martes, mayo 19, 2015

Los mejores relatos de ciencia ficción: la era de los clásicos 1946-1955, compilación de Michael Ashley (1976)



El británico Michael Ashley continúa con su historia de las revistas de ciencia ficción en este segundo tomo (tercero en realidad, pues como vimos en la reseña del anterior, AQUÍ, la editorial Martínez Roca no publicó el primero de ellos). En el prólogo, Introducción: de la bomba atómica al boom, Ashley da un magnífico repaso a toda una época pletórica de publicaciones periódicas con el género de la ciencia ficción alcanzando uno de sus momentos más brillantes. Cuando todo, o al menos casi todo, era descubrimiento y abrir caminos futuros. En Los mejores relatos de ciencia ficción: la era de los clásicos (1946-1955) también veremos iluminado este fascinante recorrido histórico con una selección de diez relatos, uno por cada año, hasta completar esta década de prodigios y maravillas. De nuevo el nivel de los cuentos es abrumador, y aunque hay algunos que me han resultado más deslumbrantes que otros, en conjunto son una delicia tanto si suponen una relectura como si uno se enfrenta a ellos por primera vez.


Astounding Science Fiction, abril 1946.
Portada: William Timmins.
(Todas las portadas de las revistas de ciencia ficción están extraídas de la magnífica web 
The Internet Speculative Fiction Database, ISFDB, AQUÍ)

Monumento conmemorativo (Memorial, publicado en la revista Astounding Science Fiction en abril de 1946) de Theodore Sturgeon es el que abre esta selección. Producto y reflejo modélico de la época, con el fin de la Segunda Guerra Mundial y con el horror de la bomba atómica presente y real en cada hogar norteamericano, el género se llena de historias de advertencia ante el monstruo que se acaba de desencadenar. El espanto nuclear alarga sus tentáculos hacia el futuro, cebándose en las generaciones por venir, y Sturgeon construye su relato con la firmeza narrativa y la fuerza admonitoria precisas para que su mensaje sea efectivo y estremecedor.


Fantasy, agosto 1947.

En Los fuegos internos (The Fires Within, en Fantasy, agosto de 1947), Arthur C. Clarke narra el descubrimiento de una civilización que vive bajo la corteza terrestre. Tratándose de Clarke, no iba a quedarse en el habitual relato de tribus viviendo en cuevas y corriendo a lo loco por túneles subterráneos como los protagonizados por Tumithak, por ejemplo, en las simpáticas aventuras escritas por Charles R. Tanner. Son criaturas adaptadas a las condiciones internas de la Tierra, donde se mueven a través de la roca como los peces en el agua. Guarda un sorprendente giro final, un cambio de perspectiva que enriquece el conjunto con el trasfondo del descubrimiento del otro, de percibir e intentar desentrañar y comprender aquello que nos es ajeno.


Starling Stories, marzo 1948.
Portada: Earle Bergey.

No mire ahora (Don’t Look Now, en Starling Stories, marzo de 1948) de Henry Kuttner es pura conspiranoia: marcianos que no podemos ver nos controlan. Cada acto, cada decisión, cada movimiento de los humanos es vigilado de manera personalizada por ellos. Y si por casualidad o accidente descubres a uno (su tercer ojo que se abre en la frente quizá sea en exceso revelador y difícil de ocultar) serás eliminado. Un concepto muy similar al utilizado en la serie Doctor Who con las criaturas del Silencio, con su ciencia ficción cuántica llevada a su más prístina extensión: si no los ves, no existen.


Thrilling Wonder Stories, octubre 1949. 

Calidoscopio (Kaleidoscope, en Thrilling Wonder Stories, octubre de 1949) es un hermoso y fascinante relato de Ray Bradbury en el cual los tripulantes de una nave espacial que ha reventado por todas partes lanza al espacio a toda su tripulación. Con imágenes tan poderosas como la de los humanos saliendo despedidos del navío sideral asemejando la estela de un barco en el mar, las chispas de un cohete de feria o los restos de un cometa, o esa otra en verdad imborrable de uno de los hombres quedando atrapado con su traje espacial en el camino de unos asteroides errantes que harán que su cuerpo los acompañe por siempre en su viaje eterno de ida y vuelta en órbita de la Tierra a Marte. Los supervivientes se comunican entre sí por la radio de sus trajes hasta que, cada vez más lejos unos de otros por la inercia del accidente que los ha lanzado al espacio, sólo les quede el silencio. En estos momentos finales lo mejor y lo peor de la humanidad saldrá a la luz, estrellas fugaces cargadas de historias de amor y odio que destellarán en su momento final. El maravilloso y sencillo tono poético de Bradbury confiere una inconmensurable belleza a este relato sobre qué es morir en un universo tan enorme que no puede sino ignorarnos.


Galaxy Science Fiction, noviembre 1950.
Portada: Don Sibley. 

También hay espacio para el humor desopilante y macabro, en un tono que poco después las revistas de cómics de la EC harían inmortal, con El hombre: cómo servirlo (To Serve Man, en Galaxy Science Fiction, noviembre de 1950) de Damon Knight. Los Kanamit, una raza de cerdos antropomorfos del espacio exterior, llegan a la Tierra en son de paz a traernos increíbles adelantos técnicos y científicos, alucinantes regalos que reportarán una edad de oro a la humanidad, o cuando menos la oportunidad de iniciar una. El aspecto ridículo y chistoso, pese a su inteligencia superior, de los Kanamit hará que acaben siendo aceptados tras unas balbuceantes muestras de rechazo iniciales. ¡Son tan adorables! Y es cierto: han venido aquí para servir al hombre… Este relato, con guion de Rod Serling, sería adaptado para la mítica serie The Twilight Zone: es el episodio 24 de la tercera temporada, To Serve Man, una entrega magnífica donde el cambio de aspecto de los alienígenas no altera para nada el efecto demoledor de la historia.


Super Science Stories, junio 1951.
Portada: Van Dongen.

Un extraterrestre que ha llegado a la Tierra casi casi como lo hiciera Superman, y que tiene casi casi dos corazones como el Doctor Who, se encuentra varado en nuestro planeta. Este es el punto de partida de ¡Cuidado, terrestre! (Earthman, Beware!, en Super Science Stories, junio de 1951) de Poul Anderson. Debido a su increíble inteligencia (me encanta cómo en estos relatos clásicos los extraterrestres son casi siempre superiores en todos los sentidos a los humanos, un arma magnífica para sacar a relucir nuestros defectos y miserias como especie), este visitante a la fuerza se convierte en un científico único y prodigioso, pero condenado a la soledad precisamente por esto mismo. La desesperada búsqueda de los suyos guía sus pasos finales sin saber que quizá encontrarlos sea tan terrible como permanecer en la Tierra: sin un lugar propio donde permanecer, aislado en territorio hostil, conocer la verdad le hará conocedor de una fatal ironía. Anderson confiere de manera magistral a su relato una atmósfera crepuscular de tristeza y melancolía que resulta emotiva hasta el temblor, perfecta para su amargo desenlace.


Amazing Stories, junio 1952.
Portada: Walter Popp.


Amazing Stories, abril-mayo 1953.
Portada: Barye Phillips. 

Vuelan muy alto (They Flight so High, en Amazing Stories, junio de 1952) es otro excelente relato de esta compilación sencillamente mareante por su calidad. Dos hombres quedan atrapados en la opresiva atmósfera de Júpiter, aislados con sus trajes espaciales frente al gigante imposible, hablando de libertad a las puertas de la muerte, descubriéndola en el lugar más inhóspito imaginable. Las descripciones del planeta son un prodigio, y el diálogo enfrentado de sus dos protagonistas es absorbente y conmovedor. Algo muy parecido sucede también al terminar la lectura del apocalíptico El último día (The Last Day, en Amazing Stories, abril-mayo de 1953) de Richard Matheson. Quizá lo único que uno desee hacer cuando llegue el final de todas las cosas sea el acto más sencillo y hermoso de todos. Cuando la locura y el descontrol se hayan adueñado del planeta ver un rostro amado y reconciliarse con él tal vez sea nuestra única esperanza de redención.


Galaxy Science Fiction, abril 1954.
Portada: Ed Emshwiller.

Si hasta aquí esta antología se me estaba antojando sensacional, todavía me quedaban alegrías infinitas por disfrutar. Porque así y no de otra manera puedo describir lo que sentí al leer el fantástico ¡No tocar! (Hands Off!, en Galaxy Science Fiction, abril de 1954) de Robert Sheckley. Un relato que nos habla, casi como si no fuera acerca de eso, sobre la incapacidad de aceptar y comprender al otro, a aquel que es totalmente ajeno y distinto a nosotros. Un encuentro en un planeta perdido entre un grupo de tres humanos y un extraterrestre imposible, Kalen, presentados y descritos con el grandioso sentido del humor habitual de su autor, pero también con una profundidad y una capacidad apabullantes de detallar mundos y formas de vida alienígenas. Más maravilloso si cabe es cómo Sheckley va cambiando el punto de vista de la narración de manera constante de los humanos al bueno de Kalen, haciéndonos mirar y ver cómo mientras este no desea ningún mal a aquellos, los despìadados humanos sólo pretenden robar y matar a Kalen. No sólo la incomprensión y el rechazo de lo desconocido los lleva al mal: también la falta de respeto, el deseo de hacer daño y de destruir antes que parlamentar o conocer al otro, al extraño. Kalen demuestra tener más humanidad y estar más civilizado que los estúpidos y brutales humanos. La ironía sensacional de Sheckley es la de enseñarnos que el mal sólo genera desgracias para quien lo practica. La vida real nos convence a palos de que el bien jamás tiene recompensa, pero el gran Sheckley lanza su mensaje arrollador y lo creemos y defendemos a ciegas. Una lección de ética genial. Si además resulta muy divertida y absorbente en su desarrollo, lo que Sheckley nos ofrece es un regalo tan valioso que jamás podremos devolvérselo. Sólo nos queda aceptarlo encantados con una sonrisa que no seremos capaces de borrar de nuestros rostros.


Science Fantasy, noviembre 1955.
Portada: Gerard Quinn.

Y llegamos con profunda pena a las últimas páginas del libro con La apuesta (The Wager, en Science Fantasy, noviembre de 1955) de E. C. (Edwin Charles) Tubb, una historia que bien podría haber servido de inspiración argumental a la película Depredador (Predator, John McTiernan, 1987) y a su vez haber tomado su premisa inicial de la soberbia El malvado Zaroff (The Most Dangerous Game, Irving Pichel y Ernest B. Schoedsack, 1932). De maneras sencillas y elegantes, Tubb desgrana su relato sin prisas, entremezclando el punto de vista de un detective humano, Tom Mason, encargado de investigar el caso de un terrible asesino que va dejando cadáveres sin cabeza por toda la ciudad, la perspectiva del mismo desde los ojos de un extraterrestre de vacaciones en la Tierra que se ve implicado en la trama criminal, Gort Holden, y además el de los asesinos, pues son varios y no un cazador en solitario, unos alienígenas que han venido a practicar la caza deportiva en nuestro planeta. Un colofón divertido al tiempo que angustioso y con un punto salvaje que lo hace encantador. Un desenlace perfecto para este viaje que bajo el mando de Michael Ashley ha resultado del todo alucinante.
  

ASHLEY, Michael (comp.). Los mejores relatos de ciencia ficción: la era de los clásicos (1946-1955). Introducción y compilación de Michael Ashley; traducción de César Terrón. Barcelona: Martínez Roca, 1979. 319 p. Súper-Ficción; 50. ISBN 84-270-0547-4. 

martes, mayo 05, 2015

Los mejores relatos de ciencia ficción: la era de Campbell 1936-1945, compilación de Michael Ashley (1975)



Me gustaría dejar claro desde el principio que todos los relatos de este volumen ya clásico en la historia de la ciencia ficción me han encantado. Unos más y otros algo menos, soy humano para mi desgracia, pero en conjunto he disfrutado de lo lindo con la lectura de este libro. Y en especial de su apasionante prólogo, Introducción: el auge de la ciencia ficción, escrito por el autor de la presente compilación, el británico Michael Ashley, un erudito que plantea un recorrido en verdad arrebatador por la historia de las revistas pulp de este género. Este es el primero de los tres volúmenes (ver aclaración a este respecto al final de la reseña) que dedicaría a narrar esta aventura literaria, los cuales llevan del año 1936 hasta el 1965, cada uno con una introducción que supone todo un caudal de información expuesto de la manera más divertida y amena que cabe imaginar e iluminado con una selección de cuentos, uno por cada año. Este que nos ocupa está centrado en la primera década de este período: de 1936 a 1945. Y su introducción es un reflejo perfecto de esta época convulsa y maravillosa del despegue de las publicaciones periódicas pulp.


Thrilling Wonder Stories, agosto 1936.
(Todas las portadas de las revistas de ciencia ficción están extraídas de la magnífica web 
The Internet Speculative Fiction Database, ISFDB, AQUÍ)

El relato que abre la selección pertenece a uno de los más grandes escritores de ciencia ficción, Stanley G. Weinbaum, cuya corta vida seguro nos privó de obras maestras al nivel de la colección de cuentos que dejó tras de sí. Una carrera modélica y ejemplar conformada por una joya tras otra. El círculo de cero (The Circle of Zero, publicado en la revista Thrilling Wonder Stories en agosto de 1936) es una bonita, curiosa y loquísima historia que propone una peculiar manera de viajar en el tiempo: por medio de la hipnosis. Planteando que el infinito conlleva que nuestras existencias y la de todo lo existente antes, ahora y después de nuestro devenir por fuerza deben repetirse al menos una vez siguiendo la lógica de que en la eternidad todo tiene cabida, hasta la reiteración de cualquiera de nuestros actos más cotidianos, Weinbaum nos embarca en un viaje al pasado y al futuro más lejanos narrado con esa fascinación que conlleva el hollar paisajes entonces aún casi vírgenes.


Astounding, julio 1937.
Portada: Howard V. Brown.

La ascendencia inglesa de Ashley hace que en su selección abunden los autores de esta nacionalidad. Genial para nosotros pues estos nombres son precisamente los más obviados en las compilaciones de este tipo. Ejemplo de esto son los autores del segundo relato, Eric Frank Russell y Leslie J. Johnson, El buscador del mañana (Seeker of Tomorrow, en Astounding, julio de 1937), una fantástica narración inspirada en La máquina del tiempo (The Time Machine, 1895) de H. G. Wells, uno de los escritores de referencia para estos primeros aventureros de la ciencia ficción. Nos presenta una máquina viajera que con su forma de cabina y su manera aleatoria de ir visitando los diversos lugares del futuro podría ser un precedente de la extraordinaria serie, también británica y también de ciencia ficción, Doctor Who: con su mismo toque extravagante (las vestimentas de los habitantes de la futurista ciudad utópica de Leamore, nombre que quizás sea una referencia al mítico continente perdido de Lemuria), el ansia sin fin de conocimientos de su protagonista y la idéntica capacidad de este de maravillarse y aceptar lo ajeno y lo extraño tal que nuestro admirado Doctor. Y como es habitual en esta serie única, este excelente cuento nos deja una sensación en la que se confunden la felicidad provocada por el anhelo de la búsqueda y los descubrimientos siempre posibles con la melancolía al no poder continuar con su héroe el periplo futuro que promete su magnífico final abierto.


Marvel Science Stories, noviembre 1938.
Portada: Frank R. Paul.

El de Jack Williamson, El paraje muerto (The Dead Spot, en Marvel Science Stories, noviembre de 1938), tal vez sea el más abiertamente pulp, pura space-opera que arrastra en su fascinación naif. Nos lleva hasta una ciudad mecanizada de calles abisales ganadas por la oscuridad y la radiación que recuerda a la ciudad de las medusas de La legión del espacio (The Legion of Space, 1934), novela de la cual este relato por momentos asemeja un apunte narrándonos también una huida por un río, el encuentro con una bella mujer alienígena y la desesperada y al tiempo inocente historia de amor. Todo emana un hermoso romanticismo primitivo en una historia que parece no sólo el germen de la novela mencionada del mismo Williamson, sino el de todo un subgénero (que nadie entienda esto como algo peyorativo, por favor) al que siempre es emocionante volver.       


Amazing Stories, noviembre 1939.
Portada: Harold W. McCauley.

El triángulo de cuatro lados (The 4-Sided Triangle, Amazing Stories, noviembre de 1939), de William F. Temple, es un muy buen relato en el que tras el artificio científico de serie B se plantean interesantes cuestiones morales. Tenemos aquí una máquina que permite duplicar objetos, fruto del trabajo entregado de dos científicos que nos son presentados desde su infancia, con la cual también conseguirán obtener dobles perfectos de seres humanos. Uno de los inventores da vida a un doppelgänger de su amada pues no le corresponde en sus sentimientos por ella, pero con tal hado fatal que la duplicada tampoco lo quiere: ¡por algo es su réplica exacta! El sacrificio por quien se ama con pasión pero de una forma egoísta, la desesperación por lograr ser correspondido en el amor hasta tal punto que lleva a la ceguera emocional, tríos que son cuartetos y parejas de tres personas formando relaciones complejas y difíciles… Un cuento al fin en el que lo romántico en su sentido más clásico y enfebrecido es el verdadero motor de la acción, arropado en un planteamiento imposible fuera de la más estricta fantasía. Una historia que conmueve en la cual acaba venciendo la sensación de que no hay nada más difícil que colmar los anhelos más profundos del ser humano. Al terminar de leerlo, vi la película que basada en este relato dirigiera Terence Fisher en el año 1953, Four Sided Triangle, con guion del propio Fisher y Paul Tabori. Aunque la mayor parte de la idiosincrasia y la complejidad de los personajes se pierde, así como lo más complejo de su trama, no deja de ser un filme muy bonito de ver, de entre lo mejor de su director antes de que reinventara los mitos clásicos del terror de la Universal y creara otros nuevos a través de la Hammer.


Planet Stories, otoño 1940.
Portada: Albert Drake.

Ashley selecciona del año siguiente El solitario de los anillos de Saturno (Hermit of Saturn’s Rings, en Planet Stories, otoño de 1940) de Neil R. Jones, una entretenida historia con marcado acento aventurero. Los mejores momentos se encuentran en los ataques que una extraña niebla blanca que se arrastra entre los asteroides de Saturno realiza a la nave espacial City of Formar, en la que viaja el anciano pero peleón Jasper Jezzan, el protagonista. El satélite hueco dentro del cual este acaba ocultándose huyendo de la dichosa niebla es una idea bonita pero algo desaprovechada, sin que esto importe demasiado a la hora de disfrutar con placer de su lectura. El abismo (The Abyss, en Stirring Fantasy Fiction, Stirring Science Stories según la ISFDB, febrero de 1941), de Robert A. W. Lowndes, es un simpático relato de tintes lovecraftianos en el cual unas horrendas criaturas acechan en el abismo del título. Quizá lo más curioso estribe en que el acceso a este mundo de pesadilla se encuentra en los dibujos de una alfombra… Allá arriba (Up There, en Science Fiction Quarterly, verano de 1942), de Donald A. Wollheim, está basado o inspirado en las delirantes teorías de Charles Fort del “cielo habitado”. La trama consiste en cómo su viejo protagonista pretende con su avión, un aparato nazi derribado en combate, reformado lanzarse allende las nubes en busca de ese otro más allá localizado un poco por encima de nuestras cabezas. Es imposible no sentir afecto por esta sencilla historia.


Fantastic Adventures, julio 1943.
Portada: Harold W. McCauley.

Con un tono divertido y satírico, no exento de cierta crueldad más que de agradecer, se desarrolla Casi humano (Almost Human, en Fantastic Adventures, julio de 1943), de Robert Bloch bajo su seudónimo de Tarleton Fiske pues ya publicaba en este mismo número de la revista otro relato bajo su nombre real, un cuento de factura lineal y sin complicaciones pero de una efectividad tremenda. El robot que acaba siendo educado en el camino del mal nos inspira tanta compasión como pavor. Aunque en su horrible acto final no podamos evitar estar de su parte…


Starling Stories, verano 1944.
Portada: Earle Bergey.

El británico John Russell Fearn nos trae en El transgresor del tiempo (Wanderer of Time, en Starling Stories, verano de 1944) una narración de transgresiones temporales más allá de la muerte y de venganzas imposibles a través de los eones un poco al estilo del relato de Weinbaum que abría el volumen. Lo más sorprendente es descubrir de su mano en qué terminará la evolución de la especie humana.


Astounding Science Fiction, septiembre 1945.
Portada: William Timmins.

Y este primer tomo de los tres que conforman la historia de las revistas de ciencia ficción de Michael Ashley termina con el magnífico cuento El poder (The Power, en Astounding Science Fiction, septiembre de 1945). Estructurado de forma epistolar sobre “textos latinos del siglo XV”, unas cartas que muestran cómo la ciencia extraterrestre es considerada magia demoníaca en la Edad Media, Murray Leinster da toda una lección de estilo y clase con esta soberbia narración. El desesperanzado tono del alienígena protagonista es todo un hallazgo, no por su originalidad sino por su perfecta materialización, y trabajando sobre esta idea Leinster construye un relato apasionante, de excelente factura y muy divertido también, pues su autor sabe dosificar lo chocante de ciertas situaciones con lo triste y descorazonador de su mensaje. Un cierre sensacional para un libro que hemos disfrutado infinito y que nos ha dejado impacientes por comenzar la lectura de los dos tomos restantes.

Nota aclaratoria. En el facebook de LA DÉCIMA VÍCTIMA el gran Rubén Soto nos ha hecho una aclaración sobre estas compilaciones de Michael Ashley facilitándonos esta información: eran cuatro tomos, siendo el primero el dedicado al período 1926-1935, volumen que la editorial Martínez Roca decidió no publicar. AQUÍ podéis consultar su contenido, del cual podemos disponer de alguna traducción gracias a La Biblioteca del Laberinto. ¡Muchas gracias, Rubén!

ASHLEY, Michael (comp.). Los mejores relatos de ciencia ficción: la era de Campbell (1936-1945). Introducción y compilación de Michael Ashley; traducción de Jordi Arbonés. Barcelona: Martínez Roca, 1977. 396 p. Súper-Ficción; 19. ISBN 84-270-0409-5.

lunes, abril 27, 2015

Recomendaciones espectrales



Traemos hoy a nuestro oscuro y solitario blog una serie de proyectos editoriales independientes, arriesgados y maravillosos que apoyamos de manera entregada y absoluta. En crowdfunding, preventa, ya editados... Todos los estadios posibles para unos libros que queremos tener en nuestras manos pero ya mismo. 

El primero de ellos es esta fantástica reedición del clásico pastiche sherlockiano Sherlock Holmes en Hope Canyon (A Double Barrelled Detective Story, 1902) de Mark Twain realizada por el gran experto en nuestro detective favorito Alberto López Aroca. Alberto también es un escritor prodigioso, por lo que os recomendamos que no dejéis de daros una vuelta por su blog, donde además de poder haceros con esta pequeña joya podréis adquirir muchas más. Seguid el enlace AQUÍ




Seguimos con Sherlock Holmes, y ahora lo hacemos con La enciclopedia de Sherlock Holmes: nombres y lugares del Canon Holmesiano (2014), un apabullante trabajo de Juan Carlos Monroy imprescindible para todos los que amamos al detective creado por Arthur Conan Doyle. Creedme que este es uno de esos libros que al abrirlo tardarás horas en volver a cerrarlo yendo de un lado a otro siguiendo las referencias, las entradas, recordando personajes y situaciones, descubriendo miles de detalles... Con una auténtica barbaridad de maravillosas ilustraciones seleccionadas por Alberto López Aroca, no podía ser de otra forma, también maquetador y autor del diseño de portada, este volumen es una delicia para saborear con tranquilidad y para tener al lado cada vez que releamos cualquier aventura de Sherlock o nos aventuremos en un pastiche. AQUÍ.


El mítico Lem Ryan vuelve a la carga con un nuevo súper pastiche enloquecido con Sherlock Holmes y todos los personajes que podáis imaginar nacidos del folletín, del pulp y de los cómics. Su anterior Sherlock Holmes: el hombre que no existía (2014) ya nos pareció una gozada, así que esperamos que este Sherlock Holmes: donde nadie ha llegado (2015) no nos haga disfrutar menos. AQUÍ


La nueva editorial GaskMask Editores nos adelanta las portadas de las que serán sus dos primeras referencias si no contamos el fantástico volumen recopilatorio de artículos del blog El carnaval de Wolfville, que ya comentamos en su día AQUÍ. Cruzando la puerta mágica (Through the Magic Door, 1907) es un ensayo donde Arthur Conan Doyle da un repaso a algunas de las joyas bibliográficas de su biblioteca, completado en esta ocasión con una entrevista que el mismo Bram Stoker realizara a Doyle el mismo año de la edición del original. Hechizo en Northampton: una biolocalización de Alan Moore (2015) de Alejandro Barba es un estudio sobre uno de los guionistas más admirados e influyentes de la historia de los cómics. Nos prometen que ambos libros estarán listos para mediados de mayo, así que haremos lo posible por que la impaciencia no nos devore. El facebook de la editorial, AQUÍ


Otro proyecto interesantísimo que ahora mismo se encuentra en fase de crowdfunding es el cómic El caso Valdemar (y otras pesadillas), cuatro relatos clásicos de terror adaptados al formato historieta que prometen ser sensacionales. Estas son las cuatro piezas maestras elegidas: La araña, de Hanns Heinz Ewers (adaptado por Miguel Ángel Rodríguez Touceiro); El Monte de las Ánimas, de Gustavo Adolfo Bécquer (por Ninona); Un millar de muertes, de Jack London (por Jessica Mars); y La verdad sobre el caso del señor Valdemar, de Edgar Allan Poe (por Guillermo Arias-Camisón). No dejéis de visitar su página de Verkami AQUÍ.


Nos hacemos eco también de la edición por parte de Manuel Caldas del segundo volumen de las tiras diarias del Tarzán de Russ Manning, una gloriosa traslación de nuestro héroe en viñetas plagadas de emoción y sentido de la aventura, donde lo prodigioso se aúna con lo trepidante dando lugar a un cómic efervescente y adictivo. Ya pudimos disfrutar al máximo tanto de su primer volumen como el también inicial recopilando las páginas dominicales en color. Sólo podemos decir que es uno de los mejores y más bonitos cómics que hemos leído nunca. También nos haremos con el tomo de Casey Ruggles: el comienzo, del gran Warren TuftsAQUÍ.


Para terminar, me vais a permitir que os recomiende dos libros en los que he tenido la oportunidad de colaborar. Desde luego que mi participación es la menos honrosa, pero las firmas que los componen os harán olvidar mi presencia disfrutando de un montón de auténticas golosinas para gourmets con clase. El primero es Fantasmas (2014), editado por la editorial más elegante del planeta: El verano del cohete. Una colección de relatos breves en cómic mostrando la otra cara de los espectros, aquella que consiste no sólo en la que quiere aterrarnos sino además en la que sueña en conmovernos con un escalofrío que puede ser también provocado por la belleza o la emoción. Daniela Tieni, Mayte Alvarado, Fermín Solís, Roman Muradov, Rui Díaz, Irati Fernández, Carla Besora, Owen Gent y Borja González conforman este ectoplasmático equipo ganador. AQUÍ



Y terminamos con el grandioso número 5 del Magazine Presencia Humana, la revista de creación extraña, editado por Aristas Martínez y dedicado en esta ocasión a una de nuestras editoriales predilectas: Valdemar. Una entrega espectacular de la que me cuesta trabajo destacar un relato o un artículo (aunque Clark Ashton Smith es una absoluta debilidad: lo adoro). Una publicación realizada con verdadero amor y entrega por sus editores y que recomendamos totalmente desde su primer número. AQUÍ.  


lunes, abril 13, 2015

Persona (1965), de Ingmar Bergman



Podéis leer la reseña de Persona de Ingmar Bergman en la página de El antepenúltimo mohicano, bajo el título Mujeres fracturadas, AQUÍ.

BERGMAN, Ingmar. Persona. Prólogo de Jonás Trueba; traducción de Carmen Montes. Madrid: Nórdica Libros, 2010. 94 p. Letras Nórdicas; 16. ISBN 978-84-92683-14-7. 

miércoles, abril 01, 2015

Trifulca a la vista (1935), de Nancy Mitford



Podéis leer el comentario a este divertido y curioso libro de Nancy Mitford en la página web El antepenúltimo mohicano, bajo el título Inglaterra Über Alles, AQUÍ.

MITFORD, Nancy. Trifulca a la vista. Introducción de Charlotte Mosley; traducción de Patricia Antón. Barcelona: Libros del Asteroide, 2011. 237 p. Libros del Asteroide, 92. ISBN 978-84-92663-49-1.

martes, marzo 03, 2015

Monster Show: una historia cultural del horror (1993), de David J. Skal



Puedes leer el comentario a este magnífico libro de David J. Skal en la página web El antepenúltimo mohicano, bajo el título Nosotros somos los monstruos, AQUÍ


SKAL, David J. Monster Show: una historia cultural del horror. Traducción de Óscar Palmer Yáñez. Madrid: Valdemar, 2008. 575 p. Intempestivas; 19. ISBN 978-84-7702-593-1.

miércoles, febrero 11, 2015

Al final del cosmos (1958), de Law Space



Lecturas anteriores de obras de Law Space (Enrique Sánchez Pascual) me habían dejado algo frío (ver AQUÍ), pero como esto no afecta a mi carácter gélido para nada pienso renunciar a seguir aventurándome en su extensa obra. En esta ocasión es su novela Al final del cosmos (1958) la que ha llamado mi atención, y debo confesar que tras adentrarme en su poderoso arranque creí que había acertado. Un planeta moribundo, Kumus, asiste en sus días finales a cómo sus últimos habitantes parten en busca de un nuevo mundo que los acoja. Este inicio está marcado por un cierto tono entre nostálgico al contemplar el fin de una gran civilización y melancólico pues ésta se enfrenta a la muerte cósmica, un concepto que implica su extinción absoluta por más que intenten huir de ella, que lo hace muy sugerente. Vayan adonde vayan jamás podrán eludir su fatal destino. Así, el fin de Kumus es para sus moradores el final de todas las cosas. Esta idea subyacente en el éxodo, feliz porque los kumianos aún mantienen la esperanza pero amarga porque tal vez sea un fútil movimiento elusivo ante lo inevitable, es quizás lo más bonito de este relato que tiene un comienzo si no brillante sí al menos muy entretenido y no carente de fuerza evocadora. Somos partícipes de los sueños, de las glorias pasadas y de los anhelos futuros de los kumianos, los cuales pese a tener cuatro brazos, un solo ojo y ser telépatas resultan demasiado semejantes a los humanos.

Emprenden pues su viaje abandonando su hogar y pronto encuentran que hay cierto planeta en el lejano Sistema Solar que puede ser reemplazo perfecto de Kumus. Así que para allá que se van con la Tierra como objetivo. El viaje es tranquilo y apacible, pero justo al acercarse a su destino los problemas comienzan a acumularse. Este maldito Sistema parece estar repleto de planetas inhabitables o poblados por criaturas hostiles que los rechazarán provocando grandes pérdidas de vidas kumianas. Los buenazos de los kumianos desterraron el uso de las armas hace siglos, pero la nueva situación de peligro los lleva a replantearse la fabricación de las mismas tras la toma del poder de las mujeres, la instauración de un matriarcado potente que arrincona a un patriarcado débil y comodón. Ya dije que estos kumianos parecían terrestres por su carácter. Hasta aquí la narración, con sus más y sus menos, fluye entretenida. Entonces llegamos a Marte y todo atisbo de diversión desaparece, y eso que no será porque Law Space no ofrezca material para que esto no suceda. Pero narrativamente pierde el norte.


Unos zombificados marcianos, resecos porque los canales de su planeta madre se han secado, también quieren adueñarse de la Tierra para convertirla en su hogar. Se alían con los kumianos, a los que engañan de manera miserable liándolos en un plan de exterminio terrestre de lo más maquiavélico. Lo único que consiguen en realidad es adueñarse del relato, pasando los kumianos a un triste segundo plano. Al estar los marcianos modelados al más clásico estilo de malotes sin piedad pudiera parecer que la acción iba a resultar arrolladora. Pero no: estos marcianos son malvados pero también aburridos a muerte. Law Space se embarranca al detallarnos el tontuelo plan marciano y apenas nombrar a los kumianos que pasaban por allí. El desastre se torna mayúsculo cuando de repente entran los terrestres en juego. El tono trágico impuesto en la narración por el fin de los kumianos queda ahogado por el típico enfrentamiento de humanos buenos contra extraterrestres malignos. Y los pobres kumianos ven llegar el fin de sus días antes en el argumento de la novela que de verdad cuando éste les alcance sin remisión.

La colección Espacio. El mundo futuro de la editorial Toray en la que fue publicada Al final del cosmos solía incluir, si la novela no alcanzaba las 124 o 125 páginas de rigor, un relato del autor firmante de la principal para completar el volumen. Law Space se despacha con ¡Por fin en Marte! (1958), un material tal vez concebido como relleno pero que a mí me ha encantado. Muy superior a la novela que lo precede, este cuento sencillo y casi cotidiano en su desarrollo acaba convirtiéndose en una triste historia que nos narra cómo el más hermoso de los sueños puede devenir locura. El científico protagonista, del cual no sabemos según avanzamos en la lectura si está pirado o es un maldito genio, está dibujado con fuerza, y el apunte de su amistad con un niño que lo admira y que daba la sensación de que derivaría hacia una aventura más juvenil y diáfana no es más que un espejismo. Recurre a alguna caracterización trillada (ese noviete de la hija del protagonista que pretende quedarse con la pasta de nuestro héroe de andar por casa), pero su sorprendente final, que juega la baza de la derrota cuando pensamos que será justo la contraria la que se impondrá, nos ha conquistado.


Las contraportadas de la colección Espacio. El mundo futuro de Toray
incluían en su primera época un fotograma 
de alguna película de ciencia ficción del momento.

SPACE, Law. Al final del cosmos. Ilustración de portada: Chábril. Barcelona: Toray, 1958. 125 p. Espacio – El mundo futuro; 80.

lunes, febrero 02, 2015

No hay té para el muerto: Pero... ¿quién mató a Harry? (1949), de Jack Trevor Story



Reseña de la novela Pero... ¿quién mató a Harry? (The Trouble with Harry, 1949) en la página web de cine El antepenúltimo mohicano. Misterios, crímenes, tartas y tacitas de té se citan en esta divertida obra del escritor británico Jack Trevor Story. Alfred Hitchcock y su guionista John Michael Hayes la convertirían en película en el año 1955. Una delicia que hemos disfrutado por partida doble: terminar el libro y ver a continuación la cinta de Hitchcock es un placer que recomendamos sin dudar. Puedes leer el comentario, si te apetece, AQUÍ.   






STORY, Jack Trevor. Pero... ¿quién mató a Harry? Traducción de Concha Cardeñoso Sáenz de Miera. Barcelona: Alba, 2014. 157 p. Rara avis; 20. ISBN 978-84-9065-045-5.

martes, enero 13, 2015

El caso de la colegiala asesinada (1974), de Colin Wilson



“(…), para la mayoría de las personas, el asesinato es irreal.” (p. 212)

Me apetecía mucho leer algo del escritor británico Colin Wilson, erudito y filósofo, una de las voces de los jóvenes airados de los sesenta, autor de ensayos sobre magia y ocultismo y estudios sobre figuras señeras de lo raruno como Aleister Crowley, Gurdjieff, Paracelso, Jack el Destripador y la Blavatsky entre otros, pero también de novelas de misterio, ciencia ficción y terror. La casualidad ha querido que haya abierto el fuego con una de sus novelas criminales en la cual da salida a su gusto por los psicópatas y los procedimientos detectivescos y forenses, El caso de la colegiala asesinada (The Schoolgirl Murder Case, 1974), que digo ya que me ha parecido sensacional. En fin, me ha gustado tanto que he dejado a un lado al instante mis pequeños prejuicios iniciales pues ya sabemos que Wilson atacó en más de una ocasión a Lovecraft al considerarlo un mal escritor. Está protagonizada por su personaje del inspector Saltfleet, más en concreto el superintendente jefe del Departamento de Investigación Criminal de Scotland Yard Gregory Salfleet, al cual recurrió en otra de sus novelas criminales (que yo sepa, si conocéis alguna otra os agradeceré la información al respecto), The Janus Murder Case (1984), escrita diez años después.    

El caso de la colegiala asesinada da inicio con el descubrimiento del cadáver de lo que parece ser una joven de catorce años en el jardín de una casa deshabitada. Pero pronto todo empezará a liarse y complicarse en un crescendo contenido pero imparable, una espiral de horror narrada con una precisión y una frialdad contagiosas, de forma muy realista y detallando cada paso de la investigación de manera muy documentada. Confieso que hay momentos en que todo deviene tan sórdido que me hubiera resultado difícil de digerir si su protagonista, el inspector Saltfleet, no fuera un personaje tan entrañable. Acompañados por él, asistimos a un auténtico rosario de conductas desviadas y ambientes lóbregos que vistos a través de sus ojos se hacen soportables. Vamos a descender al corazón del horror, pero con él no será una experiencia traumática sino iniciática, un puro aprendizaje de por qué algunos humanos no lo parecen al estar dominados por sus deseos y compulsiones más bajos y atroces. Saltfleet, al contrario que esos habituales detectives súper duros, de caracteres pétreos forjados por el enfrentamiento diario con los criminales, es una persona encantadora. Amable y educado con todos, gracias a ello consigue hacer hablar al más distante de sus entrevistados. Pero no es un truco narrativo sin más: Saltfleet siente una natural empatía con los seres humanos, con el otro diferente y extraño que para él guarda pocos secretos. Comprende y se apiada, se conmueve e intenta ayudar todo lo que le resulta posible, no es una exageración considerar que bien podría ser el Padre Brown de la novela negra. Precisamente es su carácter positivo, que no blando o santurrón, lo que nos ayuda a no apartar la mirada del espanto que se nos va desvelando página a página. El horror diario, aunque lo sumerge en momentos de comprensible tristeza, no ha hecho de él una persona insensible, sino justo lo contrario: al final, es la piedad lo que siempre mueve su corazón. Avanzamos por una pesadilla sin jamás dejar a un lado la humanidad, a pesar de que la colección de personajes inhumanos y despiadados que se juntan en el relato son numerosos y, en muchos casos, detestables a más no poder.  

Saltfleet cuenta con la ayuda en su investigación de sus ayudantes y compañeros del Yard, claro, por más que su carácter haga de él un solitario sin remedio, pero destaca entre todos el formidable médico forense Aspinal, un atildado, elegante e inteligente doctor que cada vez que hace acto de presencia es un puro gozo seguir leyendo. Siempre acompañado de asistentes de sexo femenino, en esta ocasión es la gélida y distante señorita Crowther con la que hace un dúo formidable. Aspinal pone la nota de humor con sus peculiaridades, su aguda inteligencia y su perspicaz carácter. Wilson demuestra una genial capacidad para la creación de personajes, la verdad es que todos apasionan y atrapan, desde el dueño de la librería esotérica, Widdup, hasta el extraño y desabrido pintor Engelke pasando por la desvalida Sheila. Nombro estos, pero bien podría nombrarlos a todos. La trama se espesa poco a poco haciendo aparición una secta que adora a Hitler, el grupo mágico al que éste pertenecía (la Thule Gesellschaf y su obsesión por la leyenda de Parsifal y el Santo Grial), el Hellfire Club y su líder Francis Dashwood, los paletos de la Golden Dawn y Aleister Crowley… Wilson estaba versado en estos asuntos, y su visión de estas sectas y sus miembros es demoledora. Sus miembros sólo buscan poder y dar salida a sus más pervertidas desviaciones sexuales, hasta los que de verdad creen en la magia la “usan” para dominar y esclavizar sexualmente a niños o vejar y violar a los más débiles. Saltfleet desconoce este mundo, y con él descubriremos y nos adentraremos en estas sectas cuyos únicos fines son los mencionados. En el mejor de los casos, ricachones aburridos que juegan a ser colegas del Diablo y fornican con prostitutas que se hacen pasar por vírgenes inocentes.

Otro gran acierto de la novela es que cuando comenzamos a tener claro quién es el culpable, Wilson nos lo desvela sin ambages. Así el tramo final se centra en pillar en un desliz al degenerado pero inteligente asesino al tiempo que el pobre Saltfleet debe atender otros casos. Los métodos de investigación y de trabajo del Yard y de los forenses se detalla con fruición, y el marco de sectas mágicas, brujas reales y librerías que atesoran volúmenes prohibidos y panfletos idiotas dan el toque extraño, entre fantástico y pesadillesco en su realidad, que me ha atrapado sin remedio.


WILSON, Colin. El caso de la colegiala asesinada. Traducción de Enrique de Obregón; ilustración de portada de Enric Sió. Barcelona: Noguer, 1976. 245 p. Esfinge; 43. ISBN 84-279-0048-1.

lunes, enero 05, 2015

EAM # 57: Breve encuentro, de David Lean (1945)



Quizás mi película favorita de David Lean, Breve encuentro (Brief Encounter, 1945) es gigantesca en su aparente sencillez. No otra cosa sino mi pasión por ella intenté transmitir en mi artículo para El antepenúltimo mohicano. Podéis leerlo AQUÍ.  

viernes, enero 02, 2015

Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos (1996), de Rodolfo Martínez



Tenía muchas ganas de empezar a leer los cuatro libros que escribiera Rodolfo Martínez protagonizados por Sherlock Holmes, y el primero de ellos, Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos (1996), me ha gustado mucho, desde luego lo bastante como para querer seguir adelante con los otros tres. Me ha encantado de manera especial la fantástica ambientación de la época, sumado a que la recreación de nuestros héroes Holmes y Watson es en verdad excelente. El autor, según propia confesión, se inspiró en la imagen que de él se nos daba en la estupenda película dirigida por Bob Clark en 1979 Asesinato por decreto (Murder by Decree), con un Holmes amable y hasta cariñoso con el buenazo de Watson. Una opción que no es mi preferida pero que tanto en la película como en la novela de Martínez funciona muy bien. Partiendo de tres de los casos no contados por Watson pero citados en el canon (el corpus holmesiano obra de Arthur Conan Doyle), el del gusano desconocido para la ciencia, la desaparición de James Phillimore y el del desaparecido barco Alicia, Rodolfo Martínez recrea una aventura que los une dándoles una solución.

Entre medias, la trama también se alimenta de la secta del Amanecer Dorado (Hermetic Order of the Golden Dawn, la chiripitifláutica orden hermética y ocultista de la que saliera escaldado el mismo Arthur Machen cansado de lo que él consideraba falta de seriedad, vamos, que aquello era un santo cachondeo por mucho que haya quien se empeñe en presentárnosla, exagerando sin medida, como algo esotérico y creíble; no me refiero a su uso literario, claro, que para eso está), la cual aparece por allí en medio aunque más como invitada de piedra que otra cosa: el misterio que deben resolver Holmes y Watson proviene del robo del mítico Necronomicón lovecraftiano que obra en poder de la mentada secta y que ha sustraído nada más y nada menos que el padre del solitario de Providence. Lovecraft y Doyle así unidos para placer de los que gustamos de la obra de estos dos autores ya míticos. El propio Conan Doyle aparece como personaje junto a otros tomados tanto de la realidad como de la ficción, pero el creador del famoso detective consultor no termina de funcionar en la novela debido quizá a un exceso de celo y contención. Su temor y desconfianza ante el Holmes que nos encontramos aquí es sin duda un divertido guiño al lector conocedor de la tirria que Doyle acabó tomándole a su personaje, pero a la larga acaba jugando un poquito en contra, debido tanto a que la idea se repite en exceso como a que Doyle asemeja un pelele sin personalidad que está ahí plantado el pobre sólo para hacer avanzar la historia cuando así es preciso. Martínez también cede un pelín ante esa manía de de contar en una sola página todo lo que sabemos de Holmes, pero no llega nunca a ahogarlo. Consigue que su Holmes y su Watson tengan vida propia y se desenvuelvan con perfecta credibilidad y fuerza de sobras como para barrer cualquier lugar común.

En conjunto, Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos me ha parecido magnífica en la recreación de la atmósfera que poseen las aventuras originales, entretenida a rabiar en el desarrollo de la historia gracias también a su estilo depurado y elegante, aunque en el intríngulis planteado desvelado al final se nos antoje un tanto menos conseguida. Logra que efectuemos una inmersión perfecta en las aguas holmesianas, si bien a la hora de nadar acabemos sin llegar muy lejos tal vez por ese intento de dar solución a los tres misterios en una sola jugada. Pero sólo por lograr combinar un argumento de marcado carácter fantástico con nuestro detective favorito ya goza de todo nuestro fervor.

El libro se complementa con dos relatos fechados en el mismo año de 1996. Desde la tierra más allá del bosque alterna la narración en primera persona de Watson con páginas del diario de John Seward. Sí, el del Drácula (Dracula, 1897) de Bram Stoker, porque Rodolfo Martínez cruza en esta ocasión los caminos de Holmes y el celebérrimo vampiro en una aventura de lectura voraz aunque en exceso previsible. La aventura del asesino fingido es a mi gusto el más conseguido, también el que más se ajusta al canon. No hay trama fantástica en esta ocasión, aunque sí una breve referencia a que Holmes investigó el caso de Jack el Destripador. Es muy bonita esa relación epistolar (cartas y telegramas) que recrea Martínez entre Holmes y Watson, el primero se ha negado a instalar un teléfono en su lugar de retiro en Sussex con sus abejas por lo que no tienen la posibilidad de comunicarse de otro modo, y el vago tono otoñal del relato me resultó muy emotivo y envolvente, a lo que se suma el acierto de mostrarnos a un Lestrade, que por lo general el pobre siempre sirve de sparring, abiertamente admirador del detective, incluso añorándolo, unos sentimientos que se trasladan al lector con suma facilidad. Fruto del buen hacer del autor, estos detalles le dan una inusitada profundidad al personaje. Un ocasional retorno de un Holmes ya retirado que en manos de Martínez fluye con absoluta precisión, sencillez y emoción.


MARTÍNEZ, Rodolfo. Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos. Madrid: Bibliópolis, 2004. 222 p. Bibliópolis Fantástica; 13. ISBN 84-96173-09-7.