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lunes, abril 04, 2011

La décima víctima en la radio # 43: Richard Middleton



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Entrega 43 del folletín decimonónico que La décima víctima os ofrece en Canal Extremadura Radio, en su programa Los dos de la tarde, todos los martes hacia las 18:30 horas.


RICHARD MIDDLETON, escritor de vida desgraciada que se suicidó a los 29 años utilizando cloroformo, se durmió para siempre en la historia de los hombres. Pero quedaron sus fantásticos relatos para que no lo olvidemos nunca. El buque fantasma es sin duda todo un clásico del género lleno de fantasía, emoción, diversión y genuino sentido de la maravilla. La inadaptación, la soledad, la tristeza de una vida gris que no ofrece salida a un alma imaginativa y sensible tiñeron sus páginas de una melancolía única. Cadáveres que andan, piratas fantasmas que aún recuerdan bien en qué consiste una buena francachela, niños solitarios que juegan en el recreo apartados de todos... Sus protagonistas llevan en sí algo eterno de quien los creó. Él fue el protagonista de nuestra sección: un recuerdo breve pero intenso para quien merece mucho más. Desde aquí, le dimos todo el afecto que nos fue posible.

Emitida el 29 de marzo de 2011. 

jueves, febrero 24, 2011

La décima víctima en la radio # 38: Arthur Machen



DESCARGAR (pulsar botón derecho y seleccionar guardar destino como) Duración: 17' 29''




Capítulo 38 de la espectral sección que La décima víctima os ofrece en Canal Extremadura Radio, en su programa Los dos de la tarde, cada semana. Todos los martes por la tarde, allá hacia un poco más de las 18:30, me acerco a las modernas instalaciones de la radio para hablaros de los escritores que más admiramos dentro del mundo siempre extraño y maravilloso de la literatura fantástica. Cuando escribo acerca de las modernas instalaciones de la radio debo aclarar que me estoy refiriendo a que fueron modernas allá por los años 80.     


ARTHUR MACHEN es el escritor sobre el que en esta ocasión intentaremos saber un poquito más. Un escritor por el que siento un especial cariño, una singular admiración. Su obra llegó a marcar al que hoy se considera uno de los grandes maestros del terror sobrenatural: el mismo Howard Philips Lovecraft. No es para menos: la magia del autor galés es profunda y conmovedora.


Alguna anécdota se nos queda en el tintero, como el curioso suceso que aconteció con su relato Los arqueros o su posicionamiento político en lo referente a la Guerra Civil española. Pero eso quizá mejor lo investigáis vosotros. Tras leer su obra, desearéis hacerlo.

miércoles, diciembre 15, 2010

La décima víctima en la radio # 30: Richmal Crompton, la proscrita





DESCARGAR (pulsar botón derecho y guardar como) Duración: 13' 54''





Entrega número 30 ya, vaya carrera llevo para el premio al pesado del año, emitida el 7 de diciembre de 2010, de la sección de literatura fantástica que La décima víctima realiza en el programa de Canal Extremadura Radio Los dos de la tarde. RICHMAL CROMPTON, la creadora de las aventuras del incombustible Guillermo el Travieso o Guillermo el Proscrito, será nuestra protagonista en esta ocasión. 

Nos centraremos, claro está, en sus libros de temática sobrenatural. Estos son la novela La morada maligna (1926) y su volumen de cuentos Bruma y otros relatos (1928). Ecos de otros tiempos para que los de ahora nos resulten mejores. Por más que en nuestro devenir volver la mirada atrás nos resulte insoportable.

miércoles, noviembre 03, 2010

La décima víctima en la radio # 24: H. G. Wells (2ª parte: Moreau en el fin de los tiempos)





DESCARGAR (pulsar botón derecho y guardar como) Duración: 17' 03''










Inasequibles al desaliento, más que nada porque los muertos no tenemos deso, seguimos adelante con otra entrega más, la número 24 (emitida el 26 de octubre de 2010), de la sección dedicada a la literatura de género en el programa de Canal Extremadura Radio Los dos de la tarde. Con esos dos Moreaus de la vida que son Carlos y Kanuto, nos libramos por un estornudo de una invasión extraterrestre, viajamos al fin de los tiempos (¡y volvemos!) y nos perdemos en una isla desierta y despertamos convertidos en gorilas de la mano del único, inimitable, colosal H. G. WELLS.









Segunda y última entrega dedicada a uno de los maestros de la ciencia ficción (entre otras cosas, pero si está aquí es justo por ésta). Y de nuevo contamos para iluminar esta entrada con las ilustraciones del gran ENRIQUE FLORES. Por este orden, seis dibujos por cada uno de estos libros: La guerra de los mundos, La máquina del tiempo y La isla del doctor Moreau.






Os pongo enlaces a las fichas en IMDb de las películas que recomendamos, con guiones propios de Wells o basados en obras suyas. Allá va la lista. ¡Hay que verlas todas!





Robinson Crusoe on Mars (1964) (ésta sólo de manera tangencial tiene que ver con Wells, pero da igual, ¡a verla!)

La vida futura (1936)


Seré un horror hablando, pero no podréis decir jamás que no os recomiendo cosas buenas...




miércoles, febrero 03, 2010

Las dos Sicilias, de Alexander Lernet-Holenia (1942)


El escritor austríaco Alexander Lernet-Holenia (1897-1976), bajo la apariencia de un relato de misterio ambientado en los grandes salones de la Viena de 1925, nos ofrece en realidad en su novela Las dos Sicilias (1942) esas reflexiones acerca de la muerte tan propias de él, esa insistencia entre maravillosa y tétrica en llevarnos siempre a dar un paseo por el otro lado de la existencia.

Uno de los personajes, el estrambótico y parlanchín Gasparinetti, tan lleno de secretos, como si su cháchara interminable sólo fuera una cortina de humo tras la que ocultarse a la perfección, hará una declaración de principios que suponemos susurrada al oído por el propio autor: “Hay quien sostiene que es la vida real la que nos cuenta las historias más interesantes. Pero esta afirmación es una perogrullada, como toda afirmación general. Por mi parte, me parece más bien que lo que llamamos realidad, además de ser desagradable, carece por completo de interés. En general, la vida comienza a hacerse interesante en el momento en que se hace irreal; y las narraciones más perfectas son aquellas que, poseyendo la mayor verosimilitud que pueda darse, alcanzan el máximo grado de irrealidad.” (p. 25) Y ya está, amigos. Así de sencillo. Lernet-Holenia acaba de contarnos el secreto de su estilo. Y sin ceder un ápice de su magia al desvelarlo.

En esta ocasión, sus personajes sufren repentinas visiones, son trasladados en trance a otro mundo, un poco a la manera, más por encontrar un referente que por un parecido real, de Arthur Machen. Ambos anhelantes de un pasado glorioso, mítico, Machen fascinado por él, reviviéndolo en el triste presente, Lernet-Holenia convencido de su fugacidad, de ser algo irrecuperable ante lo que sólo podemos retrotraernos gracias al recuerdo, con un presagio de muerte y descomposición. En ambos la misma sensación de fragilidad, de realidad rota por un atisbo del más allá.

Todos estos personajes parecen levitar en la neblina, vivir en una ensoñación caminando por un limbo que prefigura la muerte. El pasado extiende sus brazos abrazando el presente y engulléndolo. Da la sensación de que no se avanza, sino de que se retrocede, atrás y más atrás en los años y los siglos, y así los miembros del regimiento Las dos Sicilias viven atrapados en una rueda que asemeja ser la del no existir en esta realidad. Son espectros paseándose por los extintos restos de un pasado tan luminoso como fúnebre.

Las digresiones sobre la muerte, lo efímero de la vida y la permanencia de aquello que nos ha pertenecido, que nos representa con más fuerza que nuestra propia existencia, son continuas, teñido todo con una melancolía a todas luces (aunque acertaría más si escribiera “a todas sombras”) enfermiza. Esto hace que la trama principal pierda fuerza, aunque también le lleva a uno a preguntarse cuál será en realidad esa trama, si la narración del destino fatal de los soldados del regimiento Las dos Sicilias o bien las mismas digresiones.

Demasiado etérea y dispersa para ser una novela de misterio de pleno derecho, también resulta demasiado reflexiva y explicativa para ser una novela fantástica, si bien toca ambos géneros. En realidad, todas sus ensoñaciones, su trama de crímenes en cadena, el lío tremendo con el tema del doble (más correcto sería afirmar “del triple”), todo ello sirve para que Lernet-Holenia nos hable en verdad, en tono fantasmagórico, de sus temas predilectos: la muerte y el paso del tiempo.

LERNET-HOLENIA, Alexander. Las dos Sicilias. Traducción de Alberto Luis Bixio. Madrid: Espasa Calpe, 2003. 245 p. Línea de sombra. ISBN 84-670-0462-2.

domingo, abril 27, 2008

Carta a t-bone acerca del oscuro escritor Arthur Machen




Hace mucho tiempo, en un fenecido foro dedicado a la literatura fantástica (y que no se trataba del añorado Cyberdark), recomendé a un compañero de aventuras literarias, el insigne t-bone, un libro de relatos de Arthur Machen. Él preguntaba cuál sería bueno para iniciarse en su culto, y tanto otros como yo rápidamente le contestamos que, sin lugar a dudas, comenzara con cualquier recopilación que incluyera el relato El pueblo blanco (The White People, 1904). Craso error: nuestro buen compañero t-bone salió horrorizado de la experiencia. No comprendía que aquel cuento tan malo, según su criterio, nos hubiera embaucado de tal forma. Estando yo convencido de que le había servido una copa del más delicioso néctar literario y resultando para su paladar el más amargo de los venenos, de alguna manera me sentía responsable de haberle hecho pasar tan mal trago. Así pues le escribí esta carta en la cual trataba de explicarle el por qué de mi recomendación, aunque al mismo tiempo tratando de entender por qué a t-bone le había defraudado de tal forma. He aquí pues una reflexión en la que mi amor por la obra de Machen se halla tamizada por el intento de racionalizar mi sentimiento y hacer funcionar la razón objetiva. Una total estupidez, si queréis, pero esto fue lo que escribí.

   

Estimado t-bone:

Con un retraso imperdonable, que no por ser habitual en mí lo hace disculpable, paso a contarte el por qué de mi pasión por Arthur Machen. No es una pasión ciega, como verás, sino llena de dudas y contradicciones. Por eso es una pasión.

Comenzaré por el estilo literario, pues es lo primero que comentabas. Bien. En este sentido, a mi entender, Machen es capaz de lo mejor y de lo peor. Para ello, El pueblo blanco no sirve solo como epítome de cierta parte de la obra de Machen, sino también de su estilo. Siempre teniendo en cuenta que parto de una traducción, y cualquier tipo de análisis riguroso partiendo de una traducción es una falacia, me gustaría aclarar, por lo que mis palabras son, lo aclaro una vez más, las de un aficionado.

Aquí, como he dicho, se da lo mejor y lo peor de su autor. Lo peor: la cursilería de devocionario y misa de cinco de la tarde, que resulta patente en ese estilo torpón y espeso que utiliza, por ejemplo, en la historia de la niña pobre que encuentra joyas en la poza. Cuando quiere ser poético, Machen, a mi gusto, naufraga: así el final de ese magistral relato largo (o novela corta, que uno nunca sabe) que es Un fragmento de vida (A Fragment of Life, 1904), a mi gusto una obra aún más personal que esta del pueblo, cerrado con un poema que, en fin, la primera vez que lo leí me dio vergüenza ajena. Con el tiempo hasta le he tomado cariño, pero si queremos buscar algo alejado de la buena literatura en Machen, recomiendo la lectura de ese poema. Pero en el mismo relato El pueblo blanco encontramos también páginas muy inspiradas, casi mágicas, como para mí son las descripciones de ese mundo que la niña visita tras pasar por el túnel en la fronda: las colinas y las piedras, todo ese entorno extraño y ajeno, el Mal (como buen reaccionario que era, para Machen lo ajeno y extraño, lo que no es de este mundo, representa el Mal, una postura curiosamente materialista para quien en principio parecía presumir de lo contrario) que Machen reflejaba tan bien.

En ocasiones su prosa es tan forzada que resulta increíble: curiosamente, cuanto más realista es lo que cuenta, con menos realismo lo trata o, mejor, menos realista le resulta. Así la conversación inicial entre Ambrose y Cotgrave, que vale que no sea más que un pretexto para exponernos su pensamiento, pero todo el diálogo resulta forzadísimo (como casi todos en Machen). No dejo de pensar en ese amigo que lleva a Cotgrave a casa de Ambrose y queda abandonado, para de repente anunciar que se va… ¡cuando ha perdido el tranvía! No sé, da la sensación de que Machen lo necesita para presentar a sus protagonistas, después se le olvida que está allí y cuando lo recuerda, pues lo larga y ya está. Al pimiento toda pretensión de credibilidad. Los encuentros entre los personajes de sus relatos son casi siempre fruto de coincidencias o casualidades increíbles. Y esto sumado, si no es fallo del traductor, al uso de expresiones dignas del escritor más bisoño: en La luz interior (The Inmost Light, 1894), se marca un "estaba muerto, completamente muerto" que parte el alma.

Hasta aquí me dirás: "pero... ¿a ti te gusta Machen?"


Pues sí. Pero ya dije que era pasión, y en mi caso las pasiones no son ciegas. Si no, no serían pasiones. 

¿Qué me gusta entonces de Machen, o por qué? Pues Machen tiene esa fuerza, esa capacidad de hacerme creer todo lo que cuenta como si fuera estrictamente cierto. Vale, termino la lectura de El pueblo blanco y mi arraizada incredulidad me lleva a no creer, pero mientras lo leo, lo más normal del mundo me parece que es ponerse a pasear por el campo y perderse en otro mundo, o como en otros relatos de Machen, N (N, 1936) es paradigmático al respecto, uno puede pasear por las calles de su ciudad y de pronto verse envuelto en el aroma, la arquitectura de épocas pretéritas. Tiene la capacidad de trasladarme a ciegas allá a donde se proponga. Y esta es para mí su grandeza.

Dije que en lo realista resulta increíble, pero lo maravilloso es que cuando se adentra en lo de verdad increíble... ¡pocos escritores pueden resultar más verídicos!

¿Que no es el mejor estilista del mundo? Pues no. Hay escritores dentro del género que a mi gusto lo superan en la forma con creces: Leo Perutz, Alexander Lernet-Holenia, Dino Buzzati o Henry S. Whitehead (este apenas tenido en cuenta por nadie, pero un escritor de una elegancia y un gusto admirables; que le pregunten a Bioy Casares de dónde le vino la inspiración de determinado cuento...), por citar algunos sin pensar mucho. Pero en capacidad de maravilla, de fascinar al lector (no a todos, ya), de arrastrarlo por los caminos que él desea, iguala al más pintado.

Con un amigo estuve hablando recientemente sobre la calidad o no de los relatos de Sherlock Holmes escritos por Arthur Conan Doyle. Él opinaba que Doyle era un escritor mediocre. Mi respuesta era que dónde está la mediocridad cuando se ha sido capaz de crear un personaje de alcance universal, que permanece y vive en la memoria de todos. ¿No es esa la grandeza de escribir? ¿Que tus personajes sobrevivan en el tiempo? No la única, vaya, pero es grandeza. Haber creado algo único, un mundo propio. Y Machen también lo hizo. 

Usando un referente que sé te es más cercano, pensemos en Philip K. Dick. Siempre escuchando y leyendo opiniones acerca de lo mal que escribe, que vaya horror literariamente hablando, pero si esa capacidad de crear un universo tan inmenso, tan personal, tan atrayente y tan fascinante no es literatura pura, ¿qué es entonces la literatura? 

Y para mí eso es lo que posee Machen, la capacidad de hacerme temblar cada vez que abro un libro suyo porque sé que me espera el más increíble y fantástico viaje.

Esto es todo, estimado t-bone. Solo espero que el fracaso de esta recomendación no te lleve a pensar que otras posibles te resulten igual de tediosas.

Un abrazo: Llosef.