lunes, diciembre 05, 2011

Roland 1 y 2 + Historias mínimas


Los jardines del rey Roland fueron invadidos por las hordas de Wanda arrasándolo todo a su despiadado paso. Con este acto brutal e inexplicable dio comienzo La Guerra de los Bichos, el enfrentamiento del cual tenemos una crónica fiel en esta segunda entrega del fanzine Roland, esa pequeña maravilla con la que Borja González nos deleita, ay, no tan a menudo como quisiéramos.


La procesión del corazón negro es la otra narración que se incluye en este número, en la cual se nos desvela qué aconteció con la trampa que Roland dispuso para la simpar Wanda. ¿Será la Mujer Enmascarada la misma Wanda oculta tras un antifaz? 


Roland tiene ecos de Edward Gorey, de Dino Buzzati, de toda esa literatura fantástica europea de principios del siglo XX que tanto amamos aquí, pero atravesada esa tradición por la mirada original y apasionada de su autor. 


Aprovechamos para releer la primera entrega. En ella accedemos al cuaderno secreto del jardinero del rey Roland. Su quehacer cotidiano en tan extraño reino y las criaturas que allí habitan llenan sus mágicas páginas. 


Un fanzine artesanal, de exquisito gusto y factura impecable. Ante la desdichada suerte que estoy teniendo últimamente con los libros que voy leyendo, que no dan ni para hacer un comentario ya sea medio en broma, Roland ha sido un respiro y una alegría.


Pero, ¡oh, amigos!, no todo se queda ahí. Borja González y Mayte Alvarado, bajo el nombre de Los ninjas polacos, su blog, nos regalan otra maravilla. 


Todo un deleite y un placer admirar las páginas de Historias mínimas, el fanzine de Mayte Alvarado. Historias sin palabras cargadas de misterio y melancolía sin renunciar a una mirada entre divertida y entrañable. Una delicia de la que solo podemos decir que ojalá no se haga esperar mucho una nueva entrega. ¡Porque queremos más!  

martes, noviembre 29, 2011

Viernes peronistas (número 1) (2010)


Órgano de difusión del colectivo masónico, o no, Jueves Peronistas, los Viernes peronistas es un fanzine dedicado a la tremebunda figura del general Perón, sus adláteres, sus enemigos y aquellos que no se sitúan en ninguno de ambos bandos, en fin, los verdaderos creyentes de la Tercera Posición.

¿Cómo es esto? ¿Que no sabes qué es eso de la Tercera Posición? Pues aquí encontrarás todo lo necesario para convertirte en un auténtico experto en historia argentina del siglo XX. Bueno, casi, porque el corpus dedicado al peronismo es más grande que el de la misma Solarística.

Grandes dudas se resuelven y nuevos enigmas se plantean, al tiempo que la pregunta eterna sigue sin contestación: ¿quién robó las manos del general de su tumba, cercenándolas a la altura de las muñecas? ¿Fue una logia masónica vengando favores no retribuidos? ¿Malhechores necesitados de sus huellas dactilares para hacerse con su oro oculto en cuentas suizas fruto de su colaboración con los nazis? ¿El villano de la Marvel El Amo de la Marionetas buscando material para sus crueles creaciones? Por el momento, preguntas sin respuesta.

Pero hay más, y estas sí te serán respondidas si lees este fantástico fanzine que, digámoslo ya, se lee de manera voraz aunque no sepas, ni te importe un pimiento, una higa de la vida y la obra del general Perón y su mítica segunda esposa, Evita Perón. Y van un par de ejemplos, que si te crees un buen español deberías conocer si quieres seguir considerándote digno de gritar junto al resto de otros idiotas eso de “soy español, español, español”, algo que a día de hoy no sé cómo se puede gritar con orgullo, porque es para esconderse y que nadie se entere. En fin, que me pierdo. Si eres español, y te enorgulleces de serlo, a ver, listo, responde a este par de preguntas: ¿por qué triunfaron los españoles Arturo Ballester y Eugenio Molina no solo en Argentina, sino también en la misma Pérfida Albión, así la veía ese olvidado ya, y hemos tardado, Camilo José Cela, o Gran Bretaña para los humanos normales? ¿Qué tiene que ver la terrorífica Triple A con Manuel Fraga Iribarne? ¿No lo sabes? ¿Y te llamas español? Vergüenza debería darte, traidor a la patria, que eso es lo que eres.


Aunque ya sabíamos que a Jorge Luis Borges el dictador que le molaba de verdad, y al que dedicó encendidas palabras de elogio, era el general Pinochet, descubriremos por qué además era un “gorila”. Es más, nos enteraremos de qué diablos significa esto de ser un “gorila” aparte del animal que todos conocemos y al que hay que imitar bailando al ritmo de la popular canción de Melody.

Concursos delirantes cuyo premio era una ametralladora (en concreto, una Halcón 11/943); personajes de novela de espanto como López Rega, no solo por su condición de criminal sanguinario, sino también por sus devaneos con lo esotérico y lo fantasmal; el destino denigrante del cadáver de Evita Perón, el más viajero de la historia de los cadáveres errantes, un devenir que os pondrá los pelos de punta… En fin, todo un tobogán de emociones fuertes y sin concesiones al lector feble. ¡Y además incluye gafas para ver fotografías en 3D!


Así que ya sabes: recomendado cien por cien por La décima víctima, como si esto sirviera de algo, Viernes peronistas está a punto de poner en la calle su número 2. Valga este recordatorio de su número 1 para que todos estéis atentos a las nuevas aventuras de Juan Domingo Perón y su delirante troupe.   

Y recuerda: los montoneros no son un grupo de personas haciendo montoncitos de tierra en el suelo. O sí, si estos montones tienen cruces en lo alto…

martes, noviembre 15, 2011

Mambo # 01


Mambo es un pequeño fanzine que hemos realizado María Ramos, Fermín Solís y este vuestro espectro. No sé qué pinto entre estos dos monstruos del dibujo, pero algo bueno me tenía que pasar y mirad por donde ha sido poder trabajar con ellos. Aquí y en nuestro delirante grupo de antimúsica Día X menos 60. ¡No sabéis la suerte que supone tenerlos como amigos!


Incluye tres historias: En lo más profundo de los bosques, Doble diabólico y Una mañana como todas las demás. Y al final, una pequeña "sorpresa".


Aquí arriba, una página de la historieta de Fermín, Doble diabólico, protagonizada por su personaje Cornelius Moon (Lunas de papel) y que incluye una aparición estelar, puro guest starring, de Marco Furilo.


Y aquí otra de la historieta de María, En lo más profundo de los bosques, la primera de toda una saga ambientada en ese extraño lugar llamado Pueblo Maldito. 

¡Esperamos que os guste!


jueves, noviembre 03, 2011

La abadía de Northanger (1817), de Jane Austen



Puedes leer la reseña de La abadía de Northanger (Northanger Abbey, 1817) de Jane Austen, quien para el magnífico escritor italiano Pietro Citati era una "pequeña y terrorífica nihilista", opinión que compartimos absolutamente, en la página web El antepenúltimo mohicano, bajo el título La vida es la más siniestra de las novelas góticas, AQUÍ.


AUSTEN, Jane. La abadía de Northanger. Traducción de Guillermo Lorenzo. Barcelona: Alba Editorial, 2010. 287 p. Alba minus, clásicos; 14. ISBN 978-84-88730-03-9. 

martes, octubre 18, 2011

Corona de flores, de Javier Calvo (2010)

En una Barcelona fantasmagórica de finales del siglo XIX se desarrolla toda una trama enfermiza y delirante: el Asesino de la Esperanza deja su impronta en sus oscuras calles y un grupo de personajes, tan sociópatas y peligrosos como el mismo criminal, se pondrán a darle caza. Una Barcelona de pesadilla, con un trasfondo real pero que aquí toma la forma de una Gotham producto de la mente del Joker. Una Barcelona fruto de un folletín gótico y alambicado ahogada por el Dosel de Sombras, una nube perpetua de humos industriales que sumerge a la ciudad en una penumbra eterna. Una Barcelona donde la poesía más grotesca y horrible florece en una siniestra corona de funeral.

Este es el ambiente de atmósfera opresiva en el cual se desenvuelve la novela Corona de flores de Javier Calvo. Todo un descubrimiento que debo a un comentario de Joaquín Huguet dejado en este blog (pronto, El señor Teckel visitará La décima víctima…). Un libro que desde ya mismo recomendamos vivamente en este blog de muertos.

Porque si fascinante es esa Barcelona que iguala a la mejor imagen que tengamos del Londres victoriano y brumoso que amamos gracias a tantas novelas, no menos lo son sus protagonistas. Javier Calvo consigue mantener ese equilibrio genial que consiste en mostrar a unos personajes esperpénticos, exagerados, en el filo de la locura, pero en todo momento creíbles, reales, apabullantes. Empezando por el inspector de policía Semproni de Paula, el encargado de investigar el caso del Asesino de la Esperanza que mantiene en vilo a toda la ciudad, un hombre encerrado en un cuerpo con la apariencia de un niño de once años, ultraviolento y desesperado por la relación destructiva que mantiene con su bellísima, y algo veleidosa y coquetilla, esposa. O el que acaba por convertirse en el rey de la función, Menelaus Roca, y cito de la contraportada porque yo lo haría peor: “anatomista agorafóbico y fotofóbico con un pasado de locura homicida”. ¡Y nos quedamos cortos! El extraño Menelaus es un personaje salido de la trama más enloquecida del mejor Gustav Meyrink. Y no menciono este nombre por casualidad: Menelaus Roca, me gusta pensar, bien podría ser el particular Golem de Javier Calvo.

Citar a Meyrink tiene alguna razón más. Corona de flores, a mi modesto ver, se enraíza en esa tradición europea del fantástico más delirante y visionario, en el que la pesadilla convive con lo cotidiano, el horror con la mirada nunca exenta de humor, los cuadros espeluznantes con el retrato sardónico de nuestra sociedad. Una tradición que une a Leo Perutz, a Alexander Lernet-Holenia, a Hanns Heinz Ewers y a tantos otros a los que desde aquí siempre hemos demostrado devoción. En la actualidad, solo se me ocurre pensar en dos escritores tan geniales como ignorados, Francisco José Vaz Leal y Francisco Jorge Hidalgo, autores de los cuales algún día tocará hablar en este blog porque también son hermanos de todos los citados. Y creo que enumerar estos nombres no es en detrimento de Javier Calvo, debería ser innecesario aclararlo: si lo pongo en esta lista es porque tiene la fuerza y la personalidad suficientes para tutearse con estos titanes.

Confieso que tal es la fuerza que comento surge de la lectura de esta novela que la trama del asesino pues, bueno, es lo que menos me atrapó. Y ni falta que hacía, porque en el fondo todo trata de mostrar la vida de unos personajes fascinantes en un paisaje evocador y envolvente. Un extraño mal sueño del que no quieres despertar. Creo que los amantes del fantástico entendéis sin explicaciones qué demonios he querido decir con la frase anterior, ¿no?

De prosa encendida y plena de imágenes poderosas, ya lo he dicho, esta novela de Javier Calvo ha sido todo un hallazgo. Uno desea una segunda parte, porque podríamos seguir leyendo y leyendo sobre todos los personajes que aparecen en ella como espectros en la bruma de su trama.

Jajaja, se me pega un poco del estilo de Calvo, pero yo lo hago muy mal, no penséis que él lo escribiría así. Leed su novela, en serio. Es un regalo para los que amamos la literatura fantástica. Y me atrevería a decir que también para aquellos que no la aman…

CALVO, Javier. Corona de flores. Barcelona: Mondadori, 2010. 305 p. Literatura Mondadori; 425. ISBN 978-84-397-2245-8. 

sábado, octubre 15, 2011

Círculo Vicioso: caminando con gigantes



Gélida, de Fermín Solís.


Ceferino López es un gigante, una criatura mitológica que habita en las catacumbas romanas de la ciudad de Mérida. Cuando camina entre los humanos su aspecto es normal, el de un hombre de la calle, del que solo se distingue por usar un llamativo sombrero de color claro que parece sacado de otra época. Si hablas un rato con él quedas fascinado por su ímpetu, por su continuo ir y venir de ideas y proyectos, por esa mente prodigiosa que no para de maquinar cosas. Cada vez que me tomo una cerveza con él pienso que ojalá se me pegara algo de su genio. Pero en la vida real lo único que se te pega de los demás es un resfriado, ay. Aun así yo no pierdo la esperanza. Quizá en la siguiente...


Su proyecto actual se llama Círculo Vicioso. En él su empeño es hacer arte de un objeto que habitualmente solo usamos para plantarnos en la solapa con la imagen de un grupo que nos gusta, de alguna película o algún eslogan que nos ha hecho gracia o del que compartimos su mensaje: las chapas. No se trata solo de plantar allí un dibujo o un diseño de un artista, sino que el mismo soporte, la chapa, sea parte de la obra, su forma de transmitir la locura artística de cada autor. En fin, él lo explica mejor, pero creo que algo se me entiende. Ya dije que lo intento, pero el genio no se me pega. Alucinad con algunos de los artistas que han participado (¡hay muchos más!):








Etruscos
de Antonia Santolaya.










Mundo animal
de María Ramos.
















The Family,
de Sr. García.








Chaturanga,
de Emil Markov.














Monstruos,
de FHNavarro.

 








África,
de Enrique Flores.















Vánitas
de Fernando Vicente.

















Sarteneja,
de Javier Fernández de Molina.









También fue él quien estuvo detrás del concurso de chapas de la pandilla de locos que formamos el grupo de antimúsica Día X menos 60


Día X menos 60
según la gran Laurita.


Y su nuevo, ni dementes penséis que último, proyecto son los LIBRINOS CON CHAPA.


Las moskas cagan moscas es el primer número de la colección. Manuel Acedo ilustra con sus siempre impactantes, a veces sobrecogedores, dibujos un texto experimental y raruno (por eso nos gusta) de Blas Barroso



Sentados es la segunda entrega, dominada por la elegancia de Milán Rubio.



Zooilógico es la tercera entrega, en la cual Eduardo Barbero nos muestra la realidad animal con ojos nuevos gracias a su interacción con los más insospechados objetos. O al revés, pero el resultado es el mismo: la sorpresa, el humor y la mirada crítica a veces. 




Gélida es la última entrega por el momento. El gran Fermín Solís da vida a unos macabros relatinos. No es de extrañar que estos luzcan bien: es lo que tiene cuando uno camina con gigantes. Si no se fija mucho la vista, el pequeño también parece grande. ¡Gracias Fermín! ¡Gracias Cefe! Y lo dicho, a ver si se me pega algo de lo bueno, porque de lo malo ya estoy a rebosar.

viernes, octubre 14, 2011

Bananamán nº 1: gente con la que no me juntaría, de María Ramos y Cinta Arribas (2011)


Hay personas con las que uno jamás se juntaría. No pasa nada, es ley de vida. La mayoría de la gente que conozco desearía no juntarse conmigo. Y está bien. El problema es cuando uno no puede deshacerse de esa gente horrible porque se la cruza a cada vuelta de la esquina, en el portal de tu casa, en el trabajo, en el cotidiano devenir en el cual no hay refugio posible. ¡Agh! Que me dan los sudores fríos...


María Ramos y Cinta Arribas nos muestran en el primer número de su fanzine BANANAMÁN su catálogo particular de personas con las que ellas no se juntarían, como dice el poema, ni jartitas de whisky. ¡Y vaya rosario de personajillos! Porque no se trata del retrato superficial y reconocible, la imagen logotipo que nos va a ayudar a identificarlos: ellas le dan la vuelta al exterior y uno parece mirar dentro de ellos, resultando así que podemos no solo verlos, sino conocerlos. Y conocerlos es quizá el último horror. Conocer también es desamar.


A veces realistas, otras con un reflejo casi monstruoso, por momentos naíf, su mirada nunca es cruel pero sí siempre divertida y despiadada. Porque se puede ser despiadado con clase y con elegancia. Claro, estamos de acuerdo, esta es la manera difícil. Y por eso me encantan sus dibujos.


Hay personas a las que uno admira. Y esas son con las que siempre querrías juntarte. Por eso yo ya tengo mi BANANAMÁN.


lunes, octubre 10, 2011

Las estrellas mueren de noche y otros casos de Dan Turner, detective de Hollywood, de Robert Leslie Bellem (1935-1944)

La producción literaria de Robert Leslie Bellem (1894/1902-1968), “el Shakespeare de los Spicy Pulps” (pulps guarrindonguillos), resulta inabarcable. Solo del personaje que protagoniza estos relatos, Dan Turner, detective de Hollywood, llegó a escribir más de trescientos. Jesús Palacios da un genial repaso al autor, tanto en lo referente a su vida como a su producción literaria, y ya lo sabéis: en los autores pulp lo primero suele ser más interesante que lo segundo. Aunque en el caso de Bellem yo afirmaría que se da un más que interesante empate. Como Palacios escribe también sobre el estilo y la evolución que se puede apreciar en los cinco relatos seleccionados de tan ingente producción, de los más folletinescos y clásicamente pulps del principio a los más enmarcables dentro del género negro del final, no incidiré en ello. Solo recomendaros vivamente la lectura de este prólogo: Jesús Palacios logra con él lo que muy pocos consiguen, y esto es que empecemos el libro con verdaderas ansias, ávidos por leer. Que la pasión que uno siente por un escritor resulte contagiosa a los demás es el mejor regalo que se le puede hacer a aquellos autores que admiramos.

De El brillante halo de la muerte (1935), más que la historia en sí lo que permanece o uno logra recordar al poco de terminar de leerlo son los detalles: una playa vacía por la que corre una aterrorizada chica desnuda con un extraño collar en el cuello, la lluvia torrencial cayendo en esa espectral playa, la casa que creemos solitaria frente al mar, cabezas estallando a causa del increíble collar… La trama de científico loco es tan absurda como divertida, y a Dan Turner le da tiempo a todo: a beber como un cosaco, a acostarse con todas las chicas que se le cruzan por delante y a repartir unos cuantos ñoños al malo de turno. Aunque claro, esto es lo común en los cinco relatos.

Destacan no solo los detalles argumentales, sino las expresiones, el exageradísimo toque de tipo duro del protagonista, su descarado machismo, y de manera especial las notas picantes, que a veces hacen acto de presencia en momentos que por lo inadecuados hacen reír y acaban dando, por qué no, un tono simpático y despreocupado, muy gamberro, al relato de manera tal que termina ganando al lector. Me refiero por descontado al lector dispuesto a aceptar el juego de reglas básicas de Bellem. Porque, en fin, cada vez que Turner encuentra un cadáver y este es el de una mujer, pues venga, una descripción sexy para calentar al personal. ¿Que el objeto, nunca mejor dicho, de deseo es una muerta? Qué más da, si esto es ficción. Y ficción pulp de la de verdad, no de esa reivindicada culturalmente gracias al cineasta plasta que todos conocemos…

Más allá de la justicia (1935) se centra en un lío con una copa de plata que importa un comino, pero que resulta tan divertido de leer como el anterior. El acierto de Bellem creo que está en su tono. Es como si nos dijera: “vale, muchachos, esto no es gran literatura, vamos, si me apuráis ni es literatura, pero da igual, nos vamos a divertir y lo que dure el rato que tardéis en leeros mi historia no vais a pensar en otra cosa que no sean tipos duros, chicas espectaculares (bueno, él diría “muñecas”), sorpresas increíbles como solución a los casos y una buena pelea; sí, exacto, justo lo que tú, lector, no tienes en tu vida real, porque si lo tuvieras tal vez no estarías aquí sentado leyendo”. Así me imagino que nos hablaría Bellem, así de borde, jajaja, aunque creo que a quien he puesto a hablar es a su personaje…

Lo bonito de las aventuras de Dan Turner, y ya sé que bonito es el adjetivo al que nadie se le ocurriría pensar leyendo a Bellem, es que sus casos están ambientados en ese Hollywood de las décadas de los 30 y 40, fantásticos y brillantes en el imaginario colectivo creado en nuestros recuerdos gracias a maravillosas películas, y por muy negro y sórdido que resulte todo parecen llevar impregnados el glamour de una época, un glamour que sabemos falso y estereotipado, pero tan propicio para la ensoñación que de entrada cualquier ida de olla del relato nos parecerá hasta normal. ¿Acaso no es esto Hollywood?

Así vemos desarrollarse los otros tres cuentos del libro. En El caso del horóscopo (1942), las supersticiones que hacen de adivinos buscavidas personas importantes y solicitadas son la base del relato criminal. O La maldad del monstruo (1943), en la que el protagonista es un afamado actor de películas de terror engullido por su propio personaje. Y Las estrellas mueren de noche (1944), que es la que más se centra en el caso expuesto y en su resolución, lo cual no hace que esté exenta de retruécanos, giros y sorpresas imposibles. Lo importante es el asesinato y cómo Dan Turner resuelve el enigma, ya sin que aparezcan doctores locos para darle color ni exploten cabezas humanas para darle emoción extra. Todo es ya más realista, pero claro, ese realismo pulp que es igual de delirante que el más exacerbadamente fantástico.

En conjunto, cinco relatos que se leen en un soplo y divierten y entretienen, no era otro su objetivo inicial, y cuyo gamberrismo argumental y estilo disparatado (tan bien trasladado a nuestro idioma por Marta Lila Murillo, la traductora) no hacen sino hacerlos aún más simpáticos.

Jesús Palacios, al final de su introducción, pide a los posibles lectores del libro que si al terminar la lectura les ha gustado, reclamen que se publiquen más cuentos de Dan Turner. Por si sirviera de algo, yo voy a reclamarlos desde aquí.

BELLEM, Robert Leslie. Las estrellas mueren de noche y otros casos de Dan Turner, detective de Hollywood. Introducción y selección de textos de Jesús Palacios; traducción de Marta Lila Murillo. Madrid: Valdemar, 2011. 183 p. El Club Diógenes; 299. ISBN 978-84-7702-702-7.

martes, octubre 04, 2011

El joven Moncada, de Alexander Lernet-Holenia (1954)

No diré nada extraño ni fuera de lo previsible si afirmo que El joven Moncada (1954) es una novela menor dentro de la obra del escritor austríaco Alexander Lernet-Holenia. Y lo es por su falta de pretensiones, por no mostrar los temas que a lo largo de su vida y en otras novelas sí mostró, en especial su obsesión por la muerte y su trascendencia, por su humor descacharrante tan amable y educado en su tono como ácido y burlón en su fondo y, en definitiva, porque de su lectura se desprende que Lernet-Holenia no se tomó esta novela como algo serio… ¡porque ni falta que hacía! Pero ojo, que no tomarse en serio no tiene nada que ver con ser intrascendente: un Holenia menor es gigante comparado con cualquier otro autor.

En el desarrollo de esta novela bufa nos encontramos con la historia del joven Moncada, un rufián español arraigado en esa tradición tan nuestra del pícaro, redimido por el amor. ¡Ay, estos españoles, tan fulleros y tan románticos, tan ávidos de dinero como capaces de cualquier cosa por un ideal elevado! Y es que Holenia sabe reírse de nosotros demostrando al tiempo su cariño y conocimiento de nuestra cultura y, sobre todo, de nuestro país. Sus risas no son diferentes a las que gasta cuando le toca reírse de sus compatriotas. Y si no fuera así, a mí al menos me importaría un pimiento: yo nací en España, pero mi país es el de los ensueños de Lernet-Holenia. O así me gusta pensar, qué demonios, que para eso podemos pensar: para soñar.

Las aventuras de este niño bien, educado en las formalidades del trato social y desconocedor absoluto del trabajo, comienzan precisamente con una entrevista de trabajo en la ciudad de Buenos Aires. Holenia arremete contra las ínfulas señoriales de esos hijos de la nobleza profranquista, con esa hidalguía tan fuera de tono y anacrónica que tan de buen ver era para algunos durante la dictadura, enfrentando a nuestro héroe Juan Moncada ante algo tan vulgar como tener que darse a conocer ante el que va a ser su futuro jefe. Y qué queréis que os diga, desde el primer instante Holenia sabe reírse de todo sin que en ningún momento uno deje de tenerle un cariño inmenso a los personajes, y su risa es contagiosa. La desopilante entrevista es la antesala de todo un festival de personajes cuya única obsesión es la de conseguir dinero. Porque cuando uno no lo tiene poca preocupación mayor puede haber. Como afirma el viejo Moncada: “Lo admito: el dinero se necesita, y cuanto más tratan los otros de convencernos de su superfluidad, tanto más importancia le conceden ellos mismos.” (p. 90)

El joven Moncada vuelve pronto a España en un viaje en barco que parece extraído de esas películas antiguas de ricachones embarcados en viajes de placer, pero claro, aquí el motor es el que es y casi toda la belleza lleva el signo del dólar. Casi toda, porque también hay sitio para el amor, jeje, lo cual me encanta. Y me encanta porque en un paisaje tan arrolladoramente desolador Holenia planta su semilla romántica que le sirve para crear el conflicto que hará despegar la novela hacia un desarrollo tan enloquecido como el de una screwball comedy, una comedia loca cinematográfica.

Porque a su llegada a España entra en escena el que sin duda es el personaje más abyecto, más tramposo, más ávido de dinero y más fullero que os podáis imaginar: el viejo conde de Moncada. Un personaje que resultaría detestable si no fuera porque Holenia, en una jugada magistral, lo convierte en el tipo más lúcido, sincero y honesto de toda la novela. Honesto en su descarado interés por el dinero, se entiende. A él debemos las perlas más ingeniosas de unos diálogos que se tornan aún más chispeantes. Y se suceden sin descanso. Las frases agudas e inteligentes (¡y muy divertidas!) a costa del dinero no tienen fin. El capítulo V, el cual consiste casi en su totalidad en un diálogo entre los dos Moncadas, el viejo y el joven, no tiene una sola línea de desperdicio. Si les cambiáramos de vestuario y los pusiéramos en el año 2011, no solo no habría que cambiar nada más, sino que sus palabras nos resultarían de una lucidez desarmante. A ver qué os parece (habla primero el joven Moncada, le responde el viejo):

“-(…). No tardé en convencerme de que las leyes condenan a quien las infringe, pero protegen a cuantos las eluden. La ley también exige cierto respeto, claro; y si uno le muestra este respeto, puede hacer lo que quiera dentro de su marco. Mire el Estado, por ejemplo, que con tanta veneración menciona usted: cuando pretende cometer alguna ilegalidad, crea simplemente una ley ad hoc y comete la ilegalidad dentro del marco de la ley. Porque es preciso respetarla en todo caso. Es uno de los principios supremos y yo mismo me he atenido ciertamente a él a pesar de que, o quizá precisamente porque, he cometido actos que no eran del todo legales.

-Joven, ¡usted me gusta!- dijo Moncada, y acercó el sillón-. Explíqueme con más detalle cómo respetaba usted la ley.” (pp. 90-91)

Todo el enredo amoroso que se va mostrando a lo largo de la novela así como la trama picaresca, picaresca de la que hacen gala todos los personajes ante la necesidad perentoria de conseguir dinero, se resuelven con una reunión de los implicados en una habitación de la casa señorial del viejo Moncada. Una solución coral y feliz que nos hace pensar en esos desenlaces de las obras de teatro del Siglo de Oro español, en claro homenaje a la tradición más respetada del país en el que sucede la acción por parte de Holenia, él mismo reconocido autor teatral al principio de su carrera como escritor.

El resultado es vibrante, divertido, de una brillantez esplendorosa. Quizá, ya lo dije al principio, no sea esta una obra mayor, ni de lejos tiene esa pretensión, pero sí que está a la altura del genio desbordante de su autor.

LERNET-HOLENIA, Alexander. El joven Moncada. Traducción de Adan Kovacsics. Barcelona: Minúscula, 2006. 148 p. Alexanderplatz; 11. ISBN 84-95587-28-9.

martes, septiembre 27, 2011

Carnacki, el cazador de fantasmas, de William Hope Hodgson (1910-1918?)

Bueno, toda una alegría que la editorial Valdemar siga editando a uno de nuestros autores de terror favoritos, William Hope Hodgson (1877-1918), culturista de pro y sin duda uno de los más intensos y sobrecogedores escritores que ha dado el género. En este volumen, como indica su título, Carnacki, el cazador de fantasmas, se recogen todos los relatos protagonizados por este investigador de lo oculto, uno más de una larga tradición que comenzaría con el Martin Hesselius de Joseph Sheridan Le Fanu y alcanzaría nuestros días con el Profesor Bell de Joann Sfar, todos tan maravillosos y fascinantes, tan misteriosos como apasionantes.

Nuestro Carnacki destaca por varias cosas, pero qué duda cabe que la más chocante, al menos para mí, es que tenemos ante nosotros al más miedoso de los cazafantasmas que ha dado la historia. ¡Madre mía qué tío más cagón! Esto no lo digo para desprestigiarlo, estáis locos si pensáis así: es lo que más me gusta del personaje, quizá porque me identifico totalmente con su gusto por lo siniestro y su forma de sudar y temblar en cuanto cree que una gélida y mortuoria aparición está a punto de presentarse ante él. Pues nada, no hay miedo que no logre vencer, y armado con su cámara fotográfica, sus tubos de colorines, sus pentáculos de tiza en el suelo cuando no eléctricos y su libro de siniestros rituales Saaamaaa, una especie de Necronomicón de la sección de rebajas, ahí que se lanza a investigar todo aquello que huela a misterio, aunque en muchas ocasiones, ay, no son más que trampichuelas y engaños de algún listo en busca de venganza o de hacerse con alguna posesión bien terrenal.

Los nueve relatos que protagonizó nuestro curioso héroe presentan la misma estructura: Carnacki invita a cenar a cuatro amigos (Jessop, Arkright, Taylor y el mismo Hodgson) por medio de una tarjeta, acuden a su casa, cenan y a continuación, acomodados en mullidos sillones ante un fuego de chimenea y sendas pipas, Carnacki les relata su última aventura. ¡Maldita sea si uno no tiene la sensación de estar allí sentado con ellos escuchando con los ojos como platos!

El libro se abre con La cosa invisible. Vale que su explicación final desluce bastante la parte fantástica, pero es una maravilla comprobar cómo a Hodgson le basta con encerrar a un tipo en una capilla antigua a oscuras para crear emoción, tensión y terror. ¡Me caían unos goterones de sudor por las sienes provocados por el miedo más grandes que al propio Carnacki!

La puerta del monstruo sí es plenamente fantástico, y brilla de manera especial en los momentos en que la habitación donde se aparece el espectro nos es presentada con sus terribles manifestaciones. Carnacki, como ya he dicho el más miedoso de los investigadores de lo oculto, se lanza a resolver el misterio, razón por la que siempre lo llaman, claro, con todo su arsenal de pentáculos, círculos de tiza, velas y rituales más propios de un adorador de Satán que de alguien que opera al lado del bien. Para comprobar si la aparición es peligrosa no duda en utilizar un gato en su ofensiva. El pobre cae a la primera de cambio con la espalda quebrada. Menos mal que los usuarios de facebook que están todo el día con sus mensajes de gatitos no leerán esto, porque si no lío tendríamos por su crueldad, pero todo sea por luchar contra los aliados del mal. Hay explicación final como es de rigor, pero en esta ocasión, como he comentado, es del todo fantástica.

La casa entre los laureles es otro estupendo relato que ofrece una explicación racional a toda la parafernalia aterradora que deja al descubierto una siniestra casa rodeada por un bosque de altísimos laureles.

Estos relatos que utilizaban como base el espiritismo y la parapsicología molestaban bastante a Lovecraft, más aún cuando la lógica realista se apoderaba de la historia, pero sin dudar la primera noche de Carnacki en esta, en principio, horrísona casa le hubiera encantado. ¡Resulta electrizante! De nuevo Carnacki al ataque con todo su show de rituales, esta vez con variaciones respecto a los casos anteriores y con perros cayendo como moscas en lugar del pobre gato. Y sí, el final nos decepciona después de todo lo que se nos ha ofrecido, pero hasta entonces es una aterradora gozada.

De La habitación que silbaba, otro relato que sí ofrece una explicación fantástica, lo más destacable es descubrir qué es lo que silba en la terrorífica habitación de marras, una imagen que hubiera hecho las delicias del surrealista más exigente. Una atmósfera terrorífica perfecta y de una extrañeza llevada al límite lo convierten en uno de los cuentos más conseguidos del libro.

En El investigador de la última casa Carnacki recuerda uno de sus primeros casos. En él funde explicación racional y explicación fantástica, y la verdad es que la racional es tan increíble que uno duda de cuál es cuál… Cosa que sucede casi punto por punto al leer el siguiente, El caballo invisible.

El encantamiento del Jarvee nos muestra a Carnacki enfrentándose a un horror surgido del mar. En fin, qué decir, si Hodgson precisamente era un absoluto maestro en este tema, su elemento perfecto para desarrollar una historia, aunque en esta ocasión los detalles parapsicológicos hacen que el relato no tenga la fuerza habitual de otras historias de nuestro autor. Pero ojo, aun así un excelente cuento que fluye con una facilidad prodigiosa.

En El hallazgo Carnacki se pondrá en acción para desenmascarar una estafa en el relato más holmesiano de la colección, el único que no muestra en ningún momento trazas sobrenaturales.

Y llegados aquí, al último cuento del volumen, El cerdo, graves dudas existenciales y extra sensoriales me atrapan y confunden. Porque aquí Carnacki se enfrenta nada más y nada menos que a… ¡unos malditos cerdos surgidos del mismísimo infierno! Disculpad que me detenga a compartir mis preguntas con vosotros, los tres o cuatro lectores despistados que os dejáis caer por aquí de vez en cuando. Porque…

¿QUÉ DIABLOS TENÍA HODGSON CON LOS GORRINOS? ¿QUÉ PROBLEMA SUBYACÍA EN SU CEREBRO PARA CONVERTIRLOS EN LOS MÁS TERRIBLES AGENTES DEL MAL? ¿POR QUÉ UN COCHINO JABALÍN ES LA IMAGEN MÁS TERRORÍFICA A LA QUE PODÍA ACUDIR EN SUS RELATOS? ¿ERA HODGSON VEGETARIANO?

Porque vale, todos sabemos que no hay animal más peligroso que una cerda recién parida, o así me lo inculcaron de pequeño, que cuando nos asomábamos a la cochiquera en la que una enorme cerda estaba amamantando a sus preciosos lechones nos repetían hasta la saciedad que ni se nos ocurriera acercarnos. ¡Podía dejarnos secos a dentelladas si lo hacíamos, capaz era de devorarnos de un solo bocado! Justo oíamos esto para que, en cuanto los mayores se daban la vuelta, corríamos a fisgar por la puerta entreabierta de la pocilga para ver a mamá cerdo con sus crías. Eso sí, nadie tenía narices a pasar del umbral. ¿Le habrían contado estas mismas historias a Hodgson de pequeño? ¿Él también habría espiado con pavor por la puerta de una zahúrda semejante? ¿Fue este el origen verdadero de este relato y de su obra maestra La casa en el confín de la tierra? Porque recordemos que en esta magistral novela Hodgson nos presenta nada más y nada menos que a unos terribles hombres-cerdo. ¿¿¿¿Pero de dónde demonios salen hombres así???? Ay, ay, que prefiero no seguir preguntando.

Pero lo impresionante es que es precisamente aquí, en este relato, en el cual como he comentado unos cerdos son las peligrosas criaturas que surgen del mismo averno para enfrentarse a nuestro héroe, donde Hodgson nos regala una de sus obras maestras (¡otra!). Es increíble su capacidad para transmitir la sensación de angustia y opresión ante el acoso de fuerzas sobrenaturales, sobrenatural en sí la fuerza que emana de sus palabras y que nos deja atónitos y espantados ante el más absoluto horror.

Al final del relato Carnacki nos regala unas explicaciones delirantes acerca del lugar del que proceden todas estas criaturas aterradoras, explicaciones que no difieren mucho de las que daban otros iluminados parapsicólogos y videntes de la época. Y aunque dan miedo por su increíble insensatez, creedme que no son nada comparadas con el ataque infernal que sufre nuestro héroe, por mucho que se refugie tras los siete mil escudos en forma de pentáculos eléctricos que distribuya a su alrededor. El cerdo es una verdadera joya del terror. Y por muchas bromas que se nos ocurran al terminar de leerlo es difícil olvidar su intensidad y su maravillosa iconografía visual.


Y, ejem, ¿le hubiera gustado a Hodgson la peli Babe, el cerdito valiente?

HODGSON, William Hope. Carnacki, el cazador de fantasmas. Traducción de Lorenzo Díaz. Madrid: Valdemar, 2011. 229 p. Gótica; 84. ISBN 978-84-7702-694-5.

sábado, septiembre 24, 2011

Una peli porno, de Terry Southern (1970)


Puedes leer el comentario a este libro en la página de cine El antepenúltimo mohicano, bajo el título Una odisea sexual, AQUÍ.

SOUTHERN, Terry. Una peli porno. Traducción de Marta Lila Murillo; ilustración de cubierta de Fernando Vicente. Madrid: Valdemar, 2011. 359 p. Intempestivas-Ficción; 2. ISBN 978-84-7702-698-3.

martes, septiembre 20, 2011

El hombre de los círculos azules (1991) y El hombre del revés (1999), de Fred Vargas

Bueno, quién me lo iba a decir con lo maniático que soy… Así que por una vez digámoslo: me alegro de no haber comenzado a leer las aventuras del comisario Adamsberg en su orden natural. Y no porque estas dos novelas, respectivamente la primera y la segunda de la serie, no me hayan gustado, sino porque las dos posteriores (AQUÍ mi comentario a ellas) que leí con anterioridad (-jaja, parezco el Doctor Who; -sí, qué más quisieras tú Llosef, so cateto) me parecen más conseguidas, más misteriosas y extrañas.

En El hombre de los círculos azules Fred Vargas nos muestra algunas de las bazas de su forma de contar historias, aunque no todas aún. Personajes estrambóticos, tramas tan enrevesadas como absorbentes, personas solitarias a las que la vida ha hecho daño, el carácter indeciso e intuitivo de Adamsberg y el desastroso en lo personal pero minucioso y documentado en lo profesional de su ayudante Danglard serían algunas de ellas. Falta el elemento sobrenatural, que a mi gusto es lo que las hace diferentes y apasionantes de leer.

En este primer caso de Adamsberg quizá todo resulta forzado en exceso: los personajes raros son demasiado raros, rebuscados, y poco creíbles quizá por esa ambición de hacerlos únicos, y el misterio se soluciona con una serie de premisas que ni la mayor suspensión de la credulidad, con la inocencia trabajando a tope, logra hacer creíble. Y a esto me refería con eso de que me alegraba de no haber comenzado leyendo las aventuras de Adamsberg por el principio: si este hubiera sido mi primer contacto con la obra de Vargas, no sé si hubiera seguido con ella. El gran personaje de Vargas tiene un atractivo enorme, una creación a la altura de su descomunal éxito (al menos en Francia), y se leen sus peripecias con verdadera pasión, pero esta primera aventura es un tanto decepcionante. Pero ojo, que me la leí del tirón (bueno, esta y la siguiente, que me senté y hasta que no me terminé las dos no me levanté: ventajas de tener pocas ganas de poseer un físico atlético). Si bien aquí no están todas las características que harán que las amemos, sí que hay detalles de lo que luego vendrá. Recomiendo pues que si no has leído ninguna novela de la serie, no comiences por esta: leerla como un flashback de sus personajes está requetebién. Y si empezaste con esta y no te gustó no te rindas, porque lo genial está por venir.

Aunque no todavía en la segunda. El hombre del revés es desde luego una novela superior a su predecesora. La resolución del caso es casi delirante, como siempre, pero el conjunto está más compensado y cuando llegamos a ella nos creemos lo que nos echen. Partiendo de un fuerte elemento fantástico, la existencia de un hombre lobo asesino, esta aventura de Adamsberg estaría genial si no hubiera dejado esto en segundo plano. Por el contrario, la historia se embarca en narrarnos una delirante persecución con personajes que parecen extraídos de Mientras agonizo de William Faulkner. Vargas lleva esta caza del monstruo con mano firme, como se dice, centrándose más en la relación, extraña cómo no, que se establece entre los tres cazadores que en la caza en sí. Adamsberg apenas aparece en los dos primeros tercios de la novela, pero ni se le echa en falta.

Vargas expone de manera más certera los caracteres de sus personajes, resultan más creíbles, y eso que no hay forma de explicar a quien no haya leído la novela qué demonios pinta una chica como Camille con los otros dos gañanes que tiene como compañeros de persecución. Que sí, que a mí también me caen fenomenal, pero no me monto con ellos en un camión si uno lleva una escopeta y el otro una navaja. Y están dispuestos a usarlas. Y ya me diréis de su disposición a dormir con ellos en el roñoso camión… Pero bueno, Camille tendrá sus razones, aunque las que da en la novela son del tipo veeeeeeeeeeenga, vaaaaaaaaaaaaaaaaaaaale, me lo creeeeeeeeeeeeeeeeeo.

En definitiva, una primera novela titubeante y descompensada y una segunda en la que Vargas aún no da lo mejor de la serie pero sí muestra ya su estilo fluido, sus formas que saben combinar complejidad emocional con sencillez expositiva y sus maneras elegantes con tramas macabras. Y personajes destrozados pero que aún no se rinden. Bueno, no del todo… “-Hay cosas que se lían por montones de malas razones y que uno no puede desliar ni por montones de buenas razones.” (El hombre del revés, p. 140)

VARGAS, Fred. El hombre de los círculos azules. Traducción de Helena del Amo. Madrid: Siruela, 2004. 196 p. Nuevos tiempos; 31. ISBN 84-7844-744-X.

VARGAS, Fred. El hombre del revés. Traducción de Anne-Hélène Suárez Girard. Madrid: Siruela, 2011. 330 p. Nuevos tiempos; 186. ISBN 978-84-9841-511-7.

martes, septiembre 13, 2011

El caso Jane Eyre, de Jasper Fforde (2001)

La primera de las aventuras de Thursday Next, la heroína protagonista de la serie de novelas creada por Jasper Fforde, tiene lugar en el interior de un libro: Jane Eyre, de Charlotte Brontë. ¡Uf! Quién se resiste a leerlo, ¿no? Aunque claro, esto no es correcto del todo. Pero bueno, es lo de menos. En su trabajo como detective literaria, Thursday Next y sus compañeros de Operaciones Especiales 27 lo mismo verifican la autenticidad de un original de Shakespeare que investigan los posibles cambios en una obra de Dickens o luchan por que no se altere el final de la obra de la mayor de las hermanas Brontë.

¿Pero qué mundo formidable es este en el que vive Next en el cual hay todo un departamento de la policía dedicado exclusivamente a los delitos literarios? Todo un universo alternativo en el cual la literatura, amigos, es más preciada que el dinero. Un mundo en el cual la vida diaria se rige por los escritores y sus obras. Un mundo, en fin, en el que seguir las aventuras de su protagonista es todo un placer.

El caso Jane Eyre, esta primera trepidante historia de Thursday Next (en España están publicadas además las tres siguientes a esta) resulta apasionante, muy divertida, de lectura voraz. Bien es verdad que la multitud de referencias culturales (porque no solo las hay a los libros, sino también a películas, series de televisión, comics… ¡ni de coña penséis que las he pillado todas!) no siempre es algo que juega a favor. Queda muy chulo cuando las pillas, cómo no, sobre todo si eres un lector de ego escuálido como el que aquí os cuenta sus impresiones, pero el homenaje a veces es excesivo. Así la resolución de una escena tal que la famosa secuencia del taxi en la película El tercer hombre (la película de Carol Reed): solo puede emocionar a quien desconozca la película. Hay personajes que solo aparecen a la espera de ser desarrollados con posterioridad, no de otra manera se explicaría su inclusión (el cazavampiros Spike, extraído directamente de la serie Buffy, cazavampiros, por ejemplo, o el padre de la propia Thursday, un Doctor Who de la vida), y las referencias literarias funcionan mejor cuando son alusivas (el congreso de los John Milton, las peleas entre las diversas facciones literarias) que cuando recurre de forma directa a las obras (interrelacionar a sus personajes con ellas es una buena idea, pero acaba agotándose al poco). Más naturales y divertidos son los juegos temporales y el universo en el que se mueve Thursday Next, ese en el que la literatura es lo más valioso, lo más importante, lo que llena la vida y empuja a vivir a todos los personajes. Y, lo confieso, las escenas de acción, muy conseguidas y siempre emocionantes.

¡Bueh! He puesto muchas pegas, sí, soy un tiquismiquis, pero lo bueno es que a pesar de todo esto me la leí en un suspiro. Jugar con tantas referencias no impide que la historia funcione a la perfección en los momentos en que la adrenalínica acción se apodera del relato, como he dicho, aunque en los más relajados se ahoga un poco al dispersar en exceso la narración. Los personajes tienen la fuerza suficiente como para que queramos saber más de ellos, algo fundamental si se trata de una serie de novelas, y lo predecible de algunos momentos es superado por lo arrollador de su conjunto.

FFORDE, Jasper. El caso Jane Eyre. Presentación de Miquel Barceló; traducción de Pedro Jorge Romero. Barcelona: Ediciones B, 2007. 338 p. Nova; 199. ISBN 978-84-666-3198-3.

miércoles, agosto 31, 2011

El Barco de la Muerte, de William Clark Russell (1888)



El mito del Holandés Errante, el marinero condenado a navegar sin fin en su barco maldito sin poder jamás arribar a tierra entre tormentas y galernas infernales, llevando la mala suerte a todo barco que se cruza con el suyo, tal vez tenga su origen en la del Judío Errante, el judío que negó agua a Cristo en su camino a la crucifixión y que por ello fue condenado a vagar eternamente sin hallar descanso. Aunque la segunda tiene un claro origen antisemita, la primera tomaría de esta la idea del eterno vagar, si bien su carácter fantasmal y de malos augurios asientan bien con las supersticiones marineras y lo distancian del judío.

William Clark Russell (1844-1911) fue un marinero que tras ocho años (desde los catorce de edad) de vida en el mar decide dedicarse a la literatura. Y lo consigue con éxito gracias a sus vibrantes narraciones de aventuras marinas, de gran tradición en la segunda mitad del siglo XIX. El Barco de la Muerte (The Death Ship, 1888) es la primera de ellas que se publica en español. En ella, Russell une al relato de aventuras la narración de terror en su sentido más gótico, logrando una novela densa, hermosa y emocionante pero que pondrá de los nervios a aquellos lectores flojos que se asusten ante más de un párrafo de descripciones. Porque aquí, como en toda buena novela decimonónica, los hay a mansalva (jeje, estuve a punto de escribir “a mares”).

“Si hay espíritus en la tierra, ¿por qué no en el mar?” (p. 28) 

Ni conocía a este autor hasta que vi que la editorial Valdemar lo editaba en su colección Gótica, pero fue leer que se trataba de una novela de aventuras de terror en el mar y salí disparado para la librería a comprarlo (si le pusiera el mismo interés y ganas a “las cosas de la vida” qué bien me iría todo, amigos…). No nos engañemos: se nota que Russell es ante todo un escritor de aventuras, su narración es luminosa y feliz, lejos del tono fúnebre que un autor más acostumbrado a las historias de terror habría impuesto desde el principio: se siente el amor del autor por el mar y la vida del marinero a través de sus hermosas y prolijas descripciones. El esplendente océano, los barcos como catedrales surcando las olas, el cielo abatiéndose sobre las aguas…

Antes de seguir, me gustaría indicar que no hay nada que temer sobre lo que pueda adelantar o desvelar del relato en este comentario, pues los mismos títulos de los capítulos, tan a la manera habitual en la novela del XIX, descubren qué se nos va a narrar a continuación. Lo importante o fundamental no era la sorpresa o los hechos, que no es que fueran ni banales ni intrascendentes, sino que su principal valor estaba en cómo nos eran narrados esos hechos. Además, lo que yo voy a contar es una basurilla comparado con el estilo de Russell, así que consideradlo un breve adelanto al disfrute máximo que os espera si os atrevéis a leerla.

“El tiempo se anegó en la eternidad con el castigo que le fue impuesto.” (p. 109)

Así la historia comienza narrando en primera persona cómo el joven Geoffrey Fenton embarca como oficial de segunda en el Saracen. Tienen un primer encuentro con un barco también inglés, el bergantín Lovely Nancy, cuya tripulación dice haberse topado con el barco fantasma, el barco del Holandés Errante, y haber huido de él a toda la velocidad que le han permitido sus velas y el viento. Este encuentro obsesiona al capitán del Saracen, pues aquellos que se cruzan con el navío fantasmal llevan la mala suerte a todos los barcos con los que se cruzan, y desde ese momento vive temeroso de sufrir la fúnebre visión del llamado Barco de la Muerte.

Penetran en aguas holandesas (bajo dominio holandés) de camino a bordear el Cabo de Buena Esperanza y los localiza un navío de esa nacionalidad que los persigue para hundirlos. La persecución es apasionante, entremezclándose el temor por ser alcanzados con las apabullantes por su belleza descripciones del inmenso navío holandés, su avance cortando las olas, el sol deslumbrante brillando en su velamen. En los momentos de mayor peligro el autor nunca abandona el amor apasionado por las maravillas del mar y los barcos que lo surcan. ¡Su pasión es contagiosa!

Tras el comentado encuentro con la Lovely Nancy, el pesar se apodera del capitán del Saracen y poco a poco de toda la tripulación, vencida por la superstición: si uno se topa con un navío que ha visto al Holandés, acabará viéndolo también. La mala suerte se transmite como un mal contagioso y antes de terminar su travesía los marineros del Saracen tendrán ante sí al barco espectral alzándose entre las brumas de una tormenta infernal.

El relato se va llenando de funestos augurios y sucesos luctuosos hasta que el Saracen se cruza en la noche con el buque fantasma. ¡Ay, si ya lo estaba avisando el atemorizado capitán! Russell narra este encuentro espectral con una fuerza arrolladora: todo es negrura y premonición hasta que el barco va tomando forma ante los ojos aterrados de los marineros. El paso de temer el acercamiento de un navío holandés enemigo hasta descubrir que es otro navío holandés aún más temido que uno de guerra es emocionante y encoge el corazón.

Debido a un fatal accidente, el joven Fenton cae al mar y es recogido por la chalupa del barco fantasma, un bote con el que pretendían abordar al Saracen para… ¡pedir tabaco! Los hombres asustados han disparado sobre el bote, provocando la ira del capitán Vanderdecken, nuestro holandés espectral, ante tal acto de cobardía. Porque el gran drama del buque fantasma es que su tripulación ignora su estado de muerte en vida: piensan que solo llevan un año en el mar… ¡cuando en realidad han pasado ciento cuarenta y tres años desde que partieron de sus casas! Viven así con la ilusión constantemente renovada de que lograrán volver algún día.

Pero el joven Fenton no es el único tripulante recogido por el barco fantasma, el Braave, en su travesía: la hermosa joven Imogene Dudley fue rescatada a su vez hace cinco años de un bote a la deriva tras el desastre que hundió el barco en el cual navegaba. Enseguida entabla amistad con Fenton, que queda arrebatado por su belleza. Bueno, y por encontrar a alguien con vida en un barco tripulado por cadáveres. Imogene le contará a Fenton sobre el barco y sus hombres, cómo están atrapados en un bucle temporal que los hace creer que llevan solo un año en el mar. Es una extraña condena por esperanza, pues los que la sufren olvidan su castigo, no son conscientes de su penar.

Fenton, condenado con ellos, decide documentarse lo mejor posible acerca del mítico barco con la idea de que si logra escapar podrá contar con todo detalle cómo es la vida cotidiana en él. Se crea así una curiosa mezcla en el relato de historia sobrenatural con tono documental que no deja en ningún instante de resultar tan curiosa como interesante: maldita sea, parece que el mismo Russell hiciera la aburrida travesía en compañía tal y no hubiera tenido otra manera de pasar el tiempo. En su afán por documentar tan alucinante viaje, Fenton narra con fruición, aparte de todas las horas del día a día de la tripulación, el abordaje de un barco semihundido que supone un pecio repleto de víveres para los marineros del navío fantasma. La maldición es más atroz porque estos espectros necesitan alimentarse, ansían de manera vehemente tabaco para fumar en sus pipas, necesidades que les dan apariencia de vida. Espectros que jamás tendrán conciencia de su condición.

Resulta también apasionante el abordaje del barco espectral por parte de una goleta pirata escondida bajo pabellón francés. El espanto de los piratas sobre la cubierta del navío holandés al descubrir dónde están y ante quién se enfrentan es de una fuerza sobrecogedora y nos aleja de ese entorno casi familiar en el que el lector estaba cayendo al compartir con ellos su viaje: tomamos conciencia de manera avasalladora de que esos hombres con los que hemos convivido durante doscientas páginas son espectros siempre a pesar de su comportamiento en ocasiones casi humano.

“¿Qué puede hacer con el sueño alguien a quien se le niega la paz de la tumba?” (p. 345)

Lo que en cualquier otra narración sería convencional, la historia de amor entre Imogene y Fenton, en manos de Russell la encontramos plena de tensión pues el joven no cesará de sentir en ningún momento la perentoria necesidad de huir de ese barco maldito con su amada. El temor a lo que en otras circunstancias sería su salvación, el avistar un barco que pudiera recogerlo y alejarlo del horror, lo cual implicaría abandonar a su amada pues el fúnebre Vanderdecken no está dispuesto a soltar su preciado botín, convierte el barco maldito para los holandeses en maldito también para los jóvenes enamorados, que no ven la forma de poder escapar juntos de él. Los espectros jamás lograrán cruzar el Cabo enfilando el camino de regreso a sus hogares, pero los enamorados tampoco podrán hacerlo.

Los fuegos de San Telmo brillando en la arboladura, el fulgor espectral del barco fantasma en la noche, la niebla como vapor, los vientos y la tormenta eterna… Y al fin el tan temido como deseado momento en que el Braave se enfrenta al Cabo, donde una cruel tempestad les impedirá otra vez el paso. La galerna infernal es descrita con una belleza tan intensa como el terror que provoca.

El desenlace de la novela en anticlímax, cambiando la primera persona del narrador Fenton a la omnisciente tercera da un tono de frialdad que resulta chocante ante ese final triste y desesperadamente romántico, pero no lo rompe. Al contrario: el alejamiento emocional evita la exageración melodramática y el drama narrado cobra más fuerza y vigor. Russell, que hace caso de todas las convenciones decimonónicas de la novela, sabe alejarse de ellas cuando lo cree oportuno. Y por eso el desenlace, sin ser original, es absolutamente moderno: necesita abandonar la primera persona para terminar de contarnos los hechos y ni se lo piensa.

La lectura de esta novela satisfará pues tanto a los amantes de las aventuras marinas como a los degustadores de las mejores narraciones de espectros, siempre en un tono de fantasía más que de terror, pero pleno de una belleza funesta, de un horror nunca separado de cierto hálito romántico que ilumina el relato con una fuerza conmovedora. En fin, que os gustará tanto como a mí.

RUSSELL, William Clark. El Barco de la Muerte: una narración extraordinaria: relato de una singladura en “El Holandés Errante” encontrada entre los papeles del difunto señor Geoffrey Fenton, de Poplar, oficial de la marina mercante. Traducción de José Menéndez-Manjón. Madrid: Valdemar, 2009. 423 p. Gótica; 75. ISBN 978-84-7702-653-2.