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lunes, enero 03, 2011

El misterio del Bellona Club (1928), de Dorothy L. Sayers



Esta es la primera novela que leo de Dorothy L. Sayers (1893-1956), una de las grandes damas de la novela de misterio. Protagonizada por su excepcional personaje lord Peter Wimsey y su criado Bunter (el Bertie Wooster y el Jeeves, respectivamente, de la novela criminal), me ha resultado todo un descubrimiento. Una trama inteligente, unos personajes brillantes, divertidos, complejos, un estilo de una elegancia superior y una ambientación envidiable.

En la Inglaterra de finales de los años veinte del siglo pasado aún coleaban vestigios victorianos, fórmulas sociales encorsetadas entre las cuales el bueno de lord Peter se mueve como pez en el agua, pues aunque producto de su época, Peter pertenece ya a la nuestra. Su visión algo cínica, descreída, pero apasionada y vibrante cuando no se aburre, lo convierten quizá no en el mejor detective que nos podamos encontrar (él mismo afirma su deuda con Sherlock Holmes), pero sí desde luego el más divertido. Al menos en esta cuarta novela de la serie, pues Sayers lo hará evolucionar a lo largo de todas las historias que protagonizó este niño rico, de familia noble, metido a investigador porque no tiene otra cosa que hacer. Bueno, no tanto, pero eso es lo que a él le gusta que piensen los demás.

De ritmo arrollador, los buenos amantes de la novela de misterio admiran la capacidad de Dorothy L. Sayers para dar todas las pistas a lo largo de la historia que pueden llevar a la solución del caso, sin sacarse nada de la manga al final. Como yo soy de los malos, esto me resulta indiferente, pero sí destacaría que, por mucho que no me impacte en lo que a la resolución del embrollo de rigor se refiere, es bien cierto que todo encaja a la perfección, todo está medido y calculado, pero sin que en ningún momento se note o perciba el lector de que se trata de algo mecánico. Todo lo contrario: es una novela que respira vida. Una vida ya muerta, pero que lo fue. Y en algunos momentos más real que la nuestra.

Quizá lo que más me ha gustado, placer macabro manda, es ese cadáver viajero llevado de un lado a otro por el corazón de un típico club de caballeros inglés con el que nace el lío que desembrollará lord Peter. Sayers demuestra aquí tener una maravillosa capacidad para el humor negro, sin descuidar nunca, eso sí, la humanidad de sus personajes, sin abandonarlos jamás en la marea de la trama.

Lo dicho, un feliz descubrimiento.


SAYERS, Dorothy L. El misterio del Bellona Club. Prólogo de P. D. James; introducción de Elizabeth George; traducción de Flora Casas. Barcelona: Lumen, 2006. 334 p. Narrativa. ISBN 84-264-1512-1.

jueves, febrero 15, 2007

Jeeves y el espíritu feudal (1954), de P. G. Wodehouse


Las aventuras del señorito Bertie Wooster y su mayordomo Jeeves son una gozada, y si no las conocéis os las recomiendo. Se pasa un rato divertido de mil demonios. La cosa es siempre más o menos la misma: el descerebrado del señorito que se ve envuelto en mil líos y el mayordomo que le salva de ellos. Lo genial está en que, como se adopta siempre el punto de vista del petimetre de Bertie, los hechos se narran desde una perspectiva, por decirlo suave, curiosa (esto es: el pobre no se entera de nada). No es fácil que el narrador, Bertie Wooster, transmita tanta estupidez y, al tiempo, todo lo que se nos cuenta quede diáfanamente claro para el lector, mérito del estilo mordaz y no tan edulcorado como en un principio se puede pensar del gran P. G. Wodehouse (Sir Pelham Grenville Wodehouse, 1881-1975).

Debo confesar que Bertie me cae fenomenal. Envidio (y lo digo de veras) que su única preocupación en este mundo sea el campeonato de dardos que se celebra cada año en su Club, el Club de los Zánganos. Bueno, y los encargos que le hace su tía favorita, o esos líos de faldas que se le caen encima. O cómo cita a Jeeves para darse aires de intelectual, equivocándose siempre y quedando como un idiota. En fin, que resulta simpático por el calibre inmenso de su ineptitud: es una persona que no sirve para nada. Ni falta que le hace.

En esta novela, Jeeves y el espíritu feudal (Jeeves and the Feudal Spirit, 1954), la séptima de la serie protagonizada por el genial mayordomo y su señorito botarate, los líos se suceden, entre otro montón de cosas, gracias a Florence, una joven bella e intelectual cuyo novio tiene amenazado de muerte a Bertie porque ella, por darle celos, flirtea con nuestro héroe (que solo piensa en la paliza que le dará o no el cabreado novio). Un ejemplo (podéis leer, pues esto no resume más que una página de la novela y no desvelo nada): Florence desea visitar un garito, un antro de mala muerte, pues quiere documentarse para una novela que está escribiendo (una novela con una trama imposible, hay que decir). Recurre, claro está, al snob de Bertie, que se los conoce todos, y allá que se van, él con pocas ganas pues teme demasiado al novio de la bella y veleidosa Florence. En el local, la orquesta está tocando y el cantante desgrana todo su almíbar. Y aquí entra el genial Bertie a describir el número:

"Es curioso. Conozco a uno o dos compositores de canciones y los cuento entre los más joviales de mis conocidos, siempre dispuestos a sonreír y llenos de salidas graciosas y cosas así. Pero en el momento en que aplican la pluma al papel, nunca dejan de adoptar el punto de vista lúgubre. Me refiero a todas esas historias de "Nos estamos distanciando y me rompes el corazón". La cuestión que este pájaro nos exponía a través del micrófono tenía que ver con un tipo que lloraba sobre su almohada porque la chica a la que amaba iba a casarse al día siguiente, pero, y ahí estaba el quid o la pega, no con él. Eso no le gustaba. Contemplaba la situación con pesadumbre. Y el del micrófono extraía hasta la última gota de jugo de este planteamiento." (p. 41)

Genial Bertie Wooster. Y su papá, P. G. Wodehouse.



WODEHOUSE, P. G. Jeeves y el espíritu feudal. Traducción de Jordi Mustieles. Madrid: Anagrama, 2005. 203 p. Hoy libro. ISBN 84-9832-001-1.