirio. Se trata de un relato elegante, magistral en sus formas, que elude la sorpresa en su trama y opta por una atmósfera onírica e irreal perfecta para contarnos este encuentro ante una mesa repleta de comida con un fascinante y extraño mensajero. Belleza y sobriedad propias del autor clásico que es Crawford dentro del fantástico pese a sus breves incursiones en el género.

A continuación podemos leer un relato ambientado en la Primera Guerra Mundial, que esto de las aventuras de guerra también era dominio pulp: La escuadrilla de los hombres perdidos (1942), del autor conocido sobre todo por sus novelas de género negro David Goodis. Es una fantástica muestra de esos relatos ambientados en estremecedoras batallas aéreas, todo un subgénero dentro de la literatura popular, de los cuales confieso no haber leído ni uno hasta este incluido aquí. Y si bien la historia es de un convencional que tira de espaldas, Goodis narra los combates de las máquinas de guerra en el cielo con una fuerza y una emoción más que notables. Todo un placer.

Recordado por su trabajo como guionista cinematográfico, Charles Beaumont no dejó un gran legado como escritor debido a su pronta muerte. El excelente relato de ciencia ficción Gente guapa (1952) nos muestra un futuro tan bello como deshumanizado y frío. Resulta una estupenda parábola sobre la aniquilación de la personalidad, de la amputación de lo que es diferente, de todo aquello que se separa de la masa dominante. De plena actualidad, al fin.

Umbral (1940) es un buen relato del siempre interesante, y en muchas ocasiones magnífico, escritor Henry Kuttner. Quizás penséis que exagero, pero en serio que siento gran admiración por él. En Umbral nos cuenta la historia de un hombre que cree que usando su inteligencia podrá pactar con el Diablo (más bien con un demonio: Baal) y burlar el cumplimiento del acuerdo infernal por su parte. Es un cuento tan diabólico como irónico y divertido, en el cual Kuttner juega con la idea establecida en el género de que los pactos infernales siempre acaban mal para los humanos.

Este número también reserva una sorpresa para todos los amantes de los bolsilibros: la publicación íntegra de la novela Sombras del caos, originalmente editada por Bruguera Bolsilibros como el número 213 de su colección Futuro, Héroes del Espacio, en octubre de 1984. No había leído nada de Lem Ryan (Francisco Javier Miguel Gómez), pero encontrarme con que seleccionaban una novela suya para esta recuperación ya daba una buena impresión. Y tras leerlo la impresión positiva se ha confirmado: es un fantástico relato que aúna ciencia ficción y mitología cthulhiana, algo en realidad ya implícito en los Mitos creados por Lovecraft pero no siempre tenido tan en cuenta como sería de prever. Ryan la escribió a la edad de 19 años, pero no es este su único mérito. A mi gusto lo mejor es su excelente atmósfera opresiva, lo cual denota que la influencia de Lovecraft no es solo temática, que sería lo fácil: la soledad, el aislamiento, la incapacidad absoluta del hombre para relacionarse con su entorno y entre sí suponen la base de la angustia existencial presente en todos los relatos del Maestro de Providence (jaja, me encanta ponerme rimbombante con Lovecraft, ¡se lo merece por genio, esto y más!).

Ryan sabe homenajear a Lovecraft no solo en lo superficial. Hay una conseguida visión de belleza siniestra que lo acerca a él más allá del recurso fácil de mentar a sus monstruos. Hace tangible el Horror Cósmico: “Pero ya nadie bailaba entre las estrellas, ya no se oían melodías demoníacas en el eterno vacío del espacio, ya los malignos seres de leyenda, todopoderosos y terribles, no esparcían su ciega locura por el universo que los había rechazado. Se habían ido, arrastrando su abismal estupidez consigo, para aullar eternamente en negros fosos de horror, durmiendo con sueños de desastre total, y ya nunca volverían.” (p. 76)

En definitiva, un relato excelente, angustioso y oscuro. Se le achaca que quizá el final resulta algo precipitado, y tal vez sea verdad, pero la resolución rompe con lo que era habitual en los bolsilibros. Aquí la única boda final es la que los supervivientes forjarán con la oscuridad y la muerte.

Juegos peligrosos (1980) de Marta Randall es un extenso relato perteneciente a la serie de la saga de la familia Kennerin. Es de ese tipo de ciencia ficción que no me va mucho: mucha tecnología, mucha palabreja rara haciendo alusión a cosas del futuro evitando explicarlas, héroes de una pieza y, dentro de todo este futuro inconcebible, pues resulta que los habitantes de planetas a años luz pertenecientes a una raza alienígena se sientan a una mesa a tomar el té de las cinco o se comen un bocadillo de mortadela. En fin, la space opera más tradicional pero sin el aire retro e inocente de sus primeras manifestaciones. Sin embargo, su lectura me resultó al final más que entretenida quizá a su evidente falta de pretensiones más allá de entretener, y de entretener sin que uno se sienta medio idiota. Y eso que la ilustración a doble página que lo acompaña, reproducción de la portada de su edición original, destripa todo el supuesto misterio de la trama…

La revista se cierra con el magistral poema La ciudad en el mar de Edgar Allan Poe acompañado de unas ilustraciones del no menos genial Frank Frazetta. Un curioso artículo, Realismo y utopía en la literatura española (1962), en el cual su autor, Mariano Baquero Goyanes, nos cuenta cómo el carácter arbitrista (“individuo utópico a corto plazo”, p. 185, esto es, el tipo que lo soluciona todo típico del bar, ahora también en facebook y twitter) del español lo imposibilita para obras de gran calado imaginativo. El mismo Baquero Goyanes afirma que generalizar es un dislate, pero sin olvidar esto el artículo no deja de tener su punto certero. Y un segundo artículo, El juego de los contrarios en E. A. Poe (2010), de Javier Martín Lalanda, que para variar teniendo en cuenta quién lo firma nos ha resultado un poco intrascendente: no pasa de mera curiosidad su incursión en el mundo de Poe.

En resumen, un número excelente este nueve de Delirio que nos hace esperar el siguiente con más ansias de lo habitual. No es el único, pero sí desde luego es un bastión imprescindible para los amantes de la literatura fantástica. No diré de los amantes más audaces, pero nadie podrá evitar que lo piense.

P. S.: Tiempo después de haber publicado este comentario, tuve la oportunidad de mantener una breve charla virtual con el autor de Sombras del caos, Lem Ryan. En ella me prevenía de que la edición original en bolsilibro tenía otro desenlace, uno acorde con la política de la editorial la cual imponía un final feliz. He podido cotejar ambas versiones pues conseguí hacerme con un ejemplar de su obra editada por Bruguera. Hay ligeros cambios de una versión a otra: algunas líneas y expresiones que en nada afectan a la trama, un pequeño fragmento en el cual el protagonista mantiene un fugaz encuentro romántico con la chica de la astronave, Liz, y el final. En la edición en bolsilibro, Ryan daba una imposible resolución a la novela, ya hemos dicho que por imposición de la editorial. Sin embargo, pese a estar impostado y romper un tanto con la oscuridad que se había apoderado de todo el relato, resulta de agradecer que el autor asumiera su falta de lógica y optara por darle un toque onírico que ayuda a que no desentone en exceso del conjunto. ¡Hasta forzado por las circunstancias lo solucionó bien!


RYAN, Lem. Sombras del caos. Ilustración de portada: Almazán. Barcelona: Bruguera, 1984. 93 p. Bolsilibros Bruguera, Futuro, Héroes del espacio; 213. ISBN 84-02-09281-0.

DELIRIO: ciencia ficción y fantasía. Número 9. Marzo 2012. Traducciones de Francisco Arellano; presentaciones de Francisco Arellano y Óscar Mariscal; ilustraciones de Hannes Bok, Frank R. Paul, Wilf Hardy, Aubrey Beardsley, Martin Key, Louis Breton, William Draven, Alex Schonburg y Frank Frazetta. La Biblioteca del Laberinto. 198 p. ISSN 1888-5896.

lunes, junio 27, 2011

La décima víctima en la radio # 55: la revista Delirio



DESCARGAR (pulsar botón derecho y seleccionar guardar destino como) Duración: 11' 25''



Capítulo 55 de mi sección de literatura en el programa de Canal Extremadura Radio Los dos de la tarde. Emitido el día 21 de junio. Dedicado a la revista DELIRIO: CIENCIA FICCIÓN Y FANTASÍA. Un paseo literario lleno siempre de sorpresas y descubrimientos, con un apartado gráfico excepcional.


Mi sección ni de lejos llegó nunca a alcanzar este nivel, pero recomendándola y dándole nuestro espacio confiamos en que algo bueno habremos hecho.