martes, febrero 13, 2007

El superviviente (1976), de James Herbert



En El superviviente (The Survivor, 1976) vamos a encontrar la ración habitual del salvaje Herbert, que si bien aquí parece más comedido que en otras ocasiones no deja de sembrar su relato de momentos “fuertes”. Es un poco lo de siempre, la verdad: locura colectiva que lleva a la gente a cometer crímenes atroces, alternando la trama principal con capítulos dedicados a las explosiones de violencia, siempre exacerbada y visceral, buscando el efecto más desagradable e impactante en el lector (y consiguiéndolo a veces). Una estructura nada original y que Herbert utiliza hasta lo cansino, pero tampoco se le puede negar su pulso narrativo. Aunque no se muestra tan inspirado como en Hechizo (Haunted, 1988), La oscuridad (The Dark, 1980) o Las ratas (The Rats, 1974), desde luego no cae en el aburrido y mortecino deambular de Los fantasmas de Sleath (The Ghosts of Sleath, 1994), la tristona continuación de Hechizo.

Resulta curioso que pese a que se nota demasiado su forma de hacer, el esqueleto de su manera de construir una novela, y que algunas situaciones idénticas resultan más efectivas e intensas en Hechizo (en concreto la sesión espiritista y las diversas posesiones), el libro no se hace pesado y entretiene. Podría dar más de sí, pero tampoco está mal lo que ofrece. Hay que añadir que ensambla un buen final. No es nuevo ni remitiéndonos a su obra, pero funciona.

Y como regalo imprevisto, nos ofrece esta frase que me encanta:

“(...), la vida se apartó de él como harta de su compañía.” (p. 189)


HERBERT, James. El superviviente. Traducción de César Armando Gómez. Barcelona: Planeta, 1979. 239p. Fábula; 41. ISBN 84-320-4140-8.


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