Mostrando entradas con la etiqueta John Dickson Carr. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta John Dickson Carr. Mostrar todas las entradas

miércoles, marzo 24, 2010

La décima víctima en la radio # 01: Sherlock Holmes, el canon y los pastiches

Tras mi desastrosa participación como tertuliano en el programa de Canal Extremadura Radio Los dos de la tarde, nefanda actividad que he perpetrado a lo largo de estos últimos cuatro o cinco meses, los directores del programa han decidido levantarme el castigo, o igual los pobres ya no podían aguantar más mis tonterías, y han optado por ponerme a hablar de libros viejunos, que total es lo único para lo que medio valgo. Ayer mismo se inauguró una nueva sección en su programa, la cual, bajo la sintonía de la maravillosa serie Doctor Who, llevaré adelante todos los martes. De diez a quince minutos con mi habitual antiestilo, esto es, hablar tan rápido que consigo pisarme a mí mismo.
AQUÍ (pulsar botón derecho del ratón y guardar como) Duración: 10' 10''
si os apetece, podéis escuchar esta primera entrega, emitida el 23 de marzo de 2010, dedicada a Sherlock Holmes, el canon y los pastiches. Más o menos a la altura de la hora y media de programa. Tened corazón y mostrad piedad si os animáis a escucharlo. Bueno, vaaaaaaaaale, también podéis ser malos. Pero no conmigo. Y, por descontado, gracias para los que mostréis valor.

martes, marzo 31, 2009

La cámara ardiente / El Tribunal del Fuego (1937), de John Dickson Carr



El considerado maestro del enigma de la habitación cerrada, imagino que con permiso del gran Gaston Leroux y su Joseph Joséphin Rouletabille, John Dickson Carr (1906-1977) tiene en La cámara ardiente / El Tribunal del Fuego (The Burning Court, 1937) no solo una de sus obras más representativas, sino una de las más logradas, enrevesadas y macabras.

El misterio del crimen, pues ya me diréis qué novela de misterio sería esta sin su rosario de cadáveres, se centra no en una sino en dos habitaciones cerradas, resultando además una de ellas una cripta nada menos. El ambiente terrorífico propio de una historia de fantasmas y aparecidos se apodera de la obra pese a su estructura y desarrollo netamente detectivescos: todos los implicados reunidos en el mismo escenario, diálogos entre los diversos protagonistas cargados de explicaciones sobre qué han hecho y qué han dejado de hacer y gran quedada final con todos los sospechosos en la misma habitación, repaso a todo lo sucedido con revelaciones sorprendentes y desenmascaramiento del criminal. Es la atmósfera fantasmal con trasfondo de brujería pues lo que le da un tono especial al relato, sobre todo en lo que se refiere al desenlace, tan sorprendente como rompedor con el género detectivesco.


En la novela se juega en todo momento con lo racional y lo fantástico, llevando el enredo criminal a poder ser explicado, al menos de forma aparente, con dos soluciones. Pero estamos muy lejos aquí de la sugerencia elegante y sutil de Henry James y su Otra vuelta de tuerca (The Turn of the Screw, 1898) o de la fascinante película, dirigida en 1957 por Jacques Tourneur, La noche del demonio (Night of the Demon), ambientada también en el proceloso mundo de las sectas satánicas e inspirada en el genial relato de M. R. James La maldición de las runas (Casting the Runes, 1911). Dickson Carr resulta mucho más tosco en su estilo, en el desarrollo de la trama y en la ambientación. Por mucho que parezca ofrecer dos explicaciones, si uno cree que lo escrito no es mentira (esto es, si Carr no incluye un capítulo cuyo sentido único es engañar al lector), explicación solo hay una, aunque no es la que casi todos en la novela creen. Sí hay que reconocer que este último capítulo brilla por su capacidad de hacernos tangible lo fantasmal, creíble lo que está más allá de la lógica. Hasta por un momento parece elevarse a las magistrales formas de los dos James citados. Pero solo por un momento.

Si la temática sobrenatural con explicaciones racionales conforman el corazón de la novela gótica, en esta Dickson Carr (también firmaría muchas de sus obras como Carter Dickson) nos ofrece justo lo contrario.


Las ediciones de Planeta y Valdemar recogen la misma traducción. Solo varía su título, siendo más correcto el de la segunda y no solo por la fidelidad al original, pues El Tribunal del Fuego es el nombre del “Tribunal especial de París donde se juzgaban los casos de hechicería” tan relacionado con esta novela. La edición de Valdemar incluye además una breve introducción sobre el autor.

CARR, John Dickson. La cámara ardiente. Traducción de Juan José Mira. Barcelona: Planeta, 1953. 221 p. Una selección de “Crime Club”, Colección “El Búho”; 14.

CARR, John Dickson. El Tribunal del Fuego. Traducción de Juan José Mira. Madrid: Valdemar, 1991. Tiempo Cero; 29. ISBN 84-7702-037-X.