viernes, marzo 29, 2013

EAM # 40: El demonio de las armas, de Joseph H. Lewis (1949)



Nueva colaboración para la página de cine El antepenúltimo mohicano comentando el clásico que Joseph H. Lewis dirigiera en el año 1949 El demonio de las armas (Gun Crazy). Una película de serie B que ha trascendido el tiempo y que hoy en día está considerada una obra maestra absoluta. La desesperada historia de Laurie y Bart nos arrastra en su trepidante desarrollo y nos conmueve y convulsiona hasta lo más profundo. Puedes leer lo que escribí sobre esta fascinante película












jueves, marzo 21, 2013

Los 39 escalones (1915), de John Buchan




“- Perdone- dijo-, esta noche estoy un poco nervioso. Verá, da la casualidad de que en este momento estoy muerto.” (p. 10)

Puedes leer el comentario a este libro en la página de cine El antepenúltimo mohicano, bajo el título Espías en el páramo, AQUÍ








BUCHAN, John. Los 39 escalones. Barcelona: Planeta, 1985. 1ª ed. 155 p. Best-Sellers Serie Negra; 29. ISBN 84-320-8639-8.

jueves, marzo 14, 2013

Los mares grises sueñan con mi muerte, de William Hope Hodgson (segunda parte, 1905-1973)





Continuamos con el repaso a los relatos que conforman este magnífico volumen, sin duda uno de los más esperados por mí desde el momento en que la editorial Valdemar dio noticias de su publicación.

Entramos en la sección que Nebreda ha titulado “Cuentos de terror en el mar”, esto es, nos sumergimos de cabeza y a pulmón abierto, con lo castigados que están los míos, en la zona troncal del libro. Hay que prepararse, porque a partir de aquí navegaremos por el mar más oscuro que mente humana haya podido imaginar. Con permiso de Melville y Poe, por descontado.

En Un horror tropical (1905) Hodgson nos introduce sin dilación en el ataque de una informe criatura, aquí al fin de connotaciones más fantásticas que en los cuentos anteriores pues asemeja ser una gigantesca serpiente con tentáculos, pinzas, lengua viscosa terminada en dientes y boca infestada de colmillos… En fin, nada más y nada menos que el Transformer tenebroso de los mares. El ataque es implacable desde la página uno y la angustia resulta claustrofóbica apenas llevamos un puñado de frases. Hodgson se aplica a lo que mejor sabe hacer, y como si fuera del todo consciente de ello ni se detiene a presentarnos a los diferentes personajes. Para qué, si total para lo que les queda de vida…

En Más allá de la tormenta (1909) de nuevo Hodgson no pierde demasiado tiempo en lanzarnos de lleno al corazón de la pesadilla. Aquí el monstruo es el mar mismo, presentado como una voraz y despiadada criatura en el delirio que precede al horror y la muerte. El hecho de que la narración sea el mensaje final enviado por telégrafo desde un barco que se hunde crea una desasosegante sensación de urgencia. Asistimos a los últimos instantes de vida de una tripulación condenada.

El misterio del barco inundado (1911) es un relato con un planteamiento y una progresión fascinantes. El misterio propuesto desde su inicio es extraño y cautivador, del todo terrorífico no solo por su aparente inexplicable naturaleza sino por lo increíble de los sucesos que nos hacen avanzar temerosos por la senda del fantástico más desatado. Lástima que en la explicación final se torne una vulgar historia de piratas, pero fijaos qué trama de misterio nos estaba mostrando Hodgson para que una historia de piratas no se nos antoje la mejor solución… A pesar de este final, el relato es una maravilla y mientras se mantiene en las aguas de lo imposible podemos considerarnos felices navegando por las mejores páginas del autor, aquellas en las que lo extraño nos atrapa por el cuello y no nos permite ni respirar ni cerrar los ojos ante el horror. Porque estamos aterrorizados, pero por nada del mundo apartaríamos la mirada.

Nos tomamos un pequeño respiro con El encantamiento del Lady Shannon (1919), un relato sobre capitanes y oficiales que maltratan a la marinería y reciben su castigo por ello, un tema que se repite ocasionalmente en la obra de Hodgson debido a que él lo sufrió en sus años de marinero. El castigo que reciben los oficiales es por descontado ultraterreno y fantasmal, o al menos así lo parece hasta que la maldita realidad nos pone los pies en el suelo y se evapora todo lo espectral. Pero hasta entonces es un buen relato al que gustosos, como siempre en Hodgson, le perdonamos las explicaciones realistas.


Y dije “pequeño descanso” porque nos enfrentamos ahora a uno de los mejores cuentos de Hodgson, uno de aquellos cuya lectura nos resultará inolvidable, terrorífica, al que volveremos siempre con el corazón en un puño porque además es de los más tristes y melancólicos que jamás escribiera: Una voz en la noche (1907). Su perfecto comienzo nos introduce en el misterio de manera sobrecogedora y sin duda es uno de los más extraños y poderosos que he leído nunca en un relato de terror. Podéis quitar este “de terror” final y seguiré firmando la frase. Un barco varado en calma chicha, el estado habitual de los barcos en los relatos de Hodgson, marcando la angustia de verse anclado en un lugar en el que lo más antinatural es la falta de movimiento, recibe una en principio imposible visita en lo más profundo de la noche de un hombre en una barca que solicita ayuda a la tripulación. Pide alimentos para él y para su ausente esposa, pero bajo ningún concepto consiente en que los marineros del barco acerquen alguna luz. Desea permanecer a oscuras. Su comportamiento es extraño, pero su agradecimiento es sincero y emotivo al recibir las vituallas que los ayudarán a sobrevivir. Por esto contará su desgraciada historia a la tripulación, por deferencia al favor recibido pero también como aviso, como advertencia ante el horror que él y su compañera están viviendo. Y entonces leeremos el relato de su experiencia atroz, una de las más angustiosas y terroríficas pero al tiempo más desoladora que se pueda imaginar. Este es sin duda uno de los más estremecedores cuentos de Hodgson. Uno de nuestros favoritos.

El albatros (1911) es la historia de un sencillo pero a la vez fabuloso salvamento. También la historia de una lucha de resistencia ante la muerte y el horror digna de admiración. Con muy buenos momentos de terror de lo más repugnante, El albatros acaba siendo, absoluta paradoja, uno de los relatos más luminosos del volumen por su carácter aventurero, por su ritmo trepidante, por su tensión creada por el recurso de “salvamento en el último minuto” y por su feliz desenlace, algo no muy habitual en Hodgson pero que en esta ocasión resulta la mejor elección posible. Un excelente relato.

El altísimo nivel se mantiene con el espectacular cuento La nave abandonada (1912). Hay que decirlo de nuevo, y una y mil veces si fuera preciso: pocos escritores como Hodgson son capaces de transmitir la angustia desesperada de ser acosado a muerte por criaturas terribles, por el terror tomando la más horrible de las formas. Aquí, una extraña masa informe que vive en las inmediaciones de un barco abandonado, un derrelicto cubierto de una fungosidad viva y anhelante de alimento que pondrá en un aprieto infernal a los tripulantes de la falúa que se acercan a inspeccionarlo. Se lee sin aliento, del todo absorbido el lector por el terror ante lo desconocido y el espanto de un ataque surgido del mismo infierno.

Viejo Golly (1919) es otra historia de marinero fantasmal que exige venganza ante un capitán maltratador. Aunque se ofrece una explicación racional, lo bonito de este relato es que deja en el aire que quizá esta no basta para dar solución a todos los hechos.


Demonios del mar (1923) es un auténtico clásico y uno de los mejores exponentes del estilo y las temáticas de Hodgson: un barco en la soledad del océano acosado por criaturas terribles surgidas del peor de los infiernos. La angustia provocada por la tensión de un peligro innominado que cuando tome forma mostrará todo su horror es sencillamente difícil de igualar. La soledad que sentimos en nuestras peores pesadillas parece que fue el alimento del genio de Hodgson.  

Y seguimos con otro impresionante y fantástico relato, Los habitantes de la isleta Middle (primera publicación: 1962), en el cual Hodgson ambienta con perfección magistral tanto la atmósfera de misterio como el escenario, una ensenada flanqueada por elevadas montañas en la que se oculta un barco perdido, aunando maravilla y terror a partes iguales. Es un cuento de fantasmas, algo no muy común en nuestro autor cuando nos narra una de sus visitas al infierno en el mar, en el que lo terrorífico acaba por vencer a esa trama que consiste en la búsqueda desesperada de un amor desaparecido entre las aguas. Siempre el horror derrotando a la redención. Desasosegante al máximo, cuando creemos ver una pequeña luz para la esperanza pronto nos es retirada del horizonte para dar paso a la más cruda oscuridad. Espectros condenados a habitar un pecio abandonado, un lugar de ensueño convertido en el nido donde perviven las almas condenadas de los que allí perecieron: una historia subyugante y estremecedora que devora el corazón.

Cuesta trabajo seguir leyendo esperando que el nivel de estos últimos relatos se mantenga, pero el festival macabro no decae. Si fantástico e increíble es el mar cuando nos lo describe Hodgson, también hay ocasiones en que su visión es decididamente alucinatoria. Así acontece en este excepcional relato, La nave de piedra (1914), en el cual el océano jamás estuvo tan cerca de convertirse en el escenario de una pesadilla psicodélica. Misteriosos e imposibles sonidos rompen el silencio de la noche en alta mar anunciando presagios funestos y adelantando la monstruosidad que se desatará en su final. Un cuento de aventuras de construcción clásica que poco a poco va derivando hacia la locura con el descubrimiento de un barco abandonado que alberga la esencia de todo lo extraño y es atravesado por un circuito eléctrico de imágenes que harían las delicias de los más furibundos surrealistas.

El buque embrujado Pampero (1918) nos narra la historia del barco maldito que hará cierta la leyenda de su maldición. Pese a las explicaciones finales dando sentido a un origen lógico de un suceso en apariencia fantástico, no hay duda acerca de cuál es la opción de Hodgson. La lógica parece ser la única salida para no enloquecer ante el horror. Pensar que lo acontecido carece en realidad de componente extraterrenal es una componenda que, paradójicamente, nadie en su sano juicio podrá creer.

Justo como en el relato anterior, en La noche partida (primera publicación: 1973) el acoso procederá también de criaturas espirituales, fantasmas que en manos de Hodgson serán todo menos lo que conocemos o les atribuimos. Al menos por la forma en que la atemorizada tripulación del barco dará con ellos, un festín visual y delirante que hace recordar de manera poderosa a su magistral novela La casa en el confín de la Tierra (1908). El mar se inunda de colores alucinógenos y abismos enfebrecidos para dar a luz lo espectral. Es curioso que en uno de sus relatos más psicodélicos Hodgson se incluya como protagonista…


Y en el siguiente cuento, de nuevo encontramos espectros furiosos que surgen de las aguas para convertir el mar en la tumba silenciosa de un navío. Como testigos impotentes, los marineros de otro barco contemplarán toda la escena estremecidos de terror. Con sus ojos observaremos la siniestra escena en El navío silencioso (primera publicación: 1973), compartiremos su angustia y descubriremos que el barco atacado no es otro que el Mortzestus, el mismo que sufría un infernal asedio en la magistral novela Los piratas fantasmas (1909). Quizá Hodgson reservó tan terrible final para esta historia dejando que en la novela escaparan con vida. Ya veis que de poco les iba a servir, pues salieron de las garras de los piratas para caer en las de los monstruos surgidos de la bruma. Ni el mar ni nuestro admirado autor perdonan.

El encantamiento del Jarvee (1929). Volver a leer un relato protagonizado por el gran Carnacki, el investigador de lo oculto creado por Hope Hodgson, resulta estremecedor y reconfortante. Lo primero porque es imposible no temblar al volver a una atmósfera, unos personajes y unas aventuras que tanto nos han hecho disfrutar. Lo segundo, porque uno tiene la sensación de reencontrarse con viejos amigos, de ser uno más de los cuatro invitados a los que Carnacki ofrece una de sus cenas y la velada posterior. Y por esto he disfrutado tanto de esta relectura, porque es maravilloso volver a contemplar a Carnacki enarbolando todos sus aparatos eléctricos en busca de fantasmas y hechos extraordinarios, en esta ocasión a bordo de un buque. Ni de lejos está entre los mejores de este libro que comentamos, pero me ha emocionado sinceramente retornar a él. Y un placer añadido es poder comprobar cómo Hodgson supo trasladar los temas fetiche de sus relatos ambientados en el mar a uno de los cuentos protagonizados por el gran Carnacki: sombras que acosan y se ciernen sobre el barco, la bruma impenetrable, la oscuridad de la noche como un manto o un nicho, la calma chicha que atrapa al navío en un mar tranquilo y muerto como un espejo, las repentinas y brutales tormentas… En definitiva, lo espectral tomando forma real entre sus manos.
  

(Continuará…)

miércoles, marzo 13, 2013

EAM # 39: Alice Guy, pionera del cinematógrafo



ALICE GUY, ilustración de Fermín Solís

En esta ocasión, entregué para la página de cine El antepenúltimo mohicano un artículo sobre la pionera del cinematógrafo Alice Guy. Mi amigo Fermín hizo un magnífico dibujo para ayudar a que pareciera mejor el texto. Puedes leerlo siguiendo el enlace




lunes, marzo 11, 2013

EAM # 38: Los hijos de los malditos, de Anton M. Leader (1963)




Nueva entrega para la página de cine El antepenúltimo mohicano dedicada en esta ocasión a la película Los hijos de los malditos (Children of the Damned), dirigida por Anton M. Leader en el año 1963. Aunque siempre es presentada como una continuación de El pueblo de los malditos (Village of the Damned, Wolf Rilla, 1960), no hay más que verla para descubrir que no es así. Partiendo del éxito de esta última y de algunas ideas planteadas en la novela de John Wyndham Los cuclillos de Midwich (1957), estos hijos superdotados de una raza que a su lado resulta inferior se desenvuelven en una historia que se aleja del punto de partida original para dar forma a una película que, si bien bebe de sus antecesores fílmico y novelístico, pudiendo ser considerada complementaria de ambos, al tiempo es totalmente independiente. Así escrito parece un trabalenguas, pero no. Puedes descubrir por qué leyendo el comentario






Ian Hendry y Alan Badel están fantásticos interpretando a los dos científicos que estudiarán el extraño caso de los niños de inteligencia prodigiosa. Sus descubrimientos los llevarán a tomar diferentes caminos en su posición frente a qué demonios hacer con ellos. 


Aunque en conjunto no resulta una película tan extraordinaria como El pueblo de los malditos, sí que la podemos considerar un ejemplo brillante de ese cine fantástico inglés que parece siempre desarrollarse en voz baja. El drama irá creciendo hasta explotar en un desenlace de una ironía demoledora.


Con tres válvulas viejas de radio, un trozo de cristal roto de una vidriera y unos cables mal enrollados los niños se marcan un arma sónica mortal que hace que a los líderes de las potencias mundiales les hagan los ojos chiribitas. O crean esas fabulosas armas para ellos o mejor muertos. El enfrentamiento a vida o muerte es inevitable. 





Película de nada fácil sencillez formal, de gran belleza en algunos tramos y emocionante en todo su desarrollo, Los hijos de los malditos es un clásico algo escondido que merece la misma atención que su compañera El pueblo de los malditos. Montar una doble sesión privada para ver ambas películas es un placer impagable que os recomendamos encarecidamente, que se dice, desde La décima víctima. Nosotros lo hacemos al menos tres veces al año. Crecen a cada nueva sesión. Sin duda, dos favoritas de este solitario blog.  





miércoles, febrero 27, 2013

Los mares grises sueñan con mi muerte, de William Hope Hodgson (primera parte, 1898-1920)



A veces uno tiene hermosos sueños, y a veces se hacen realidad. Muy pocos y en contadas ocasiones, por desgracia, pero hoy toca hablar de uno que sí se ha cumplido: ver publicados en un solo volumen todos los cuentos de terror en el mar de William Hope Hodgson (1877-1918), uno de los escritores de literatura fantástica más admirados en este blog. Maestro absoluto del relato de horror, Hodgson anticipa en parte toda esa nueva vertiente del moderno cuento de terror que florece de manera macabra con el gran H. P. Lovecraft como epicentro. Adentrarse en las oscuras aguas de este libro supone un placer que me temo no lograré expresar como merece en las siguientes líneas, pero no dejaré de intentarlo.

Este magnífico volumen se abre con un par de artículos introductorios de su antólogo, José María Nebreda. El primero de ellos es una excelente presentación que nos deja unas notas sobre el estilo y la manera de hacer de Hodgson, una categorización de sus relatos, la cual será la que vertebre la presentación de los aquí seleccionados, y cuáles y por qué han sido elegidos para esta antología. En el segundo, unas palabras acerca de las dificultades de la traducción, sobre el extenso y complicado lenguaje marítimo, lo específico de la terminología marinera y la ayuda en la labor de trasladar de manera correcta determinadas palabras y expresiones que el mismo Nebreda ha recibido en forma de cartas de marinos. Esto último supone una maravillosa manera de acercarnos a ese trabajo de traducción, a sus problemas pero también a sus logros, sin el cual muchos de nosotros jamás tendríamos acceso a estos autores que amamos. Nebreda, además, confecciona un glosario de términos y frases marítimos para hacernos la tarea más sencilla si cabe. Ante tal cuidado por acercarnos de la manera más correcta posible a la obra original solo podemos estar agradecidos. Que traductores como él trabajen nuestro género predilecto es un regalo que deberíamos ponderar de continuo.

Pero pasemos ya a la obra de Hodgson. El libro comienza con Diario de navegación (1898), que como indica su título es el diario que el autor llevó en su viaje en el barco Canterbury desde Nueva Zelanda a Inglaterra. Sencillez y concisión, sin literatura que embellezca los hechos: un diario real en el que Hodgson apunta las tareas cotidianas de manera esquemática. Esta misma falta de pretensiones es lo que nos hace sentir en primera persona y de manera verídica el viaje, con las múltiples ocupaciones habituales en su trabajo en el barco y sus breves distracciones y momentos de ocio. De estos destacan los dedicados a la lectura, a practicar deporte y a su afición a la fotografía. Afición que podemos admirar pues algunas de ellas acompañan el texto dotándolo de una vida que está más allá de las palabras. Quizá la anécdota más curiosa de las que nos narra sea cuando nos describe el fenómeno del rayo verde, un extraño efecto del sol al ocultarse sobre el horizonte que tiñe el mar durante unos segundos de un irreal tono verde, tal y como Jules Verne nos diera a conocer en su novela titulada así: El rayo verde (1882). Lo más chocante es que Hodgson ignora de qué se trata esa breve y fantástica visión. Solo tiene 21 años.

A través del vórtice de un huracán (1909) es una narración verídica de un viaje a un lugar del que muy pocos logran volver: el corazón de un huracán en alta mar. ¡Hodgson no solo estuvo allí, sino que además consiguió hacer fotografías! Magnífico “relato” que, como en el caso anterior, de forma sencilla y sin adornos, estremece solo por lo terrible y lo magnífico de los hechos narrados. Un viaje al horror real que tiene la fuerza de un relato oral, la historia increíble y alucinante que te contaría un viejo lobo de mar en una noche de tormenta. Con una descripción escalofriante del fenómeno del Mar Piramidal, un espectáculo que supone la antesala de la muerte porque solo los que están a punto de morir logran verlo. Bueno, casi todos, porque Hodgson sobrevivió. Estas imágenes que quitan de verdad el aliento las utilizaría más de una vez en sus relatos fantásticos. No es de extrañar, ya que por sí mismas conforman el horror en su estado más puro y espeluznante.

Con estos dos relatos verídicos se abre el volumen. Nebreda los ha agrupado bajo el epígrafe “En aguas profundas”, y no creo posible concebir palabras más adecuadas. Todo un paseo tenebroso por el lado más infernal y terrorífico del mar en su estado más violento y salvaje.


A continuación encontramos una selección de poemas de Hodgson, “Poemas del mar”. Mi favorito es, sin dudar, el que da título al libro, un grito desesperado dirigido a fuerzas que están muy por encima de todo lo humano.

Y ya desde aquí entramos de lleno en los cuentos de terror. Bajo el epígrafe “Cuentos del Mar de los Sargazos” asistiremos a un crucero maldito por estas aguas estancadas y mefíticas plagadas de criaturas abisales en las cuales el tiempo parece detenerse en un compás de horror. Porque para Hodgson, si os sorprende a estas alturas es que me estoy explicando realmente mal, las míticas aguas de los Sargazos suponen el mismo infierno. No deja de resultar una bonita paradoja que el infierno aquí en la tierra se desate en el mar.

En Desde el mar sin mareas. Primera parte (1906) Hodgson ya aprovecha su alucinante experiencia en el centro de un huracán, la que narrara en el artículo anterior, para contar cómo el Homebird es atrapado en el imposible fenómeno, la antesala de la muerte. El manuscrito que narra el viaje al corazón de la pesadilla del Homebird es hallado en el interior de una barrica abandonada en el mar, una idea que bebe del gran Edgar Allan Poe. Nadie como Hodgson para contarnos la soledad de unas aguas malditas, el aislamiento, el vacío de la existencia y el hálito final que lleva al hombre a resistir ante el mayor de los horrores… o a resignarse ante la muerte inevitable. Ya observamos en este relato otro de los grandes temas que recorren toda su obra: el grupo de humanos acosados por criaturas del abismo. Aquí, un gigantesco pulpo que poco a poco va haciendo desaparecer de la cubierta del barco a toda la tripulación. Cómo se levanta un parapeto alrededor del mismo, sobre las amuras, y cómo las embestidas del pulpo lo hacen temblar son momentos terribles narrados con una fuerza que marea por su crudeza y sensación de realidad. Los desgraciados supervivientes, los autores del manuscrito, se resignarán a vivir en el corazón de un infierno desolado en el que hasta, momentáneamente, les sobrevendrá algún breve destello de felicidad. Pero todo ello ahogado por la fatalidad de un destino que ha elegido para ellos un futuro despiadado de soledad y horror. Uno de los grandes cuentos de Hodgson, y uno de los que mejor nos muestran su estilo, sus temáticas y sus obsesiones.

Tan magistral cuento tuvo una continuación: Desde el mar sin mareas. Segunda parte (1907). No se complicó Hodgson con el título. Aquí se nos narra el contenido del quinto mensaje enviado por los supervivientes de la primera parte, que en esta ocasión han sufrido un ataque bestial por parte de unos cangrejos gigantes. El relato funciona a la perfección cuando aún ignoramos qué produce esos rítmicos y repetitivos golpes contra el casco del barco en las noches solitarias. La sensación de terror es poderosa mientras desconocemos su origen. Y pido perdón porque si leéis esto ya os lo he desvelado, ejem. Hodgson resulta angustioso y conmovedor, su tumba flotante (otro de los temas que se repiten de continuo en su obra, la del barco como gigantesca tumba, fruto quizá del odio que le tomó a la vida marinera) es infernal, pero allí hay tres personas que se aferran con desesperación a la vida. Los sostiene el amor, ese sentimiento que los lleva a no rendirse y luchar contra lo imposible sin desfallecer. En la más profunda oscuridad Hodgson no deja de mantener cierta luz de esperanza brillando entre la negrura, aunque en ocasiones es una esperanza que suena más bien a ironía.

Aunque no se haga explícito en ningún momento, la odisea del Homebird llega a su fin, o tendremos conocimiento del mismo, en el relato El misterio del buque abandonado (1907). Su triste desenlace y el de su mermada tripulación no serán los protagonistas directos, pero lo que le acontece al barco en el que se centra la acción nos ayudará a descubrir qué ocurrió con aquel. Aunque la explicación al horror no deja de ser racional al tratarse de criaturas reales, el tono es de absoluta pesadilla, tan alucinante en su devenir que no deja la historia en una posición muy lejana al fantástico más puro. Podríamos considerar así estos tres primeros relatos como un todo, una odisea infernal en la cual los hombres se ven abocados a sufrir la calma mortal de ese Mar de la Quietud que no deja de ser el de los Sargazos, toda una metáfora de la misma muerte que toma forma en las aguas infestadas del más inhóspito de los lugares que se puedan concebir. A la tripulación del Tarawak le será dada la horrible respuesta del misterio que encierra el caso del buque abandonado, y su atmósfera terrorífica se crece de manera magistral al acompañarla y sernos mostrada como si de una investigación criminal se tratase.

En La cosa en las algas (1912) tenemos de nuevo otro barco acosado por un gigantesco pulpo en el Mar de los Sargazos, el infierno particular de Hodgson. El hecho de que haya una tripulación bien dotada, que los hombres no estén solos, hace más soportable el horror pues este no está teñido de desolación, del abandono y de la insoportable sensación de vacío y soledad que sufren los otros protagonistas de los relatos leídos hasta ahora. El tono aventurero de El descubrimiento del Graiken (1913) no dejará de hacernos sentir toda la angustia claustrofóbica del encierro en aguas abiertas. De nuevo un barco que se defiende de infernales ataques de criaturas imposibles (más por su tamaño que por tratarse de verdad de criaturas del todo fantásticas) con una estructura defensiva semejante a la que construyeran los tripulantes del Homebird. Y atrapados, como este, en el mismo mar vegetal. El punto de vista es el de un narrador que nos cuenta los hechos desde su posición de prisionero en su propio camarote. Aunque por una vez el desenlace no es de un pesimismo demoledor, ya os podéis imaginar que leyéndolo a uno hasta le cuesta trabajo respirar de la angustia.

La llamada al amanecer (1920) es uno de los cuentos más extraños y oníricos del libro. De arrebatadora belleza en sus descripciones del amanecer en un mar abierto atravesado por un horror de esencia sobrenatural, de unas aguas sobre las que se escucha una voz humana que rompe el silencio en el cual se desvanecen las sombras. Un resto flotante del Mar de los Sargazos a la deriva tras una tormenta, una pequeña isla en sí, parece ser el lugar de origen de la voz. Los marineros rodean e investigan este islote desde una chalupa, pero solo encuentran un derrelicto sin vida humana. Sin embargo, al amanecer vuelven a escuchar la voz, sin sentido, sin explicación, el misterio del mar mostrando todo su poder. Y no hay solución ni explicación al suceso. Todo queda sumido en las sombras en este relato fascinante y estremecedor, hermoso como a veces solo lo inexplicable y lo desconocido pueden serlo.

El último de los relatos que se desarrollan en el Mar de los Sargazos es La balsa (1905). Hay cierta dosis de humor negro en él, algo que no suele ser habitual en Hodgson. Pese a narrar una situación angustiosa, esta no se hace sentir con la fuerza de la desesperación que nuestro autor sabe transmitir con tanta maestría. Nebreda habla de que en esta ocasión el autor quizá sea un imitador de Hodgson, pues fue publicado bajo las inidentificables iniciales C. L. Pero por las fechas en que fue editado tal vez se trate más bien de que en la época no era tan extraño utilizar el misterioso Mar de los Sargazos como telón de fondo en el cual desarrollar las historias de terrores marinos. No sería pues solo Hodgson quien escogiera tan misterioso entorno para desarrollar sus historias. Al final, lo que nos impacta de él es su capacidad única de transmitir la agonía de la desolación, la angustia de saberse perdido sin remedio en lugares donde solo puede habitar el horror. El hombre siempre se enfrentará en soledad a la pesadilla, y esta saldrá triunfante en casi todas las ocasiones.

A continuación, Nebreda selecciona dos relatos protagonizados por el capitán Jat y su ayudante el muchacho Pilby Tawles. En La isla del Ud (1912) es maravillosa la forma de dar inicio a la historia, con la descripción de la isla surgiendo a la vista del capitán y del joven como si emergiera de un sueño, como si estuviera tomando forma de la nada. Así nace el territorio de lo fantástico. Se trata de una aventura con puro sabor pulp, luminosa y trepidante sin estar exenta de los típicos terrores hodgsonianos: seres de pesadilla que se mueven en la oscuridad, un cangrejo de proporciones gigantescas, las sacerdotisas de un extraño culto que en lugar de brazos tienen pinzas de cangrejo… En fin, un cuento que sin renunciar a ciertos tópicos de este tipo de aventuras está dirigido con mano maestra llevándonos sin aliento hasta su desenlace.

Lo mismo podría valer para La aventura de la punta de tierra (1914). Por más que la trama en esta ocasión consiste en la búsqueda de un tesoro en una isla misteriosa, pronto Hodgson deriva el relato hacia una angustiosa persecución con Jat y Pilby corriendo a centímetros de las terribles fauces de unos perros carnívoros gigantes guiados por unos sacerdotes que corren como sus perros y que también como ellos tienen una especial predilección por la carne humana… En fin, pese a la relación llena de chascarrillos y se supone que divertida entre nuestros héroes, que demuestra que Hodgson no nació para el humor, la historia brilla en su parte macabra: esa inolvidable estampa de los humanos corriendo a la par que los terribles y enloquecidos sabuesos que los acosan y la angustia de la persecución a muerte a la que son sometidos.       

(Continuará…)

martes, febrero 26, 2013

Livianas, de Mayte Alvarado (2012)



Ay, se ha hecho esperar, pero ya tenemos una nueva obra de Mayte Alvarado. Livianas conforma la última entrega (por el momento) de esa colección de fanzines exquisitos, elegantes y cuidados que nos dan a degustar cada cierto tiempo nuestros amigos de Los Ninjas Polacos. Un relato sencillo y hermoso cuya metáfora no puede sino llenarnos de tristeza. Pero no temáis: toda su melancolía está entretejida de una poesía sutil en la cual las imágenes nos arrastran a otro mundo donde hay mujeres que pueden volar y hombres incapaces de comprenderlas. Otro mundo quizá no tan ajeno a este, pero gracias a Mayte desde luego más hermoso. 


Su trazo clásico nos encanta, para qué os vamos a engañar, y lo único que lamentamos es que no publique al menos uno al mes. 

Si quieres disfrutar con otras maravillosas ilustraciones de Mayte, no dejes de visitar su sitio tumblr (AQUÍ).



lunes, febrero 25, 2013

EAM # 37: El pueblo de los malditos, de Wolf Rilla (1960)




Nueva entrada para la página de cine El antepenúltimo mohicano. En esta ocasión, una película por la que siento absoluta pasión: El pueblo de los malditos (Village of the Damned, Wolf Rilla, 1960). Casi obsesión, me atrevería a decir, por una poderosa razón personal. Pero baste decir que la cabecera de este blog, desde su primer día, estuvo presidida por una imagen de sus niños alienígenas protagonistas. Puedes leer el comentario



Si atacas a uno, los atacas a todos:






Son inmunes al dolor y al sufrimiento:



Los humanos no pueden luchar contra su poder de controlar las mentes:




Gordon Zellaby les da clase,
pero apenas lo necesitan:






Procura que no te miren mal:




Todo tranquilo en Midwich:






AQUÍ

 mi opinión sobre la fantástica novela en la que se basa la película: 
Los cuclillos de Midwich (1957), de John Wyndham.