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miércoles, mayo 26, 2010

La décima víctima en la radio # 10: Dino Buzzati




AQUÍ (pulsar botón derecho y guardar como) Duración: 15' 25''


podéis haceros con la décima entrega, emitida el 25 de mayo de 2010, de la sección dedicada a la literatura fantástica La décima víctima en el programa de Canal Extremadura Radio Los dos de la tarde, dirigido y presentado por ese par de tártaros invisibles que son Carlos Macías y Kanuto. En el tramo final del programa tendréis la oportunidad de convertiros en los inaprensibles jinetes del desierto más espectral jamás concebido gracias al inigualable Dino Buzzati.

El desierto de los tártaros (1940) es para este alucinado espectro una de las novelas que más ha marcado su fantasmal existencia. Una espera imposible que es el reflejo de lo que esperamos de la vida, el vacío como espejo y realidad de nuestro paso por el mundo y, también, el terror como sensación que por tan repetida acaba siendo acogedora. El ahogo existencial de la costumbre, de nuestros actos repetidos una y otra vez hasta provocar el hastío, pero al tiempo cómo una vida presidida por ellos acaba siendo acogedora, la forma más fácil, y única al final, de pasar de un día a otro, serían algunos de los temas que presiden esta fascinante novela. Pero no los únicos.

Inabarcable, desoladora, de una tristeza profunda e intensa, de una belleza que aturde hasta las lágrimas, Buzzati alcanzó con ella una de las cumbres literarias más impresionantes jamás logradas.

También hablamos un poquito de Franz Kafka, del director de cine Valerio Zurlini (que se atrevió a realizar una adaptación de El desierto de los tártaros) y apuntamos la lectura de otra novela magistral, Crónica familiar, de Vasco Pratolini.

viernes, junio 02, 2006

Los siete mensajeros (1942), de Dino Buzzati




Un príncipe parte de su reino en pos de un quimérico sueño. Lleva con él un grupo de mensajeros para mantener contacto con el mundo que queda a sus espaldas.

Creo que el relato de Dino Buzzati (1906-1972) Los siete mensajeros (I sette messaggeri, 1942) es puro símbolo. Algo habitual en la obra del autor italiano, algo esencial en su El desierto de los tártaros (Il deserto dei tartari, 1956). Intentaré explicarme.

Lo primero, la futilidad de la vida. La empresa del príncipe es considerada por todos "un inútil dispendio de los mejores años de la vida". Nuestros proyectos, deseos, ilusiones, son humo.

Segundo, la infancia perdida y su añoranza. El deseo de no perder nunca lo que indefectiblemente ya hemos dejado atrás: "En vano intentaba persuadirme de que las nubes que pasaban por encima de mí eran iguales a aquellas de mi infancia...", piensa el príncipe. Este deseo de que lo pasado permanezca, esté presente en lo que ya no es, es el porqué de los mensajeros. Ellos son su unión con ese pasado perdido pero que así cree recuperar: otra empresa condenada al fracaso de antemano. No son siete hombres a caballo viajando, somos nosotros tratando de no perder nuestro pasado. Por eso, cada día que pasa nos aleja más de él (la tardanza creciente de los mensajeros en regresar), la vejez que nos aleja de la infancia.

Más sobre la futilidad del empeño humano: en Domingo, uno de los mensajeros, se unen varios sentimientos. Él es el último contacto del príncipe con el pasado, el último al que manda hacia atrás, sabiendo que para cuando retorne será tarde. La aceptación de que ya el pasado está perdido, es irrecuperable, pero aún gastamos un último aliento en el esfuerzo por conseguir recuperarlo: "Tú eres el vínculo superviviente con el mundo que antaño también fue mío". Fundamental en estas palabras que el príncipe ya no considere ahora que el mundo de su pasado le pertenece, que es suyo todavía: lo fue hace mucho tiempo. Toma conciencia de la pérdida. Y más sobre la futilidad: manda a Domingo a su empresa aun sabiendo que no lo volverá a ver. Este cumple. Porque es un símbolo. La futilidad de aferrarse al pasado: eso representan los mensajeros.

A partir de aquí, del relato se apodera otro sentimiento. Los cambios acontecidos nos hacen extraños de nuestro propio pasado. Con los años, al príncipe no le preocupa tanto el pasado como lo que está por venir. De ahí que a partir de la marcha de Domingo ya nunca los enviará a hacer el camino de vuelta, sino que los mandará hacia adelante. Quiere que le den noticias de lo que hay más allá. Es la vida: en la mediana edad nos preocupa el pasado, pero con los años nos preocupa más el futuro, la muerte. Por eso espera ahora noticias de más allá, por eso se abre ante él un nuevo confín, un nuevo paisaje desconocido y aún por explorar, por eso es un extranjero. "(...) no es ya la nostalgia por las alegrías abandonadas... es más bien la impaciencia por conocer las tierras ignotas hacia las que me dirijo". Sabe que no volverá porque de este viaje ya no hay retorno, es la muerte, por eso sabe inútil el viaje de Domingo. Los mensajeros van ahora hacia adelante, la esperanza eterna que abriga el corazón humano, eso también son los siete mensajeros.

Así es como yo entiendo este magistral relato de Dino Buzzati.



En: BUZZATI, Dino. Los siete mensajeros y otros relatos. Selección y traducción de Javier Setó. Madrid: Alianza, 1996. 219 p. El libro de bolsillo; 1772. ISBN 84-206-0772-X. Pp. 7-12.