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lunes, mayo 16, 2011

Roberto Alcázar y Pedrín # 01


Hace ya más de un año realizé en el blog de exTreBeO una serie de entradas dedicadas a dos de mis héroes favoritos de la historia del cómic: Roberto Alcázar y Pedrín. A la cuarta entrega lo dejé. Fue un abandono temporal, pues sabía que iba a volver: me lo pasaba genial preparando cada entrega, tenía material de sobra (y más aún después de que el amigo Iconos me regalara un buen puñado de cuadernillos) y las dos entregas siguientes las tenía ya en mente. Pero, en fin, soy inconstante. Continuar escribiendo sobre estos dos para muchos apolillados héroes es algo que me apetece en todo momento. Otra cosa es que lo haga. Pero como se avecinan tiempos en los que volveré a tener mucho tiempo libre creo que es hora de retomar esta saga hecha con sentido del humor y mucho cariño. Estos tebeos no eran arte ni falta que les hacía. Son la base de la cultura popular, esa que como Tarantino ni sus papanatas seguidores no han reivindicado no mola ni es cool. Gracias por ello. 


Bueno, bueno, quien más quien menos ha leído sobre ellos o ha escuchado hablar entre susurros de estos dos héroes del tebeo español más clásico: Roberto Alcázar y Pedrín. Y escribo "entre susurros" porque parece que queda horrible reconocer no solo que leíste estos tebeos, sino que los relees y te gustan. Sucede otro tanto con el gran tebeo clásico de la época: El Guerrero del Antifaz, del inconmensurable Manuel Gago. Los lectores moderniquis que se mean de gusto en sus pantoloncitos de los domingos con las chorradas de Frank Miller son los que luego vienen a acusar de fascistas a estos otros héroes. Sin haberlos leído, por descontado, que opinar es gratis. Y vale, que reflejan el sentir y el pensar de una época, que sí, pero no solo los de los habitantes del Pardo, sino también los del españolito de a pie, esos niños que luego los repudiaron al crecer. Aunque no todos lo hicieron, por supuesto.

Yo llegué a ellos en las reediciones en formato vertical de los 70, aquellas que retocaban y remontaban las páginas originales, tan denostadas por los puristas con razón, en una época en que ya los vendían de saldo a mitad de precio. Pero qué queréis, yo les tengo un cariño inmenso.

Roberto Alcázar y Pedrín fueron creados por el guionista Juan Bautista Puerto y el dibujante Eduardo Vañó. Y cito de la wikipedia: "La mayoría de los guiones fueron realizados por José Jordan Jover, antiguo comandante del ejército republicano que había sufrido la represión del régimen franquista". ¡Buh!

De Roberto Alcázar se decía que su físico había sido modelado a imagen y semejanza de José Antonio Primo de Rivera, cosa que de haber sido cierta hubiera molestado sobremanera a Franco, lo sabéis. A mí, la verdad, me da un aire más a Rock Hudson. Pero sobre todo, a mí a quien se me parece DE VERDAD es a Elvis Presley. Juzgad vosotros mismos:




En estas dos primeras aventuras tenemos como malvado de pro al terrible y despiadado doctor Leyva. Vaya nombre para un malo, todo sea dicho. Parece el nombre del que nos atiende en la seguridad social. En fin. Aventuras más que entretenidas con raptos, piratas, fantasmas chinos, antros de perdición bonaerenses, resueltos con el habitual proceder de nuestros héroes: garrote y tentetieso. Algo muy criticado, no es para menos, pero que si se lee sin prejuicios da para echar unas buenas risas. Mirad, mirad esta viñeta tan políticamente incorrecta, jeje:


También asistimos al primer encuentro entre Roberto y Pedrín, este un polizón en el transatlántico Neptunia al que Roberto adopta. Cómo no, en esta relación se vería también una connotación homosexual, como si eso fuera malo, lo cual de ser cierto hace impensable que este fuera el tebeo abanderado del régimen. A ver si sus detractores se ponen de acuerdo...



El dibujo de Vañó es rígido, algo estático, pero de un encanto demodé incuestionable. Si, además, nos ofrece secuencias tan divertidas como esta, la cual el mismo Hergé llevaría a la perfección en el álbum de Tintín Los cigarros del faraón, pues que más podemos pedir:




Estos cuadernillos ofrecían en contraportada historietas de humor. Aquí incluyo las dos de este número. La primera es una aventura del personaje Miky Pórrez, de Sifré, acompañado por su ayudante Paton y el perro Rin Rin Rin. Un acercamiento al clásico de Arthur Conan Doyle más inteligente y divertido que el bodrio ese de película que nos ha endosado el ex-novio de Madonna.


Y para el final, unos chistes de fugas de Palop. Junto al precio original, 30 ptas., podéis ver, marcado con bolígrafo, lo que a mí me costaban: 15 pesetas. ¡Una ganga!


Sin más por hoy, un saludo de vuestro detestado espectro.